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Mía

June 13, 2011

Incapaz de sostenerme en pie, me recargo en el dintel de la puerta, totalmente fascinada por la imagen que el dios de la belleza encarnada en ti despliega ante mis ojos. Mis pupilas comprenden la razón de su nacimiento. Duermes desnuda boca abajo en nuestra cama. Pareces un diccionario que reposa sobre un suave lienzo blanco donde se vierten miles de letras silentes. Se ha quedado abierto en la palabra ternura. Al verte así, comprendo y encuentro su perfecta definición. Que te dejen dormir. Que nada te moleste. Que nadie te despierte. Si tienes frío, que sólo cobijen tu piel de orquídea las mariposas azules que brotan de mis manos al trazar tu silueta en el aire.

Te admiro detrás de un muro de agua, siguiendo el contorno de tu figura desde el último dedo de tu pie derecho, enredándome en el tobillo, surcando tu rodilla, escanciando amor en tus caderas, hasta el vértigo del místico valle de tu espalda. Mi aliento busca habitarte. Al exteriorizar el sentir te conviertes en acuarela. El pincel de mis ojos cae diluido y lo detengo con el lazo de un cabello para que ni el más mínimo ruido te incomode. Estás vestida de libertad, con los sueños dispersos sobre tu almohada. Tus suspiros impresos en los pliegues de las sábanas. Es tu espacio, tú y tu intimidad. No hay sitio aquí para nadie más. Un segundo lucha contra la eternidad, ignora que si tú duermes el universo se detiene.

Lanzo un beso en el viento que se filtra en la muralla de paz que te envuelve. Lo deposito en el corazón de tu alma quieta. No tengo mejor libro para leer: en tu espalda está escrita con mi saliva la historia de la historia de nuestra historia. Si esto no es ficción, es un milagro que se me conceda verte dormir en tus horas de insomnio. Todos mis apetitos se despiertan. Tengo ansia de duraznos, antojo de bombones. Quiero probarte envuelta en acuyo. En mi garganta nacen centenares de palabras y ahí se quedarán. Hoy, en tu amanecer, sólo quiero expresarme con la piel.

Lorena Sanmillán

De las amoras a las insensatas

December 7, 2010

Comparto mi ponencia del Primer Coloquio Internacional de Escrituras Sáficas (UNAM, UAM, FCVT, 2010)

De las amoras a las insensatas

Preludio

Este foro impone y mis acompañantes de mesa también. Ser parte del Primer Coloquio Internacional de Escrituras Sáficas, representa un compromiso elevado tanto por quienes nos preceden como por quienes nos sucederán. Estar sentada aquí no ha sido gratuito y es de agradecerse la posibilidad de discutir este tema literario a plena luz del día en las instituciones que hoy nos convocan. Gracias a la UNAM, a la UAM-Azcapotzalco y al Foro Voces en Tinta, por concretar este esfuerzo.

No es mi intención presentarme como académica, ni violentar terrenos que no me pertenecen, sino sólo y simplemente estoy aquí como lectora, protagonista y copartícipe de este suceso literario. Al empezar a escribir este artículo, de lo primero que me di cuenta es que no bastan quince minutos de exposición: la comparación entre Amora, la primera novela lésbica mexicana editada, y La insensata geometría del amor, que ha sido considerada por diversos medios y en distintos foros como la mejor novela lésbica contemporánea, amerita un ensayo formal, con todo el rigor y extensión que debe acompañarlo. A reserva de desarrollarlo, pues hay muchos aspectos por comentar: las amistades, los lugares que visitan, el manejo de la ironía, el humor, el suspenso, los espacios que habitan, el tratamiento que le dan las autoras, la forma en que se presentan los diálogos, el ritmo, el contraste, la familia que las rodea, la cocina que se disfruta,  el contexto social, presento –en breve- sólo diez puntos[1]:

1.- Las autoras

Roffiel, veracruzana, nacida en 1945. Periodista autodidacta, trabajó en El Excélsior, en las Revistas Proceso y Fem. Además de Amora ha publicado el poemario Corramos libres ahora, la obra testimonial ¡Ay, Nicaragua, Nicaragüita! y el libro de relatos El para siempre dura una noche. Amora ha sido reeditada por la editorial mexicana Sentido Contrario, en 1999[2] y por la editorial madrileña Horas y horas[3] en su colección “La llave la tengo yo”  y es referente indispensable de la literatura sáfica mexicana.

Guzner, argentina, nacida en 1944, es una escritora militante feminista y lésbica. En 1976, se exilió en España[4]. Residió en Madrid y fijó su residencia en Las Palmas de Gran Canaria. Ejerció como psicóloga de publicidad y comunicación para diversas empresas[5],  a la par que escribía artículos de opinión y crítica en múltiples revistas[6].  Ha trabajado como guionista con Televisión Española.[7] En el terreno de la literatura, tiene en su haber el libro de cuentos Punto y aparte[8] y la novela Aquí pasa algo raro[9]. [10]

Contemporáneas, cada una, desde su trinchera literaria y personal, distintas en su particularidad y coincidentes en sus generalidades, han hecho una aportación fundamental a la literatura lésbica.

2.- Distribución

Volver a los diecisiete, después de vivir un siglo… dice Violeta Parra en su canción y eso es similar a la sensación que tengo al recordar mi encuentro con Amora. Prestada de prestada entre amigas, distribuida subrepticiamente, muchas veces en fotocopias; llegó a mis manos en 1996. Forrada. “No la vayas a regar, no la vayas a prestar, que no te la vayan a quitar”, dijo quien la puso en mis manos. Ahí estaba Rosamaría Roffiel con su total valentía hablándome de lo que después sabría que se llama literatura epistolar, al rescate del valor estético que implica el llevar un diario con la tesitura narrativa que le corresponde. Escribe en primera persona, lo cual permite cercanía del lector con respecto el texto. Maneja el tiempo presente en su redacción, lo cual le confiere una acción continua que permite recorrer lo que se narra con la emoción de quien es cómplice de lo que sucede.

La primera edición, data de 1989. En México, el 2 de noviembre muere la cuentista Inés Arredondo[11]; Ernesto Ruffo Appel[12] es el primer gobernador panista. Estrenamos presidente: Carlos Salinas de Gortari.  Mientras tanto, en el otro lado del mundo, fallece Hirohito, el emperador japonés. En este contexto,  Roffiel da a luz Amora, al amparo de Editorial Planeta con un tiraje de 3000 ejemplares. Feminista desde el título. Y ese es uno de los referentes a citar  y destacar de esta obra: a ella se le debe la palabra “personajas”, para referirse a los “personajes”. Feminismo al extremo.[13]

De las amoras a las insensatas hay doce años de diferencia. En julio de 2001 sale al mercado La insensata geometría del amor, en español. Su distribución contrasta de forma dramática con la modesta Amora: Edición de lujo de Plaza & Janés. Lanzamiento a nivel internacional y exhibida en Ferias de Libros y librerías de habla hispana. Forma parte del acervo de la Biblioteca Nacional de Jerusalén,  un buen número de Universidades de Canadá y U.S.A  y ha estado presente en el top ten de librerías latinas de Oslo, San Francisco e incluso Sydney, sin olvidar su distribución en Latinoamérica. En el 2009 Santillana la reeditó en Punto de Lectura. Ha sido traducida al francés, inglés, alemán. Revivo  la emoción de encontrarla en el stand de Plaza & Janés, en la Feria Internacional del Libro de Monterrey, presentada entre las novedades. Una pila de ellas, desde la alfombra hasta mi estatura. Completamente a la mano. Forrarla era un crimen, con tan bella fotografía en la portada.

Para ambas autoras, es su primera novela y tiene tintes autobiográficos[14].  Del mismo modo, ambas tienen la suerte –en el sentido estricto de la palabra- de ser ediciones avaladas por una firma, muy contrario a Radclyffe Hall quien tuvo que financiarse su propia editorial para lograr distribuir su novela El pozo de la soledad,[15] en 1928. Contemporánea de Virginia Woolf y predecesora de lo que por fin tenemos ahora, con la competencia entre editoriales, Quimera, (que edita a Odette Alonso), Diana, Lumen, Egales, Odisea, Ellas, y,  Punto de Lectura, que ha sacado al mercado su línea arcoiris, con un discreto arcoiris en la esquina inferior izquierda.  A estos libros no hay que invitarlos a que salgan del closet: hay que sacarlos de las bodegas, de los estantes en las librerías.

3.- Inicio:

– “Los hombres son una subcategoría!”[16]

La primera línea de Amora, dicha por Claudia, la coprotagonista de la historia de Guadalupe, es el inicio peculiar que engancha al lector. Encerrada entre signos de admiración, acredita la vehemencia del personaje. Para Guadalupe, feminista innata, es imposible ignorarla y marca su encuentro con Claudia.

“ -Pidamos pronto -dijo sin alzar la vista del menú- porque me muero de hambre.[17]

– Sí, pidamos pronto porque me muero de amor -me oí responder mientras cerraba la carta y la dejaba sobre el mantel con gesto negligente.”

Así abre el juego Susana, sendos disparos que dejan de manifiesto el carácter de ambas: Eva, práctica, pagada de sí. María, absolutamente enamorada.

La invitación a leer hasta el final es irrechazable.

4.- Lenguaje:

Roffiel establece el lenguaje poético como vehículo para su expresión literaria, que alcanza el culmen en el capítulo Seguramente así aman las diosas[18], un claro ejemplo de prosa poética.[19] La neta es notable el uso de expresiones coloquiales para aderezar situaciones. Rescato como ejemplos las inolvidables:

“La burra no era arisca, las bugas la hicieron”[20]

“Quién bien te quiere, te hará llorar. ¡Ésta, en efecto, me debe adorar!”[21]

Guzner se decanta por el lenguaje culto, con un registro tan amplio que patentiza el nivel intelectual de las personajas, aunque de cuando en cuando suelta alguna frase común:

“Se nos enamoró María, querido, está como una perita en dulce…”[22]

5.- Tiempo

Mientras que en Amora el tiempo en su mayoría es lineal, de hecho transcurre en un año, en La insensata…, los saltos de tiempo son una constante. Sólo en el primer capítulo de esta última, transcurrimos con Eva y María desde el restaurante donde cenan, hasta la amenaza de bomba de esa mañana y el funeral de Lisa, la pareja de María, volvemos a Roma, vamos al aeropuerto, estamos en el hotel, regresamos al restaurante, dentro de un ritmo frenético que nos mantiene al borde de la silla pasando una hoja tras otra inmersas en el suspenso creado por la autora. Guadalupe, en cambio, tiene un ritmo cauteloso para contarnos su historia. La descubrimos junto con ella. Un día a día que nos comparte, a veces acompañado de algunos recuerdos.

6.- Personajes

Se dice, y coincido, que todas las historias ya están contadas. Que lo único que resta es construir personajes entrañables. En ese sentido, ambas cumplen la asignatura al crear personajas que mueven a la empatía. Con Guadalupe y María, caminamos a su paso, les secamos las lágrimas, las regañamos, nos ponemos felices por lo que les sucede. A Guadalupe, la idealista, queremos abrazarla y felicitarla al final. A María, la comprensiva, a veces no sabemos ni qué decirle. A Eva, más de una vez queremos plantarle una equis perfecta sobre el rostro con un par de bofetadas. A Claudia la comprendemos, pero no sabemos por qué es tan cobarde. Se aplaude y se agradece el destierro de los personajes radicales. Se retratan seres humanos con las variantes propias de nuestra especie. Guadalupe y María se dedican a la literatura, una escribe, la otra traduce.

En Amora encontramos a Guadalupe, la protagonista. Claudia, su pareja. Y junto a ellas, la familia conservadora de ambas, y sobre todo, las amigas, que son determinantes para el transcurrir de la historia: Citlalli, Mariana, Norma, Graciela, Rosa María.

En la Insensata los “amigos perfectos” de María también la acompañan: Esteban, Silvia, Marga, Alicia. En la familia de María, hija única, muy por el contrario a la familia de Guadalupe,  aceptan su lesbianismo y adoptan las parejas de su hija. Guadalupe adora a sus sobrinos; María, a sus padres.

Ambos grupos de amigos coinciden en el empleo de terapias alternativas, como el yoga y la meditación, el  tai-chi, la alimentación saludable. El tequila y el wisky son sus  acompañantes en la confesión. También está presente el activismo. Sus amigas pertenecen a colectivos de ayuda a mujeres violadas, grupos feministas y grupos de apoyo a los homosexuales.

7.-Las bugas

“De plano amiga, no más bugas, por favor”[23] le dicen sus amigas a Guadalupe cuando está a punto de contarles de Claudia. ¡Una hétero![24] Exclama Silvia, uno de los afectos más cercanos de María, cuando ésta les expone su nueva relación con Eva. La eterna constante, el amor imposible, el reto, la esperanza, la cobardía. Doce años de diferencia y aún pasa lo mismo. ¿La perspectiva del fracaso confiere seguridad? Claudia y Eva tienen problemas para aceptarse como lesbianas. Luego le salen a una con “que si yo no sé lo que siento, porque yo no soy lesbiana,  por eso insisto, ni una buga más…”[25]

8.- Atmósfera y sentidos

Susana permite viajar al lado de María y Eva. La descripción de lugares nos hace sentir que estamos ahí, frente a nosotros desfilan Roma, Venecia, Madrid, Aranjuez, museos, cafés, plazas. Mientras que con Guadalupe recorremos Coyoacán, Chapultepec, Bellas Artes, el Munal, La Condesa. En ambas narraciones se pone especial énfasis en atmósferas sensoriales: comida, olores, sabores, pinturas. Rosamaría es descriptiva, mientras que Susana es cinematográfica.

Para ambas autoras es importante la música en su narrativa. La intertextualidad con la música popular está presente en las dos novelas. Susana va un poco más allá, dedicándole un papel especial al Segundo Movimiento de la Séptima Sinfonía de Beethoven, que se convierte en terapéutica para María en su depresión.[26] Y la apoteótica escena en Venecia con Mina y su interpretación de Margherita.[27]

9.- Ironía y suspenso

Con la prosa de Rosamaría tenemos más de una razón para reír a carcajadas con algunas puntadas provenientes de la agudeza mental de las personajas.  Los diálogos se entretejen de forma ágil.

“Ya se lo expliqué…(…)… pero no me entiende”

“Cómo va a entender si estudió en la Ibero![28]

En Susana el humor escasea. El entramado del suspenso permite sólo algunos atisbos de humor:

“¿Y para beber qué quieres?

– Una taza enorme de té sólo…  Es más quiero un cubo colmado de té. Acto seguido aparece Eva con un cubo de té.[29]

10.-  Final:

En el desenlace, Rosamaría opta por un final cerrado.  Una vez más recurre a la digresión de autora/personaja. Enuncia un recuento-informe de cada una de las personajas y de México en general. Cada una pasa frente a nosotras. Habla del grupo feminista, del grupo de violaciones y cómo transcurren sus vidas. Las historias mostradas a lo largo del libro se resuelven o condensan en un último capítulo donde también se cruzan las voces narrativas. La voz de autora impera sobre la voz textual.

Susana, por su derrotero, sostiene todo el tiempo, con mano firme, a sus personajas. Distribuye con discreción indicios, maneja los contrastes, malabarista del ritmo, conduce a un final abierto que es la conclusión imperativa y lógica de los conceptos relativos que ha manejado a lo largo del libro. Ya con el misterio develado, una simple frase  invita a perseguir la historia detrás de la historia.

Volver a los diecisiete, después de vivir un siglo…Amora es ese primer amor, al que todas volvemos alguna vez, en el recuerdo, lo que marca, lo que inaugura. La frescura de un primer beso. La inocencia de un primer roce de manos. El desgarre de la ruptura primigenia. Mientras La Insensata Geometría del Amor, se convierte en el amor maduro en el que encontramos paz a lo largo de la vida. Ambas se ganan su lugar y permanecen para siempre en la biblioteca de las emociones. Amora delinea la silueta de la luna, La Insensata descubre todos los vértices, aunque sea redonda, y de plata.

Lorena Sanmillán

Monterrey; Noviembre 2010


[1] Para la elaboración de este artículo se utiliza, en Amora, la edición de “Horas y horas, la editorial”, Madrid; en La insensata geometría del amor la edición “De Bolsillo”, Julio 2002.

[2] Tiraje de 2000 ejemplares.

[3] Carece de datos del año de impresión así como el tiraje.

[4] Tras el asesinato de su hermana por la Alianza Anticomunista Argentina y con amenazas sobre su propia vida.

[5] Públicas y privadas

[6] Algunas de las revistas donde ha colaborado son: Ozono, Mujeres, Revista Internacional de Arte Lápiz, Época, El Faro de Vigo, Medios de Comunicación Social, Amigos del Teatro del Teatro Juan Bravo de Segovia.

[7] Actualmente colabora para diferentes medios y portales culturales, literarios, feministas y lésbicos de Internet.

[8] Guzner, Susana, Punto y aparte, Editorial Egales, Madrid, 2004. 174 páginas.

[9] Guzner, Susana, Aquí pasa algo raro, Editorial Lesrein, 2007. 336 páginas.

[10] Susana Guzner es autora, entre otras obras, de la novela  La insensata geometría del amor (Plaza&Janés, España, 2001-2002,traducida a varios idiomas), Punto y aparte (relatos, Ed. Egales, España, 2004, de inminente aparición en el ámbito francófono), la pieza teatral cómica Detectives B.A.M. (Ellas editorial, España, 2006),  72 juegos para jugar con el espacio y el tiempo (1ª edición: Ed. Popular, 2ª edición autorasenred.com, 2006), la novela de suspense humorístico Aquí pasa algo raro (Editorial LesRain, España, 2007) y coautora, entre otras obras colectivas, de Mein Lesbisches Auge 5 (Konkursverlag, Alemania, 2005); Que suenen las olas (cuentario de mujeres que escriben en Marruecos y Canarias, Ediciones de La Obra Social de La Caja de Canarias, Canarias, 2007, de próxima traducción al árabe) y No solo duelen los golpes, una reflexión acerca de la violencia machista contra las mujeres en colaboración con Ángeles Caso, Rosa Montero, Rosa Regás, Cristina Peri Rossi, Espido Freire, Soledad Puértolas e Isabel Coixet entre otras destacadas escritoras.

[11] Su obra se distinguió por analizar finamente los complejos aspectos de la relación amorosa desde una mirada femenina.

[12] Primer gobernador de extracción panista en Baja California Sur.

[13]Sobre su obra, Roffiel dice, en una entrevista concedida a La Jornada en el 2002: “La novela Amora, me costó mucho trabajo, pues la escribí impulsada por la euforia de estar creando una novela por primera vez. Cuando apareció, recibí críticas, unas positivas, otras negativas. Yo no estaba preparada para estas últimas y me deprimí; pero pronto empecé a recibir cartas de apoyo, se agotó esa primera edición y por diez años siguió circulando fotocopiada. Ahora creo que cada libro que se escriba es importante, lo esencial es que se abran espacios”.

[14] Confiesa Susana, en una entrevista: “… en mi caso resultó en parte autobiográfica muy a mi pesar. Concebí la historia en mi imaginación y así la escribí, ignorando que – sé que puede resultar increíble, pero juro que es verdad – en mi pareja estaba sucediendo algo similar a la trama de mi novela y yo “in albis”. Me enteré de la realidad cuando casi terminaba La Insensata y fue un shock. Libro y relación terminaron casi a la par. La novela siguió su propio devenir gozando de excelente salud,  la pareja enfermó de muerte y fue debidamente enterrada con muy pocos honores.”

[16] Página 11

[17] Página 7

[18] Página 95

[19] Sobre su trabajo, Roffiel señala: “Mi poesía ha sido criticada; me dicen que le falta mucho trabajo y que yo no soy poeta, con lo cual coincido, pero a mí lo que más me interesa es poner mi granito de arena para ampliar la conciencia de la gente, para que conozcan y respeten otras formas de amar y de ser y he tenido muchas satisfacciones. Mi poesía está en agendas, calendarios, se usa en talleres. Ha caminado sola”.

[20] Página 144

[21] Página 167

[22] Pagina 33

[23] Página 19

[24] Página 139

[25] Página 18

[26] Página 359

[27] Página 83

[28] Página 123

[29] Página 299

Hoy toca, Germán

September 3, 2010

Hoy toca no leer tu columna nueva sino releer la primera que publicaste en El Norte, en 1987.

Hoy toca ver en los periódicos y en la televisión la noticia de tu muerte.

Hoy toca llorarte.

Hoy toca extrañarte.

Hoy toca leer a Sergio Sarmiento y hacer eco de sus palabras.

Hoy toca recordar lo feliz que fuiste cuando nació Bebeto.

Hoy toca preguntarnos por ti cómo dormirá Montiel.

Hoy toca saludar a Colima.

Hoy toca mostrar luto por Veracruz.

Hoy toca enviarte un par de orquídeas y un perro café.

Hoy toca recordar la última vez que te vi, junto a Denise Dresser y no pude saludarte.  Los organizadores te disculparon, dijeron que te sentías mal y que necesitabas descansar.

Hoy toca decirle a la señora potosina que ya no se apure, ya no hablarás ni escribirás más de tu familia.

Hoy toca preguntarnos qué pasará con la Capufe.

Hoy toca pedirle a tus Pumas que ganen, que queden campeones.

Hoy toca detener el tiempo para alimentar a los perros cafés.

Hoy toca tomar la estafeta y organizarnos para continuar con la Operación Cobija.

Hoy toca verte en pijamas de madera.

Hoy toca que tus libros sean acariciados, ahí, sobre tu autógrafo, donde pusiste tu mano.

Hoy toca recordar nuestro encuentro en la Feria del Libro.

Hoy toca cancelar la esperanza de que me respondieras la carta que te escribí.

Hoy toca envidiar de nueva cuenta tus guayaberas blancas siempre tan bien planchadas.

Hoy toca cerrar los ojos y volverte a ver entrar apresurado a tu conferencia en la FIL, calzando unos tenis puma que estaban de moda y escucharte reír de ti mismo. ¿Verdá que están muy maricones mis zapatos?

Hoy toca llevarte a descansar al Papaloapan.

Hoy toca recordar cómo lloraste cuando Viruta se graduó.

Hoy toca que te vuelvas inmortal.

Hoy toca lamentarnos, pues no estarás aquí para contarnos sobre el nacimiento de tus nietos.

Hoy toca que te unas a Borges, Paz, Saramago, Sabines, Caíto y Monsiváis.

Hoy toca que tu madre vuelva a regañarte, ¿por qué llegaste aquí tan pronto?

Hoy toca que tu padre y tu hermano te vuelvan a abrazar.

Hoy toca sonreír ante tantos personajes que creaste: El Pulpo, La Tractor, La Tatcher, La Jaguara, El Bucles…

Hoy toca escribir la crónica de éste, tu último viaje.

Hoy toca que sigan los homenajes.

Hoy toca que rindas cuentas. Tal vez te salgan debiendo.

Hoy toca comer huazontles, campechanas y café.

Hoy toca, Germán, hoy toca, aunque no estés.

Hoy toca compartirte.

Hoy toca estar triste.

Hoy toca romper el silencio.

Hoy toca decirte gracias.

Hoy toca decirte adiós.

Lorena Sanmillán

Imagínate a las sirenas

April 10, 2010

Si cantando soy terrible, bailando soy lo más parecido a un fracaso, pero sigo haciendo ambas actividades porque en ellas encuentro felicidad, sin más. Solemos admirar aquello que nos cuesta trabajo hacer, por eso constituye un acto de justicia el reconocer que me fascina intentar seguir el movimiento de los pies de Joaquín Cortés, el bailaor español, quien se mueve sobre dos pinceles empuñados por el más acertado acuarelista y en el lienzo del escenario sólo él sabe lo que dibuja.  Sara Baras, epíteto de la sensualidad, también me demostró lo que un cuerpo educado es capaz de expresar cuando el dios de la armonía mueve los hilos precisos para que esto suceda. Narcisos urbanos que saben hipnotizar a su auditorio a la vez que ocurre la soberbia epifanía de encontrarse consigo mismos.

Hace mucho que no bailo hasta sudar y ahora tengo ganas. Muchas ganas. En mis recuerdos han quedado atrás esas noches en que me amanecía bailando en el Vóngole, o aquella madrugada de noviembre en el Internacional. El miedo y la paranoia galopante que nos habita en estos momentos impide que el planear salir en fin de semana sea algo tan cotidiano como hace algunos años. Ayer, de pronto vino a visitarme el holograma de un momento suspendido en el tiempo. Ahí estaba yo, bailando “La calle de las sirenas” en la Pista del Sol, acompañada de Héctor y Pedro.

Esta canción me enajena lo mismo que Michael Flatey, The Lord of the dance. Creo que es una de las más rescatables de esa década. Interpretada por el extinto grupo Kabah. Reproduzco aquí algunos de los párrafos que más despiertan mi imaginación:

“Atraviesan unicornios
que son blancos y que brincan sin parar
hacia el lado más angosto de la calle.
Si te fijas bien arriba
del letrero de tus zapatos hallarás
a unas hadas trabajando un vestido azul.
Parece que sólo levantan la mirada
cuando los duendes pasan hacia el castillo
al final de la calle es justo ahí
donde hace más calor.”

Bailar en una noche después de entregar un proyecto, o al finalizar el semestre, me liberaba. Con la imaginación despierta, sin droga alguna de por medio, podía visualizar a los unicornios bailando junto a mí, escuchaba cantar a las sirenas, paseaba con duendes, peleaba con dragones, entraba a un castillo… mi ser se relajaba y obtenía el descanso tan perseguido como merecido en ese universo fantástico que Kabah le regalaba como escenografía a mis ratos de esparcimiento. El sudor producto del baile se convertía en palmadas en la espalda que me reanimaban. A la luz de mi recuerdo, busqué la canción en el yutubé. Quise ir a bailar de nuevo atravesando las fronteras del tiempo. Salir de noche con la total seguridad de que lo peor que podía sucederme era no conseguir ride de regreso a casa o no completar para el taxi.

Ahora, sin embargo, ya no le hago caso al imperativo título de la canción. Ya no imagino a las sirenas. Hoy, cuando escucho una sirena, lo primero que pienso es que ya hubo otra balacera.  En su aséptico vientre esa ambulancia tal vez lleva a otro ejecutado o, si tuvo suerte, sólo alguien balaceado. Las más de las veces un inocente que estuvo –como dicen en las noticias- en el lugar y el momento equivocados. En su piel lleva incrustado el lacerante vómito de un revólver empuñado por el violento dragón que ha tomado por reino este castillo donde antes paseábamos libres y donde la inseguridad era sólo una palabra que se encontraba en el apartado de las “i” en los diccionarios. A ver si ya les arrancamos esa página y volvemos a vivir tranquilos, bailando e imaginando.

p.s. Sigo en lo mismo. Este verano te voy a atrapar.

Lorena Sanmillán

Artículo publicado en Kultur, el 10/03/10

Bencil Penicilina 1200000 U

April 3, 2010

Toda la noche tosí. Tos seca, de esa que es la más latosa. Me duele el vientre por el esfuerzo. En la garganta llevo encendidas las antorchas de todos los Juegos Olímpicos desde el inicio de la historia de la humanidad. A pesar del inhalador nuevo, apenas puedo respirar. Ya no sé a qué sabe la comida y he olvidado a qué huelen mis perfumes. Los kleenex se han transformado en lijas que me raspan la nariz al limpiar el flujo nasal que ha estado imparable. Emisiones verdes y amarillas caen en cascada desde mi altura hasta el asfalto y si la puntería me asiste, a los zapatos. He vomitado flemas en tres ocasiones. Mi reticencia se vence y voy al médico. Me preocupa que sea influenza.

Afuera de la Cruz Roja están los indigentes. Está lloviendo, hay cerca de ocho grados y buscan donde guarecerse. No existen suficientes albergues para ellos. A saber por qué no tienen hogar. ¿Algún día los artistas tendremos Seguro Social? ¿Lograrán eso los vocales en CONARTE? Muchas preguntas en búsqueda de su respuesta. Toca mi turno de consultar.

Después de un examen por demás exhaustivo, la doctora anota  en la receta Bencil Penicilina 1200000 U. Una diaria. Sólo de escuchar esas palabras, ya me duelen las sentaderas, lo bueno es que no se trata de influenza. Al salir de la Cruz Roja la calle se ha convertido en arenas movedizas. Mis pasos son lentísimos pues no quiero llegar a la farmacia. Sin embargo sé que sólo así me compondré. Surto la receta y voy a casa, donde me inyectarán.

Grace está en su FarmVille cuando le muestro las jeringas. Accede a inyectarme, pero su granja es una labor que no puede posponer; entonces  he de esperar. Tomo jarabe y subo a mi recámara. El segundero del reloj en la escalera es una guillotina sobre mi cabeza de condenada a la gripe más fatal que he padecido. Escucho sus pasos al subir y sé que ha comenzado mi martirio. Ya no hay marcha atrás.

Volteada boca abajo en la cama, escucho cómo se lava las manos en el baño. Después el sonido del frasco del desinfectante surtiendo su dotación precisa para una persona. Mis glúteos al descubierto tienen frío. Muerdo la almohada. No hay peores miedos que los imaginarios. No puede abrir el frasco de la solución. ¿Me ayudas? Dice, inocente. Yo me hago la que no la escucha. Ella sigue peleando con la ampolleta. Ya está, ya la abrí, dice después de media eternidad. Abre el empaque esterilizado de la jeringa y mi respiración se detiene. Escucho cómo se fusionan el líquido y el polvo dentro del frasco en un remolino creado por la aguja. Mi tía Narcisa viene a mi mente. Mi tía a la que no quería. Mi tía la que me inyectaba. ¿Cuántas veces le propuse a mi madre cambiarnos de casa? Así ella no nos encontraría. Tengo presentes los sonidos mientras me inyectan, pues ella cargaba su jeringa de vidrio en su estuche de acero inoxidable. Jamás olvido el roce del metal cuando abría la cajita y liberaba la jeringa. La memoria auditiva es impresionante. Volteada boca abajo en la cama, todo se magnificaba. ¿Dónde quedaría el estuche de mi tía Narcisa? ¿Quién lo tiraría a la basura? ¿Alguien lo conservará? Quiero distraerme, pero la sombra de Grace acercándose es lo más cercano a mi película de terror particular. No es el Chucky enarbolando un hacha o un puñal, es ella que empuña una jeringa, dispuesta a atravesar mi piel, sin piedad.

La siento cerca y me retuerzo de ansiedad. Sigue su tormento. Limpia la superficie a inyectar. El alcohol arde con la temperatura ambiente. Siento fresco. Mide la distancia exacta desde el huesito hasta no sé qué mágica cantidad de centímetros. Cuenta con parsimonia y mis dientes son una prensa que pulverizaría una varilla de media. Encuentra el sitio exacto y me da cinco golpecitos para que se adormezca la zona. Ella dice. Yo procuro relajar mi cuerpo de la cintura para abajo. No siento el piquete, sólo las manos frías de Grace. Lo que sí percibo es el tránsito del líquido hacia mi cuerpo. La nota más aguda que ha tocado mi alma llega hasta mis oídos mientras esto sucede. La aguja es inmensa: ha entrado por mi nalga izquierda y ha salido por la frente convirtiéndome en unicornio celeste dado el color de mi pijama. El medicamento sale diluido por mis pupilas en cristalina manifestación de mi estadía. De nuevo muerdo la almohada. He leído en varios diccionarios la definición de ardor, pero ahora la conozco en persona. La sensación me habita por completo. Abandono mi pierna mientras tensiono todo lo demás. Son los cinco segundos más eternos que existen. Y mañana volverán.

P.S. Ya lo decidí. Este verano te voy a atrapar.

Lorena Sanmillán

Artículo publicado en Kultur el 03/03/10

En vida, hermano, en vida

March 24, 2010

No sé si por ser la menor o por ser mujer, o no sé exactamente por qué razón, pero cuando era necesario, me tocaba a mí acompañar a mi mamá al ISSSTE. Mientras esperábamos por su consulta ella bordaba o tejía; yo hacía mi tarea. Cuando terminaba, me ponía a mondadear por los alrededores. Uno de mis sitios favoritos de excursión era el departamento de Difusión Cultural. En ese tiempo, era un cubículo pequeño con vidrieras en los cuatro costados. En éstas pegaban posters con información diversa y florecitas, peluches, estampas cursis y, lo que en ese momento consideraba, poesía. En una de esas estampas me encontré el poema de Ana María Rabatté “En vida, hermano, en vida…”  y recuerdo que en ese momento fue una revelación. Ante mí estaba la sabiduría del mundo. Lo copié en mi libreta y comencé a decirle a todos mis seres queridos que, efectivamente, los quería.

Mi campaña tuvo poco éxito pues casi todos los interpelados se asombraron ante mis confesiones y establecieron que algo oscuro pretendía u ocultaba, al decirles de pronto lo que sentía por ellos, llevándoles un obsequio o simplemente sonriéndoles. ¿Ahora qué hiciste? Me dijo mi hermana Eunice cuando le llevé una teresita del jardín de la vecina. A veces, las buenas intenciones topan con la realidad y ahí quedan. Hay que ser muy valiente o muy romántico para continuar con la empresa amorosa cuando en el frente tienes la adversidad. Con la fuerza que me quedaba, seguí mi intención de desparramar mi amor por el mundo. Fuimos de visita con mi tía Lupe y ahí encontré a mi prima Armandina, por fin me topé con un ser sensible que me comprendió. Juntas leímos el poema y ella me explicó verso tras verso. Las revelaciones universales seguían en mis oídos.

Había mucha distancia entonces entre la muerte y yo. No entendía y sigo sin entender cómo las personas, cuando mueren, se convierten en héroes, en casi santos sin defecto, aunque hayan sido más piores que lo peor. La idea era buena, hacer y decir en vida aquello que eleve el espíritu y mejore las relaciones humanas. No visitar panteones, sino llenar de amor corazones. El tiempo, la vida, la madurez y la comodidad se llevaron este poema a un recuerdo y a muchas actitudes procedentes de la inercia. Ayer lo recordé, cuando supe que Rabatté había muerto. En vida, hermano, en vida… nunca me di el tiempo para volver a releerla. Dejé de expresar afecto porque sí y he sucumbido ante la rutina diaria que lleva al sustento material pero no tanto al emocional.

En la relectura actual, las barreras intelectuales me conducen a sentir sus textos bajo otra óptica. Repeticiones, aliteraciones accidentales, reiteraciones, rimas simples. No me parecen poesía en su más alta concepción, si acaso textos de la más pura escuela de superación personal altamente explotada por varios locutores de radio en la actualidad. No es moda, así ha sido siempre, sólo que antes no había tantos canales de difusión como ahora ni estábamos tan perdidos buscando consejos donde se pudiera. Si es literatura o no, es lo de menos en este presente. No es este artículo una disertación sobre los elementos literarios en su escritura, ni tampoco pretendo decir “tan buena que era”. Sostengo que es válido también leer por placer, leer por terapia, leer por gusto, leer por encontrar esperanza.

Docenas de veces he leído poemas doctos, de autor, que al terminar de leerlos no me dicen nada y siento que he gastado mis pupilas bajo un engarce de narcisismo de alguien que rebuscó letras y palabras de esas que pocas veces salen de los diccionarios sólo por impresionar al lector pretendiendo ser poeta críptico y entre menos te entiendan mejor, pues eso significa que es de élite. Quizá sin mensaje, pero intelectualmente perfectos. Métricos, exactos, pero sin alma. No he visto algún moribundo que pida leer algún premio Nobel, pero sí me he encontrado en los pasillos de hospitales poemas como los de ella, sabiduría popular que hace transitables los momentos inexplicables. Instantes de vulnerabilidad ante los que incluso Simone de Beauvior tuvo que bajar la cabeza.

Dado lo anterior me quedo con Ana María y sus lugares comunes que pueden arrancar una sonrisa y hacerle la tarde a alguien que de pronto recibe una llamada, sólo para decirle que la quiero, que es importante para mí. Así que aviso, ataco de nuevo, volveré a decir te quiero cuando lo sienta, sin esperar que sea cumpleaños o catorce de febrero. Empezaré por mi madre para agradecerle el permitirme acompañarle al hospital y conocer a esta señora y así, hasta que se me acabe el saldo. La poesía no debería ser aquella que sólo da imágenes, métrica, metáforas y otras figuras literarias. La poesía y la escritura habrían de ser mensajes del fondo del alma que buscan su replicante en quien los reciba.

Descansa en paz, Ana María, en esa tumba que, si seguimos tu consejo, nadie visitará. Será mejor que releamos tus libros, ahí te encontraremos y tal vez volvamos a encontrar un poco de paz en este mundo que a veces se presenta ante nosotros de un modo impertinentemente intelectual.

Lorena Sanmillán

Artículo publicado en Kultur, el 24/02/10

Carta para Pipe

March 18, 2010

La verdad es que así me gustaría llamarte, como les llamo a mis Felipes queridos, pero no, a ti he de decirte Señor Presidente, sin poder tutearte, con la voz engolada y sin el desafío de mirarte a los ojos. Te digo presidente, en minúsculas, aunque Ximena te llama Espurio o a veces te dice simplemente el inquilino de Los Pinos. Yo te digo presidente, porque lo eres, ese es el título que se te ha conferido y porque quiero creer en la autoridad que le puede dar estabilidad al país en el que vivo. Te tuteo porque quiero sentirte cercano, aunque sé que hay una franja militar de por medio entre los dos. Que si fue polémico o no tu arribo a Los Pinos, que si se manipuló la elección, pues eso es otro cantar, el caso es que ahora llevas la banda presidencial. Punto. Conste y aclaro que no voté antes, ni votaría hoy por ti, ni pretendo defenderte. De hecho, antes de pretender llamarte Pipe, te llamo presidente siniestro, porque lo eres. No eres diestro con las manos ni en alguna que otra actitud. Hoy sólo quiero escribirte una carta. Soy romántica, ni modo;  si mis condiciones lo permitieran, te enviaría un paquete con un regalo, quizá esos rebozos que tanto le gustan a tu señora, Margarita, cuyos precios y procedencia nadie cuestiona, algún libro de autores de Nuevo León, y regalos para tus hijos, pero no me alcanza. En tu administración se aumentó el envío de Mexpost en un 100 por ciento. Y mi salario y mi tienda incipiente siguen donde mismo con algunos impuestos de más. Entonces disculpa que no envíe paquetes a Los Pinos, ni te haga llegar libros a tu oficina para que adornen los anaqueles. ¿Lees, Pipe? Curiosamente, nunca me he encontrado algún político en una Feria del Libro en Monterrey o México. En cambio, en la de Madrid, sí me topé con el Rey Juan Carlos y el Príncipe Felipe, otro de mis Pipes consentidos.

No, no te preocupes. No voy a jeringolearte una vez más lo acontecido en Ciudad Juárez apenas la semana pasada. No poseo la dolorosa valentía de la señora Luz María ni la docta pluma de Denise Dresser. Sólo soy una ciudadana que pretende decirte “Bienvenido a Monterrey, Pipe” la próxima vez que vengas. Y para eso, Pipe, hace falta trabajo. Mucho.

Quiero que los soldados, en los retenes de la carretera, no me den miedo. Que en realidad me hagan sentir segura. Quiero que sus armas las apunten hacia otro lado y no hacia los vidrios de mi auto compacto comprado bajo un crédito que aún estoy pagando. Quiero poder caminar en la noche tranquilamente en la macroplaza, sin que me atemorice una persona me sigue. Quiero manejar por la brecha que me lleva a mi trabajo sin pensar que en alguna ocasión me encontraré un ejecutado. Quiero ir al banco sin cuidarme la espalda. Quiero decirles a mis sobrinas que estudiar conviene, que no hay caminos fáciles, que todo esfuerzo tiene su recompensa. Quiero llevar a mi madre al seguro social y saber que tendrá sus medicinas completas. Quiero tranquilidad, Pipe, quiero estar segura en mi ciudad. Quiero encender la televisión y ver buenas noticias. Quiero que mis diputados no me avergüencen. Quiero el estadio del Monterrey y quiero que rescaten La Pastora. Quiero el bien común por encima de las ideologías partidistas. Quiero que me expliques cómo es posible que en tu gabinete haya una persona con obesidad mórbida y justamente de él depende parte del asunto fiscal que mueve al país. ¿No deberíamos empezar por poner el ejemplo nosotros mismos? Al cuidar de nosotros se asume que somos depositarios de confianza para guiar a alguien, cuantimás a un país. ¿No crees? Quiero saber qué piensas de la gente que pide tu renuncia y qué les propones, más allá de la militarización. ¿Es ésa la solución? Quiero saber por qué le has recortado el presupuesto a la cultura. Un país de gente educada avanzará más, Pipe. ¿Qué pasa con eso? ¿Qué pasó con tus promesas de campaña? ¿Qué necesitamos hacer para que cumplas? ¿Está en nosotros la respuesta?

Mi vanidad me lanza el imperativo de preguntarte dónde compras tus anteojos. Me encantan. Me hechiza que no se te notan aunque se evidencia que te hacen falta al leer los discursos. ¿Quién te hizo los discursos del Bicentenario? ¿Por qué no los revisaste antes? No parecías un presidente, vaya, ni un mexicano contento, sino sólo alguien a quien lo pusieron a leer algo que no sentía en la máxima fiesta que tendremos dentro de tu mandato.

Llevo casi dos cuartillas, Pipe, no  he dicho ni la mitad de lo que pienso, pero sé que la repetición de ideas conduce al hartazgo. Varios de mis reclamos y preguntas son variaciones de lo mismo. Yo haré mi parte como ciudadana, ¿Qué harás tú, Pipe, para decirte bienvenido y con gusto llevarte a comer machacado?

Con el respeto y la confianza que les profeso a mis amigos cercanos,
Lorena Sanmillán

Lorena Sanmillán

Artículo publicado en 15Diario, el 18/02/10

Pero no pienso nada

March 10, 2010

Desarrollo sustentable.

Población y diseño urbano.

Nuevos paradigmas del paisajismo.

Conceptualización en el proceso de diseño arquitectónico.

Métodos, procesos, sistemas y técnicas: coincidencias y discrepancias.

Llevamos tres horas de conferencias. Gente que ha estudiado mucho y ahora necesita demostrarlo para justificar las grandes cantidades de tiempo y dinero que han significado sus becas. Arquitectos muy capaces de pensar y proponer pero que nunca en su vida han tocado un block ni saben cómo hacer un mortero.

Todo son planes e irrealidades. Muero de envidia. Como sólo ellos saben del tema que hablan, nadie puede rebatirles nada. Tres o cuatro preguntas retóricas y un gran baño de halagos a su vanidad. Aplausos. Coffee break.

Reintegrándome al punto de vista intelectual de la arquitectura, me siento un poco ajena a mi contexto. Vengo de construir, todavía tengo las uñas sucias por mi descuidada técnica de pintura. Siento insulsa la palabrería y mejor me quedo en silencio; es demasiado el esfuerzo de parecer interesada. También me siento estancada en mi hacer intelectual.

Así que busco un sitio en un rincón del salón de conferencias para replantearme mi quehacer profesional y entonces vuelvo a verte. Nada es lo mismo al observarte. Con tu sonrisa, hasta le das sabor a un café desangelado.

Siempre bella, hoy estás preciosa. Tú y ese traje sastre azul mimetizados en una silueta por demás atractiva. Esta vez no dictarás conferencia, sólo vienes de oyente. A mí se me van los ojos tras tus pasos. Me encantas.

Te acercas a la mesa a tomar una galleta. Ninguno de tus movimientos se escapa de mi vista. Quiero pararme detrás tuyo. Moverme abrazada a ti. Contagiarte de mi ritmo desesperado, pegar mi pubis a tus nalgas, tumbarte sobre el buffet, besar tu cuello y arañar tu espalda. Todo esto alucino mientras me convierto en mujer de agua.

Me percibes, me saludas. Qué tanto piensas, dices, tan casual, buscando sacar plática. Un bostezo me sirve para mimetizar un suspiro. No me atrevo a mirarte. Sólo te veo por el reflejo en la ventana. Te respondo sin voltear a verte. Qué tal, doctora, yo aquí tomando un café, pero no pienso nada.

Artículo publicado en Kultur, el 10/02/10

Lorena Sanmillán

Imagínate a las sirenas

March 10, 2010

Mi artículo de hoy, en Kultur, tiene que ver con esta canción de Kabah. Me encantaba bailarla. Quiero volver a bailar. He aquí el link a la columna, por si deciden darle un vistazo.

Imagínate a las sirenas

Lorena Sanmillán

Las inyecciones

March 3, 2010

Soy bastante valiente… hasta que me enseñan una jeringa que se ha de insertar en mi anatomía. Me han inyectado y ahora soy una coladera. Si tomo agua, puedo regar las plantas de mi jardín. De esto habla mi artículo de hoy, en Kultur. He aquí el link por si desean leerlo.

Bencil Penicilina 1200000 U

Lorena Sanmillán