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Las piezas del rompecabezas van tomando su lugar

April 26, 2019

Texto ganador del PRIMER LUGAR en el II Segundo Concurso de Crónicas y Relatos del proceso electoral 2018 convocado por la CEE

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La alarma del celular es la primera que cumple su tarea este día. El sonido me despierta temprano. Sonrío expectante. Este no es un domingo cualquiera. Sé que no seguiré mis rutinas dominicales como todos los fines de semana. No hay tiempo de remolonearme en la cama. Ni de leer los periódicos con parsimonia. Ni de hacer un café y tomarlo tranquila en el patio de mi casa. Tampoco bordaré. Hoy es el 1 de Julio de 2018, hoy son las elecciones que más ha esperado México -las más publicitadas y polémicas- y me he anotado como Observadora Electoral. Para participar en el cambio nacional, primero tiene que darse un cambio a nivel individual. Ése es el primer aprendizaje que evidencia este día. No se puede hacer un cambio sin poner algo de nuestra parte, sin sacrificar o postergar lo individual en pro del bien común. Así lo haré. 

Mi efeméride emocional del día es el aniversario de Germán Dehesa, quien hoy hubiera cumplido setenta y cuatro años y a quien disfrutaba tanto leer. Le he echado tanto de menos. Hizo mucha falta su pluma irónica y certera durante este proceso electoral. ¿Qué le hubiera dicho al Bronco? ¿Qué hubiera comentado de la renuncia de Margarita Zavala? ¿Qué opinaría de Meade? ¿De Anaya? ¡Cuántos chistes hubiera hecho con Riqui, Riquín, Canallín! A nivel local, también nos hizo falta Rosaura Barahona, con su comentario preciso e informado. Agradezco la presencia de Ximena Peredo, Margarita Ríos-Farjat, Felipe Díaz Garza, editorialistas de El Norte, que nos compartieron su mirada del proceso electoral.

Me harté de ser sólo partícipe del Facebook o Twitter -aunque reconozco que también es una forma de participar-. Sentí que no era suficiente opinar en las charlas de café. Sentí que no bastaba hablar sin hacer algo concreto. Quise hacer algo más.   Quise participar vivencialmente para ser testigo en primera fila, para dejar un testimonio de lo que sucedía, para ver con mis propios ojos si se hacía fraude y AMLO, el esposo de Beatriz, volvía a hacer drama. Quise participar para abandonar la apatía que parece anquilosada en nosotros, los mexicanos, expertos en quejarnos pero reacios para actuar. Quise ayudar. Quise colaborar y me siento muy orgullosa de ello. Quise participar para que nadie me lo contara. La historia quise contarla yo.  La historia quiero contarla yo.

La renuncia a mi comodidad de domingo también implica no abonarle piezas al rompecabezas que me regalaron una semana antes, con motivo de mi cumpleaños. Un rompecabezas cultural de México, de tamaño regular, mil piezas. Precioso. Está hecho para enamorarse de México. Muestra cada estado de la república con sus trajes típicos y los productos que identifican cada región. Los bordes, con grecas prehispánicas, están formados por los nombres de mexicanos ilustres: Frida Kahlo, Amado Nervo, Octavio Paz, José María Morelos, José Vasconcelos, entre tantos otros. Ha sido una delicia encontrar piezas de las pirámides, de El Chepe, el Cerro de la Silla, el cañón de Sumidero. Ha sido increíble tener en las manos la grandeza de mi tierra. Repasé mis clases de geografía y renacieron en mí las ganas de recorrer el país completo. Pero no, este día no es para entretenerme poniendo piezas en una mesa. Hoy es necesario ir a poner piezas en el escenario real. Dejar mi pasatiempo egoísta para dar paso a la construcción colectiva de mi país. Renunciar un poco al yo para construir el todos y en esta construcción del todos obtener en recompensa un yo fortalecido.

Prendo la pantalla -no tengo televisión local, ya no es necesaria-, en Youtube diversos canales cubren en directo la emisión de votos de los candidatos presidenciales y de los demás participantes en la elección. Se ve mucha participación ciudadana, todo en orden. No se manifiestan quejas. La gente está saliendo a votar. Mi emoción va en aumento. Me pongo la camiseta, el gafette y la gorra que me identifican como Observadora Electoral. Ya estoy lista para comenzar mi papel en esta elección.

Busco información de las casillas cercanas a casa, para hacer un mapa, trazar mi ruta y comenzar a recorrerlas. Salgo de casa cerca de las nueve de la mañana. Llevo agua conmigo, pues el calor está inclemente y necesitaré hidratarme.   Llego a mi casilla. Lo primero que me impresiona, es ver coches estacionados en la escuela, cuando de ordinario los domingos está vacía. Antes que nada, emitir mi voto, cumplir mi deber ciudadano, decir mi opinión.

Las prisas de la vida cotidiana hacen imposible la convivencia diaria entre vecinos, sin embargo me da mucho gusto saludarlos. Ven mi uniforme y me identifico como Observadora Electoral. Muy bien, dicen, dándome la bienvenida. La casilla está en la escuela Santiago Roel, a una calle de mi casa, en Jardines de la Linda Vista, Guadalupe, Nuevo León.

En ese patio donde los niños juegan, ese patio que está poblado de risas y gritos durante toda la semana, ese patio donde hacen las asambleas que escucho mientras trabajo, ese patio donde los niños aprenden a convivir y ejercen sus primeros encuentros con la democracia, ese domingo inusual los adultos estamos ahí, haciendo fila. Me dio mucho gusto contar delante mío más de veinte personas. Sentí la vibra de la participación ciudadana y me emocioné. No sé si el país entero salió a votar, pero me dio mucho gusto ver que mi barrio sí. Detrás mío también se iba formando gente. Como sucede en los funerales, los vecinos se saludan y se ponen  al corriente de la vida de los demás. Las elecciones también son un acto social. Un hombre le explica a su hijo que es lo que hace y lo conmina a participar. Los niños también saben que acuden a una fiesta cívica.

Toman mi credencial de elector y me entregan mis boletas. El salón donde los niños aprenden, fuera de reformas educativas y luchas de sindicatos, es el escenario para emitir los votos. En secreto y en silencio, en mi mampara, mientras de soslayo observo un poster que me enseña las vocales, emito mi voto. Voto por planes y personas, convencida de marcar mi cruz sobre los nombres que seleccioné. No voto por partidos, sino por ideas. Invalido mi boleta presidencial. Ninguno de los candidatos me representa. No me da el estómago para apoyar a ninguno de ellos. No obstante, no fue una decisión fácil. Votar por el menos peor, nunca fue mi opción. Además nunca encontré el menos peor. Cada día buscaba una razón para convencerme por alguno, y cada día encontraba múltiples motivos para seguir con la convicción de anular. Ojalá los votos nulos contaran como muestra de desaprobación y se instaurara un nuevo sistema que permita invalidar la eleccióno un mecanismo que haga que estos votos no sean desperdicio, ni, como se decía antes, ayuden al partido en el poder. Hace falta más información al respecto. ¿Qué pasaría si todos o la mayoría anuláramos? Por poner un ejemplo,  ¿seguirá ganando el que obtenga siete votos aunque veinte anulemos?

Una vez que emito mi voto, me quedo a observar por un rato. Pregunto si hay alguna anomalía. No. Todo está en perfecto orden. No hay representante de MORENA. Pregunto si saben dónde está la casilla más cercana y me informan que en el CECATI.

La tinta indeleble apenas se nota en mi pulgar, pero amerita su foto en Facebook. Al abrir el Fb, observo, con mucho agrado, que muchos de mis contactos están acudiendo a votar y que el comentario es unánime: muchas filas, mucha participación y todo en orden. Sigo sonriendo. Aplaudo la participación ciudadana, espontánea. Les doy muchos Like y conmino a la gente a votar. Los ojos del mundo están clavados en el proceso electoral. Con tanto medio de comunicación ciudadano, será más difícil hacer fraude.

Vuelvo a mi coche, el agua que llevo está a punto de convertirse en caldo, pero es necesario hidratarse. Sudo a mares y apenas es mediodía. Comienza la aventura. Me dirijo al CECATI.

Escucho las alertas de mis grupos de WhatsApp, las dejo pendientes. Al rato las leo. En el CECATI hay más de cuarenta personas en fila. No reportan alguna anomalía. La gente se ve contenta. El paletero del barrio también está feliz pues ha tenido muchas ventas. Como si fuera una fiesta patronal o un espectáculo, los vendedores también siguen su guión. Cada uno, desde nuestro papel, participamos en este suceso. Le pregunto si ya votó. Orgulloso muestra su pulgar, lo levanta en clara señal de triunfo.

De ahí voy a la casilla de la UPN. No llegaron los funcionarios oficiales. Tuvieron que hablarle a los suplentes. Los vecinos están molestos por la falta de los oficiales, pero contentos de participar. Me tratan con mucha amabilidad y siento un dejo de respeto. Celebro que el INE tenga aceptación entre la gente. Celebro que estemos confiando en el proceso electoral. La gente llega en silla de ruedas, con muletas, endomingados, perfumados, bien vestidos, fodongos que se forman enseguida de gente de traje. Hay un desfile de modas donde se aceptan todas las vestimentas, desde las cotidianas hasta las deportivas. Aunque solemos hacer gala del sentido del humor, no veo a nadie disfrazado. No veo tampoco mucha gente de blanco, como habían sugerido los de MORENA.  Quizá vienen del almuerzo familiar o van a la comida con la suegra. Vienen solos o acompañados. Todos vienen a votar. Desde mi corazón de pollo no puedo evitar emocionarme al ver a la gente participar. En sus ojos hay esperanza. Nadie parece forzado. Están aquí con una convicción. Esperan lo que tengan que esperar, no hay fastidio. No nos conocemos, pero nos saludamos y sonreímos. Sabemos que estamos haciendo algo importante.

En la escuela Adolfo Prieto refieren que han comenzado tarde. Me siento un momento bajo la sombra de un encino. Reviso el WhatsApp, mis contactos también comparten su foto del pulgar, hasta los que menos imaginaba. Monterrey, Guadalupe, Apodaca, participan. En esta escuela hay un problema porque es tanto el padrón que tienen que dividirlo en dos. Discuten y solucionan. Alguien hace un letrero y comienza a informar en la fila. Confían en sus vecinos. Volvemos a ser ciudad. Dos chicas se saludan ¡Nada más nos vemos en las elecciones! Comienzan su plática y la discreción me indica alejarme para que ellas disfruten su encuentro sin testigos. ¿Es el chiquito? ¡Ya está enorme!

El coche está ardiendo. El sol hace su trabajo previo a la canícula. Un ensayo del calor que se avecina. Nuestra pequeña dosis de infierno no detiene el ímpetu cívico. Doy vueltas alrededor de las casillas para ver si detecto algún camión con acarreados. No hay tal. Los ciudadanos acuden por su propia voluntad. En la escuela secundaria 108 T.V. señalan que todo va de forma normal. Quieren mostrarme lo que han hecho, se presentan todos conmigo. Agradecen mi visita. La transparencia es ciudadana, fuera de todo lo institucional. Van más allá de la amabilidad cuando me ofrecen agua, refrescos y comida de su refrigerio. Acepto el agua. Platico un rato con ellos. La fila no se detiene. Con excelente humor dan la bienvenida, se ponen de acuerdo para la jugada de la semana y se alegran de que ya se les haya pasado la gripa que tenían hace varios días. Algunas madres permiten que sus hijos depositen las boletas en la urna. Enseñan a sus hijos a ser participativos. Aún hay esperanza.

En la escuela Rafael Garza Livas abrieron a las 11:18 porque no hubo tinta indeleble en el paquete que les entregaron. El presidente de la casilla fue a pedir a otra. No hay pretextos. El proceso debe seguir. Los ciudadanos en la fila esperaron pacientes. No falta la vecina argüendera que organizó una taquiza mientras esperaban. Los mexicanos vivimos a tope nuestra paradoja: podemos hacer trampa si alguien se descuida, pero somos absolutamente solidarios cuando se presenta una necesidad.

Así, recorro varias casillas. Mi recuento es gente amable, participativa y respetuosa. Mi morbo se decepciona, pues no hay nada terrible que reseñar. Me siento muy contenta por mi país. Los problemas son mínimos y la gente los soluciona en el camino, sin argucias, sólo con astucia para continuar. Saben que están haciendo algo importante. Saben la relevancia que tiene su trabajo. Más que emocionada, ahora estoy esperanzada. Ésta es la gente que México se merece. Ojalá fuéramos ciudadanos de tiempo completo y no solamente en las elecciones.

Son las 15:44 y tengo hambre. Voy a comer a un restaurante que me encuentro en el rumbo. Me quito la gorra, pero llevo la camiseta. El mesero viene a atenderme. ¿Observadora Electoral? Sí. ¿Y qué hace? Pues eso, observo. Bromeo con él y después le explico brevemente en qué consiste mi trabajo. Qué bueno, dice el hombre, hay que estar pendientes. El restaurante está lleno. Reconozco algunos rostros que me he topado durante el día. A las actividades del domingo, le sumamos ir a votar. Responsabilizarnos por el futuro del país. Las familias conviven. Esto es lo que llamamos vida y la vida es toda.

Mientras disfruto mis alimentos, recuerdo conversaciones, discusiones, me preocupa el país dividido, la desigualdad, recuerdo el primer mitin al que fui, a mediados de los años ochenta, cuando Fernando Canales Clariond buscaba la gubernatura de Nuevo León. Fue muy impactante para mí cuando cantamos el himno nacional en la Macroplaza recién estrenada. El pueblo cantando al unísono aquello que hace vibrar nuestras fibras más ancestrales. Esa fuerza no puede detenerla nadie. Yo tenía doce años, pero ya tenía algo de conciencia de lo que era el poder político. Pienso en Nuevo León. En la elección fallida del Bronco y en cómo los sucesos lo llevaron a ser gobernador. Realmente no lo queríamos a él. Se concatenaron una serie de eventos entrópicos y equívocos que lo llevaron a ser gobernador de un estado como el nuestro. Ivonne Alvarez no era opción. Fernando Elizondo declinó a su favor -después lo abandonó-. Estábamos hartos de Rodrigo Medina -impresentable e improcesable- y Jaime Rodríguez brindó una salida, un espejismo. Se equivocaron quienes votaron por él. Por eso vuelvo a la importancia de los votos nulos. Ha sido una falacia su candidatura presidencial llena de vergonzosas trampas que él insiste en defender.  Su vida política es un compendio de cinismo, aunque suene a pleonasmo. Viene a mi mente Amado Nervo y su poema, Vale más errar creyendo… Vale más errar creyendo que errar dudando… quizá se repita la historia con el esposo de Beatriz, a quien se le adosan tantas esperanzas. Quizá yo le hubiera creído si él hubiera renunciado a hacer precampaña, puesto que hace muchísimo tiempo que es el único candidato. Eso habría sido un claro indicio que hace las cosas diferentes. Pero no, se sumó a la simulación, volviéndose igual que todos. Me daría mucho gusto que pueda cumplir todo lo que ha prometido, aunque lo veo muy difícil. Me daría mucho gusto poder decir Me equivoqué. México se merece ser el país que le ha prometido. Quienes creen en él se merecen que no los traicione. Tiene tanto en contra y no será una tarea fácil. Tampoco es trabajo para una sola persona, necesitamos poner de nuestra parte. La corrupción somos todos. Es más de lo mismo, me digo, para terminar mi soliloquio.  La verdad es una: México quiere un cambio. México necesita un cambio. México es maravilloso. México quiere que se escuche su voz interior. Termino la  comida y pido la cuenta. El mesero me dice que es cortesía. Me sorprendo y me niego. Dijo el patrón que no le cobráramos. Dígale al patrón que venga. Me quiero negar y también se lo quiero agradecer. Me viene muy bien. En este país, aún con dos maestrías, apenas me puedo permitir el lujo de comer en restaurantes de vez en cuando. Viene el patrón. Me niego a recibir el obsequio. El patrón insiste: Usted ha estado trabajando todo el día por nosotros, es lo menos que podemos hacer para apoyarla. Le agradezco el gesto y nos damos un abrazo. Es lo más humano que me ha sucedido este domingo. Alzo un poco la voz y agradezco a los presentes el haber acudido a votar. La gente aplaude. Nunca pensé que ser Observadora Electoral me daría tal satisfacción. Han alimentado mi cuerpo y también mi alma.

Vuelvo a las casillas que tengo cerca. En una de ellas faltan cincuenta personas para votar. Como son conocidos, les llaman por teléfono o por WhatsApp. Están cansados, pero se nota el entusiasmo. Comienzo a darles las gracias por participar a todas las personas que encuentro. 

En otra casilla me pregunta un hombre dónde puede votar. Es foráneo. Le digo de las Casillas Especiales. Noto su desesperación y también me exaspera su falta de información. Con absoluta paciencia le indico que puede hacerlo en la Central de Autobuses y en algunos hospitales. A ver si alcanzo, me dice. Toma su coche y va a ver si puede votar. Espero que lo logre.

Hay esperanza. Hay ganas de participar. Dan las 18:00 horas. Hay algunas personas aún haciendo fila. Los funcionarios indican Hasta aquí. No hay trampas. Los que llegaron tarde aceptan. Sólo algunos protestan. En esta casilla el criterio no es elástico. Cierran. Ni modo, chulita, te hubieras apurado, dice una vecina a alguien que va llegando.

Comienza el recuento de los votos, con la puerta y ventanas abiertas aunque el minisplit apenas se dé abasto. Con total seriedad abren la primera urna. El presidente invalida las boletas de quienes no han asistido. Los secretarios y escrutadores comienzan a acomodar los votos. Observo en silencio, aunque pudiera decirles algunas cosas que lo faciliten. Mi papel es sólo observar.  Sudan, están cansados, toman Coca Cola y agua, están en lo suyo. Hay envolturas de galletas y fritos a su alrededor. Tienen en sus manos la voluntad del barrio y actúan en consecuencia. Observo el conteo. Decido volver a mi casilla, a mi casa.

Me reciben con gusto. Vuelvo a saludarlos y animarlos. Tomo asiento en un pupitre escolar. Apenas quepo. El paso del tiempo convierte en recuerdo la vida. Realmente me siento muy feliz de verlos cómo hacen el conteo, cómo informan a los representantes de partido. Todo sucede con absoluto respeto y transparencia. Si no alcanzan a anotar, repiten lo que han dicho. Todos los presentes están conformes.

En mi casilla, en la elección presidencial, tiene 156 votos el PAN, 56 MORENA, 41 el Bronco, 25 el PRI y hay un voto nulo, el mío. Fui la única que decidió que no podía votar por alguien. También eso cuenta. Los demás y las coaliciones, obtienen menos de 10 votos. Aplaudo el conteo. En la elección municipal, va ganando el PAN. Seguirán su conteo. Ya pasa de las diez de la noche. Decido ir al Centro de Concentración Municipal. 

Llego al Centro de Concentración.  Aún no ha llegado nada. Observo muchos jóvenes participando. Me encanta. Nos saludamos. Nos abrazamos. Estamos sudados, olemos a un día de jornada electoral, hay restos de comida en algunas mesas. Ha sido un día muy largo.  Hay una vibra interesante e intensa en todo este proceso.

Me avisan por mensaje que Meade ha reconocido el triunfo de AMLO. También me dicen que en Puebla hay problemas. Anaya también reconoce su derrota. El Bronco no ha ganado ni en la casilla de su barrio. Sucede algo inédito mientras recorro las calles del municipio que habito. La gente está interesada, viendo las noticias en la televisión. Los vecinos comentan, platicamos en la banqueta.  No me doy cuenta cómo pasa el tiempo. Ya son más de las doce de la noche. Estoy cansada. Ya no puedo más. Ya no espero la llegada de los paquetes electorales. Regreso a casa. Me duelen los pies. Huelo a cabrito marinado. Me quito la camiseta que me ha acompañado todo el día. Huele a triunfo. Hemos vencido la apatía. Entro a mi estudio. El rompecabezas me habla. No resisto la tentación. Mientras escucho los conteos preliminares, acomodo algunas piezas. AMLO, virtual presidente electo,  llega al zócalo de la ciudad de México y la gente lo aclama, al tiempo que le gritan ¡NO NOS FALLES! Se dice que ha participado más del 50% del padrón electoral. Siento, creo, atestiguo, que las piezas del rompecabezas están tomando su lugar. ¡Felicidades, México!

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Rompe Cabezas Andante

Lorena Sanmillán

Mis subrayados: Santa María del Circo. David Toscana.

April 12, 2019

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Natanael hubiera preferido que no amaneciera.

… Natanael experimentó una gran dicha por creerse el centro del mundo.

Natanael dijo a sus compañeros: “Si no fuera por mi estatura, nadie se daría cuenta de que soy un enano”.

Natanael no vende ni una entrada en domingo.

-Si no fuera por mis barbas, ni quién supiera que soy la mujer barbuda.

Cada paso rasguñaba la tierra y levantaba más polvo que el mismo viento.

-No está mal. Circo Mantecón presenta al rey Natanael I, soberano de todas las carpas, juez supremo y verdugo de los que no aplaudan.

-Cualquier nombre le va a parecer malo a don Alejo, excepto el que él elija.

Las noches de circo nunca transcurrían silenciosas; a cada momento se escuchaba la inquietud de los animales; las mulas no se confiaban de las rejas y estaban siempre alerta de las intenciones de los tigres; por su parte, los tigres no dormían roncando, sino con un verdadero rugido que pretendía dejar en claro quién mandaba ahí; …

Ya te crees las mentiras que le inventas al público.

Don Alejo siguió contando con la tardanza de quien cuenta hasta ochenta, como si demorándose hiciera rendir sus números.

Ellos serán muchos y tendrán el animalero, sólo que sin carpa no hay circo.

Los que se iban con don Ernesto sentían ganas de quedarse y los de don Alejo deseaban marcharse con los demás.

La gente normal como yo es la que debe esforzarse para ganar un aplauso.

-No tienes cabeza para inventarte un nombre y crees que se te va a ocurrir un acto.

… el dolor, en la imaginación de Natanael, era más placentero que el placer.

Sin embargo, el buen o mal nombre no es condición que se gane en todos los estratos sociales, sino sólo en los de arriba; …

Fernando VI fue varias cosas en su vida: soldado, zapatero, limosnero, aguador y, por sobre todas las cosas, presidiario.

La gente festejaba como si de veras algo estuviera quedando atrás y otra cosa mejor estuviera por comenzar.

“No sólo es chaparro; también es feo, sobre todo desde que le arranqué un gajo de ojo. “

Por eso molesta verlo tan seguro de sí, tan como si no pasara nada; debería asumir su papel de fenómeno, de bestia, de error en la fórmula, del que sin duda es y será el más desgraciado de los Porcayo.

Más que cirqueros a punto de iniciar el convite, le parecieron los dolientes de un entierro.

Cerró los ojos por instinto y los abrió hasta darse la vuelta; no quería contagiarse del desánimo de su gente.

Por lo demás lo prefirió así; entre menos gente los descubriera, más sorpresiva sería su entrada.

Fléxor quiso cantar sólo por meterse algo a los oídos, pero antes de decidirse se distrajo con la sombra de una nube.

Por delante no hay huellas, sólo las que vamos dejando atrás.

A veces le aburría su fuerza, y con los latigazos gozaba de un sentimiento femenino de indefensión.

Deambular por esa casa le daba tristeza de ver fotografías antiguas de gente sonriente, la imposibilidad de la permanencia.

…pudo justificar su falta de agallas porque estaba bien robarle a los vivos pero no a los muertos.

Sus días pasaron hace mucho tiempo.

Nadie decide ser cirquero -don Alejo agravó la voz, se puso de pie y comenzó a caminar alrededor de la fogata-. Son cosas que pasan.

Cada quien habló de sus planes, sin el menor interés de escuchar a los demás, mientras adivinaban entre las sombras de las construcciones cuál sería su futura casa.

Un montón de casas vacías resultaba mayor tentación que una vida llena de aplausos, yendo de un lado a otro, conociendo mundo, sabiéndose superior a cualquiera del público.

Le resultó tan inconcebible irse sin compañía como insistir en que alguien lo siguiera; se desvió hacia el árbol donde habían amarrado el marrano y lo llevó consigo.

Y lo que en Angélica no pudo mover la fe lo movió la codicia.

Siempre quise alguien como tú.

Eso era cuando estaba lleno de proyectos; después ya no me sentí digno de llamarme su discípulo.

Cada minuto nace un imbécil.

Estos hombres de copete y nariz bermellón son la mayor prueba de la existencia de tanta imbecilidad.

Maldito aquel que abrió las puertas del circo a los payasos.

En cualquier carpa barata hay payasos; en cualquier familia hay payasos; cualquier cuñado mamón es un payaso…

… cualquier desempleado borracho puede volverse un payaso…

… una cara de reír llorando arranca más aplausos que malabarear seis pelotas con los ojos vendados.

¿Y me ves fuerzas para luchar contra la estupidez?

Vean, señores, así se divertía la gente en la antigüedad, cuando el cerebro era una nuez.

La costumbre puede matar un espectáculo que se precia de original;…

… la gente no cuestiona las tradiciones, simplemente las acepta y vive con la idea de que son buenas si son religiosas…

¿La tradición ordena que el circo sea algo ameno, emocionante?

Benditas sean las tradiciones que nos dan sustento a los personajes más anacrónicos y repetitivos de este país de mierda.

Precisamente -dijo Mandrake-, no somos perros. Por eso hacemos las cosas con orden.

Natanael pensó que más fácil vivía un minero sin mina que un cirquero sin público.

Si alguna rama de por aquí supiera encontrar agua -dijo Balo casi para sí mismo-, los árboles no estarían tan secos.

Yo suponía que la vida era mucho más que sentarse a defecar.

… la gente no siempre pasa a la historia por el rigor con que realiza su oficio.

… y cuando acaba la función, deja más contorsionarse en la cama que hacerlo en el circo.

Meros esfuerzos por no aceptar que su circo no podría sobrevivir con tan sólo un marrano, ni aunque el marrano aprendiera a declamar.

… los animales no entienden con palabras, sino con látigos, picas y fierros calientes.

Te trato como a un ser superior y tú te comportas como si quisieras acabar en el matadero.

… luego luego se nota  que me estoy haciendo viejo.

Y ésa es precisamente la palabra que más tememos los hombres fuertes. ¿Debilidad? No. Siempre podemos disimularla, bajarle peso a las pesas, retar a alguien del público que no se note muy pujante; la fuerza es lo de menos, el cuerpo es lo de más.

Y ni el tronco ni los brazos ni las piernas ni nada es gratuito.

Así no se puede mantener el entusiasmo, ya estoy cansado de luchar, quiero una vida sin tanta incertidumbre, en espera del muchacho que me diga compermiso, quítate que ai te voy.  Quiero una casa, un retrete donde olvidarme de todo; vivir una vida normal.

Quiero convertirme en una morsa, en un ser esponjoso, gelatinoso, desparramado, sin darle explicaciones a nadie.

Quizás no me entiendes, porque no conoces el declive.

Es una estatua de alameda para el mejor de los domingos.

Hacer memorias del cuerpo es siempre un proceso triste, como contar una fortuna que se consume e inevitablemente lleva a la bancarrota.

… si de veras creyera que con eso retrocedo el tiempo; si otra vez recuperara el entusiasmo de cazar aplausos; si mi vanidad no se hubiera resignado.

Tú no pierdas las esperanzas. El tiempo corre a tu favor.

… y llegará el día en que el deterioro nos iguale, no sé cuándo.

… y la distancia entre nuestras humanidades será tan poca, que tú y yo podremos compartir aunque sea un poco de vida.

El azar – continuó Mandrake- es la fuerza más poderosa del universo.

En cuestión de tomar decisiones, el azar es Dios.

Nada es tan azaroso como el nacimiento y cualquier madre acepta lo que le toca.

Es una regla del azar -respondió Mandrake-. La mayor parte queda fuera del juego.

Habrá oficios que se pierdan para siempre jamás -dijo Barbarela con ganas de sonar poética, pero no recibió sino malas caras.

Claro -agregó Mandrake-. No es posible vivir en un lugar donde todos seamos iguales.

Supongo que todos tenemos derecho a progresar -explicó Balo-. Excepto él -y señaló a Fléxor.

En cambio hablar sobre una mujer asesinada es echar mano de pura cosa visible, tangible, olible: la sangre, el cuerpo vestido o desnudo, el gesto apacible o de horror, el puñal o los golpes o la bala o el machete, el cráneo deshecho, el vientre tajado, el rostro amoratado, o esa sensación de aquí no ha pasado nada, de un muerto que duerme.

Un cura dijo que mi misión en la tierra era que los demás dieran gracias por no ser como yo.

… cree que la pequeñez del cuerpo puede compensarse con grandeza de espíritu;…

Menos mal que no usa anillos. Sería como atarle moños al estiércol.

Una nota política nunca podría ser tan bella.

… pero a nadie le intrigaba la edad de las casas sino el tiempo que tenían abandonadas.

Si no fuera por el campanario -dijo ella-, nadie se daría cuenta de que es una iglesia.

… es importante tener relatos; es lo que nos da derecho a pisar un suelo y tener un nombre.

… pues sólo las palabras impresas tienen un peso de verdad.

Estoy abierta a ideas ajenas, pero sólo publicaré aquello que me parezca conveniente, a mi gusto.

Tengo en mis manos el arma más poderosa para atacar… aunque la más inútil para defenderme.

Es la prueba máxima de un artillero: un blanco, un tiro; todo o nada.

… liquidando a la gente armada, menguas la fuerza del contrario;…

Vivimos en la era de la artillería; ahora gana el del cañón más grande y la trinchera más onda.

Cambiamos la fuerza y osadía por la capacidad de apuntar y agazaparse, como el niño que arroja la piedra y luego se esconde.

… en Santa María del Circo sólo hay tres armas: piedras, puños y mi cañón.

El mundo debe sentirse agradecido porque soy un tipo pacífico y sin ambición de poder.

Yo me asusté cuando supe que don Alejo estaba muerto.

– Dejemos que la carpa sea su mausoleo -dijo con tono solemne, a sabiendas de que el tono siempre se impone al contenido de una frase.

No es posible mantenernos aislados, debemos entrar en contacto con algún otro pueblo;…

Por eso nadie atina a inventarle un nombre. ¿Cómo llamarle a un objeto inútil?

Debemos ser sinceros con nosotros mismos: no somos lucrativos para un circo.

… somos parte de un nuevo acto, y allá, escondido tras las lomas, con sillas de lona y prismáticos, hay un público malsano que pagó un boleto de precio exorbitante para atestiguar nuestro deterioro, viendo qué hacemos, si nos destruimos unos a los otros, si nos morimos de sed o de hambre.

Es magnífico presenciar la sed, porque el alma se desquicia, el cerebro delira y el cuerpo se crispa; en cambio el hambre es muy aburrida, además de vencer la paciencia del espectador, no se distingue de un gran cansancio, de un eventual dormir para ya nunca despertar.

Si el boleto fue caro, nadie se resignará a vernos felices en nuestro pueblito, como gente ordinaria, sembrando la tierra, yendo a misa los domingos y fiestas de guardar, afilando cuchillos; …

De cierto te digo que con los peores artistas del circo, los hermanos Mantecón montaron el espectáculo más grande del mundo.

… y el premio era un trozo de comida, una caricia y una frase de afecto.

La sobriedad le vino demasiado tarde, pues la apuesta se había difundido demasiado como para salvar su reputación con la excusa del alcohol.

Al marrano pareció agradarle el regusto a sangre porque se solazaba en sus lengüeteos con la mayor pasión que había experimentado en su vida, pues no había conocido hembra y jamás le apasionó su salto a la pileta.

Yo tenía planes como todos, o sueños; quizás no hay diferencia porque unos y otros se van lo mismo a la cloaca.

Como buen predestinado que nada sabe hacer por cambiar su futuro, un día se me ocurrió leer un libro.

¿Has escuchado a esa bola de pendejos hablando sobre las bondades de la lectura?

Además poseen un mayor valor de reventa; cuando nos vimos forzados a rematar la biblioteca,  hubiéramos sacado más dinero con bloques de madera.

Por lo pronto ahí estaban todos esos libros de papel y yo tenía en la cabeza las bondades de la lectura.

Claro, en ese entonces yo de verdad creía en la capacidad de elección de los seres humanos.

¿Para qué perder el tiempo en esas preguntas si nunca se obtienen respuestas verdaderas?

¿Qué va de un plan de doctor, licenciado o ingeniero a un miserable ladrillero?

Nadie decide ser cirquero ni ser nada.

“Tú debes ver cuando el ojo ordinario es ciego”.

Las casas debían comenzar por el lecho y terminar con el trinchador.

Hasta pasar una noche dormida sobre el catre sentiría suya la casa y sólo entonces le darían ganas de asearla.

… antes de aceptar un error en su diagnóstico de muerte, vio en el anciano un cadáver andante.

… ningún otro mueble o artefacto señala una frontera tan rotunda entre civilización y barbarie.

… aprendí la importancia de mantenerse limpio, comer limpio y respirar limpio.

… un hombre fuerte nunca debe mostrar sus debilidades, y si ahora te lo digo, es por tu oficio, no son confianzas, intimidades; no te entusiasmes, ni vayas a contarlo más adelante.

Estás obligada a guardar secretos profesionales.

De joven, tu cuerpo es lo que se ve; cuando vas envejeciendo, eso se vuelve sólo la cáscara, y tu verdadero cuerpo lo llevas por dentro; ahí donde algo se puede averiar.

… porque es más triste el deterioro que el final.

Qué más da si de pronto se rompe una estatuilla de barro amorfo, ¿a quién le importa? Yo soy un Botticelli devorado por termes, descarapelándose sin remedio, perdiendo el color.

Tal vez yo estaría tranquilo si Sandow no me hubiera hecho tan consciente de mi situación.

Yo no tengo modo de volver al pasado; para mí no hay alternativa: este desdichado pueblo debe funcionar; sólo aquí puedo tener una vida.

Le cuelgan a un tipo una medalla por ser el menos débil entre los enteleridos.

O eres el más fuerte o no lo eres.

Hasta ese insecto amenaza mi trabajo.

Esto va a ser un fracaso si al primer malestar dejamos de cumplir con nuestras obligaciones.

Sin embargo, Narcisa lo había mandado a la iglesia, y a Dios sólo se le importunaba cuando la enfermedad aventajaba a la medicina.

Se sintió orgulloso de utilizar por primera vez en su vida la voz y no sus brazos para negociar.

Le angustió la idea de que en verdad se estuviera convirtiendo en una puta, y por lo mismo perdiera sus fuerzas con mayor premura.

Le bastaba con matarlo, sí, pero con un poco de tortura; aunque a la vez pensó en la inutilidad de castigar un animal que moriría por la total ignorancia de por qué le ponían ese destino.

Por supuesto, Barnum fue lo suficientemente inteligente para convertirlo en su socio y no en su contrincante.

No cabe duda: debemos elegir nuestros socios por instinto y no por la sangre.

Bailey amaba a su elefante; cómo no iba a hacerlo, si era su estrella, si él mismo gustaba de pasear sobre su lomo; pero no toleraba a los traidores; el circo sólo sobrevive con lealtad, con disciplina; y sin duda Barnum hubiera hecho lo mismo…

Viajar en barco es la mayor prueba de éxito de un circo; significa que en un país remoto ya escucharon de ti y se mueren por verte, a cualquier costo, a un precio suficiente para sufragar los gastos de erigir una nueva arca de Noé.

Una vez pude cambiar mi suerte; tuve el triunfo sentado frente a mi escritorio, pidiéndome empleo, casi rogándomelo, y fui un ciego estúpido.

Siempre viví con la sensación de que alguien me llevaba un paso de ventaja; así ocurrió cuando me enteré de la existencia de Lucía Zárate, la mujer más pequeña del mundo.

No hay truco, me explicó, es la energía mental convertida en una mano invisible; puedo ejercer fuerza física, aunque muy leve, sobre objetos distantes.

En todos lados la respuesta era negativa. O no lo conocían, o se referían a él como una leyenda, y me despreciaban por creerlo verdadero, tal como yo lo desprecié cuando lo tuve ante mi escritorio.

Yo lo habría protegido, habría contratado una guardia de cien hombres fuertes, leones y tigres, con tal de presentarlo masivamente, con tal de que me permitiera viajar en barco, aunque fuera una sola vez, y al carajo toda mi fe si un párroco de pueblo trataba de impedírmelo.

Son más de treinta años y aún me duele contarlo.

… pero mira de lo que me ha servido; por temor a repetir mi estupidez, he venido contratando una gavilla de buenos para nada.

Para mí no son sino una bola de Mandarines desenjaulados, y aunque deba esperar durante años, ya tendré mi oportunidad para arrojarlos a todos por la borda.

¿Por qué nos sentimos alguien importante cuando recibimos un aplauso?

Como si no recordáramos que las más de las veces, cuando aplaudimos, lo hacemos por mera cortesía.

Sin empacho me convertí en un mago de instructivo, de a b c, de trucos con un año de garantía.

Carajo, me creí mis propias palabras; y aún en este momento me pregunto si son verdad.

Toda una vida sacándome cartas de la manga y resulta que cuando había en juego algo realmente importante, seguí las reglas, no las instrucciones.

Ser el mandamás de tanta miseria resulta tan ocioso como afilar cuchillos.

No hace falta administrar la miseria, pero ya vendrá la prosperidad, y se hará necesario convocar a elecciones.

Tengo ganas de un trago. Muchos tragos. Allá en el fondo hay unos magueyes; sino fuéramos tan incapaces, ya habríamos preparado pulque.

Debemos hallar la salida; no me refiero a huir de aquí, pero en cualquier casa se necesita conocer dónde está la puerta.

Hace tiempo dejé de ser cirquero.

… los himnos deben tener sólo música y nada de palabras huecas.

Los de su raza -explicó Barbarela- están hechos para aguantar el dolor.

Narcisa miró el cuerpo torcido y se entristeció profundamente al preguntarse por qué los moribundos tenían la costumbre de llenarse de proyectos.

No me odio ni me disgusto, y muy seguido hasta me quiero y siento preocupación por mi salud y por este dolor de las coyunturas y por la duda de cuánto vive un enano o un caballo, si viven igual o más el uno o más el otro.

Y fíjate, en esa lista de las emociones que inspiro no mencioné la vergüenza, pues ésta sólo se da hacia las cosas que nos pertenecen.

Su tirria me daba lo mismo; al fin nuestra relación no pasaba de algunos regaños, tundas y cucharazos.

… porque no sé si les he contado, continuó el tipo, que la altura de los hijos es proporcional a la longitud del miembro.

¿Sabes cuál es la mina más productiva de este país? Por supuesto no es la que dejamos allá en la carpa ni la que detonó mi pariente.

En el despacho presidencial hay una que permanentemente vomita oro.

Lo sé, eso no importa mucho; en este pinche país, robar no es un delito; pero debemos agradecer que entre tanta basura haya existido un presidente sin mancha, sólo uno.

Así como sólo hubo un hombre sin pecado, sólo hubo un presidente sin tacha.

“sí, damas y caballeros, un caluroso aplauso para la selvática Barbarela, hermosa a pesar de su fealdad”

Una bola de pellejos sin cerebro -espetó él-. Eso son.

Supuse que tendrías una historia. Algo interesante.

… simplemente se propuso saborear los placeres que le ofrecía su nueva capacidad de mentir con autoridad, sobre todo tratándose de afectar a un enano, quien seguramente no tendría las agallas de Balo para cobrarse la afrenta a golpes.

Una vez más, hacía falta otra noticia para justificar la edición y, luego de pensar un buen rato y descartar encabezados como: “Vuelve don Alejo” y “Apuñalan al marrano”, y distinguió la noticia del momento en la inevitable muerte de Fléxor.

… es más fácil escribir que salvar moribundos; es preferible una hoja en blanco que una rodilla purulenta.

Mis defectos no me hacen desagradable -dijo ella con indiferencia-. El problema está en la soberbia de los demás – se incorporó lentamente, apoyándose en la pared, como una lisiada-. Así me enseñaron a pensar.

Ni los poetas mueren con poesía.

¿Qué hiciste con esa boca? ¿Qué comes, qué chupas, qué haces para tener ponzoña de víbora?

… la causa final no es más culpable que las anteriores.

Vamos a robarnos un verso.

Presentir es una palabra muy tibia para lo evidente -comentó Barbarela sin cuidarse de bajar la voz; luego le dio un empujón a Narcisa-. Ve corriendo por el cura.

… pues al sanar, el cuerpo queda más fuerte y la mente con mayor lucidez.

Todos tienen su momento de morir -dijo Barbarela con la mirada rabiosa, fija en los ojos del viejo -. Ni yo ni usted ni nadie tiene derecho a cambiar eso.

… pues según ella los perros morían en el suelo, en silencio y en la noche.

“Desde que el circo es circo se sabe que los actos riesgosos sólo funcionan con mujeres hermosas; las otras son fenómenos o están sentadas en las gradas.”

Yo soy la madre -respondió-. Lo normal es que sólo cargue mi pena.

Nunca reposa el alma del primero que se encuentra en un sitio -protestó Narcisa-. Eso cualquiera lo sabe.

Fueron tus pinches babas -dijo en voz baja y se santiguó.

La idea de volver al circo no era mala; pedir perdón era inaceptable.

¿Quién más aceptaría un mago sin magia?

Nadie, por supuesto. ¿Entonces por qué a mí sí me aplauden, si todo el público sabe que lo están engañando, si todos están seguros de que detrás de cada acto de magia está el andamiaje de la mentira; si ni siquiera lo disimulo porque me escondo tras una cortina o un biombo para hacer mis trampas en paz?

Supongo que trampear tiene su mérito.

… con la vida en un hilo, ni siquiera le quedaba tiempo para ondear un adiós.

… Hércules no tuvo argumentos para salirse con la suya y él dejó bien claro que un cura manda sobre una puta.

Prometimos estar juntos toda la vida – comenzó a conversar con los restos del marrano mientras le acariciaba la mollera-. Pero no sabíamos que la vida fuera tan larga.

Confiábamos tanto el uno en el otro que en alguna ocasión hicimos malabares con botellas de ácido…

Entonces el circo era un espectáculo de muchos huevos; ahora todo mundo quiere una red o tigres sin garras o cuchillos asépticos.

Es valiosa la historia pasada -refutó Mágala, saboreando su labor de cronista-, aunque es más valiosa la que se hace.

… y en parte porque se dijo que la manera más contundente de demostrar la osadía de un arma era utilizándola contra el clero.

Vio a los tres que tenía enfrente y los descartó uno por uno, juzgando que por su talento no alcanzaba para entretener ancianos en un asilo.

… pero ahora Hércules y Mandrake actuaban como miserables vándalos y así, se dijo Natanael, hasta el pillaje pierde su decoro.

Le pareció normal porque los enanos no tienen mucho de qué reírse y la felicidad ajena no hace sino echarles más peso a su desdicha.

¿Quién piensa en la semana entrante? -replicó Mandrake.

Eso es; propongo que atrofiemos a todos, y todos seremos iguales.

A cada época dorada le sigue la ruina, y cuando se intentó estrangular al último rey con las tripas del último obispo, fue a nosotros a quienes ahorcaron;…

Cuando recién tomó posesión de la iglesia le costó trabajo aceptar tanta austeridad tan poca fe.

Una iglesia con siete fieles es más triste que una iglesia vacía -dijo en voz alta, seguro de que alguien lo escucharía.

Ya son las doce y cuarto de mi vida; el mejor momento para generar ideas grandiosas que jamás podrán estar equivocadas; para eso haría falta ponerlas en uso.

… necesito argumentos más convincentes que una pirueta, menos gastados que una maroma, tan rotundos como un elefante.

Hoy puedo aceptar lo evidente: llegó el tiempo en que el circo debe morir.

Hoy no me importa nada y mañana será igual.

… tantos planes, tantas intenciones de ser diferente, de ofrecer lo que nadie, y al final, nada importa, ni el circo ni el aplauso ni las pieles ni el amor ni los marranos ni pasear en calesita.

Los felicito; están montando un buen acto, bastante riesgoso, poco divertido, lástima que sin público.

Piénsalo bien. ¿Has escuchado sobre un domador devorado por sus fieras en pleno espectáculo? Ciertamente no.

Y dicen que cuando un animal prueba la carne humana, ya no le halla sabor a otra cosa.

Por eso, padre, debemos tomar en cuenta a los espectadores. Son unos pobres diablos, sí, unos imbéciles que no saben apreciar el buen circo de la eterna repetición, pero toman más riesgos que usted y yo y todos nosotros juntos; ellos son los verdaderos héroes del espectáculo; y además pagan.

Lo que daría por ofrecer una función más, tan sólo una; entonces le pediría al público que pasara al centro de la pista, y nosotros, desparramados en las gradas, les daríamos el más agradecido de los aplausos; incluyendo a esos mocosos que tanto me fastidian.

Sólo una función, padre, no pido más.

Varias veces se propuso salir de ahí; las mismas veces volvió a sumirse en la inconsciencia.

… pero el pueblo era muy pequeño para echarse a la gente en contra.

En aquel entonces llegué a un pueblo abandonado, se dijo, y ahora me encuentro en un pueblo arruinado.

A su iglesia podía venir cuantas veces quisiera, pero no como patrón o como cirquero, sino como fiel o penitente.

Es obvio nuestro destino -dijo y se sentó sobre la tierra, a media calle.

Vamos – dijo a las alturas- mi vida por tu deshonor, por el mío, por lo que sea, por nada; al fin la vida es una mierda.

Si le iban a cobrar con esas barbas un pecado original, que fuera por algo y no por nada.

Soy una de tus bestias y aquí me ayunto con otra y si me creaste para no ser deseada por ningún hombre, verás que sí puedo provocar el deseo de otro monstruo como yo, peor que yo; y justo aquí en tu territorio, porque en este altar donde te adoraban ahora me adoran a mí.

Cayeron los ídolos, caíste tú, cayó don Alejo, cayó Timoteo de Roncesvalles, cayó Hércules, ahora cae el cura de este pueblo de mierda; porque tú habías sido todo, y cuando traté de venerarte una turba me humilló; y don Alejo fue todo porque me salvó, pero no a la mujer sino al fenómeno que podía exhibir por unos pesos al mes; porque Hércules lo fue todo, mi única agarradera, y Mandrake lo sacrificó con su lascivia; porque Timoteo fue todo y se derrumbó de manera absurda, frágil como migajón, con sólo un disparo de juguete; porque ahora me quise engañar pensando que Natanael lo era todo y se me volvió un simio entre las piernas, torpe, ansioso, oloroso, asqueroso, un simio jadeante y babeante.

Se dijo que no más; ahora no habría otro todo que ella misma, y se rio a la fuerza porque no se sentía feliz, aunque sí satisfecha.

Yo pensé que queríamos vivir en este lugar -dijo Balo-. Tener una casa, una familia, ser gente común y corriente.

Te dejo unos días y en vez de circo me encuentro con una bola de pordioseros.

Largo de aquí -dijo agitando el brazo-. Esto es un circo, no un asilo de fenómenos.

Un día yo fui como tú -dijo Hércules con la seguridad de que jamás, ni por asomo, había sido como él.

Nada más triste que la tristeza que deja el circo cuando se va.

Es la misma hora que cuando llegamos -dijo-. La misma hora de siempre.

Natanael sintió compasión por esa inmensa masa de carnes, tan poderosa y tan desamparada.

Por la calle avanzaba un fino polvo, empujado por el viento, y poco a poco iba cubriendo las huellas del circo, de la vida que se fue por ese camino rumbo a quién sabe dónde con la solemnidad de un cortejo fúnebre.

El enano apretó la mano porque sintió que Hércules se le soltaba, y lo estiró hacia el acceso de la iglesia, un hocico negro regurgitando la desolación de las bancas vacías, del confesionario sin pecados y de un altar como mesa de sacrificios.

Anda, putilla -ordenó el enano mientras cerraba el portón, mientras se cerraba ese gran hocico hambriento para tragárselos por siempre en su oscuridad de sepulcro-.  Anda, putilla -repitió-. vámonos al diablo.

Toscana, David. Santa María del Circo. Alfaguara. México. Febrero 2017. Pp 334

Lorena Sanmillán

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El garabato de un niño es tu cuerpo de mujer

April 6, 2019

LA DISOLUCION DEL CUERPOPuedo beber de la arena y la cal

puedo nadar, sobre la lava de un volcán

puedo soñar

que tengo el cielo sembrado de arrecifes de coral

Puedo correr sobre las olas del mar

puedo viajar sin moverme del sofá

puedo jugar

a mezclar los colores

y pintar mi realidad…

con la trenza de tu pelo el arco iris retocar

Tan sólo existe una cosa

que no puedo comprender

la magia de un laberinto

que siempre quedo atrapado en él

el garabato de un niño

es tu cuerpo de mujer

rectas curvas

curvas rectas

imposibles de aprender

Así lo cantaba el desaparecido Antonio Flores, hijo de la bellísima Lola -La Faraona- Flores, también desaparecida. Miguel Ángel lo sabía cuando esculpió La Piedad, Dalí lo plasmó en Gala junto a la ventana en Cadaqués, Leonardo con su Mona Lisa, los helenos lo manifestaron con La Victoria de Samotracia, Goya en La Maja desnuda y Velázquez con Las meninas. El cuerpo de una mujer es estético, insondable, mágico, misterioso. Y así, como sus predecesores,  ocho mujeres -el número del infinito-, integrantes de Tranvía Colectivo, por medio de este libro de cuentos nos invitan a su viaje por lo conocido y desconocido del cuerpo femenino, compartiéndonos un ramillete de visiones que surgen desde el íntimo interior. Somos afortunados de esta invitación a ver su desnudez literaria, la más confesional, la más grata, la más honesta.

Tranvía Colectivo está formado por mujeres que viven el amanecer desde distintas partes de la república, herederas de Virgina Woolf, con su cuarto propio, dedicadas a ocupaciones diversas. En medio del trajín que significa su vida deciden hacer literatura con sus pensamientos y sentimientos. Se convoca a un libro en conjunto con un tema específico: el cuerpo femenino. Hoy presentamos el espléndido resultado.

La bienvenida al libro corre a cargo del prólogo de la poeta Sara Uribe:

“Y a veces sólo deseo, como muchas otras mujeres, que mi cuerpo permanezca a salvo de todo aquello que lo amenaza”.

Triste es que la amenaza, a veces, seamos nosotras mismas. Al no aceptarnos, al no valorarnos, pero sobre todo al no vernos. Al juzgar todo lo que no somos y renunciar a celebrar lo que sí. Hoy podemos asomarnos a los  interiores de ocho mujeres, y al asomarnos, reconocernos en ellas. Cada una somos todas, en algún momento de la vida. El universo es en nosotras y nosotras somos el universo.

La ciencia ficción hace su arribo para abrir bocado. Catalina Kühne nos presenta Ya no me quedan ojos azules. ¿Qué pasaría si tuviéramos muchos pares de tetas para escoger cada día cuál vamos a usar? Ponernos las mejores para esa cita importante, o las discretas para aquel encuentro desangelado. Es muy cansada la lucha por adaptarnos a las modas que nos rigen, por más rebeldes que seamos.

“…ya no somos más que muñecas con piezas intercambiables”.

¿Y si nuestro cuerpo fuera mutante? ¿Nuestro cuerpo nos sirve solamente para vivir? Ésta es una de las muchas preguntas que vendrán después de leer este cuento. La empatía es el cierre que provoca una sonrisa, con un abrazo en silencio.

Abigail García Salinas, participa con Testimonios del intento. Cuatro narraciones breves, desde cuatro puntos de vista distintos que al igual que los puntos cardinales pueden orientarnos si nos encontramos perdidas. Cuatro mujeres que, por sus súper poderes, bien pueden ser las cuatro fantásticas. Así, vemos en sus narraciones la preocupación por el sobrepeso, ¿qué sucede en tu existencia si padeces estrabismo?, la envidia por el cuerpo joven y el descubrimiento de las valencias que da la madurez, y esa manía de censurar nuestros supuestos defectos cuando pueden ser la filia -pasaporte al placer- de alguien más.

El hígado es el órgano más importante de nuestro cuerpo, es el laboratorio más asombroso. En realidad,  vez de decir que te quiero con el corazón, deberíamos decir que amamos desde el hígado. Lolbé González lo sabe y lo enuncia desde la antípoda: el odio es el otro extremo del péndulo. Patada al hígado, pleno de brincos temporales, hace un homenaje a esa frase hecha desde la historia de Matilde que, buscando aprobación, encuentra lo contrario.}

“Matilde sabe que no nació bonita”.

Sentencia que es sentencia, puesto que ella se lo cree.

“No era bella porque nada hay más lejano a la belleza que el fracasado intento de atraparla”.

Abrazo a Matilde y su ceguera, pues no se da cuenta de su belleza. Tal vez así me ha sucedido alguna vez. Corrijo: así me ha sucedido en algunas ocasiones.

El sobrepeso es la enfermedad de nuestro siglo.  Metabolizamos los alimentos lo mismo que las emociones. Sí, el rencor engorda. Karla Marrufo saca el tema a la palestra con La otra manzana de la discordia. Desde el diálogo interior, nuestra protagonista acepta que nada tiene que ver con Helena, Gal Gadot,  o con Charlize Theron. La narradora hace un viaje por la historia y su historia personal para contarnos su lucha y su dolorosa resignación a vivir sin vanidad con

 “la certeza de que nunca podré demostrarle al mundo que ya no soy la gorda”.

La frase icónica de la obra de teatro Los árboles mueren de pie, –Muerta por dentro, pero de pie, como un árbol- vino a mi mente mientras leía el complejo, delicioso y abstracto cuento de Mónica Flores El verano del sol negro. Las metaficciones y metáforas también están presentes en este compendio.  

“…pensaba en lo duro que es ser corazón con la responsabilidad de no poder parar un día y hacer una pausa…”.

Tomar conciencia de nuestra vida nos lleva a tomar responsabilidad de ello. ¿Qué somos más allá de lo que seremos?

En Todos los meses de Febrero, de la mano de Nidia Cuan, acudimos a la obsesión de una mujer con respecto al paso del tiempo y la fuerza de los introyectos maternos clavados en ella, lo fascinante es que renuncia a ellos y para eso se requiere mucho valor.  Cada día se parece más a su madre y cada día, como todos, envejece.

“En-vejecer: llenarse de viejo”.

Dorian Grey la observa y sonríe desde lo alto. La eternidad es una conquista que logrará por medio de un final inesperado y estrujante.

Luz blanca sobre muchacha de la frontera, de Graciela Ramos, desde la segunda persona, retrata la realidad de una superviviente de los feminicidios en la frontera denunciando de manera poética el olvido en el que caen las víctimas de estos hechos lamentables y cotidianos.

“En tu cerebro, como blanco algodón saturado de olvido, no hay memoria y quedan sin respuesta los porqués, los cuándos, los quién: pero da igual porque tampoco hay preguntas. Nadie te interroga.

¿Qué sucedió? Imposible saberlo si en la oquedad de tu mente flota la nada”.

Alisma De León cava profundo y sin respiro en la desolación de perder una hija a través de un Reporte de búsqueda. Al tiempo que combina poesía experimental, voces polifónicas y datos duros, construye el dolor inenarrable de la desaparición de quién más amas y para buscarle, te piden que digas solamente las características de su cuerpo, lo que los demás buscarán, mientras tú anhelas ver de nuevo su sonrisa y su alma. Así cierra el libro:

“Fue desde hace tres días que no

llega a casa, que no duerme aquí

hace ya tres días que se encuentra

lejos de su Cenicienta y su Mulan

Dos días desde que los carteles y

dos días desde que su mamá sintió

desde que supo que era cierto que

no estaba, dos desde que le rezó

Un día desde que alguien la vio

la vio ahí, hablando con un hombre

caminaron hacia allá, seguro

Una hora desde que encontraron

su cuerpo y sus risas viajaron al

cielo junto a mil pájaros negros.”

Cada autora nos muestra un espejo para reflejarnos y reflexionar. Cada lectora hará lo que le corresponda. Se agradece y aplaude el trabajo narrativo, la presencia de la poesía, la riqueza del lenguaje y se destaca la ausencia de lo cursi,  los estereotipos y  la autoficción. La contundencia es el sine qua non de estas historias cortas. Página tras página nos encontraremos con una literatura que deja atrás lo literal para transformarse en pensamientos llenos de vida. Escribir es un acto complejo que estas escritoras han logrado que se antoje como algo sencillo. Escribir es un ejercicio de esgrima mental y ellas lo saben y se muestran victoriosas. Desde sus registros, cada una de ellas, demuestra su prestidigitación con historias que estremecen, conmueven y cuestionan. Es imposible ser la misma persona una vez que se lee este libro.

Dentro de mi obsesión, en estos cuentos, echo de menos la conquista del placer, la autoficción comprometida y confesional, la menstruación, la sensualidad que es tan de suyo femenina y el inevitable temblor de dos cuerpos femeninos que se acarician hasta el paroxismo.  Probablemente sean los temas de sus próximas compilaciones, porque este proyecto tiene aún  muchas estaciones por cubrir. Comprendo que la realidad se conforma de varios puntos de vista y todos son válidos, femeninos y ciertos. No sólo es nuestro mundo, es el mundo de cada una de las mujeres que nos rodean: apreciaciones íntimas, dramáticas, únicas, y enriquecedoras, pero sobre todo de buena calidad narrativa.

El título del libro se convierte en oximoron:  ¿Disolución del cuerpo? No, en estos textos el cuerpo no se diluye, por el contrario, se trasciende a sí mismo entregándonos textos para disfrutar en su sentido narrativo y para pensar en su vena introspectiva hasta que podamos expresar a nuestro Miguel Ángel interno. Tranvía Colectivo sigue su ruta. Crece, evoluciona, y estaremos atentos a sus próximas entregas. Larga vida para el Colectivo. Ya estoy esperándolas en su próxima parada.

Lorena Sanmillán