Barcelona ’92: Barcelona ’92!!!

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Aunque ya había comenzado a trabajar, rasgué tiempo de los imposibles para no perderme el encendido del fuego olímpico en el templo de Hera. Desde ahí comenzó la obsesión. Contaba los días para que comenzaran, mientras soñaba de verdad con algún día presenciar una inauguración. Estaba realmente obsesionada con Barcelona, con España. Barcelona ’92 llegó en el verano antes de entrar a la facultad.

La ceremonia de inauguración la pude ver en retazos. Gaudí, Calatrava, la Plaza Cataluyna, el baile flamenco y el gigantesco ¡Hola! con que inició. Movimiento, color, música, diseños, historia. Tantos simbolismos ocuparon la cancha principal donde sucederían tantas competencias, donde muchos atletas cumplirían un sueño, donde tanto sudor, donde tanto esfuerzo, donde tanto triunfo. La alquimia del arte es así, una alfombra mágica para que todo lo demás suceda.

A medio desfile tuve que irme a trabajar. Lo lamenté mucho, pero las obligaciones son primero. En ese momento quise una televisión portátil para llevarla en el Ruta 17 mientras iba hasta san Pedro. Estaba muy lejos de imaginar todas las cosas que hoy son capaces de hacer los celulares. Los atletas, mientras desfilaban, cargaban cámaras fotográficas de 35mm, lo más moderno en ese momento y más de uno llevaba al hombro videograbadora con casettes de 8mm. Para mi gran fortuna, en el sitio donde laboraba también estaban viendo la Ceremonia -narrada por Jacobo Zabludowsky- y se me permitió ver unas cuantas delegaciones antes del país anfitrión. Por lo menos no me perdería uno de los momentos más emocionantes.

El príncipe Felipe era el abanderado de España. La emotividad me ganó. La energía de ese momento aún la llevo en la piel. Todo el estadio se puso de pie y lo mismo que el mío, el rostro de la infanta Cristina se pobló de lágrimas al ver a su hermano encabezar la delegación española. Supongo que también se anegó de llanto al no saberse invitada a la ceremonia de coronación del ahora Rey Felipe VI. ¿Quién podría imaginar lo que sucedería con la familia real española? Los momentos felices de la vida a veces parecen entrenamiento para los tiempos aciagos que nos esperan.

Después vino el momento cumbre. El encendido del pebetero. El fabuloso arquero. Según el decir de la narración española En este momento se va a lanzar la flecha más pacífica de la historia. Me encantó. Por mucho tiempo ha sido mi encendido favorito. Realmente impresionante. Si llegó o no al pebetero, si fue un truco televisivo, si fue una ilusión óptica… la verdad es que poco me importa comparado con lo que sentí al ver la creatividad funcionando. Las ceremonias inaugurales son un portento de creatividad, sincretismo cultural y simbolismos entrañables. Eso me basta. Eso es lo que aplaudo.

Volví a ver a Larry Bird, otro de mis amores adolescentes. El Dream Team fue un suceso, tal como se esperaba. Bubka falló en su intento por conseguir otro oro. Para México y especialmente para los regios, el triunfo de los “Sapitos Salazar”, Edgar y Jaime, fue todo un acontecimiento. Ganaron la medalla de oro en frontenis, deporte de exhibición. Durante algún tiempo estuvo su medalla en una de las vidrieras de anuncios de la Facultad de Arquitectura, pues eran exalumnos, no recuerdo si los dos o sólo uno de ellos.

En un hecho inédito en mi vida, mis hermanos y yo nos levantamos de madrugada para ver la carrera de Carlos Mercenario. Hacía muchísimo calor y teníamos las ventanas abiertas. Escuchábamos las conversaciones de los vecinos. En la casa de junto, el vecindario me regalaba la anécdota inolvidable de Barcelona: El menor de los vecinos gritaba, asustado, interrumpiendo el silencio de nuestra contemplación:  Acabo de ir al baño. En la taza estaba una rata, una rata, una ratota, Prieto,  pero grandota Prieto, yo creo que me quería morder las nalgas.  Las risas fueron espontáneas y acompañaron a Carlos Mercenario cuando consiguió la medalla de bronce en la prueba de 50 Km de Marcha. Nunca pude volver a ver a mi vecino sin por lo menos sonreír. La medalla de bronce se convirtió en medalla de plata al quedar descalificado el segundo competidor.

Fueron quince días muy intensos con muchos nombres, con múltiples héroes. El domingo de la clausura en mi casa sucedió algo inédito. Movimos la televisión de lugar para estar en un sitio más cómodo. Veinticuatro caballos bailaron un movimiento del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo. José Carreras, acompañado por Sarah Brightman, interpretó  Amigos para siempre compuesta por Andrew Lloyd Weber. Un barco de papel gigantesco se elevó hasta el cielo llevándose a Cobi, la mascota de los juegos. Esta vez ya no salí al patio para esperarlo. Tomé un avión para encontrarlo.

En septiembre del 2002, visité Barcelona. Después de visitar el Pabellón de Mies van der Rohe, estuve en el Museo Olímpico en el Estadio de Montjuic. No cabía en mí de la emoción. Me cumplí el lujo y capricho de dar una vuelta olímpica en el estadio, previo pago del óbolo que esto significaba. Compré también una camiseta. Lo sé, soy una naca, pero me encantó hacer eso. La vida a veces permite cumplir sueños en retazos que saben a género completo. Lo imprescindible es nunca abandonarlos.

Lorena Sanmillán

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