Montreal ’76: Nadie como Nadia.

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Nadie como Nadia

Los Juegos Olímpicos de 1976 fueron los primeros que tuve oportunidad de ver. Obviamente no los recuerdo mucho, tenía sólo tres años. Sin embargo, aún tengo muy presente la sensación de unidad que había en mi casa, pues todos juntos nos sentábamos frente al único televisor que teníamos a ver no sé qué cosa. En aquél tiempo yo no entendía nada. Mis hermanos se la pasaban callándome, pues yo reclamaba su atención.

Al pasar del tiempo, cuando vuelvo a Montreal ’76 lo resumo en una sola palabra. Nadia.

Gracias a las repeticiones en televisión pude volver a ver esos momentos en que el diez perfecto sucedía. Por mucho tiempo no comprendí exactamente lo que significaba, pero aplaudía la gracia con que Nadia participaba. Y era sólo Nadia, porque a los famosos, cuando los consideramos cercanos, les llamamos por su nombre de pila.

Mi hermano Daniel, aficionado a la radio de onda corta, escribió a Radio Rumania y me enviaron una fotografía autografiada de Nadia Comaneci cuando recibió su medalla. Los ojos de la gimnasta viendo su bandera me impresionaron mucho. Ansié vivir esa emoción por algo. Las miradas de los apasionados son arrebatadoras e indescriptibles. Esa fotografía es uno de mis recuerdos que atesoro. Narcisa desde siempre, por mucho tiempo creí que el número 73 lo usaba por ser el año de mi nacimiento.

Nunca he tenido la gracia ni el cuerpo para hacer gimnasia. Mi coordinación no es ni de broma compatible con la perfección. Admiro el cuerpo humano y las enormes capacidades que tiene para aquellos que están dispuestos a pagar el precio por ello. Es menester la disciplina, la constancia, la dedicación, el sacrificio, la convicción, la pasión. Además de todo lo objetivamente necesario para lograr la meta llámese entrenamiento, alimentación, entrenador, gimnasio, apoyos, etcétera.

Nadie como Nadia, decían los periódicos cuando pude aprender a leer. Bendito sea el español que permitió hacer lo que hoy sé que se llama aliteración. Una aliteración que además me encanta y es un retrato sin filtro de la verdad: Nadie como Nadia. Así recuerdo Montreal ’76, cuarenta años después.

Lorena Sanmillán

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