Gracias, don Polo

Ayer tuve un momento exquisito. Me sentí viva y abrumada entre tantas emociones.

Hoy tuve un episodio nostálgico al recordar la muerte de mi padre. Han pasado dos años desde aquella llamada en la madrugada que me catapultó a encontrarlo sin vida sentado en su cama. Recuerdo palabra por palabra la conversación.

De pronto me sentí llena de una gratitud que nunca le manifesté. Gracias a él amo las cartas, y quizá, las letras. Gracias a él aprendí lo importante de ser cumplido y puntual. Gracias a él jamás me faltó un plato de comida y nunca tuve que pedir un lápiz o cosa alguna para hacer la tarea o porque me faltase algo en la escuela.

Mi recuerdo más bello fue cuando me compró el ring de lucha libre que tanto le había pedido. Llegó en su bicicleta y traía mi tesoro en la parrilla. Yo sabía que era para mí, aún así hube de esperar hasta que me lo diera. Sé que en ese momento le dije un gracias de cortesía. Hoy me doy cuenta que nunca le agradecí las cosas que tuve y que aún tengo. Entre ellas, mi hermana Eunice. 

Hoy me sentí llena de gratitud por lo vivido. Y sé que no se lo dije. También me queda esa lección y la satisfacción de haberle cuidado. Es triste haber quedado a mano. Yo nunca dije gracias por tanto y él nunca me dijo que me quería. Quizá no le dije palabras, pero mis actitudes hablaban por mí. Quizá no le hacía falta, quizá sí. Hoy me di cuenta que a mí sí me hizo falta decirle gracias y convoco al Universo para que se las lleve, esté donde esté.
Gracias, papá. Gracias, don Polo. 

Lorena Sanmillán

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