Limpieza para recibir el 2013

Recién acabo de tender el último mantel lavado. Los pantalones de vestir que no van a la tintorería están por secarse. Los calcetines danzan al viento con su ritmo de noches de Cara de Oque. La ropa de cama ondea en el patio. Mis camisas blancas  hacen rima con el resto de mi ropa interior.

Uno a uno los trastes fueron colocados en su sitio. No hay cuchara alguna fuera de su lugar. Al acomodar las cosas en la alacena las carcajadas y risas de mis amigos y familiares fueron brotando, mágicas, en el piso de la cocina. Presencia grata, un motivo más para pulir el porcelanato y dejarlo reluciente: quiero lucir el recuerdo de su compañía.

A pesar de los calmantes, Lakmé ladra impaciente en el patio. Los vecinos han comenzado a tronar palomas, chifladores y demás. Los Poncianos duermen en el campamento hecho para ellos y Twitter bosteza profundamente muy sin apuro.

En mi cuarto, me acompaña Virginia, mis libros y mi música. Mi agenda. Mi diario. Mis momentos. Mi criatura. No hay cena de los Sinplan, esta noche tengo el gran plan de estar conmigo. Siento que hace falta bañarme para esta cita tan importante, pero antes quiero aprovechar esta pausa para agradecer su compañía durante este año que no ha sido especialmente fácil.

Gracias a cada uno de ustedes por compartir el pan y la sal, por la maravilla de la alquimia en la cocina, por cada momento alrededor del comedor de esta casa. Gracias por aventurarse a probar una nueva receta, por abrir un vino que recién conocieron y quisieron compartir, por los tequilas que se derramaron en el piso, por las copas quebradas como signo de buenaventura, por la cerveza que abrí y que nunca terminé porque alguien la tomó y se la tomó. Gracias por la disposición de estar para hacer rendir una bolsa de Chichos lo mismo que unas hamburguesas de Portobello.

Gracias por los brindis, por una cena de cumpleaños inolvidable, por aquel intento de Tiramisú que no quedó en el intento. Por los mojitos hechos con el mortero comprado en La Habana. Por las gelatinas y los pays, por el café aderezado con una plática íntima y un poco de leche. Gracias por el chocolate y las donas, por los roles de canela, por la barbacoa con cebolla y cilantro un domingo cualquiera que se transformó en un domingo de encuentros.

Gracias por el servicio a domicilio, por las flautas y las enchiladas, por las ensaladas y las quesadillas de La Arrachera. Por el yogurt, el cereal y la avena. Por las tortillas españolas y las crepas. Por el machacado, la carne asada, los chiles en nogada, el lomo y las vinagretas.

Gracias por cumplir mis antojos de ostiones, Krispy Kreme, crepas y arroz con leche. Gracias por los abrazos, las sonrisas, las palabras y las lágrimas compartidas. Gracias por las jirafas que fueron invitadas especiales en cada cena, comida, desayuno o merienda. Gracias por los motivos de reunión y por las reuniones espontáneas.

Gracias porque al alimentarnos juntos hemos conjurado el más antiguo de los ritos hermanándonos en la convivencia de los afectos. Cinco panes y dos peces fueron suficientes para tanta gente, así como ha sido suficiente cuanto hemos ofrecido y recibido en estas paredes que nos albergan. Gracias por tanto, gracias por lo que está por venir. Brindo por el inicio y por los reinicios. Que el éxito esté presente en cada uno de los momentos que tenemos por vivir. Más y mejores textos para todos.

Con amor y gratitud

2012-07-21 09.16.58

Lorena Sanmillán

 

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