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El jilguero. Donna Tartt. I

May 22, 2018

Mayo 21, 2018. Comienzo a leer “El jilguero” de Donna Tartt. Más por evasión y por simpatía con quien me lo prestó, que por verdadero interés. No tengo ganas de hacer nada de mis pendientes y este libro me está haciendo guiños desde mi librero. 1143 páginas. Lo que sí quiero hacer patente, es la disciplina de la lectura literaria. A ver cuánto alcanzo a leer en una hora. Aún no lo abro y ya me dio sueño. Lo edita Lumen. Buena editorial. Es un libro bonito y muy pesado. Tiene buen tamaño de letra, por lo que será fácil la lectura. Lo dedica a su madre. Ya investigaré después cómo se llevaban y si eso es relevante. La primera parte tiene un epígrafe de Camus: “Lo absurdo no libera: ata”. Sólo hago un gesto, prefiero no comentarlo. Capítulo I. Niño con calavera. El protagonista, Theo, sueña a su madre. Siento el frío y la Navidad en Amsterdam. Tartt narra cómo llevan los árboles de Navidad en las bicicletas del mismo modo que nosotros lo hacemos en nuestros coches. Estoy entretenida leyendo, aunque me sobran algunos datos. Narración atmosférica. Sin darme cuenta, ahora estoy en Nueva York. “Deambulando” aparece como una palabra exótica en los oídos del protagonista. Esto me lleva a pensar en el lenguaje y las palabras que caen en desuso. Su madre ama el arte. Ya sé qué les va a suceder una desgracia, pero me gusta cómo me lo está contando. Qué envidia que en las horas libres la madre se va al MoMA o al Met. Página 37, menciona a Madonna y yo sonrío. Tartt abre múltiples temas delante de mí. Describe La lección de anatomía, cuadro que fue referente en mis clases de Apreciación de las Artes y recuerdo a mis alumnos y estoy feliz por las fotos de su próxima graduación. No sé si me gustan o no las múltiples enumeraciones que va haciendo. No me gusta leer los paréntesis, ¿me los puedo saltar? Disfruto el recorrido por el Met. ¿Será casualidad que Madonna haya estado ahí apenas hace una semana? Aparece otro personaje, una chica que le llama la atención a Theo. ¿Existirá el cuadro del que habla? ¿Cuál sería el primer cuadro del que yo me enamoré? Genial la idea de meterse a un museo mientras pasa la lluvia. Nunca se me había ocurrido. Quiero ir a Marco el próximo miércoles. El chamaco se enamora en el museo y decide quedarse en la tienda de regalos para observar de cerca a la chica que le ha llamado la atención mientras su madre vuelve a la exposición para observar de nueva cuenta uno de sus cuadros favoritos. Detengo la lectura. Se ha terminado el tiempo. Página 51.

Lorena Sanmillán

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