Archive for May, 2019

Dreaming

May 29, 2019

Gran parte de la noche la pasé intercambiando mensajes por WhatsApp con Madonna. Ella con su poco español y yo con mi poco inglés nos decantamos por charlar en italiano. Lo mejor fueron los mensajes de audio. Encantadora cantó para mí Like a prayer, y yo le aplaudía hasta despellejar las palmas y la adoraba acercándola a través de los huecos en las persianas de mi ventana. Así pasamos una noche inolvidable. Desperté con una sonrisa infinita en el rostro, una paz deliciosa en la mirada y con mi celular en la mano. Quise contárselo a una amiga pero dice Telcel que mi saldo se ha agotado.

Lorena Sanmillán

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Misión cumplida

May 18, 2019

Reconozco que me provoca una profunda envidia y admiración la gente que dice No tengo nada qué hacer. Dicen eso y de inmediato me imagino sus clósets acomodados, su ropa limpia y planchada, zapatos boleados, amistades visitadas, mamás atendidas, libros leídos, bufandas tejidas, recetas nuevas aprendidas, películas vistas, cuentas saldadas, basureros limpios, árboles podados, entrenamientos cumplidos previos al maratón; casas pintadas, cuatros de triques sin triques, poemas escritos, novelas terminadas, retretes limpísimos en los que se puede tomar agua, manteles desmanchados, música disfrutada, dulces probados, pasteles horneados, mascadas planchadas y acomodadas por colores, hijos educados, conflictos resueltos, heridas sanadas, pisos pulidos, plata bruñida, aspas de ventiladores limpísimas, vidrios transparentes, camas tendidas, peticiones complacidas, series revisadas, proyectos caminando, depresiones superadas, sobrepeso controlado, refrigerador sanitizado, patio reluciente; idiomas hablados, ciudades conocidas, tesis concluidas, bocetos pasados en limpio, bisagras aceitadas, barandales libres de polvo, rito de funeral resuelto, regalos escogidos y envueltos, llamadas contestadas, mails respondidos, mensajes con interacción, boletos vendidos, risas compartidas, cobijas de invierno lavadas, agendas con palomitas que indican que han cumplido todo lo pendiente… Sí. Siento una profunda envidia, proporcional a la admiración, por esa gente.

Lorena Sanmillán

Manque me lleven los pingos

May 15, 2019

Si pude ver más lejos

fue porque me subí a los hombros de un gigante.

T. S. Eliot

Madre querida, madre adorada… no recuerdo exactamente en qué terminaba este verso. Recuerdo que muchos decían vamos al cine, tú pagas la entrada. A mí, por supuesto, no me hacía, ni me hace, gracia. Lo que sí recuerdo muy bien eran los festivales de la primaria donde estudiaba -la escuela 375 Aniversario de la Fundación de Monterrey-, para celebrar el Día de las Madres.

Siempre hacíamos alguna poesía, algún “cuadro plástico” para homenajear a nuestras madres. No obstante, el plato fuerte del festival era el poema que declamaría esa tarde el profesor Álvaro. Aunque lo intentáramos no había competencia posible. Ganaba por mucho su talento interpretativo. Ni la rifa que vendría después reunía tantas expectativas.

El profesor Álvaro pertenecía a la plantilla de maestros jóvenes de la escuela. Casi siempre era el maestro de ceremonias en las asambleas. Cuerpo esbelto y atlético, moreno aperlado,  alto, mirada pesada y animosa, en sus ojos brillaba un cometa. Imponía por su seriedad y su forma de ejercer disciplina sin castigar. Sabía ganarse el respeto y su presencia significaba silencio porque sabíamos que nos diría algo importante. Además de las cosas artísticas, también apoyaba en el equipo de volibol. Me gustaba, como seguramente sucedía con mis compañeras y tenía entre sus fans a mi madre. Discreto y elegante, su perfume era suave y masculino.

Lo anunciaban y subía al foro. Camiseta de planchado impecable, generalmente de colores claros, pantalón formal y zapatos boleados. Todo él presencia grata. Y, desde luego, su voz. Esa voz que enseñaba matemáticas y recitaba nombres históricos contenía en su espectro la ternura. En esas actuaciones podíamos asomarnos a su sensibilidad.

Recitaba el poema “Por qué me quité del vicio”. Comenzaba pausado, sintiendo cada palabra. Pronunciaba perfecto los arcaísmos que acompañan la composición. Conforme avanzaba su actuación, se transformaba. Desde los pupitres acomodados en el patio, las madres lo observaban y algunas derramaban lágrimas pues su acto era conmovedor. Tejía en el aire el poema, al tiempo que abrazaba un hijo imaginario que había tomado el refinado para encontrarse con su madre, como lo hacía su padre cuando tomaba. La reflexión se convertía en epifanía y un gran aplauso agradecía su entrega, pues la frase final la decía con la voz cortada por la emoción.

Así, lo recordé por varios años, cada 10 de mayo. Hace unos años pude encontrarlo en Facebook y me agradó comprobar que sigue guapísimo. El tiempo ha sabido recompensar su esfuerzo y actitud por conservarse jovial. Es maravilloso saber de su vida y su familia. Un regalo maravilloso platicar con él, después de treinta años de sólo recordarlo.

Hoy es día del Maestro y quiero agradecerle ese poema, porque gracias a esas declamaciones comprobé el poder de las palabras para conmover y transformar. No sé a cuántas personas haya tocado en toda su vida magisterial. Me enorgullece ser una de ellas.

Gracias, profesor Álvaro, por su vida, su voz, su dedicación y sus palabras.

Lorena Sanmillán

 

Mis subrayados: Narraciones. Jorge Luis Borges.

May 1, 2019

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Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno.

Al abrir los ojos, vi el Aleph.

Alguna vez se durmió y en sus sueños estaba el ímpetu del tren.

Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Alpeh, que mi temerosa memoria apenas abarca?

Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es.

De chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche.

Nunca se había demorado en los goces de la memoria.

Juzguen que la metafísica es una rama de la literatura fantástica.

Los metafísicos de Tlön no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro.

Saben que un sistema no es otra cosa que la subordinación de todos los aspectos del universo a uno cualquiera de ellos.

Hasta la frase “todos los aspectos” es rechazable, porque supone la imposible adición del instante presente y de los pretéritos.

Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como recuerdo presente.

Otra escuela declara que ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable.

Ya no veré (sintió) ni el cielo lleno de pavor mitológico, ni esta cara que los años transformarán.

Sabemos estas cosas, pero no las que sintió al descender a la última sombra.

El sabor preciso de aquel momento era lo que ahora buscaba; no le importaba lo demás: las afrentas del desafío, el torpe combate, el regreso con la hoja sangrienta.

Dieron al fin con él (la crónica ha perdido las circunstancias y no quiero inventar lo que no sé) y creyeron reconocerlo.

Yo querría saber qué sintió en aquel instante de vértigo en que el pasado y el presente se confundieron.

Vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó.

Sentí infinita veneración, infinita lástima.

Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser.

Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido.

Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.

Cambiará el universo, pero yo no, pensé con melancólica vanidad.

Todo era vasto, pero al mismo tiempo era íntimo y, de alguna manera, secreto.

En su escritura habían colaborado la aplicación, la resignación y el azar; las virtudes que Daneri les atribuía eran posteriores.

Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio…

Ya cumplidos los cuarenta años, todo cambio es un símbolo detestable del pasaje del tiempo.

Los muchos años lo habían reducido y pulido como las aguas a una piedra o las generaciones de los hombres a una sentencia.

Comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable; naturalmente, ese ulterior trabajo modificaba la obra para él, pero no para otros.

Jugaba a exagerar su borrachera y esa exageración era una ferocidad y una burla.

Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado.

Viajar con este libro, tan vinculado a la historia de su desdicha, era una afirmación de que esa desdicha había sido anulada y un desafío alegre y secreto a las frustradas fuerzas del mal.

Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.

Basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados; me asombró no haber comprendido hasta ese momento que Carlos Argentino era un loco.

Dahlmann cerraba el libro y se dejaba simplemente vivir.

Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones.

A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos.

El hielo no dejaba en su boca el menor rastro de frescura.

Las miserias físicas y la incesante previsión de las malas noches no le habían dejado pensar en algo tan abstracto como la muerte.

Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, es abstraer.

Su actividad mental es continua, apasionada, versátil y del todo insignificante.

Hablar es incurrir en tautologías.

Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso.

Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable.

No lo había escrito, porque lo pensado una sola vez ya no podía borrársele.

Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios.

Mi deplorable condición de argentino me impedirá incurrir en el ditirambo.

Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado.

El estilo indirecto es remoto y débil; yo sé que sacrifico la eficacia de mi relato; que mis lectores se imaginen los entrecortados períodos que me abrumaron esa noche.

Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo.

Mis sueños son como la vigilia de ustedes.

Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.

Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo.

Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil.

Resolvió reducir cada una de sus jornadas pretéritas a unos setenta mil recuerdos, que definiría luego por cifras.

Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era benéfico el golpe que lo había fulminado.

La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma.

La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres.

Tú que me lees, ¿estás seguro de comprender mi lenguaje?

Yo traté de explicarle que esa rapsodia de voces inconexas era precisamente lo contrario de un sistema de numeración.

Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros.

No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total.

La Biblioteca es ilimitada y periódica.

No es ilógico pensar que el mundo es infinito.

Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra.

La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es accesible.

La Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal.

Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma.

Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme biblioteca se justifique.

En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios.

Cada ejemplar único es irremplazable.

En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto.

Afirman los impíos que el disparate es normal es la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción.

Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad.

Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don de azar, esos libros canónicos.

A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva.

Visiblemente, nadie espera descubrir nada.

El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza.

Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto.

La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas.

Algunos moralistas razonaron que la posesión de monedas no siempre determina la felicidad y que otras formas de la dicha son quizá más directas.

No hay, en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos.

El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos…

La Biblioteca existe ab aeterno.

No se publica un libro sin alguna divergencia entre cada uno de los ejemplares.

Nuestros historiadores, que son los más perspicaces del orbe, han inventado un método para corregir el azar.

Yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito…

El número de símbolos ortográficos es vienticinco.

También se ejerce la mentira indirecta.

En la realidad, el número de sorteos es infinito.

En muchos casos, el conocimiento de que ciertas felicidades eran simple fábrica del azar, hubiera aminorado su virtud; para eludir ese inconveniente, los agentes de la Compañía usaban de las sugestiones y la magia. Sus pasos, sus manejos, eran secretos.

Esa pieza doctrinal observaba que la lotería es una interpolación del azar en el orden del mundo y que aceptar errores no es contradecir el azar: es corroborarlo.

Si la lotería es una intensificación del azar, una periódica infusión del caos en el cosmos ¿no convendría que el azar interviniera en todas las etapas del sorteo y no en una sola?

¿No es irrisorio que el azar dicte la muerte de alguien y que las circunstancias de esa muerte -la reserva, la publicidad, el plazo de una hora o un siglo- no estén sujetas al azar?

Para indagar las íntimas esperanzas y los íntimos errores de cada cual, disponían de astrólogos y de espías.

Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso.

El que no adquiría suertes era considerado un pusilánime, un apocado.

En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico.

He conocido lo que ignoran los griegos: la incertidumbre.

Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

Su victoria y paz quedaron empañadas de hastío.

Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma.

Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro.

Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda.

En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.

El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil.

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón…

Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día.

Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.

Adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente.

Una doctrina es al principio una descripción verosímil del universo.

Un libro que no encierra su contralibro es considerado incompleto.

Es inútil responder que la realidad también está ordenada.

La gloria es una incomprensión y quizá la peor.

Pensar, analizar, inventar (me escribió también) no son actos anómalos, son la normal respiración de la inteligencia.

Mi recuerdo general del Quijote, simplificado por el olvido y la indiferencia, puede muy bien equivaler a la imprecisa imagen anterior de un libro no escrito.

Quienes han insinuado que Menard dedicó su vida a escribir un Quijote contemporáneo, calumnian su clara memoria.

No quería componer otro Quijote -lo cual es fácil- sino el Quijote.

Ser en el siglo veinte un novelista popular del siglo diecisiete le pareció una disminución.

Ser, de alguna manera, Cervantes y llegar al Quijote le pareció menos arduo -por consiguiente menos interesante- que seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote, a través de las experiencias de Pierre Menard.

Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será.

El Quijote es un libro continente, el Quijote es innecesario.

Componer el Quijote a principios del siglo diecisiete era una empresa razonable, necesaria, acaso fatal: a principios del veinte, es casi imposible.

La ambigüedad es una riqueza.

Es una revelación cotejar el Quijote de Menard con el de Cervantes.

La historia, madre de la verdad; la idea es asombrosa.

La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió.

Decididamente, una breve rectificación es inevitable.

No puedo imaginar el universo sin la interjección de Edgar Allan Poe: Ah, bear in mind this garden was enchanted!

Una dispersa dinastía de solitarios ha cambiado la faz del mundo.

Si no me engaño, la buena ejecución de tal argumento impone dos obligaciones al escritor: una, la variada invención de rasgos proféticos; otra, la de que el héroe prefigurado por esos rasgos no sea una mera invención o un fantasma.

Recordaron  que todo sustantivo (hombre, moneda, jueves, miércoles, lluvia) sólo tiene un valor metafórico.

Al principio se creyó que Tlön era un mero caos, una irresponsable licencia de la imaginación; ahora se sabe que es un cosmos y las íntimas leyes que lo rigen han sido formuladas, siquiera en modo provisional.

Su lenguaje y las derivaciones de su lenguaje -la religión, las letras, la metafísica- presuponen el idealismo.

He dicho que los hombres de ese planeta conciben el universo como una serie de procesos mentales, que no se desenvuelven en el espacio sino de modo sucesivo en el tiempo.

El mundo para ellos no es un concurso de objetos en el espacio; es una serie heterogénea de actos independientes.

En la literatura de este hemisferio abundan los objetos ideales, convocados y disueltos en un momento, según las necesidades poéticas.

Hay objetos compuestos en dos términos, uno de carácter visual y otro auditivo; el color del naciente y el remoto grito de un pájaro.

Su plan era de un coraje borracho.

El riesgo recaía en los subalternos.

En una noche del Islam que se llama la Noche de las noches se abren de par en par las secretas puertas del cielo y es más dulce el agua en los cántaros.

Los defensores del sentido común se limitaron, al principio, a negar la veracidad de la anécdota.

A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro.

Esa carencia de genuinas efigies de hombre tan memorable y famoso, no debe ser casual.

Un buen esclavo les costaba mil dólares y no duraba mucho.

Mir Bahadur Alí, lo hemos visto, es incapaz de soslayar la más burda de las tentaciones del arte: la de ser un genio.

Se entiende que es honroso que un libro actual derive de algún libro antiguo: ya que a nadie le gusta (como dijo Johnson) deber nada a sus contemporáneos.

El alma de un antepasado o maestro puede entrar en el alma de un desdichado, para confortarlo o instruirlo. Ibbür se llama esa variedad de la metempsicosis.

Las investigaciones en masa producen objetos contradictorios.

Al cabo de unos años  de conciliábulos y de síntesis prematuras comprendieron que una generación no bastaba para articular un país.

La base de la geometría visual es la superficie, no el punto.

Afirman que la operación de contar modifica las cantidades y las convierte de indefinidas en definidas.

Ya sabemos que en Tlön el sujeto del conocimiento es uno y eterno.

No existe el concepto de plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intermporal y es anónimo.

Buckley descree de Dios, pero quiere demostrar al Dios no existente que los hombres mortales son capaces de concebir un mundo.

Hace diez años bastaba cualquier simetría con apariencia de orden -el materialismo dialéctico, el antisemitismo, el nazismo- para embelesar a los hombres.

Tlön será un laberinto, pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres.

En vida padeció de irrealidad, como tantos ingleses; muerto no es siquiera el fantasma de lo que ya era entonces.

…cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad.

…comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.

… esa torre de vértigos es un símbolo de su irresistible destino.

…lo atrae el puro sabor del peligro, como a otros la baraja o la música.

…cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc.

…quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición.

…la tentación de dramatizar mi dolor, fingiendo un viril estoicismo, tal vez me distrajeron de toda posibilidad de dolor.

…es la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio.

…recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre.

…su directo conocimiento de la campaña era harto inferior a su conocimiento nostálgico y literario.

…la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable a expresar…

…para recordar vicisitudes análogas yo no preciso recurrir a la suerte ni aun a la impostura.

…sé de sus poderosos propósitos lo que puede saber de la luna el hombre no versado en la astrología.

…el hombre vive en el tiempo, en la sucesión, y el mágico animal, en la actualidad, en la eternidad del instante.

…porque Babilonia no es otra cosa que un infinito juego de azares.

… a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de miles de libros.

…la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él.

…sabía que su inmediata obligación era el sueño.

…mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres.

Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche…

Narraciones. Jorge Luis Borges. Editorial Origen. México. 1984. p.p. 162

Lorena Sanmillán