Archive for January, 2013

Cogí un tren que no dormía

January 21, 2013

En tu ausencia, el silbato del tren a medianoche se convierte en daga violácea que recorta la distancia entre tú y yo. Mensaje cifrado que sólo nuestra pantera puede codificar, amansándola.

Cuando duermes conmigo, el sonido del tren asemeja el arrullo de una madre que vela el sueño de sus hijas. Bendición acústica que sincroniza nuestras respiraciones en el tiempo de la eternidad. El momento fugaz se vuelve perenne cada que tus párpados guardan mis miradas. La ternura busca nido en el hueco de nuestras manos engarzadas por la fuerza de vivir. No hay dragones en el aire si tú duermes a mi lado.

Desde las historias de mi abuelo, amo los trenes. Desde mi historia entre tu alma te amo a ti. Tu pasión de locomotora recorre los raíles de mi cuerpo. Los mil destinos de tu estación se dirigen hacia mi vientre. Pasajera absoluta de tus deseos. Brújula y bengala a tu servicio para que te encuentres contigo misma.

Viajo contigo en cada palabra. Transportas mi estática hasta tu inquietud. Fotografías paisajes que me regalas en las ventanas de tus brazos. A donde me lleves voy. Cumplo tu itinerario con los ojos cerrados.

Aún no sé lo que se siente esperarte en la escalera de un tren. Lo que sí puedo decirte es que sé muy bien que en el catálogo de mis emociones no hay nada similar a lo que sentí esa madrugada del veinte de enero cuando llegó un mensaje tuyo a mi celular, diciéndome que me querías… Y desde entonces te quiero te adoro y te vuelvo a querer.

Veinte de enero LOVG

p.s. Y no quiero ni preguntarme qué sería de mí sin ti el resto de mi vida.

El bordado Enero 6 de 2013

January 6, 2013

Es el primer domingo del año y voy de visita a casa de mi mamá para comer y bordar. Más para bordar que para comer. Me gusta el ritual de bordar en el comedor mientras mi hermana plancha la ropa y mamá continúa con el trajín de la cocina. Son los sonidos que más han acompañado a este bordado. Es la atmósfera que lo envuelve puntada tras puntada.

Este es un domingo peculiar. No hay sobrinos en casa, excepto la Nay. Supongo que están de visita en la casa de sus otros abuelos para partir la Rosca de Reyes. Yo no quise comprar. Me pareció excesivo el precio de $230.00 una familiar -relativamente pequeña- y a fin de cuentas, ni a mis hermanos ni a mi mamá les gusta. Tampoco tengo ganas de chocolate.

En la cocina, preparo unos tacos de barbacoa, mientras mi hermana prepara unos de picadillo. Anoche se cayó en una banqueta cercana a su casa y se partió la nariz. Tres puntadas le significó ese mal paso. Se ve hinchada, afectada. Me conmueve. Con todo y eso, no puedo contener la risa cuando me platica cómo sucedieron los hechos. Lo cuenta tan simpático que hasta quiero verla caerse nuevamente. Reímos juntas.

Esa risa me relaja. Pasé la mañana limpiando la lavandería. Los Poncianos colonizaron el espacio y marcaron territorio. Levanté la suciedad con una espátula y pasé el trapeador. La casa, sin embargo, sigue oliendo a perro. Ya nada más nos quedan cinco. Esta semana se irán otros cuatro, sólo me quedaré con una, esperando que su dueña vuelva de las vacaciones.

Estoy encantada leyendo “El pergamino de la seducción” de Gioconda Belli, que habla de la pasión de Juana la Loca y Felipe el Hermoso. Su nivel de narrativa es exquisito y ese tinte de erotismo no admite ni siquiera comparación alguna con “Sombras de Grey”. Háganme favor. Gioconda sabe escribir, además tiene la suficiente pericia para separar la voz de autor y convertirse en voz de personaje, permitiendo a Juana la Loca, princesa educada para ser reina, que nos cuente con sus propias palabras cómo fue su primera vez con Felipe el Hermoso. El placer estético se instala sobre el placer erótico. De pronto tengo antojo de un Carlos V. Son interesantes las relaciones entre conceptos en apariencia disímbolos.

En el bordado decido irme por orden. Hay dos puntadas que me están haciendo ruido desde ayer. Dos puntadas que han quedado aisladas entre una de la partes. Comenzaré por ahí y me iré por orden. Una detrás de otra emulando los movimientos de una podadora o de una bordadora regiomontana. ¿Llevas dos años con eso? Eunice pregunta. ¿Quieres más puntadas en la nariz? Le contesto alzando la aguja.

Tiene su chiste -vaya que si lo tiene- hacer las cosas como las hago ahora. Me toma más tiempo pero se ve más lindo. Vale la pena hacerlo mejor.

Eunice me ofrece unas galletas de limón, de esas que ahora son Emperador pero que en mi infancia se llamaban Piruetas y tenían forma circular. Supongo que todas las hacen bajo el mismo molde para ahorrar tiempo y recursos. Saben a muchas tardes de jugar al Uno con Celina, mi compañera de secundaria. ¿Qué será de ella? Tantas vidas que nos cruzan y de pronto no sabemos más. El limón como ingrediente en la cocina sigue siendo impresionante, pienso al tiempo que muerdo una galleta y mi sobrina deja caer gotas de limón sobre sus tamales. Nadie extraña la Rosca ni han preguntado por el chocolate.

Cuatro puntadas seguidas es todo un logro en este momento. Mamá cuenta que anoche balacearon a un sujeto en la calle de atrás. De alguna manera nos hemos ido acostumbrando a estas noticias. Dejo que se pierda mi vista entre tantas cosas que hay en casa, Manuela continúa su relatoría. Veo la puerta donde antes marcábamos nuestras estaturas, ahora pintada de verde botella. El rincón donde cada domingo me ponía a bolear los zapatos de todos mis hermanos. Una fila de zapatos, todos negros. Los míos, al final, quedaban como espejo. Parece que esto de ser rutinaria es una constante en  mi vida. Hay rutinas que ayudan a llevar orden, control, que son de beneficio y hay rutinas que atan. Espero tener siempre la sabiduría para distinguir la diferencia.

El pensamiento no está peleado con las acciones. Continúo bordando. Pienso también en el compromiso de publicar los propósitos, en el ejercicio de seleccionar los Top Ten Moments del 2012, los blogs pendientes, las crónicas, los poemas. Muchas letras que están garabateadas por ahí -hasta en la mente- y que ahora están pidiendo a gritos salir a la luz. Necesito esta rutina, esta disciplina para escribir.

Las puntadas siguen en el bordado. Cada una que hago es una menos que falta. Cada una que hago es para no repetirla. Me gusta irlo viendo cómo se completa. ¿Qué pasará cuando lo lave? Prefiero no investigar por ahora. Ahora sólo me resta avanzar, despacio, con mucho cuidado. Con mucho esmero. Con mucho amor. Ensarto un color que es la primera vez que lo uso y, por lo tanto, no tenía una aguja para él solo. A estas alturas aún estrenando colores. Vaya pues.

Esta temporada he recibido varios regalos y son muy pocos  los que he dado. Recibí una cámara fotográfica, una pijama, una jirafa, una bata de baño, una mascada, una bufanda, plumas, chocolates, mermelada y una agenda de Angry Birds. He estado en un momento de introspección, con muy pocas ganas de salir, literal y metafóricamente. Ahora que escribo y pienso esto me pregunto, en este diario del bordado, en estas crónicas, en estos textos ¿qué queda para la intimidad? Tal vez sólo quedan los silencios y el boceto del pensar. Eso queda. Eso quedará.

bordado enero 6

Lorena Sanmillán

El bordado Enero 4 2013

January 5, 2013

Apenas escribir la fecha y escuece saber que ha pasado tanto tiempo desde la última escritura, desde la última puntada. Sin embargo sé que cada escrito tiene su tiempo y me da mucho gusto saber que Los Bocetos mañana sábado retomaremos nuestro Taller de Escritura.
Los pendientes de escribir me persiguen. No ha sido un año fácil. ¿Cuál, de mis 39, lo ha sido? Tal vez sólo los primeros, cuando todo estaba dicho. Que hayan sido fáciles no quiere decir muchas otras cosas que pueden pensarse por implicación.
El caso es que este 2012 no fue fácil escapar tiempo para pasar en limpio las notas del Moleskine y aunque ahora cuento con un Moleskine digital tampoco le he escrito gran cosa. Tampoco he tenido mucho tiempo para bordar, sobre todo en el último trimestre del año. También he necesitado tiempo para mí, para el silencio, roto a veces con la fuerza del sentir que se convierte en Tweegram. Éste es otro proyecto interesante que ha de ver la luz.
Aquí estoy, con 4 grados centígrados volviendo a bordar y a escribir. Contra lo acumulado sólo me resta avanzar, contra lo nuevo lo que puedo hacer es que no se acumule.
El bordado es uno de mis proyectos para este año, tal como lo ha sido en los años anteriores. He de verle el final, porque lo quiero hacer por mí y porque lleva dedicatoria.
Tengo las manos frías cuando comienzo a bordar. Recién regreso de la calle y lavé los trastes de la comida. Suficiente frío para que las manos sigan afuera de sus guantes.
Hace rato me pasó uno de esos momentos mágicos que me enternecen. Les llevé chocolate al Alejo y Lalo (su ayudante). Chocolate Abuelita hecho con toda la mano, suficiente leche y espuma del molinillo. Pan de dulce para acompañar. Cuando Alejo lo probó no pudo ni quiso disimular su asombro. Del fondo de su garganta -quizá de su alma- surgió un profundo “Nunca había probado un chocolate así”. Sobreviven con salario mínimo y se la pasan bien, comiendo lo que pueden. Ha sido un gusto llevarles chocolate. Valió la pena el detalle.
Cuatro puntadas. Resulta fácil volver a agarrar el hilo al asunto. Muchas cosas han pasado desde la última sesión de bordado. Ya habrá forma de ir poniendo todo al corriente. Esto de los pendientes sólo se arregla trabajando.
Hoy es un buen día para volver y comenzar y, por ello, avanzar. Seguir hasta terminar.
He leído el primer libro del año. “Justicia” de Laveaga. Me da más pena reconocerlo que el de Sombras de Grey. Este último es el best seller del que todo mundo habla y Justicia fue recomendación de una sola persona. Libro obviable, aunque buen compañero en la fila de cuatro horas para pagar la Tenencia y el Refrendo de mi coche. No lo recomiendo para nada.
Por la mañana compuse la bicicleta fija. Me urge bajar de peso. Subí tres kilos desde noviembre y necesito bajar esos y bajar, por lo menos, otros cinco más. La cosa es que con el frío da mucha hambre.
Twitter tuvo 8 Poncianos. No supimos de quién son hijos. Hoy por la tarde se llevaron a la primera perrita y mañana vendrán por otros tres. Poco a poco se irán yendo. ¿Twitter sentirá algo? ¿Los echará de menos? Tal vez sea la naturaleza tan sabía que ya sabe que al poderse valer por sí mismos ya se pueden ir a buscar su vida, mientras muchos humanos siguen viviendo a expensas de sus padres aunque sean mayores.
Veo los estatus de Facebook y pienso en la obsolescencia del tiempo real. Lo que pasa muchas veces no se queda. Machado nos podría orientar desde su tumba. Bordemos pues, que hay muchas historias por contar, que el mejor cuadro se puede lograr a diario.
Silencio. En casa hay silencio. Disfruto mucho, muchísimo el silencio y la soledad. Sólo se escucha la lluvia y me encanta ese sonido.
Me lleva media hora hacer cuatro puntadas más. Definitivamente este bordado se entregará enmarcado. Hay que volver a tomar el ritmo, no se podrá avanzar de otra manera.
De pronto me ha venido a la mente Germán Dehesa. ¿Alguno de sus lectores lo echó de menos en Navidad? Era grinch, según recuerdo.
8 puntadas más. Hora y media y muy poco avance. Pero es avance.
Las contaré, a ver cuántas me faltan para llegar a la mitad. Tal vez las pueda completar para Febrero, cuando se cumplen justos dos años que comencé El Bordado. ¿Significará eso que me tomará cuatro?
571 puntadas. Basta de elucubraciones. Este proyecto tomará el tiempo necesario. Se hace por amor y es por amor que habré de terminarlo.

Lorena Sanmillán

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Tweegram Enero 4 2013

January 5, 2013

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Lorena Sanmillán

Tweegram Enero 2 2013

January 2, 2013

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Lorena Sanmillán