Mis subrayados. Y si quieren saber de mi pasado… Chavela Vargas

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Un día dejaré todo y vendré a morir aquí.

No tengo miedo en la selva.

El aire es distinto en el paraíso y aquí estoy protegida.

Aún tengo tiempo para soñar.

Cuando tenga ganas de morirme ya me daré cuenta.

Mis padres no me querían.

Yo era un ser raro, una persona rara.

Lo que duele no es ser homosexual; lo que duele es que lo echen en cara como si fuera la peste.

Si hubiera tenido miedo del mundo no hubiera llegado a ninguna parte.

No me avergüenzo de mi mala reputación, ni de la verdadera, ni de la inventada.

Se nace para trabajar.

Macorina tiene su origen en el siglo XVII, cuando ya se cantaba una antigua versión.

Macorina era una mujer entera y verdadera.

Macorina: yo llevaré tu nombre por todo el mundo.

En el fondo, hasta los hombres me quieren.

He oído decir que al Papa le encantan mis canciones.

Vi comprar el Grammy a más de uno; sentí la envidia de los que no alcanzaban a ser Chavela Vargas.

La única razón de mi desgracia fue que me gustaba beber y quise beber. Y me lo bebí todo.

No tengo la culpa de que usted ande mendigando historias de amor que es incapaz de vivir.

No tengo la culpa que su amor sea vulgar como vasija de alfarero.

¿Qué hay que ocultar en el amor?

Ustedes me conocen por mi música, y por la música deben apreciarme.

No quiero que aquellas mujeres que me amaron, o que dijeron que me amaron, anden por los estantes de las librerías.

¿Para qué volver a tocar la herida?

Por la libertad se paga un precio altísimo.

Quizá he puesto más fantasía en mis amores que brillos hay en los trajes de los toreros.

Si las mujeres se divorciaban porque me querían, no era cosa que yo pudiera evitar.

No puedo con las mujeres, no puedo pelear con ellas.

Casi todas me ponían los cuernos. No podía entrar yo por ninguna puerta.

Como no he sido muy afortunada con el cariño de los demás, siempre agradezco que me quieran.

Siempre me resulta fascinante y maravilloso que alguien ponga sus ojos en mí.

Soy vergonzosa y pudorosa, por más que de parranda pueda parecer lo contrario.

Estoy con mujeres. Y para ser sincera, me encanta. Yo las amo y ellas me aman.

Si volviera a nacer volvería a amar a las mismas mujeres que amé.

Nadie se muere de amor. Ni por falta, ni por sobra.

La duda golpea el alma, y yo, en aquel momento, prefería beberme ~un tequila por cada duda~.

Yo no padezco la angustia de no tener dinero.

Podría escribir ~dolor~ y así quedaría todo solventado.

Me dejan por imposible.

La vida es una continua pachanga, a veces surrealista.

Cuando hablan de mí, hablan con mucha ternura. Tal vez por eso soy tan sentimental.

Yo extiendo los brazos y a veces las manos -no para que me crucifiquen- sino para abrazar al mundo.

Sólo puedo dejarles como herencia mi libertad.

He sufrido mucho por ser como soy, pero de otro modo hubiera sufrido aún más.

No alardear o no inscribirme en algún partido político no significa que no sea una mujer comprometida.

Los que no aman jamás se elevarán ni un centímetro del suelo.

He llorado muy pocas veces en un escenario; sólo lloran los artistas que no tienen recursos para sacar lágrimas al espectador.

Se aprende a estar sola en un escenario.

Cuando se triunfa los ojos brillan y nadie dice nada.

Tengo ochenta y dos siglos y soy incorregible. Y creo que ya nadie podrá repararme.

Autobiografía de Chavela Vargas. “Y si quieren saber de mi pasado…” Aguilar; Madrid; 2002; Tercera Edición: 297pp.
Lorena Sanmillán
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