El garabato de un niño es tu cuerpo de mujer

LA DISOLUCION DEL CUERPOPuedo beber de la arena y la cal

puedo nadar, sobre la lava de un volcán

puedo soñar

que tengo el cielo sembrado de arrecifes de coral

Puedo correr sobre las olas del mar

puedo viajar sin moverme del sofá

puedo jugar

a mezclar los colores

y pintar mi realidad…

con la trenza de tu pelo el arco iris retocar

Tan sólo existe una cosa

que no puedo comprender

la magia de un laberinto

que siempre quedo atrapado en él

el garabato de un niño

es tu cuerpo de mujer

rectas curvas

curvas rectas

imposibles de aprender

Así lo cantaba el desaparecido Antonio Flores, hijo de la bellísima Lola -La Faraona- Flores, también desaparecida. Miguel Ángel lo sabía cuando esculpió La Piedad, Dalí lo plasmó en Gala junto a la ventana en Cadaqués, Leonardo con su Mona Lisa, los helenos lo manifestaron con La Victoria de Samotracia, Goya en La Maja desnuda y Velázquez con Las meninas. El cuerpo de una mujer es estético, insondable, mágico, misterioso. Y así, como sus predecesores,  ocho mujeres -el número del infinito-, integrantes de Tranvía Colectivo, por medio de este libro de cuentos nos invitan a su viaje por lo conocido y desconocido del cuerpo femenino, compartiéndonos un ramillete de visiones que surgen desde el íntimo interior. Somos afortunados de esta invitación a ver su desnudez literaria, la más confesional, la más grata, la más honesta.

Tranvía Colectivo está formado por mujeres que viven el amanecer desde distintas partes de la república, herederas de Virgina Woolf, con su cuarto propio, dedicadas a ocupaciones diversas. En medio del trajín que significa su vida deciden hacer literatura con sus pensamientos y sentimientos. Se convoca a un libro en conjunto con un tema específico: el cuerpo femenino. Hoy presentamos el espléndido resultado.

La bienvenida al libro corre a cargo del prólogo de la poeta Sara Uribe:

“Y a veces sólo deseo, como muchas otras mujeres, que mi cuerpo permanezca a salvo de todo aquello que lo amenaza”.

Triste es que la amenaza, a veces, seamos nosotras mismas. Al no aceptarnos, al no valorarnos, pero sobre todo al no vernos. Al juzgar todo lo que no somos y renunciar a celebrar lo que sí. Hoy podemos asomarnos a los  interiores de ocho mujeres, y al asomarnos, reconocernos en ellas. Cada una somos todas, en algún momento de la vida. El universo es en nosotras y nosotras somos el universo.

La ciencia ficción hace su arribo para abrir bocado. Catalina Kühne nos presenta Ya no me quedan ojos azules. ¿Qué pasaría si tuviéramos muchos pares de tetas para escoger cada día cuál vamos a usar? Ponernos las mejores para esa cita importante, o las discretas para aquel encuentro desangelado. Es muy cansada la lucha por adaptarnos a las modas que nos rigen, por más rebeldes que seamos.

“…ya no somos más que muñecas con piezas intercambiables”.

¿Y si nuestro cuerpo fuera mutante? ¿Nuestro cuerpo nos sirve solamente para vivir? Ésta es una de las muchas preguntas que vendrán después de leer este cuento. La empatía es el cierre que provoca una sonrisa, con un abrazo en silencio.

Abigail García Salinas, participa con Testimonios del intento. Cuatro narraciones breves, desde cuatro puntos de vista distintos que al igual que los puntos cardinales pueden orientarnos si nos encontramos perdidas. Cuatro mujeres que, por sus súper poderes, bien pueden ser las cuatro fantásticas. Así, vemos en sus narraciones la preocupación por el sobrepeso, ¿qué sucede en tu existencia si padeces estrabismo?, la envidia por el cuerpo joven y el descubrimiento de las valencias que da la madurez, y esa manía de censurar nuestros supuestos defectos cuando pueden ser la filia -pasaporte al placer- de alguien más.

El hígado es el órgano más importante de nuestro cuerpo, es el laboratorio más asombroso. En realidad,  vez de decir que te quiero con el corazón, deberíamos decir que amamos desde el hígado. Lolbé González lo sabe y lo enuncia desde la antípoda: el odio es el otro extremo del péndulo. Patada al hígado, pleno de brincos temporales, hace un homenaje a esa frase hecha desde la historia de Matilde que, buscando aprobación, encuentra lo contrario.}

“Matilde sabe que no nació bonita”.

Sentencia que es sentencia, puesto que ella se lo cree.

“No era bella porque nada hay más lejano a la belleza que el fracasado intento de atraparla”.

Abrazo a Matilde y su ceguera, pues no se da cuenta de su belleza. Tal vez así me ha sucedido alguna vez. Corrijo: así me ha sucedido en algunas ocasiones.

El sobrepeso es la enfermedad de nuestro siglo.  Metabolizamos los alimentos lo mismo que las emociones. Sí, el rencor engorda. Karla Marrufo saca el tema a la palestra con La otra manzana de la discordia. Desde el diálogo interior, nuestra protagonista acepta que nada tiene que ver con Helena, Gal Gadot,  o con Charlize Theron. La narradora hace un viaje por la historia y su historia personal para contarnos su lucha y su dolorosa resignación a vivir sin vanidad con

 “la certeza de que nunca podré demostrarle al mundo que ya no soy la gorda”.

La frase icónica de la obra de teatro Los árboles mueren de pie, –Muerta por dentro, pero de pie, como un árbol- vino a mi mente mientras leía el complejo, delicioso y abstracto cuento de Mónica Flores El verano del sol negro. Las metaficciones y metáforas también están presentes en este compendio.  

“…pensaba en lo duro que es ser corazón con la responsabilidad de no poder parar un día y hacer una pausa…”.

Tomar conciencia de nuestra vida nos lleva a tomar responsabilidad de ello. ¿Qué somos más allá de lo que seremos?

En Todos los meses de Febrero, de la mano de Nidia Cuan, acudimos a la obsesión de una mujer con respecto al paso del tiempo y la fuerza de los introyectos maternos clavados en ella, lo fascinante es que renuncia a ellos y para eso se requiere mucho valor.  Cada día se parece más a su madre y cada día, como todos, envejece.

“En-vejecer: llenarse de viejo”.

Dorian Grey la observa y sonríe desde lo alto. La eternidad es una conquista que logrará por medio de un final inesperado y estrujante.

Luz blanca sobre muchacha de la frontera, de Graciela Ramos, desde la segunda persona, retrata la realidad de una superviviente de los feminicidios en la frontera denunciando de manera poética el olvido en el que caen las víctimas de estos hechos lamentables y cotidianos.

“En tu cerebro, como blanco algodón saturado de olvido, no hay memoria y quedan sin respuesta los porqués, los cuándos, los quién: pero da igual porque tampoco hay preguntas. Nadie te interroga.

¿Qué sucedió? Imposible saberlo si en la oquedad de tu mente flota la nada”.

Alisma De León cava profundo y sin respiro en la desolación de perder una hija a través de un Reporte de búsqueda. Al tiempo que combina poesía experimental, voces polifónicas y datos duros, construye el dolor inenarrable de la desaparición de quién más amas y para buscarle, te piden que digas solamente las características de su cuerpo, lo que los demás buscarán, mientras tú anhelas ver de nuevo su sonrisa y su alma. Así cierra el libro:

“Fue desde hace tres días que no

llega a casa, que no duerme aquí

hace ya tres días que se encuentra

lejos de su Cenicienta y su Mulan

Dos días desde que los carteles y

dos días desde que su mamá sintió

desde que supo que era cierto que

no estaba, dos desde que le rezó

Un día desde que alguien la vio

la vio ahí, hablando con un hombre

caminaron hacia allá, seguro

Una hora desde que encontraron

su cuerpo y sus risas viajaron al

cielo junto a mil pájaros negros.”

Cada autora nos muestra un espejo para reflejarnos y reflexionar. Cada lectora hará lo que le corresponda. Se agradece y aplaude el trabajo narrativo, la presencia de la poesía, la riqueza del lenguaje y se destaca la ausencia de lo cursi,  los estereotipos y  la autoficción. La contundencia es el sine qua non de estas historias cortas. Página tras página nos encontraremos con una literatura que deja atrás lo literal para transformarse en pensamientos llenos de vida. Escribir es un acto complejo que estas escritoras han logrado que se antoje como algo sencillo. Escribir es un ejercicio de esgrima mental y ellas lo saben y se muestran victoriosas. Desde sus registros, cada una de ellas, demuestra su prestidigitación con historias que estremecen, conmueven y cuestionan. Es imposible ser la misma persona una vez que se lee este libro.

Dentro de mi obsesión, en estos cuentos, echo de menos la conquista del placer, la autoficción comprometida y confesional, la menstruación, la sensualidad que es tan de suyo femenina y el inevitable temblor de dos cuerpos femeninos que se acarician hasta el paroxismo.  Probablemente sean los temas de sus próximas compilaciones, porque este proyecto tiene aún  muchas estaciones por cubrir. Comprendo que la realidad se conforma de varios puntos de vista y todos son válidos, femeninos y ciertos. No sólo es nuestro mundo, es el mundo de cada una de las mujeres que nos rodean: apreciaciones íntimas, dramáticas, únicas, y enriquecedoras, pero sobre todo de buena calidad narrativa.

El título del libro se convierte en oximoron:  ¿Disolución del cuerpo? No, en estos textos el cuerpo no se diluye, por el contrario, se trasciende a sí mismo entregándonos textos para disfrutar en su sentido narrativo y para pensar en su vena introspectiva hasta que podamos expresar a nuestro Miguel Ángel interno. Tranvía Colectivo sigue su ruta. Crece, evoluciona, y estaremos atentos a sus próximas entregas. Larga vida para el Colectivo. Ya estoy esperándolas en su próxima parada.

Lorena Sanmillán

 

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