Archive for August, 2018

Cinco abuelos

August 29, 2018

Hoy es el día del adulto mayor. Día del abuelo.

Hoy recuerdo a mi abuelo Jesús, padre de mi padre. Ferrocarrilero, mujeriego e incansable narrador. Algún día escribiré sobre la anécdota de mi apellido paterno y las cosas que pasaban en el patio de maniobras de los trenes. Presumía conocer a Francisco Villa. Recuerdo mucho sus regalos. Especialmente el coche de bombero y de policía y ese Jeep amarillo que regaló mi padre.

No conocí a mi abuela paterna, María de la Luz. Nací en junio y ella murió en enero de ese mismo año. No sé más de ella que lo que cuenta mi madre. Sólo tengo en mi mente una foto que veo a diario. Nunca la he sentido cercana, y no la quiero.

Con mis abuelos maternos tuve más cercanía. Barbarita, madre de mi madre, me mostró lo que es cuidar a un enfermo. Yo la cuidaba, comenzaba mi adolescencia, ella respiraba y en cada respiro se le iba un poco su vida. Yo temblaba. Ella me regaló mi primera mascada. Ahora tengo colección.

Mi abuelo Eulogio, fue tanto para Manuela. Tenía talento para las letras. Escribía las cartas que los demás le dictaban. Murió muy joven, menos de cuarenta años, por su alcoholismo y supo sacar adelante a su familia. Emigró hacia donde estaba el trabajo para tener una mejor vida. 

Y me queda, don Gabriel, el segundo esposo de mi abuela, a quien nunca se me permitió decirle abuelo, pero de quien recibí tantos detalles, tanto amor. Algunas tardes de sábado, la mayoría, viene a mi memoria. Lo vuelvo a ver, caminando hacia la carnicería para comprar chicharrones de res, y a la tortillería. Regresaba. Mis hermanos y yo lo aguardábamos sentados en la banqueta. A cada uno nos daba una tortilla e iba poniendo un chicharrón de res, recién sacado del cazo. Nosotros comíamos, con un Grapette, que mi abuela había puesto en hielo, porque sabía que ese sábado la visitaríamos. Yo lo quería mucho y nunca se lo dije. Espero que lo haya sentido. Saber que lo quería lo supe en mi adultez, qué cabrona es la vida.

Yo no seré abuela de nadie.

Lorena Sanmillán

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Mis subrayados. El jilguero. Donna Tartt.

August 21, 2018

Al perder a mi madre perdí de vista cualquier punto de referencia que podría haberme conducido a un lugar más feliz, una vida más plena o agradable.

Aún no he conocido a nadie que haga que me sienta tan querido como lo hizo ella.

Su risa bastaba para que apartaras de una patada lo que estuvieses haciendo y la siguieras.

Antes era un día normal y corriente, pero ahora sobresale del calendario como un clavo oxidado.

¿Deambulando? Gran parte del vocabulario de mi madre sonaba exótico a mis oídos…

“Es una locura” -había dicho-, pero sería feliz mirando los mismos seis cuadros el resto de mi vida. No se me ocurre una mejor forma de enloquecer.

Cuando ves moscas o insectos en una naturaleza muerta…, un pétalo marchito o una mancha negra en una manzana, el pintor te está transmitiendo un mensaje secreto.

La mirada serena y penetrante que posó en mí al pasar casi rozándome me trastornó.

Era como si alguien hubiera encendido una luz en el interior de su rostro.

¿Tuvo que vivir así toda su vida?

Supongo que todo lo que logramos rescatar de la historia es un milagro.

“¿Saben? Eso fue hace sesenta años, y nunca volví a ver a esa pelirroja. Pero les aseguro que desde entonces no ha pasado ni un mes en que no haya pensado en ella. ”

Allá donde miraba pasaban a toda velocidad imágenes de mi propio pánico.

…por alguna razón me costaba creer que mi madre se hubiera ido del museo sin mí.

Sumar y restar me resultaba útil en la medida en que me ayudaba a seguir sus movimientos.

Pero pronto empezaron a asaltarme nuevas dudas y temores, e hice todo lo posible por quedarme en casa y no salir gritando su nombre.

La oleada de alivio fue indescriptible.

Jacintos morados en una maceta envuelta en papel de plata.

Notaba cómo me palpitaba el corazón, oía los chasquidos, crujidos y zumbidos del enorme y anciano edificio que dormía profundamente a mi alrededor.

…era tan fría, rubia y monótona al hablar que a veces daba la impresión de haber perdido parte de la sangre.

…estar ocupado es lo único que hará que te sientas mejor.

Cada acontecimiento nuevo -todo lo que hiciera en adelante- no haría más que separarnos. Serían días de los que ella ya no formaría parte, por lo que la distancia entre nosotros sería cada vez mayor. Cada día de mi vida ella no haría sino alejarse aún más.

Costaba creer que se hubiera acabado el mundo cuando todas esas ridículas actividades continuaban llevándose a cabo.

Apenas resultaba creíble que, siguiendo esos momentos, no pudiera retroceder a un mundo donde ella no estaba muerta.

Pero el suicidio no era la solución.

…me costaba recordar que el mundo había estado de todo, menos muerto.

…un ejemplo no es suficiente para fundamentar un argumento.

Lo malo no era intentar encontrarla, sino despertar y recordar que estaba muerta.

…es trágico que hayas tomado la decisión de dar la espalda a lo único que a mí me ha dado la libertad.

Poe inventó las historias de detectives y de ciencia ficción. En el fondo inventó una parte enorme del siglo veinte.

El mundo no acudirá a mí, yo tengo que salir a su encuentro.

¿Acaso no es lo inapropiado, lo que no encaja, lo que curiosamente es lo que más queremos?

La gente quiere hablar, pero yo prefiero estar callada.

Y el sabor del beso de Pippa -agridulce y extraño- me acompañó durante el tambaleante y soñoliento trayecto en autobús de regreso al norte de la ciudad, fundiéndose con el pesar y la belleza, un dolor estrellado que hizo que me elevara por encima de la ciudad barrida por el viento como una cometa: la cabeza en las nubes cargadas de lluvia, el corazón en el cielo.

¿Alguna vez se había sentido alguien tan solo?

Los cumplidos me desconcertaban, nunca sabía cómo reaccionar aparte de no dándome por aludido.

Te sorprenderá saber hasta qué punto las pequeñas cosas cotidianas pueden sacarnos de nuestra desesperación.

Tú eres el único que tiene que estar atento para ver la puerta abierta.

Por muy naturales y esporádicas que fueran nuestras conversaciones, nunca había nada simple en ellas.

¿Quién sabe a dónde te llevará todo?

…lo que esperaba en realidad no me atrevía a expresarlo con palabras.

…ella encontró la forma de reescribir la historia de la forma más favorecedora.

Me habría encantado hacer algo con mi talento, pero no pude permitirme ese lujo.

Si ella era tan maravillosa, ¿por qué todo el mundo se portaba de un modo horrible con ella?

Cuando estamos tristes -al menos a mí me pasa- puede ser un consuelo aferrarnos a objetos que nos resultan familiares, a las cosas que no cambian.

La luz del pasado es diferente de la luz de hoy y sin embargo aquí, en esta casa, me acuerdo continuamente de los viejos tiempos.

Cuando pienso en ti, es como si te hubieras ido en un barco hacia un resplandor extranjero donde no hay senderos, sólo estrellas y cielo.

La bondad que encontramos en este mundo nunca es suficiente.

Quiere hacer bien las cosas contigo, pero no sabe cómo.

Y si bien en ese ambiente de temperatura controlada y sin relojes del casino, unas palabras como “día” y “Navidad” eran formulaciones teóricas que no significaban gran cosa, la noción de “felicidad”, en medio del ruidoso entrechocar de copas, no parecía tan fatídica ni catastrofista.

Los días se sucedían iguales bajo aquel resplandor sin estaciones.

Boris y yo estábamos tan sintonizados que no nos hacía falta hablar si no queríamos.

Quiero ganar a cualquier precio.

No es malo ni bueno, es lo que es.

…dos desastres fortuitos, el mío y el suyo, convergiendo en el mismo punto invisible, “el big bang” como lo llamaba mi padre, no con sarcasmo o desdén sino con un respetuoso reconocimiento de los poderes del azar que regían su propia vida.

Podías estudiar las conexiones durante años y no desentrañarlas nunca. Todo se reducía a cosas que se juntaban, y cosas que se desintegraban, “vueltas del tiempo”…

El azar errante que podía o no transformarlo todo.

“Vueltas del tiempo”: aquello que hace que las cosas ocurran más de una vez.

Todo lo que el dinero representa es la energía del proceso.

Lo único que quieres es empaparte de ese solitario momento de recogimiento.

Cuando miraba el cuadro percibía esa misma convergencia en un solo punto: un trémulo instante de resplandor que existiría ahora y siempre.

No debería haber permitido que mi relación con tu madre interfiriera en mi relación contigo.

Era demasiado -demasiado tentador- tener en mis manos el cuadro y no mirarlo.

…el corazón te palpitaba lento y seguro cuando estabas con alguien con quien te sentías protegido y amado.

Lo que había empezado siendo un pensamiento tranquilizador se estaba metamorfoseando una vez más en visiones de desconocidos y robos.

Una mente obsena. La fuente de la eterna juventud.

Una copa es demasiado y mil no son suficientes.

Si no quieres acabar tarde o temprano cortándote el pelo es mejor no pisar la barbería.

Fuera lo que fuese lo que nos hacía ver la droga, estábamos construyéndolo juntos.

…creía que la sinceridad formaba parte de la personalidad de mi padre.

Así es como uno se equivoca, a toda velocidad.

Si me volvía y recorría uno de esos senderos iluminados, ¿saldría de nuevo en un año diferente, quizá incluso en un futuro diferente?

Por encima de todo me sentía aliviado de que en mi desconocido estado balbuceante y parlanchín me hubiera contenido de decir lo que tenía en la punta de la lengua, lo que nunca había dicho, aunque era algo que los dos sabíamos bien sin necesidad de que yo lo dijera en voz alta en la calle y era, por supuesto, “te quiero”.

Esta es la primera ley de la magia: desorientar.

Iba tan a la deriva que ni siquiera me daba vergüenza llorar.

…sus palabras fueron un desagradable hilo que atravesó mis sueños durante toda la noche.

¿Por qué no era como antes? ¿Por qué no se me ocurría nada que decir?

No sabía por qué me sentía tan mancillado, tan inútil y tan equivocado.

Yo sabía que su muerte no había sido culpa mía, pero a un nivel profundo, irracional y totalmente inamovible también sabía que lo era.

Teniendo en cuenta la frialdad con que yo lo había dejado en su desesperación final, el hecho de que él hubiera mentido resultaba irrelevante.

…donde cada reloj marcaba una hora distinta y el tiempo no se ajustaba a la medida estándar sino que serpenteaba con su propio tictac reposado…

Quitar el polvo se convirtió en un hábito lo bastante obsesivo para que saliera a comprar mis propias bayetas…

… el mismo gesto de la cabeza que recordaba su vanidosa costumbre de mirarse en cualquier superficie.

¿Cómo podía explicarle lo irrelevantes que eran esos deseos en la confusión y el sinsentido que se habían desencadenado tras su muerte?

…el olor de su champú de fresa envolviéndome en un vaho burlón en el que su presencia sonreía a mi alrededor.

No quería esforzarme más de lo estrictamente necesario: sólo ir tirando.

Yo no buscaba retos ni pretendía desarrollar mi potencial, ampliar horizontes o utilizar los numerosos recursos a mi alcance.

De algún modo el presente se había contraído convirtiéndose en un lugar más pequeño y mucho menos interesante.

…siempre suspiraba por el mar, tenía que verlo, olerlo…

He visto gatos que nadan mejor que él.

…basta que el agua esté a once grados para que tengas hipotermia si estás demasiado tiempo sumergido…

El horror y la crueldad de morir en el elemento que más odiaba.

El secreto residía en hacer el tonto, poner cara de aburrimiento, parecer absorto en tu libro, fingir que no sabías lo que había y dejarles creer que el engañado era yo.

En el negocio de las antigüedades no existía lo que se entiende por un precio “justo”.

Un objeto valía lo que fueras capaz de sacar por él.

El quid de la cuestión estaba en dirigirse a la proyección, al yo de la fantasía en lugar de a la persona insegura que tenías delante.

Cuando me sonreía yo creía tocar el cielo con las manos.

Durante años ella había sido lo primero que pensaba cuando me despertaba y lo último que pasaba por mi cabeza antes de dormirme, y durante el día ella acudía a mí de un modo inoportuno y obsesivo.

Que me sintiera tan obsesionado y sacudido por su falta de belleza indicaba -alarmantemente- un amor más vinculante que la atracción física, un alma como un pozo de alquitrán donde podía dejarme caer y fingirme enfermo durante años.

Ella era el reino de lo desaparecido, la parte intacta de mí mismo que se había perdido con mi madre.

Le escribí correos electrónicos de treinta páginas que borré sin enviárselos, optando en su lugar por la fórmula matemática que había discurrido para impedir hacer el gran ridículo: siempre tres líneas menos de las que ella me había escrito, tomándome siempre un día más de los que yo había esperado su respuesta.

Ella era el hilo dorado que ensartaba todo.

…placer puro, doloroso y brillante, lejos del estrépito a hojalata de la tristeza.

La velada fue una maraña irreal del pasado y del presente.

No podía soportar  que la vida de otra persona se hubiera destrozado por el mismo veneno de “por qué no hice eso” y “ojalá hubiera hecho aquello” que había destrozado mi propia vida.

Y sin embargo, también resultaba sorprendente ver hasta qué punto renqueaba su mundo sin él.

Un hábito de días alternos, seguía siendo un hábito.

Bajo una luz intensa no había interpretación positiva qué hacer.

Era mejor no haber nacido: no haber deseado nunca nada, no haber esperado nunca nada.

Desde que no tenía los sentidos atrofiados los sabores eran abrumadores.

La primera regla de las restauraciones, como me había enseñado él mismo años atrás, era no hacer nunca nada que no pudieras deshacer.

A veces, la línea que separa un simple elogio desmesurado de un fraude es realmente muy tenue.

Los vendedores viven de su reputación. Rige el sistema del honor.

Empezaremos de cero… haremos borrón y cuenta nueva, y lo tomaremos como venga. Paso a paso, es lo único que podemos hacer.

Siempre supe que era una equivocación guardar el cuadro y aún así lo guardé.

Si perseveras y sigues mirando siempre aparece lo que buscas.

¿No era momento de dar el paso, soltarse y dar la espalda al jardín que me había sido vedado?

¿Una obsesión infundada, imposible y no correspondida no era una forma de malgastar el resto de mi vida?

…pero era un dolor limpio, a diferencia del sufrimiento apagado que me había atormentado durante años bajo el efecto de las drogas como un diente cariado, el dolor sucio e infectado de algo podrido.

…tal vez nunca lo superara y fuera algo con lo que tendría que vivir, la tristeza de amar a alguien a quien no podías tener…

Todos los días me preguntaba cuándo saldría a la luz el primer fraude.

Su silencio no es aceptable.

Esa violenta repugnancia a la procreación que zumbaba ruidosamente por mi torrente sanguíneo: parecía algo innato, congénito, genético.

Yo no era lo bastante astuto para saber a dónde ir o con quién acercarme.

Todos los consuelos ocultos que hacían posible que la vida se levantara por encima de lo corriente y mereciera la pena vivir.

…como cuando quieres tumbarte inmóvil y mirar un reloj para contar los latidos de tu corazón, y no hay ningún sitio donde tumbarte y no tienes reloj…

No se puede sacar agua de un nabo.

Me mareaba a su lado solo el respirar el mismo aire que ella.

¿Tiene sentido del humor Dios?

Es mejor tener un reloj que parezca menos caro de lo que en realidad es.

¡Por ella caminaría sobre cristales rotos!

No te tatúes nunca el nombre de una persona a la que quieres porque entonces la pierdes.

Cuesta mucho arreglar las cosas. A menudo no tienes esa oportunidad. A veces todo lo que puedes hacer es evitar que te pillen.

Siempre es un error hacer tratos con gente que no conoces.

La habitual luz del día: el estruendo matinal de los transeúntes, brillante de amenaza.

Todos esos años había flotado a la deriva, demasiado enclaustrado y aislado para vivir la realidad.

Nunca me había sentido tan desesperado, avergonzado y lleno de odio hacia mí mismo.

¿Cómo podía haberme creído una persona mejor, más sabia, más elevada, más valiosa y digna de vivir con un secreto como ese?

La convicción de que toda mi vida hacía equilibrios sobre un secreto que podía hacerla añicos en cualquier momento.

El juego se había acabado. No había forma de saltarse ese momento.

Tan sumergido en el trabajo y acuciado por el agotamiento no tenía mucho tiempo para pensar.

Abstracto, como de otro mundo.

Cuando la ley interviene todo es muy crudo y crítico.

Incluso en su tristeza, era inconfundible la alegría que ella sentía de estar con él.

Mantente alejado de los que amas demasiado.

Es duro estar enamorado de la persona que no debes.

Comprar esas cosas había sido sobre todo una forma de pensar en ella, de estar con ella.

De pronto sentí una oleada de pánico al pensar que estaba sentado en mi habitación con la puerta cerrada, malgastando valiosos momentos de estar con ella.

…lo único que me importaba era que ella estaba a mi lado en la oscuridad, con un brazo entrelazado con el mío.

…yo la quería cada minuto de cada día, con la mente, el alma y el corazón, y se hacía tarde y quería que el local no cerrara nunca, nunca.

…ya era mucho haberla tenido sólo para mí durante unas pocas horas.

Me sentía mejor sólo de estar cerca de él, respirar el mismo aire limpio que él.

Era como un haiku o alguna otra combinación de palabras perfecta con la que me hubiera tropezado para explicarle lo que ella significaba para mí.

¡Ganemos o perdamos saldremos ganando!

…no era la luna pura del desierto que servía de referente sino más bien un truco de fiesta que podía desaparecer con el guiño de un ilusionista o alejarse flotando hacia la oscuridad hasta perderse de vista.

Tenemos el arte para no morir de la verdad.

No me gusta hacer daño a alguien innecesariamente.

…el mundo entero era carcajadas que rebotaban fractales y metálicas de las paredes revestidas con baldosas…

…una sensación de que el mundo aumentaba de tamaño como un fabuloso globo hinchado que flotaba y se alejaba hacia las estrellas…

No me imaginaba cómo sería estar de nuevo en mi propio cuerpo.

¡Preocupación! Qué pérdida de tiempo. Todos los libros sagrados tenían razón.

Todas las cosas se derrumban y se construyen de nuevo.

¿No éramos puestos como seres sensibles sobre la tierra para ser felices en el breve tiempo que se nos asignaba?

Cuanto más lujosa la droga más profunda era la angustia.

Destruir o perder una criatura inmortal, romper vínculos más fuertes que los temporales, era un desacoplamiento metafísico único, con un gusto sorprendentemente nuevo a desesperación.

De un modo intencionado o no, yo había extinguido una luz en el corazón del mundo.

A veces se trata de jugar bien cuando tienes una mala mano.

La perfecta alegría de echarlo todo por la borda.

Los muebles realmente singulares no aparecen de la nada.

No le diría eso: eran pétalos de rosa, no un dardo venenoso lo que quería tirar.

Era importante no pensar demasiado.

¿Cómo pude tratarte tan mal si sólo deseaba lo mejor para ti?

El mundo es mucho más extraño de lo que sabemos o nos imaginamos.

No siempre se saca el bien de las buenas obras ni el mal de las malas obras.

Ni siquiera los sabios ni los buenos pueden ver la finalidad de sus acciones.

…confió en quien no debía, se equivocó en todas sus decisiones e hizo daño a todos los que tenía a su alrededor.

¿Y si es más complicado que todo eso? ¿Y si lo contrario también es cierto?

Puedes equivocarte de camino y que aún así este te lleve a donde quieres ir.

Mientras actúe guiado por el amor creo que estoy haciendo lo mejor que sé.

Quizá tenía que perderse ese para que los demás fueran encontrados.

…él sólo había cometido el pecado de confiar en mí.

A veces todo gira en redondo de forma extraña.

Amar tanto a los objetos puede acabar destruyéndote.

Si cuidas algo lo suficiente cobra vida propia.

…un cuadro importante fluye con suficiente potencia para abrirse paso hasta la mente y el corazón a través de enfoques diferentes, de maneras únicas y muy particulares.

¿Quién dijo que la coincidencia es la manera que tiene Dios de permanecer anónimo?

La belleza altera la textura de la realidad.

La búsqueda de la belleza pura es una trampa, la vía rápida hacia la amargura y el dolor.

¿Cómo es posible que vea con tanta claridad que todo lo que amo o lo que me importa es una ilusión, y que al mismo tiempo, al menos para mí, ahí resida el encanto de todas las cosas por las que merece la pena vivir?

¿Qué pasa si tienes un corazón que no es de fiar?

No se trata de apariencias externas, sino de significado interior.

La vida es catástrofe.

A veces queremos lo que queremos aunque sepamos que nos matará.

Todo lo que nos enseña a hablar con nosotros mismos, lo que nos enseña a salir de la desesperación entonando una canción, es importante.

Es un honor y un privilegio amar lo que la muerte  no puede alcanzar.

Lorena Sanmillán

 

La plana y el borrón

August 12, 2018

Aún recuerdo con cariño

que en mi escuela una mañana

allá cuando yo era niño

iba a empezar una plana

más blanca que el mismo armiño.

Era el rigor del verano

que de ello me acuerdo mucho

y, por capricho inhumano

cazaba moscas, ufano

de llenar un cucurucho.

Con entusiasmo creciente

estaba absorto en mi juego

cuando, por ser torpe o ciego

al volverme de repente

cayó un borrón en el pliego.

Llenos de llanto los ojos

le quise al punto quitar

y quedé, tras mil enojos

con los párpados ya rojos

y el borrón en su lugar.

Mas supe en esta ocasión

que a pesar de mi inocencia

que mancha una mala acción

con indecible borrón

la plana de la conciencia.

Manuel García de Agüero

En una casa de empeños

August 12, 2018
Enrique Granier era un francés de gran corazón, y, sin embargo, se había establecido en México abrien­do una casa de empeños.
No quiere decir eso que yo juzgue hombres de malos sentimientos a los que tienen casas de empeños; pero hay, sin embargo, necesidad de tener un carácter especial para fundar la propia ganancia en la desgracia ajena; porque es seguro que solamente van a buscar el re­medio en el empeño los perseguidos de la suerte, y allí se apuran hasta los últimos recursos, y allí, tras lo superfluo, va lo necesario: después de la joya, llegan hasta el colchón y las prendas más indispensables.
Se encuentra allí, es cierto, la sal­vación del momento, pero se prepa­ra la angustia de lo por venir.
A pesar de eso, siempre el que sale de aquella casa muestra en el rostro algo de satisfacción; y es na­tural, pues si a dejar fue la prenda, sale con el dinero que remedia una necesidad o salva de un compromi­so; si a recuperarla fue, sale conten­to con ella, porque vuelve a recon­quistarla después de haberla creído perdida, y es ya un augurio de me­jores tiempos. Pero, a pesar de todo, es triste contemplar aquella multi­tud de objetos, cada uno de los cuales es el símbolo de una angustia, de un sacrificio, de un dolor, y cada persona de las que vienen sueña que lleva un objeto de gran valía, que simboliza para él la esperanza de salvación, y se encuentra con el frío razonamiento del comerciante, que no ve en aquello el último recurso de una familia sin pan, sino una prenda que definitivamente puede venderse para cubrir la suerte prin­cipal y el interés del préstamo.
Y yo le hacía todas estas re­flexiones a Granier, y él me con­testaba:
– Mire usted, en el fondo tiene usted mucha razón; pero en la lu­cha por la existencia los sentimien­tos románticos entran por muy poco en el cálculo. Además, el hombre se acostumbra a todo; se procura tratar a los clientes con la mayor benevolencia, y siempre viene con la reflexión este razonamiento: tie­nen que existir estas casas de empe­ños; y de no tenerlas yo, las tendría otro, que quizá fuera más rudo y sacrificara a los pobres.
– Tiene usted razón también; pero ahí, detrás de ese mostrador, habrá usted comprendido todas las miserias de la humanidad, habrá usted presenciado escenas conmovedoras.
– Sí, cosas terribles; oiga usted una historia muy sencilla, pero que a mí me conmovió profundamente.
– Cuéntemela usted.
*
Era una tarde del mes de diciem­bre; el tiempo estaba muy frío; os­curecía, y ningún parroquiano aso­maba por la puerta de la casa. Iba yo a cerrar para arreglar mis cuen­tas, cuando entró una niña peque­ñita, como de seis años, vestida muy pobremente, y que se acercaba como vacilando y con timidez al mostra­dor. Me causó compasión instintiva­mente, y como no alcanzaba para hablarme, me incliné sobre la mesa para verle la cara.
– ¿Qué quieres? -la pregunté.
– Nada.
– ¿Cómo nada? Pues entonces, ¿a qué vienes?
– Porque mi papá y mi mamá están enfermos en la cama, y no han comido en todo el día porque no tenemos, y yo vengo a empeñar.
– ¿Vienes a empeñar? ¿Qué traes para empeñar?
Y ella entonces sacó de debajo de un viejo y destrozado rebocillo con que se cubría un objeto pequeño, que me presentó con una especie de orgullo, al mismo tiempo que de dolor, y como quien sacrifica una riquísima alhaja, diciéndome:
– Pues vengo a empeñar mi rorro.
Era un rorro viejo y maltratado, que seguramente no valía dos cén­timos.
Comprendí todo lo que pasaba en el corazón de aquella niña; el va­lor tan grande que daba a su mu­ñeca; el doloroso sacrificio que ha­cía por sus padres al empeñarlo, y la esperanza tan lisonjera de obte­ner por él una gran suma.
– ¿Y qué hizo usted? -le pre­gunté a Granier.
– Pues sentí un nudo en mi gar­ganta, y, sin poder hablar, le di a la niña cinco duros y le devolví su rorro, y me quedé llorando como un tonto sobre el mostrador.
Vicente Riva Palacio

Siempre

August 2, 2018

1989. Domingo por la tarde. Mis hermanos salían, la casa estaba en calma. Nada qué hacer. Sólo pensar en ella. Otra vez, como cada domingo, descolgar el teléfono, levantar el auricular y marcar en el disco los seis dígitos que me separaban de su voz. Ya tenía lista la grabadora y el cassette de Mijares -su favorito- para ponerle la canción que le dedicaba, desde mi cobarde valentía. No existían los identificadores de llamadas, así que permaneceré en el anonimato hasta el día que lea este texto. El teléfono timbraba. Agitada, apenas contenía la respiración. Ella respondía “Dígame…” y en ese momento yo accionaba el botón de play que lanzaba  mi flecha sonora a sus oídos. Ella escuchaba en silencio hasta el final. Así, cada domingo, y el lunes la saludaba como sin nada en la preparatoria. Sin saberlo hicimos un ritual que ese día ella decidió romper. Manuelito cantaba el coro y yo silente me desgranaba con él: Tengo amor que llora triste / porque no te puedo amar… En ese justo momento ella preguntó al teléfono vacío ¿Por qué no? Asustada, colgué. El lunes dibujé un laberinto entre sus pasos y mis pasos para evitar encontrarnos. Nunca más volví a ponerle esa canción.

Lorena Sanmillán