El jilguero. Donna Tartt. XX

Releeré la escena anterior porque quiero comprenderla. Me pasó de noche. Ya la comprendí. Sucede muy rápido. Recuperan el cuadro. Es un regalo de Navidad bastante peculiar. Extraño cómo lo han perdido. Extraño cómo lo han recuperado. No lo comprendo del todo, pero sigo con el pacto ficcional. Theo acaricia el cuadro y comprueba que es el auténtico. ¿Para qué lo quiere? ¿Por qué no lo devuelve? No podrá hacer nada con él. ¿Tiene sentido que lo conserve? Quizá sí, para su gusto único y personal. Mientras Boris y Theo envuelven el cuadro, aparecen tres hombres en la escena. Nueva palabra: tabardo. Prenda de vestir amplia y larga, de paño generalmente tosco, y con aberturas laterales para sacar las manos. Aunque no es la acepción que busco. Debe tener otro significado porque si pongo esta acepción pierde el sentido. Ladrón que roba a ladrón. Una balacera para pelear por el cuadro. En mi mente resuena “Californication” de Red Hot Chilli Peppers. Nueva palabra: cordita. Con el término cordita se hace referencia a un tipo de pólvora sin humo compuesta de nitroglicerina y algodón pólvora que se mezclan con acetona, para producir una pasta que posteriormente es prensada en forma de cuerda. La vida no podrá ser la misma después de matar a alguien. ¿A dónde iría a parar el cuadro? ¿No lo busca Kitsey? ¿Qué sucederá? Son preguntas que hoy se quedan en mi cabeza, pero no me quitarán el sueño. Página 1047

Lorena Sanmillán

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