Mis subrayados: Los dragones del Edén. Carl Sagan

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El ser humano se halla a medio camino entre los dioses y las bestias. Plotino

Sin embargo, no cabe duda de que somos la progenie evolucionada de criaturas primitivas.

Pero lo que ahora importa no son las esperanzas ni los temores, sino solamente la verdad, en la medida en que nuestra razón nos permita desvelarla.

… el hombre aún lleva impresa en su estructura corpórea la huella indeleble de su humilde origen.

Charles Darwin El origen del hombre

Introducción

Sin desconocer el notable influjo del legado genético en nuestro comportamiento, nuestros cerebros ofrecen muchísimas más oportunidades de establecer nuevos modelos de conducta y nuevas pautas culturales en cortos períodos de tiempo que en cualquier otro ser vivo.

A más abundamiento, el ser humano, en la restringida y más reciente fase de su largo devenir biológico-intelectivo, se ha procurado no sólo información extragenética, sino también conocimientos extrasomáticos, o sea, información acumulada fuera de nuestro cuerpo, fenómeno del que la escritura constituye el ejemplo más significativo.

No queda más alternativa que ajustarse, adaptarse al cambio, controlarlo o perecer.

Probablemente, sólo un mecanismo de aprendizaje extragenético puede afrontar el rapidísimo proceso de transformación que soporta la especie humana.

Creo de veras que una mejor comprensión de la naturaleza y evolución de la inteligencia humana puede ayudarnos a enfocar con lucidez los peligros ignotos que sin duda esconde el futuro.

La biología se asemeja más a la historia que a la física.

Quizás el “pensamiento” sea el resultado de la acción, separada o conjunta, de los componentes del cerebro, mientras que ciertos procesos pueden ser consecuencia de la actuación del cerebro en bloque.

Pero la ausencia de pruebas no es prueba válida de la ausencia.

En el ámbito de la ciencia y sobre todo en el de la biología, se observa con frecuencia que los individuos más familiarizados con los entresijos de una cuestión tienden a sustentar criterios más empecinados (y a la postre erróneos) sobre la hipotética inasequibilidad del tema que quienes lo contemplan desde cierta distancia.

Por otra parte, me doy perfecta cuenta de que si este alejamiento es excesivo se corre el riesgo de confundir lo que no es sino ignorancia con supuesta percepción del problema.

Parte del estímulo y hasta del goce que uno halla en el estudio de la cuestión radica en el nexo que guarda con todas las áreas del esfuerzo humano, en especial la posible interacción de los conocimientos obtenidos del estudio de la fisiología del cerebro con las percepciones derivadas de la introspección humana.

1.- El calendario cósmico

El mundo es viejísimo y el ser humano sumamente joven.

2.- Genes y cerebros

La evolución biológica ha venido acompañada de un incremento de la complejidad.

Así pues, es sumamente importante distinguir entre el caudal de información y la calidad de dicha información.

Los grupos taxonómicos más importantes, aquellos que han evolucionado más recientemente, son por regla general los más complejos.

Por lo demás, es natural que para especificar un objeto de tan exquisita construcción y complejo funcionamiento como el ser humano se requiera un caudal informativo tan inmenso.

El material básico de la evolución son las mutaciones, es decir, los cambios hereditarios producidos en las cadenas de nucleótidos que se encargan de elaborar las instrucciones hereditarias en la molécula de ADN.

Los enlaces químicos se rompen accidental y espontáneamente.

Con todo, esta facultad regeneradora no es, no conviene que sea, perfecta, puesto que la evolución necesita de las mutaciones.

Hoy sabemos que determinados recuerdos se canalizan a través de un conducto denominado cuerpo calloso, que comunica los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo.

Por ejemplo, se ha determinado que debajo de la corteza existen áreas cerebrales específicas relacionadas con el apetito, el sentido del equilibrio, la regulación térmica, la circulación de la sangre, los movimientos sincronizados y la respiración.

Si la memoria es una función de la corteza cerebral en bloque -más bien una especie de reverberación dinámica o estereotipo de ondas electromagnéticas estacionarias de sus partes constituyentes que acumulación estática en compartimientos estancos del cerebro- quedaría explicada la supervivencia de recuerdos aún después de haber sufrido el cerebro lesiones graves.

En cierto modo, el esquema de la corteza motora es una fiel representación de nuestra condición humana.

Así, existen células que detectan líneas horizontales, otras las verticales, unas terceras las diagonales, y cualquiera de ellas sólo resulta estimulada cuando percibe líneas con la orientación apropiada.

Por tanto, ya se han registrado ciertos indicios indudables de pensamiento abstracto en las células cerebrales.

La existencia de regiones específicas del cerebro relacionadas con funciones cognoscitivas, sensoriales y motoras concretas, hace innecesaria la existencia de una perfecta correlación entre masa cerebral e inteligencia.

Por lo demás, en los seres humanos existe una correlación estadística entre el peso o tamaño del cerebro y la inteligencia del individuo.

Sin embargo, como ha demostrado Leigh van Valen, biólogo evolucionista de la Universidad de Chicago, los datos de que disponemos nos inclinan a pensar que, por término medio, existe una correlación bastante estrecha entre el tamaño del cerebro y la inteligencia.

¿Significa esto que en algún caso el tamaño del cerebro es factor determinante de la inteligencia?

Van Valen pone de manifiesto que la correlación entre el tamaño del cerebro y el grado de inteligencia en el ser humano es más exacta que la supuesta correlación entre la inteligencia y la estatura o el peso corporal del individuo adulto, que se sabe vienen mediatizados por una alimentación insuficiente.

Por lo demás, no existe la menor duda de que la desnutrición puede originar un deterioro de la inteligencia.

Cabe preguntarse, empero, si habrá algún medio, por tosco que sea, de relacionar la masa cerebral e inteligencia.

Con todo, creo que existen abundantes pruebas de que los mamíferos son, en todos los casos, mucho más inteligentes que los reptiles.

Una vez más, creemos que no vamos a pecar de chauvinistas si afirmamos, en base a los indicios que nos suministran sus respectivos comportamientos, que el hombre y el delfín son cuando menos dos de los organismos más inteligentes de la Tierra.

En general, los neurobiólogos estiman que las neuronas son los elementos activos de la función cerebral, si bien existen indicios de que determinados tipos de memoria y otras funciones cognoscitivas pueden estar ubicadas en ciertas moléculas del cerebro, tales como el ARN o las proteínas de reducido peso molecular.

Algunas de dichas sinapsis contienen probablemente la misma información que otras sinapsis; otras guardarán relación con funciones motoras u otras funciones no cognoscitivas, finalmente, las habrá vacías de contenido, actuando como amortiguadores en espera del flujo informativo de la próxima jornada.

Debido a esta ingente cantidad de configuraciones cerebrales funcionalmente distintas no puede haber dos hombres iguales, ni siquiera dos gemelos monovitelinos que se hayan criado juntos.

Y, ciertamente, a la vista de tales magnitudes, es realmente asombroso que existan pautas regulares de conducta en el hombre.

Desde este ángulo, todos somos diferentes entre sí, por lo que el reconocimiento de la inviolabilidad de la vida humana, en razón a la singularidad de cada individuo, resulta una consecuencia ética plausible.

Ello significaría que el saber adquirido se corresponde con la producción de nuevas sinapsis o la reactivación de las casi extintas.

3.- El cerebro y el carro

Entre los primates hallamos con frecuencia esta relación entre ostentación sexual y posición jerárquica del individuo.

Los científicos que estudiaban el comportamiento de la citada colonia llegaron a la conclusión de que “la exhibición de los genitales debe ser considerada como el signo socialmente más  eficaz para delimitar la jerarquía del individuo dentro del grupo”.

Con este comportamiento de carácter ritual, el mono parece querer indicar: Aquí soy yo quien manda.

Las relaciones de comportamiento y neuroanatómicas entre apetito sexual, agresividad y dominio se han visto confirmadas por una amplia variedad de estudios.

El empleo de la sexualidad como fórmula para fijar y mantener la relación de dominio se aprecia a veces en las prácticas heterosexuales y homosexuales del hombre (aun cuando no se trate, por supuesto, del único elemento que interviene en ellas), así como en muchas expresiones “obscenas”.

Afirma que “estamos obligados a examinarnos a nosotros mismos y al mundo en general a través de tres mentalidades muy distintas”, en dos de las cuales no interviene la facultad del habla.

Resulta muy difícil evolucionar alterando la estructura profunda de la vida.

La selección natural opera tan sólo en los individuos, no en la especie, y escasamente sobre los huevos o los fetos.

No existe medio de relegar el órgano antiguo sin poner en peligro la supervivencia del individuo.

Pues bien, estimo que el proceso evolutivo del cerebro ha seguido el mismo cauce y que las partes más internas, las más primitivas, continúan cumpliendo su misión.

Es indiscutible que cada nueva fase en el proceso de cerebración viene acompañada de transformaciones en la fisiología de los primitivos componentes del cerebro.

Entre los consejos de Maquiavelo al príncipe está el de “actuar a sabiendas como las alimañas”.

El ritual, como el arte, es en esencia la culminación activa de una transformación simbólica de la experiencia.

Tanto la neuroanatomía, como la historia política y la propia introspección ofrecen pruebas de que el ser humano es perfectamente capaz de resistir el apremio de ceder a los impulsos emanados del cerebro del reptil.

No podemos ignorar el componente reptílico de la naturaleza humana, sobre todo en lo que atañe a los actos rituales y jerárquicos.

Las alteraciones del ánimo que acarrean los desequilibrios endocrinos ofrecen interesantes indicios acerca de la conexión del sistema límbico con los estados mentales.

Las perturbaciones del sistema límbico pueden originar irritaciones, miedo o emotividad intensa sin causa aparente.

Existen motivos para creer que las raíces del comportamiento altruista se hallan en el sistema límbico.

A lo que parece, el amor es invención de los mamíferos.

Una parcela del sistema límbico primitivo regula las funciones orales y gustativas, y otra las funciones sexuales.

A veces me pregunto si los desodorantes, sobre todo los desodorantes “femeninos”, no constituyen un intento de encubrir los estímulos de orden sexual para que concentremos nuestra atención en otros menesteres.

En los animales superiores, estas mismas pulsiones, aunque mucho más perfeccionadas, parecen localizadas en el neocórtex, región donde se ubican muchas de las funciones cognitivas que mejor definen al hombre como tal.

Así pues, los lóbulos frontales pueden intervenir en las funciones genuinas del ser humano de dos maneras distintas. Si regulan el sentido de anticipación del futuro, deben ser el emplazamiento obligado de de los sentimientos de inquietud, los centros del ansia y la desazón.

El precio que pagamos por la previsión del futuro es la desazón que ello engendra.

Pero necesitamos de los componentes fatalistas de nuestra naturaleza para sobrevivir.

La ventaja que procura el pronóstico de las catástrofes radica en la posibilidad de adoptar medidas para impedir que se produzcan, sacrificando las ganancias inmediatas en favor de unos beneficios a más largo plazo.

A lo que parece, el lóbulo parietal interviene en todo lo relacionado con el lenguaje simbólico del hombre.

Conforme vamos envejeciendo solemos olvidar cosas que a veces acabamos de oír, en tanto somos capaces de recordar con claridad y exactitud sucesos de nuestra infancia.

Sería interesante averiguar por qué el pensamiento indirecto activa el mecanismo de recordación.

Es indiscutible que en el hombre tanto el comportamiento ritual como el de carácter emotivo están fuertemente influenciados por el razonamiento abstracto de origen neocortical.

Cabe afirmar que el rasgo más específico del hombre es su capacidad de raciocinio y formulación de abstracciones.

La curiosidad y el afán de resolver dilemas constituyen el sello distintivo de nuestra especie.

4.- El Edén como metáfora. La evolución del hombre

En el libro del Génesis hallamos una insólita explicación del nexo entre la evolución de la inteligencia y el dolor de parto.

Es interesante hacer notar que Dios no prohíbe la adquisición de todo tipo de conocimiento, sino, de manera específica, el conocimiento de la diferencia entre el bien y el mal, es decir, los juicios abstractos y morales, que de residir en alguna parte del cerebro se ubicarían en el neocórtex.

Una de las primeras consecuencias de las facultades anticipatorias inherentes a la evolución de los lóbulos prefrontales debe haber sido la conciencia de la muerte.

El único depositario de la mentada memoria biológica es, por supuesto, el código genético.

El primer acto de Adán, mucho antes de la Caída e incluso antes de la creación de Eva fue de orden lingüístico: poner nombres a los animales del paraíso.

En casi todos los lenguajes del hombre el término que el niño utiliza para decir “madre” parece una evocación del sonido que emitía inadvertidamente mientras era amamantado.

Cabe, pues, pensar que el lenguaje, las herramientas y la cultura surgieron aproximadamente en la misma época.

La mayoría de antropólogos consideran que no descendemos de la especie de Neanderthal ni quizá tampoco del llamado hombre de Cro-Magnon.

Por lo que sabemos, el ser intelectivo aparece en la Tierra hace unos cuantos millones, o quizá docenas de millones, de años.

Un cambio cuantitativo originó otro de orden cualitativo.

¿Son capaces de pensar en abstracto? Y si son criaturas inteligentes, ¿por qué no conocen el uso de la palabra?

5.-Las abstracciones de los brutos

“Las bestias no pueden formular abstracciones”, declarón John Locke, expresando con estas palabras el sentir generalizado del hombre en el transcurso de la historia escrita.

¿No pueden otros animales realizar abstracciones aunque no sea con la frecuencia y la agudeza del hombre?

¿Por qué suponer que los impedimentos que dificultan esta comunicación son imputables sólo a ellos y no, también, a nosotros?

Existe, ciertamente, un largo anecdotario demostrativo de que los chimpancés son criaturas inteligentes.

“La bestia es incapaz de formular abstracciones”

Los chimpancés han llegado a inventar hasta juramentos.

“El comportamiento humano es un comportamiento simbólico; y el comportamiento simbólico es un comportamiento humano”.

Resulta difícil calibrar el impacto emocional que supone para un chimpancé el aprendizaje de una lengua.

Ahora todo tenía un nombre, y cada nombre alumbraba una idea.

Recordemos que Dios, en lo que se nos antoja una extraña actitud de defensa inconcebible es un ser omnipotente, está preocupado ante la perspectiva de que los hombres erijan una torre que llegue hasta el cielo.

Es posible que hayamos actuado como instrumento de la selección natural suprimiendo toda competencia en el plano intelectivo y que hayamos hecho retroceder los límites de la inteligencia y las facultades lingüísticas entre los primates distintos del hombre hasta el punto de que parezcan inexistentes.

6.- Relatos del obscuro paraíso

Prometeo encadenado parece erigirse en una de las obras capitales de la literatura en Occidente que contiene una alegoría plausible acerca de la evolución del hombre, si bien en lo que a este aspecto se refiere, se concentra más en el inspirador de la evolución que en el ser evolucionado.

¿Qué conexión existe entre los sueños y la evolución del hombre?

Esquilo quizá está diciendo que nuestros antepasados pre-humanos vivían durante el día en un estado similar al de nuestro sueño nocturno y que una de las ventajas principales que comporta la expansión del intelecto humano es la facultad que nos confiere de interpretar la verdadera naturaleza e importancia de los sueños.

Así pues, forzosamente tiene que haber una poderosísima razón que justifique el sueño.

Los griegos reconocieron a Morfeo y a Tanatos, dioses del sueño y de la muerte, como hermanos.

Y, sin embargo, el descanso a través del sueño se remonta a un pasado lejano.

El animal que duerme y sueña está poderosamente inmovilizado y, detalle significativo, no responde a los estímulos externos.

¿Qué necesidad tienen los leones de dormir si apenas cuentan con enemigos naturales?

Cuando uno piensa en el formidable peso de los dinosaurios, aún sorprende más la pequeñez de su cerebro.

La existencia misma del ser humano, es resultado de la extinción de un distante sol.

Es precisamente un reptil el que ofrece a Adán y Eva el fruto del conocimiento del bien y del mal, es decir, las funciones abstractas y morales localizadas en el neocórtex.

Todos los especímenes con formas de adaptación menos perfectos o que habitaban en lugares más accesibles se han extinguido.

¿Es una mera coincidencia que los sonidos onomatopéyicos que el hombre emite para reclamar silencio o llamar la atención tengan extraño parecido con el silbido de los reptiles?

No es posible que el temor a los dragones fuera en realidad temor a una parte de nosotros mismos?

¿Qué cometido cumplen los sueños en la actualidad?

En estado de ensoñación es muy raro que cortemos por lo sano y nos digamos “Se trata sólo de un sueño”.

Por regla general le damos al sueño un barniz de realidad.

En una reputada publicación científica se expresó el criterio de que la función de los sueños es alertarnos de vez en cuando para comprobar que nadie nos acecha para devorarnos.

Los sueños no se atienen a norma alguna de consistencia interna, son un mundo de magia y de ritual, de pasión y de rebeldía, pero muy raras veces de escepticismo y frío razonamiento.

Existen indicios de que soñar es necesario.

7.- Amantes y locos

El hombre y otros animales poseen notables facultades cognoscitivas y un elevado índice de percepción de datos que, sencillamente, superan la conciencia verbal y analítica que tantos de nosotros consideramos como el único patrimonio digno de ser tenido en cuenta.

El otro modo de conocimiento de que disponemos, y que con tan malos ojos contempla en occidente la existencia del conocimiento intuitivo, es una adición evolutiva muy moderna.

Muchas personas son, en su vida consciente, casi completamente racionales, y otras muchas casi del todo intuitivas.

La relativa independencia de actuación de los dos hemisferios se manifiesta en la vida cotidiana.

Es conveniente reiterar que la existencia de un haz de conexiones o fibras nerviosas tan complejo supone que la interacción de los dos hemisferios es una función de vital importancia en el hombre.

La memorización y captación de la música presupone el reconocimiento de ciertas configuraciones auditivas y una disposición de tipo holístico más que analítica.

Existen indicios de que la poesía es, en parte, una función del hemisferio derecho.

Según indica, nuestro conocimiento de la función que corresponde al hemisferio derecho viene a ser algo así como nuestra capacidad para observar las estrellas con luz diurna.

Los actos creativos so obra del hemisferio derecho y no del izquierdo.

Desde entonces, la postura erecta, el uso de herramientas y el lenguaje han sido factores que se han dado impulso mutuo.

La evolución se vale a menudo de esta estrategia.

En todo caso, la práctica evolutiva normal de incrementar la cantidad de información genética a medida que los organismos ganan en complejidad, se manifiesta en la duplicación de parte del material genético, dejando que proceda luego la lenta especialización de funciones de los componentes redundantes.

El pensamiento crítico y escéptico no es un rasgo distintivo del hemisferio derecho, y puede resultar que las teorías elaboradas exclusivamente por él,  particularmente en circunstancias nuevas y difíciles, sean erróneas o paranoides.

Parece que en la vida cotidiana el negativismo del hemisferio derecho se ve fuertemente compensado por el hemisferio izquierdo, que tiende a ver la vida de forma más despreocupada.

De otro lado, el pensamiento meramente crítico, sin percepciones creativas e intuitivas, sin la búsqueda de nuevas pautas, es completamente estéril y está condenado al fracaso.

Un ejemplo característico de la resistencia que a veces opone el pensamiento intuitivo a las netas conclusiones del pensamiento analítico lo tenemos en la opinión de H. Lawrence sobre la naturaleza de la Luna: “Me da lo mismo que me digan que la Luna es una roca inerte en el firmamento. Yo sé positivamente que no lo es”.

Por la misma razón, los procesos del pensamiento racional no constituyen fines en sí mismos, sino que deben entenderse en el contexto más amplio del bienestar humano.

En cierto modo, la ciencia puede ser definida como el pensamiento paranoide aplicado a la naturaleza.

El hemisferio derecho interviene más en el aspecto creativo de la física y la matemática que en la enseñanza de dichas disciplinas.

Los actos creativos son en buena medida resultado de los componentes del hemisferio derecho, pero los razonamientos sobre la validez del resultado son, primordialmente, funciones del hemisferio izquierdo.

Por mi parte, creo que la condición humana se vería muy beneficiada si esta pugna y afán de poner a prueba las hipótesis científicas y de otro género fuera una constante de nuestra vida social, política, económica, religiosa y cultural.

No sé de ningún  progreso científico notable que no requiera un gran acopio de datos de ambos hemisferios cerebrales.

Bien podría decirse que la cultura humana es la función por excelencia del cuerpo calloso.

8.- La evolución futura del cerebro

La anatomía no es determinismo, pero tampoco un factor irrelevante.

Por regla general, las sociedades humanas no son innovadoras, sino más bien jerárquicas y ritualistas.

Cualquier sugerencia de cambio se acoge con recelo, ya que implica la incómoda transformación futura del ritual y la jerarquía imperantes, es decir, la sustitución de una serie de rituales por otra o, tal vez, por una sociedad menos estructurada y regida por un número inferior de rituales.

“Los dogmas de un pasado tranquilo son insuficientes para un presente tumultuoso”, aseveró Abraham Lincoln.

Buena parte de las dificultades que surgen al intentar reestructurar las sociedades norteamericanas y de otros pueblos arrancan de la resistencia que oponen los grupos que tienen intereses creados en el statu quo.

En efecto, las culturas más arcaicas y estáticas se muestran mucho más reticentes ante cualquier transformación.

Existen muchos otros ejemplos de desapego hacia todo lo nuevo en las sociedades de corte tradicional, y podrían abstraerse numerosos casos ilustrativos repasando las vidas de personajes como Leonardo, Galileo, Erasmo, Darwin o Freud.

Por regla general, el tradicionalismo que exhiben muchas sociedades estáticas tiene una misión adaptativa.

Los cambios son necesarios para conseguir la adaptación a nuevas circunstancias ambientales.

Al abandonar la vida del cazador/recolector abandonamos la infancia de nuestra especie.

Según Russell, para que surjan individuos tan dotados es preciso que su infancia haya discurrido sin apenas presiones y lejos de todo conformismo, que el muchacho o la muchacha haya podido cultivar y acrecentar sus intereses por peculiares y extravagantes que pudieran parecer.

Hoy más que nunca, cuando tantos y tan complejos problemas asaltan a la especie humana, es necesaria la presencia de individuos con un alto coeficiente intelectual y un amplísimo campo de intereses.

Resulta que no vivimos en sociedades tradicionales estáticas, pero nuestros gobiernos, opuestos al cambio, actúan como si  así fuera.

Si antes no nos destruimos a nosotros mismos, el futuro pertenece a las comunidades sociales que, sin ignorar las partes reptílicas y los componentes propios de los mamíferos, permitan el florecimiento de los rasgos genuinamente humanos de nuestra naturaleza, a las sociedades dispuestas a invertir recursos en una multiplicidad de experimentos de orden social, político, económico y cultural, y que estén dispuestas a sacrificar ventajas inmediatas por beneficios a largo plazo.

El futuro pertenece, en fin, a las sociedades que consideran las ideas innovadoras como delicadas, frágiles y preciosas vías hacia el futuro.

En mi opinión hace falta profundizar más en el conocimiento de la fisiología del cerebro humano antes de poder dar una definición genérica y bien fundamentada de la muerte, pero lo más probable es que la senda que conduce a esta definición nos lleve a contraponer el neocórtex a los restantes componentes del cerebro.

Soy perfectamente consciente de que en un tema en el que concurren sentimientos tan apasionados toda solución que se proponga no satisfará a ninguna de las dos partes, y en ocasiones el corazón y la mente nos llevan a diferentes conclusiones.

En el polo opuesto de la discusión, la frase “derecho de la vida” constituye un ejemplo claro de expresión altisonante concebida para impresionar más que para aclarar las cosas.

Lo que muchas sociedades humanas protegen no es la vida, sino la vida del hombre, y aún así desencadenamos guerras con medios “modernos” que causan estragos en la población civil y que suponen un tributo tan escandaloso que muchos de nosotros ni siquiera nos atrevemos a entrar en su consideración.

Por si esto fuera poco, es posible que en un futuro no muy lejano podamos dar vida a un ser humano a partir de una simple célula tomada prácticamente de cualquier parte del cuerpo del donante.

La cuestión clave del dilema radica en poder determinar en qué momento el feto puede considerarse un ser humano, dilema que a su vez depende de lo que se entienda por humano.

Asimismo, un hipotético ser extraterrestre dotado de inteligencia que no se asemeja a nosotros pero que poseyera unas cualidades éticas, intelectuales y artísticas superiores a las del hombre, debería entrar en nuestro cuadro de prohibiciones contra el asesinato.

Lo que acredita nuestra condición humana no es lo que parecemos, sino lo que somos.

La razón por la que prohibimos dar la muerte a otro ser humano debe sustentarse en alguna cualidad peculiar del hombre, cualidad a la que conferimos especial valor y que pocos o ningún otro organismo de la tierra posee.

Creo que la cualidad humana básica no puede ser otra que nuestra inteligencia.

La observación de algunas funciones biológicas muy simples nos ofrece indicativos del momento en que el cerebro cobra un carácter específicamente humano.

Tal vez otras dolencias sean consecuencia de un menoscabo de la función del hemisferio derecho, Así, pocas veces se observan flujos intuitivos en los enfermos obsesivo-compulsivos.

Aparte de otros contenidos, las palabras soeces implican emociones intensas.

Sin embargo, el ritmo del cambio evolutivo es tan lento que no cabe pensar en la superación de los problemas que hoy nos asaltan mediante un incremento notable del neocórtex que, consiguientemente,  se tradujera en la generación de individuos dotados de un mayor grado de inteligencia.

Cabe dentro de lo posible que la neurocirugía potencie aquellos componentes cerebrales que nos parezcan más idóneos e inhiba la acción de aquellos otros que tal vez son causa de algunos de los peligros y contradicciones con que se enfrenta la humanidad.

Lo más probable es que lleguemos antes a elaborar los genes que a remodelar el cerebro.

Así, es probable que en breve se pueda sintetizar una gran variedad de moléculas capaces de inducir en el hombre múltiples estados emocionales, incluso aquellos que se dan raras veces.

La existencia de un entorno cultural estimulante y no represivo para los niños representa un instrumento educativo muy eficiente y prometedor.

La escritura es un elemento mecánico muy simple.

¿Qué otra cosa es el juego de la psicoterapia sino una muy compleja y estudiada serie de respuestas ante múltiples situaciones humanas?

Por otra parte, no me parece utópico pensar que el día de mañana contaremos con terapeutas computarizados en extremo pacientes, fácilmente asequibles y, al menos en lo que respecta a ciertas cuestiones, suficientemente preparados para resolverlas.

Existen ya algunos programas que gozan de gran estima entre los pacientes porque estos se han dado cuenta de que el psicoterapeuta mecánico es objetivo y en extremo pródigo con su tiempo.

No siempre sabemos cuál va a ser la respuesta del computador a una instrucción concreta.

A la sazón, las máquinas están traspasando un importante umbral, el que les permite, al menos hasta cierto punto, presentarse ante el hombre, objetivamente, como artefactos provistos de inteligencia.

Personalmente no considero en modo alguno degradante que el conocimiento y la inteligencia sean resultado de la “simple” materia suficiente y diversamente ordenada.

En modo alguno se deduce de ello que en un futuro cercano los computadores vayan a exhibir las mismas dotes creativas, la misma sutileza, sensibilidad y erudición que el hombre.

Para empezar se trata de un computador, poco “dotado” y sus errores son en realidad, los errores de los hombres que lo programaron.

Estoy convencido de que en el lapso de una generación se hablará de los computadores con absoluta naturalidad, o, por lo menos, como de un aspecto común de nuestra vida cotidiana.

Los especímenes que poseían cerebros deficientemente programados no vivieron lo suficiente para poder reproducirse.

La elaboración de nuevas vías para el aprendizaje mediante computadores interactivos no conoce otros límites que el grado de inventiva de los programadores, y en este terreno es muy difícil avanzar conclusiones.

Habida cuenta de que la ciencia y la técnica ejercen un considerable influjo en nuestra sociedad y de que ambos campos del saber escapan, o poco menos, a la comprensión de la mayoría de los ciudadanos, el hecho de que tanto los centros de enseñanza como los hogares tengan un acceso poco costoso a los servicios de un computador, desempeñará, sin duda, un importante papel de cara a la pervivencia de nuestra civilización.

La única objeción de que tengo constancia acerca del uso generalizado de las calculadoras de bolsillo y computadores de pequeño tamaño es la de que, si los niños aprenden a manejarlos a una edad temprana, no asimilan como es debido la aritmética, la trigonometría y otras operaciones matemáticas que la máquina está en condiciones de realizar con mayor rapidez y exactitud que el alumno.

Sin embargo, antes de la invención de la escritura, el saber humano se reducía a lo que una persona o un reducido grupo de individuos acertaba a recordar.

Homeros hubo muy pocos.

Después de la invención de la escritura se hizo posible reunir, integrar y utilizar la sabiduría acumulada de todas las épocas y de todos los pueblos; el hombre dejó de estar circunscrito a lo que ellos o sus compañeros más allegados eran capaces de recordar.

La cultura escrita nos permite entablar contacto con los intelectos más poderosos e influyentes surgidos a lo largo de la historia.

La transmisión reiterada de la tradición oral en el marco de múltiples generaciones acaba por engendrar fatalmente errores de transmisión y la pérdida gradual del contenido original del mensaje, degradación mucho más lenta cuando se trata de reeditar un texto escrito.

Los libros se pueden guardar fácilmente; podemos leerlos a nuestro antojo sin importunar a los que nos rodean, y releer las partes más densas o que nos procuran mayor deleite.

El incremento del saber humano, así como su capacidad de supervivencia tras la invención de la escritura, han sido inmensos.

Cuando ya no quede nada por decir ni por hacer, la invención de la escritura debe conceptuarse no sólo como una brillante innovación sino como una formidable aportación en favor de la humanidad.

Es probable que el próximo hito estructural del intelecto humano sea la cooperación entre el hombre, ser discursivo, y las máquinas, artefactos pensantes.

9.- Nuestro destino es el conocimiento. Inteligencia terrestre y extraterrestre

Se afirma en ocasiones que en el futuro la comunicación interestelar será predominantemente de orden telepático, afirmación que, en el mejor de los casos, me parece una idea festiva.

La hipotética comunicación con los seres extraterrestres utilizaría, quizás, el espectro electromagnético, y, muy probablemente, la banda que corresponde a las ondas radioeléctricas; o puede que empleara las ondas gravitatorias, los neutrinos, que no son, plausiblemente, sino taquiones (en el supuesto de que existan), o algún nuevo aspecto de la física que no será descubierto hasta que hayan transcurrido otros tres siglos.

Por regla general, los seres más inteligentes subsisten en mejores condiciones y dejan más descendencia que los organismos menos dotados.

Una vez los seres inteligentes han alcanzado un determinado estadio tecnológico y la capacidad de autodestrucción de la especie, los beneficios de la inteligencia en el orden selectivo resultan ya mucho más inciertos.

Sabemos que las leyes de la naturaleza -o por lo menos algunas de ellas- rigen en el universo todo.

Es probable que los supuestos organismos dotados de inteligencia que habitan en otros planetas no tengan la misma estructura bioquímica que nosotros.

El hecho es, empero, que no habitamos en un universo de este tipo. ¿Por qué no?  Pues tal vez porque todos los organismos que hallaban demasiado complejo su universo han terminado por extinguirse.

La selección natural ha operado como una especie de cedazo intelectual dando paso a cerebros y a intelectos cada vez mejor dotados para afrontar las leyes de la naturaleza.

Creo que si tenemos la fortuna de entablar contacto con uno de esos otros seres podremos comprobar cómo su biología, psicología, sociología y concepción política nos resultan extravagantes y misteriosos en grado extremo.

Ciertamente, no confío en que los cerebros de estos hipotéticos seres sean anatómica, fisiológica ni siquiera químicamente iguales a los nuestros.

Es probable que, como en nuestro caso, los cerebros de los organismos extraterrestres posean varios o muchos componentes acrecentados a través de un lento proceso evolutivo.

De todos modos, creo que nuestros cerebros y máquinas acabarán por entenderse y compenetrarse a fondo con los suyos.

Las ventajas de orden práctico y los conocimientos filosóficos que probablemente obtendríamos en el caso de que recibiéramos un largo mensaje de una avanzada civilización, serían sin duda de valor inapreciable.

La seguridad de que existe una solución ayuda en gran manera a encontrarla.

El universo es intrincado y fascinante. Arrancamos secretos a la naturaleza por las sendas más insólitas.

Sin una estimulación decidida, continuada y amplia de la investigación básica corremos el riesgo de comernos la simiente que utilizamos para la siembra, es decir, conseguimos atajar el hambre un invierno más, pero renunciamos a la última esperanza de supervivencia de cara al siguiente invierno.

La muerte de San Agustín, acaecida en el año 430 de nuestra era, marca en Europa el comienzo de la larga noche medieval o, dicho de otra manera, de la época del oscurantismo.

Por contra, estimo que la apertura hacia un futuro esclarecedor sólo puede venir dada a través de la plena operatividad del neocórtex.

Sólo durante el último día del calendario cósmico aparecen en la Tierra mecanismos intelectuales dignos de mención.

Ciencia no es más que una palabra latina que significa conocimiento.

Nuestro destino es el conocimiento.

Los dragones del Edén. Sagan, Carl. Ed. Grijalbo. 1984. México. 314 pp.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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