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El bordado Enero 6 de 2013

January 6, 2013

Es el primer domingo del año y voy de visita a casa de mi mamá para comer y bordar. Más para bordar que para comer. Me gusta el ritual de bordar en el comedor mientras mi hermana plancha la ropa y mamá continúa con el trajín de la cocina. Son los sonidos que más han acompañado a este bordado. Es la atmósfera que lo envuelve puntada tras puntada.

Este es un domingo peculiar. No hay sobrinos en casa, excepto la Nay. Supongo que están de visita en la casa de sus otros abuelos para partir la Rosca de Reyes. Yo no quise comprar. Me pareció excesivo el precio de $230.00 una familiar -relativamente pequeña- y a fin de cuentas, ni a mis hermanos ni a mi mamá les gusta. Tampoco tengo ganas de chocolate.

En la cocina, preparo unos tacos de barbacoa, mientras mi hermana prepara unos de picadillo. Anoche se cayó en una banqueta cercana a su casa y se partió la nariz. Tres puntadas le significó ese mal paso. Se ve hinchada, afectada. Me conmueve. Con todo y eso, no puedo contener la risa cuando me platica cómo sucedieron los hechos. Lo cuenta tan simpático que hasta quiero verla caerse nuevamente. Reímos juntas.

Esa risa me relaja. Pasé la mañana limpiando la lavandería. Los Poncianos colonizaron el espacio y marcaron territorio. Levanté la suciedad con una espátula y pasé el trapeador. La casa, sin embargo, sigue oliendo a perro. Ya nada más nos quedan cinco. Esta semana se irán otros cuatro, sólo me quedaré con una, esperando que su dueña vuelva de las vacaciones.

Estoy encantada leyendo “El pergamino de la seducción” de Gioconda Belli, que habla de la pasión de Juana la Loca y Felipe el Hermoso. Su nivel de narrativa es exquisito y ese tinte de erotismo no admite ni siquiera comparación alguna con “Sombras de Grey”. Háganme favor. Gioconda sabe escribir, además tiene la suficiente pericia para separar la voz de autor y convertirse en voz de personaje, permitiendo a Juana la Loca, princesa educada para ser reina, que nos cuente con sus propias palabras cómo fue su primera vez con Felipe el Hermoso. El placer estético se instala sobre el placer erótico. De pronto tengo antojo de un Carlos V. Son interesantes las relaciones entre conceptos en apariencia disímbolos.

En el bordado decido irme por orden. Hay dos puntadas que me están haciendo ruido desde ayer. Dos puntadas que han quedado aisladas entre una de la partes. Comenzaré por ahí y me iré por orden. Una detrás de otra emulando los movimientos de una podadora o de una bordadora regiomontana. ¿Llevas dos años con eso? Eunice pregunta. ¿Quieres más puntadas en la nariz? Le contesto alzando la aguja.

Tiene su chiste -vaya que si lo tiene- hacer las cosas como las hago ahora. Me toma más tiempo pero se ve más lindo. Vale la pena hacerlo mejor.

Eunice me ofrece unas galletas de limón, de esas que ahora son Emperador pero que en mi infancia se llamaban Piruetas y tenían forma circular. Supongo que todas las hacen bajo el mismo molde para ahorrar tiempo y recursos. Saben a muchas tardes de jugar al Uno con Celina, mi compañera de secundaria. ¿Qué será de ella? Tantas vidas que nos cruzan y de pronto no sabemos más. El limón como ingrediente en la cocina sigue siendo impresionante, pienso al tiempo que muerdo una galleta y mi sobrina deja caer gotas de limón sobre sus tamales. Nadie extraña la Rosca ni han preguntado por el chocolate.

Cuatro puntadas seguidas es todo un logro en este momento. Mamá cuenta que anoche balacearon a un sujeto en la calle de atrás. De alguna manera nos hemos ido acostumbrando a estas noticias. Dejo que se pierda mi vista entre tantas cosas que hay en casa, Manuela continúa su relatoría. Veo la puerta donde antes marcábamos nuestras estaturas, ahora pintada de verde botella. El rincón donde cada domingo me ponía a bolear los zapatos de todos mis hermanos. Una fila de zapatos, todos negros. Los míos, al final, quedaban como espejo. Parece que esto de ser rutinaria es una constante en  mi vida. Hay rutinas que ayudan a llevar orden, control, que son de beneficio y hay rutinas que atan. Espero tener siempre la sabiduría para distinguir la diferencia.

El pensamiento no está peleado con las acciones. Continúo bordando. Pienso también en el compromiso de publicar los propósitos, en el ejercicio de seleccionar los Top Ten Moments del 2012, los blogs pendientes, las crónicas, los poemas. Muchas letras que están garabateadas por ahí -hasta en la mente- y que ahora están pidiendo a gritos salir a la luz. Necesito esta rutina, esta disciplina para escribir.

Las puntadas siguen en el bordado. Cada una que hago es una menos que falta. Cada una que hago es para no repetirla. Me gusta irlo viendo cómo se completa. ¿Qué pasará cuando lo lave? Prefiero no investigar por ahora. Ahora sólo me resta avanzar, despacio, con mucho cuidado. Con mucho esmero. Con mucho amor. Ensarto un color que es la primera vez que lo uso y, por lo tanto, no tenía una aguja para él solo. A estas alturas aún estrenando colores. Vaya pues.

Esta temporada he recibido varios regalos y son muy pocos  los que he dado. Recibí una cámara fotográfica, una pijama, una jirafa, una bata de baño, una mascada, una bufanda, plumas, chocolates, mermelada y una agenda de Angry Birds. He estado en un momento de introspección, con muy pocas ganas de salir, literal y metafóricamente. Ahora que escribo y pienso esto me pregunto, en este diario del bordado, en estas crónicas, en estos textos ¿qué queda para la intimidad? Tal vez sólo quedan los silencios y el boceto del pensar. Eso queda. Eso quedará.

bordado enero 6

Lorena Sanmillán

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El bordado Enero 4 2013

January 5, 2013

Apenas escribir la fecha y escuece saber que ha pasado tanto tiempo desde la última escritura, desde la última puntada. Sin embargo sé que cada escrito tiene su tiempo y me da mucho gusto saber que Los Bocetos mañana sábado retomaremos nuestro Taller de Escritura.
Los pendientes de escribir me persiguen. No ha sido un año fácil. ¿Cuál, de mis 39, lo ha sido? Tal vez sólo los primeros, cuando todo estaba dicho. Que hayan sido fáciles no quiere decir muchas otras cosas que pueden pensarse por implicación.
El caso es que este 2012 no fue fácil escapar tiempo para pasar en limpio las notas del Moleskine y aunque ahora cuento con un Moleskine digital tampoco le he escrito gran cosa. Tampoco he tenido mucho tiempo para bordar, sobre todo en el último trimestre del año. También he necesitado tiempo para mí, para el silencio, roto a veces con la fuerza del sentir que se convierte en Tweegram. Éste es otro proyecto interesante que ha de ver la luz.
Aquí estoy, con 4 grados centígrados volviendo a bordar y a escribir. Contra lo acumulado sólo me resta avanzar, contra lo nuevo lo que puedo hacer es que no se acumule.
El bordado es uno de mis proyectos para este año, tal como lo ha sido en los años anteriores. He de verle el final, porque lo quiero hacer por mí y porque lleva dedicatoria.
Tengo las manos frías cuando comienzo a bordar. Recién regreso de la calle y lavé los trastes de la comida. Suficiente frío para que las manos sigan afuera de sus guantes.
Hace rato me pasó uno de esos momentos mágicos que me enternecen. Les llevé chocolate al Alejo y Lalo (su ayudante). Chocolate Abuelita hecho con toda la mano, suficiente leche y espuma del molinillo. Pan de dulce para acompañar. Cuando Alejo lo probó no pudo ni quiso disimular su asombro. Del fondo de su garganta -quizá de su alma- surgió un profundo “Nunca había probado un chocolate así”. Sobreviven con salario mínimo y se la pasan bien, comiendo lo que pueden. Ha sido un gusto llevarles chocolate. Valió la pena el detalle.
Cuatro puntadas. Resulta fácil volver a agarrar el hilo al asunto. Muchas cosas han pasado desde la última sesión de bordado. Ya habrá forma de ir poniendo todo al corriente. Esto de los pendientes sólo se arregla trabajando.
Hoy es un buen día para volver y comenzar y, por ello, avanzar. Seguir hasta terminar.
He leído el primer libro del año. “Justicia” de Laveaga. Me da más pena reconocerlo que el de Sombras de Grey. Este último es el best seller del que todo mundo habla y Justicia fue recomendación de una sola persona. Libro obviable, aunque buen compañero en la fila de cuatro horas para pagar la Tenencia y el Refrendo de mi coche. No lo recomiendo para nada.
Por la mañana compuse la bicicleta fija. Me urge bajar de peso. Subí tres kilos desde noviembre y necesito bajar esos y bajar, por lo menos, otros cinco más. La cosa es que con el frío da mucha hambre.
Twitter tuvo 8 Poncianos. No supimos de quién son hijos. Hoy por la tarde se llevaron a la primera perrita y mañana vendrán por otros tres. Poco a poco se irán yendo. ¿Twitter sentirá algo? ¿Los echará de menos? Tal vez sea la naturaleza tan sabía que ya sabe que al poderse valer por sí mismos ya se pueden ir a buscar su vida, mientras muchos humanos siguen viviendo a expensas de sus padres aunque sean mayores.
Veo los estatus de Facebook y pienso en la obsolescencia del tiempo real. Lo que pasa muchas veces no se queda. Machado nos podría orientar desde su tumba. Bordemos pues, que hay muchas historias por contar, que el mejor cuadro se puede lograr a diario.
Silencio. En casa hay silencio. Disfruto mucho, muchísimo el silencio y la soledad. Sólo se escucha la lluvia y me encanta ese sonido.
Me lleva media hora hacer cuatro puntadas más. Definitivamente este bordado se entregará enmarcado. Hay que volver a tomar el ritmo, no se podrá avanzar de otra manera.
De pronto me ha venido a la mente Germán Dehesa. ¿Alguno de sus lectores lo echó de menos en Navidad? Era grinch, según recuerdo.
8 puntadas más. Hora y media y muy poco avance. Pero es avance.
Las contaré, a ver cuántas me faltan para llegar a la mitad. Tal vez las pueda completar para Febrero, cuando se cumplen justos dos años que comencé El Bordado. ¿Significará eso que me tomará cuatro?
571 puntadas. Basta de elucubraciones. Este proyecto tomará el tiempo necesario. Se hace por amor y es por amor que habré de terminarlo.

Lorena Sanmillán

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El bordado 30 de Septiembre de 2012

September 30, 2012

Este día amanezco con el deseo, la necesidad de bordar. Ha pasado algo de tiempo desde que, por una cosa o por otra, no he podido hacerlo y sé que se avecinan tiempos de mucho trabajo donde quizá no haya tiempo para este espacio de paz que me concedo cada semana. Se ha tratado de cuestiones relativas al trabajo y la librería, situaciones que implican tiempo, dedicación y que no es fácil postergarlas. En 13 días comienza la Feria del Libro y sobre nosotras pende la responsabilidad del Pabellón de Editoriales Independientes. Las cosas se logran haciéndolas. Nada más.

Melina está invitada a almorzar. Vamos a festejar -a destiempo- su pasado cumpleaños. Se fue al mar, a su tierra, para reencontrarse con los suyos. Esa es una buena manera de celebrar. Almorzamos barbacoa y sus recuerdos de infancia fluyen en medio de una tortilla de harina. Hay gente que se reencuentra con la felicidad en diversos espacios. Es lindo cuando saben compartirlo por medio de las letras.

Después del almuerzo, trabajamos en los Tweegrams. Quiero hacer un poemario con ellos. Un compendio o algo similar. Necesito hacer cosas con mi propia escritura, no solamente apoyar la escritura de los demás. He ahí el compromiso interno.

El dinero, el trabajo, siguen siendo las variables que determinan el tiempo. La Feria comenzará en 15 días y aún no tenemos nada amarrado con certeza. No pasa nada. No es la primera vez que camino sobre arenas movedizas y todo sale bien. Sólo ahora el compromiso es mucho mayor que antes, conmigo, con Edna, con Armando, con el Tec, con los editores.

Bajar de peso cada vez me parece más una utopía que un sueño posible. Sin embargo, continuaré con mis intentos. No es algo que piense dejar de soslayo. Preciso decir que es menester mucha voluntad para lograrlo.

En el bordado, me siento perdida e inmovilizada. Voy a cambiar de área a ver si así. Se me está complicando mucho hacerlo. Quizá es porque tengo demasiadas cosas en la cabeza y en vez de que signifique paz me está simbolizando lo contrario. Cada puntada es un paso certero. Cada puntada vale. Una por una.

Cuatro puntadas surgen de estas cavilaciones. Sigo, cambio el área. Cambio los tonos, los colores. Todos son parte de lo mismo. Cada una de las partes son las que vienen a hacer el todo. Sé que ya lo dije en más crónicas, pero es necesario reafirmarlo: en los detalles es donde se verá la diferencia. Por eso vale la pena hacerlo a conciencia. No -y nunca- sin ganas.

Quiero un pantalón de raya de gis para ir al concierto de Mi Criatura.  Me encanta cómo se ve con el modelo que utiliza para Vogue, su canción emblemática. ¡Qué inolvidable momento cuando entró al estadio en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl! Vaya forma de adueñarse del escenario y de todas las miradas. Decidió abrir su show con una canción que se ha convertido en clásica porque aduce a conceptos que son repetitivos en distintas épocas y contextos. Que nos hermana. Que nos empatiza. Y sí, nos retrata. Le pido a mi hermana Eunice que me haga el pantalón. Espero poder contar un final mucho mejor que la última vez que intentó confeccionarme algo.

http://www.youtube.com/watch?v=1ynpiUigx28

A estas alturas, el bordado y lo que implica, amerita reconocer que me siento un poco triste. Agobiada. Cargué con muy poca pila hoy. Son los pendientes los que me persiguen. Creo que es tiempo de volver a casa. Me duele pensar que vienen momentos de poco bordado. Por eso mismo hay que disfrutar los que sí se tienen.

Lorena Sanmillán

El bordado: Día 17 de Julio de 2011

July 17, 2011

Hoy es un domingo lleno de palabras y silencios. Basta un silencio para romper las palabras. Basta una palabra para romper el silencio. Estuve insomne, perdida entre la disyuntiva de soltar-perseguir. Incapaz de conocer la diferencia entre la metáfora de conceptos. A veces hay días raros que amanecen llenos de luna, aunque parezca que hace mucho sol.

En la mañana pinté las repisas que ayer mandamos hacer en Total Home. Voy a hacer un clóset de blancos. Un espacio para acomodar las cobijas y las toallas, todas esas cosas que se usan en la casa y en otros lados estorban. El acomodo da cierta tranquilidad y es lo que preciso ahora. La remodelación no se acaba hasta que se acaba de acomodar todo. Es decir, no ha terminado la danza por acá. Ni terminará, dijo don Teofilito. Luego del closet, seguirá un librero.

Desayunamos cereal, papaya y amaranto. El amaranto fue una recomendación de Héctor Perea. Él dice que el amaranto tiene un montón de propiedades y decidí seguir su consejo. El amaranto es como el pollo y la papa: sabe a lo que le pongas. Perea y yo nos conocimos en Italia hace ocho años y de un modo u otro hemos conservado el contacto atravesando varias plataformas digitales para intercambiar palabras. Ahora compartimos el gusto y la necesidad de caminar.

Muchos de los trabajos físicos que realizo me conducen a un estado de meditación delicioso. Es el caso de pintar. Desde el lijado, comienzo a relajarme y las ideas vienen en tropel a perseguirme. Mis manos hacen algo muy distinto de lo que pienso. Lijo la madera, preparo la pintura, la aplico. Todo es tan mecánico, tan automático. El cuerpo humano es un invento tan primitivo como de la más alta tecnología. Mi cuerpo hace muchas cosas. Mi mente está concentrada en pensar. Pensar. Pensar.

Pinto las repisas como es menester: sigo el dibujo de la madera. Pienso si habrá algún tutorial para pintar en yútub. Asumo que sí. Lo buscaré. Cada quién pinta a su manera, sin embargo. Y al pintar, supongo, muchos de los que nacimos en los setentas recordamos a Daniel San, el Karate Kid, pintando la cerca de Mr. Miyagi. Así, pinto las seis repisas por ambos lados. Mejor ya no pienso en las uñas, aunque parece ser que de momento no he astillado alguna. El arte de pintar no es sólo aplicar la pintura -de agua o aceite- el show de pintar no termina hasta que se limpian las brochas y se recogen los periódicos que se han puesto en el piso para evitar pintar en donde no era preciso. No es tan relajante como pensé al principio, pero al menos hay algo de avance y eso es bueno para mis fines.

Al terminar, vuelvo al mini texto que estoy trabajando. La difícil complejidad de un texto breve que necesita ser simple y contundente. Le pido su opinión a Eduardo Ramírez y su idea de las cabañuelas ocupacionales-creativas me inyecta energía. Bonny Bernal me cuenta su domingo en el chat del Facebook. Continúo dándole formato  a los textos para la edición especial de la revista Papeles de la Mancuspia, que nos ha ofrecido un número dedicado a los Sanmillanos.

Es domingo, día de ir a comer en casa de mamá, día de disfrutar a los sobrinos. Cuando llego, la Alcachofa sale a encontrarme a la puerta gritando mi nombre desde su idioma propio. Ha inventado una forma de llamarme. Un apodo más a la lista interminable que tengo: Lemí. Su abrazo es una bendición pegajosa, pues me llena de algún dulce que no logro identificar.

Depués de la comida, saco el bordado de su bolsa. La última línea de “El Conde de Montecristo” brilla entre mis pensamientos: Esperar y confiar.

Llevo 285 puntadas seguidas. Las hilazas se niegan a hacer su trabajo. Sólo una ha tenido tres nudos consecutivos. En definitiva, qué bueno que no usé seda. Se vería más bonito, sí, pero batallaría mucho más. Sin duda, sería un trabajo más laborioso, pero ahí se me quedaría el hígado. Y de eso no se trata. Después de diez minutos me doy cuenta que bordar tampoco está funcionando para tranquilizarme. Casi estoy a punto de guardar todas las cosas del bordado en su respectiva y gastada bolsa cuando Manuela me regala la frase del día: “Ustedes trabajan muy trabajoso, yo como soy lírica, ya lo hubiera acabado”. Mi hermana complementa el comentario mientras juega Matatena  con su hija: “Estás loca, yo ya lo hubiera dejado”. Tales frases son suficiente acicate para mi orgullo y continúo.

Mi sobrina pregunta acerca de la importancia de saber acerca de las bodas de los príncipes europeos mientras hojea el periódico donde vienen los chismes de la alta sociedad. Eso me da pie a hablarle de historia. El momento de hoy es la historia del mañana, del mismo modo que el ayer es la historia del hoy. Tomamos un diccionario enciclopédico y surge lo inevitble: buscamos una palabra y con ella, vienen las demás. Comenzamos a leer sobre Juana “La Loca”, eso nos lleva a Felipe “El Hermoso” y al reinado de Los Borbón. Esa búsqueda es ineliduble e inolvidable para quienes crecimos sin internet. Los chavos de hoy lo tienen todo al alcance de un clik y de un link. Creo que nosotros fuimos más afortunados pues teníamos el hambre de la búsqueda. Nos entreteníamos más. Disfrutábamos el saber, pues costaba.

Pasamos gran parte de la tarde entre lecciones de historia y remembers que fastidian a cualquier adolescente que se precie de serlo. Dichosa ella. Los de mi generación no teníamos opción de interrumpir a nuestros tíos cuando hablaban y escasamente participábamos en las conversaciones con los mayores al ir de visita. Sólo había permiso de hablar cuando alguien nos preguntaba directamente algo. Aleccionados todos a que si nos ofrecían algo, cualquier cosa, la respuesta invariable sería No, gracias. Para ella, de trece años, estas memorias le parecen algo increíble.

Me entretengo. Yo sólo sé que no quiero volver al sitio en que no estás.

Después de la lección, de nuevo al bordado. 372 puntadas seguidas son para emocionar a cualquiera. El asunto de los patrones distintos está dando frutos. Basta una puntada más y serán 465 seguidas. Poco a poco se va completando el bordado. Los detalles compensan. Estoy por terminar la cuarta parte de la cuarta parte. Se nota y se siente que esto se va completando. Cada uno de los colores cumple su función particular dentro del todo. No puedo ni quiero evitarlo, sonrío en la mesa del comedor ante mi pequeño triunfo. Se está viendo lindo. Una imagen del pasado cae sobre mi espalda cuando Manuela se pone detrás de mí para ver lo que estoy haciendo: Quiero volver a bordar sentada bajo la sombra de la jacaranda que estaba en el patio de mi casa natal, quiero volver a ver a mi madre joven. Mucho qué decir de la jacaranda y de la mirada de mi madre viéndome bordar. ¿Qué sentirá Manuela?

No todo es pasado. Mientras bordo planeo la semana que está llena de pendientes por cumplir. Más avance. A lo lejos se escucha “Le Mer” con una orquesta. ¿Qué versión será? Mi vecino sigue, como todos los domingos, poniendo música que comparte con todos a través de las rendijas de su tejabán. Si supiera que él fue parte de la inspiración de Radio Viejito. Nunca lo he visto de frente. No tengo la menor idea cómo será. Lo que tengo claro es que no es una persona joven, pues los recuerdos de mis domingos de infancia están relacionados con él y su música.

Una puntada más y serán 496. Me gusta. Me gusta mucho avanzar. Me gusta la emoción que invade mi cuerpo en este momento. Es algo similar a lo que siento cuando escribo, pero al mismo tiempo es distinto. ¿Por qué escribo? Buena pregunta de mi sobrina que ve que tomo notas para estas crónicas del bordado. Escribo por eternizar un momento. Escribo por expresarme. Escribo porque… Una alerta del Ipod interrumpe mi soliloquio. Es Jaime Velázquez. Jaime Velázquez preguntándome quién canta Drowned World. ¡Díganme que es broma! ¡La he posteado mil veces! Es Madonna, Jaime, la Única y Verdadera. Madonna y su canción, la canción de mi criatura. No lo regaño, sólo y simplemente porque mañana es su cumpleaños.

Un patrón más y ya van juntas 578. Me encanta. Avanzar anima tanto como el café de media tarde que siempre tomo en casa de mi madre. Son las 19:38,  a ver si me alcanza la luz natural para llegar a las 1500. La cuarta parte de la cuarta parte. Me gusta esta paz.

20:18. No. Ya no puedo. Me escuecen los ojos y me duele el cuello. Tengo seguidas 599 y me faltan 48 para completar 1500. Ha sido un día bueno para el bordado. Con todo y los recuerdos que caen sobre mis hombros, flores de jacaranda inundando mi patio interior este verano. La relajación sigue sin ser mi compañera.

Lorena Sanmillán

El bordado: Día 41

April 22, 2011

La tan nombrada Semana Santa ha transcurrido en un parpadeo lleno de trabajo. Finalmente he acomodado un ochenta por ciento de los libros. Fernando y Mary vinieron a ayudarme y gracias a ellos avancé mucho. Limpieza, clasificación, conteo, inventario. Necesito otra espalda para poder continuar con este nivel de rutina. Queda pendiente mucho trabajo de escritorio. Han sido jornadas agotadoras pero interesantes, rodeada de historias, poesía, ensayos. Creación. Afuera, las sirenas, los helicópteros, el calor y los balazos. Afuera, la realidad.

Ayer fui invitada a una cena en San Nicolás. Decidí ir, salir de casa a algo más que trabajo, dado el nivel de avance que presentó la librería. Me emociona ver que va tomando forma. Aproveché la hospitalidad de mis anfitriones para quedarme a dormir en su casa. Ahora así se acostumbra, o bien las reuniones se hacen de día. So pena de encontrar una balacera en el camino. Aunque en realidad no es posible afirmar que existen horas seguras o inseguras para transitar. Nunca hay horario fijo para la cita con la muerte.  A mitad de la cena tuvimos un invitado sorpresa: un apagón. La luz de las velas nos encaminó a un momento mucho más íntimo.  Fue nuestra particular Santa Cena. Cantamos y reafirmamos lazos. Recitamos las Siete Palabras. Rito, creencia, tradición o fe, compartimos un momento memorable.

Regresé a casa al mediodía. La luz no había vuelto. En el camino detuve el coche para dejar pasar un Viacrucis. Los periódicos señalaron que se suspenderían varios y que algunos modificarían su ruta. La inseguridad va comiendo tradiciones, dando otra forma de vida. ¿Será necesario acostumbrarnos a las balaceras? Las ciudades se reinventan. Los ciudadanos buscan de qué manera continuar. En el barrio de mi madre, la quema del Judas estuvo en entredicho hasta hace una semana. Celebro saber que mi colonia se unió y juntos seguirán la tradición tal como lo hicieron en la peregrinación de Diciembre.  De cierta manera, las tradiciones nos confieren identidad, por eso no debemos perderlas.

Y para coronar este viernes de tranquilidad, nada como ver, una vez más, como todos los años, una vez y otra vez, la película Los diez mandamientos.

Siempre la historia de Moisés resulta sublime. Es uno de mis libros favoritos de la Biblia. En la película, Charlton Heston vuelve a abrir las aguas del Mar Rojo y es uno de los pocos momentos en los que dejo de lado las palomitas para aplaudirle al sujeto mientras sucede el milagro. Moisés y la zarza que ardía. Moisés y su llamado en el Monte Oreb. Moisés y su fe llevando a su pueblo a la tierra prometida. Moisés, dejando su encomienda a Josué. Moisés y su muerte en la orilla del Río Jordán. Moisés construyendo Egipto. Moisés y las plagas. Moisés sobreviviendo en la cesta. Moisés acompañando el bordado de esta tarde hasta que llegó la noche y con ella, el descanso.

Lorena Sanmillán

El bordado: Día 40

April 17, 2011

Por alguna razón me gustan mucho los Domingos de Ramos. Me intriga, sobre todo, quién sería el dueño del pollino que montó Jesús. Suelo imaginar el momento, la algarabía, la muchedumbre. La cara del sujeto cuando le pidieron el burro. ¿Lo dio así nada más? Esto, desde luego, estableciendo el pacto ficcional que implica dar por cierta la anécdota. ¿Qué pensaría? ¿Soltó así nada más su herramienta de trabajo? ¿Recibió algún llamado espiritual al que no pudo renunciar? Los ritos siempre son interesantes. Aunque los que venden los ramos no siempre saben el por qué de cada cosa que hacen. Algunos sólo son comerciantes. Esto pienso mientras hago unas cuantas puntadas al mediodía antes de salir a casa de mamá. Hoy hay pretexto para ser espiritual. Cuarenta días de trabajo. Cuarenta, como la cuaresma. Cuarenta días de transformación entre los hilos y la tela.

Me llevo las cosas de bordar para seguirle en casa de mamá. Se sorprende por lo poco/mucho que he avanzado. Te vas a tardar como dos años, dice apenas verlo. La contradigo, me enojo, pero reflexiono y veo que tiene toda la razón. Por eso es madre. Llevo cuatro meses y apenas se alcanza a ver perfilada la cuarta parte. Osea que sí, aproximadamente dos años. No hay prisa. Hay cosas por las que vale la pena dar la vida.

Traigo volteados numerosos conceptos personales. Heridas terribles y cuestionamientos por resolver. Lo bueno es que la próxima semana es una de ésas de reflexión y de mucho trabajo. Trabajo, para anestesiar las emociones. Ahora a preparar la librería, el nuevo inventario, comparar números, escanear libros, hacer reseñas, promover. Continuar. Continuar. La promoción de la literatura regiomontana es uno de los trabajos más nobles que he emprendido. Tal vez no voy a las marchas, tal vez no acudo a muchas cosas, pero esta es mi trinchera y desde ella hago lo mío.

Lorena Sanmillán

El bordado: Día 39

April 16, 2011

Faltan exactamente cuatro meses para el cumple de Madonna. Mi criatura está por cumplir años. El 16 de Agosto es una fecha especial. La festejo, a distancia, poniendo una vez más el Confessions, que sigue siendo mi concierto favorito.

Para mejorar las noticias, hoy terminé de pintar la librería. Detallada, lijada, pulida y todo. Hoy terminé. Me cansé mucho, pero al ver los resultados compruebo que ha valido la pena. Ahora viene el trabajo de escritorio, para el que hasta he puesto una convocatoria en Facebook en busca de voluntarios.

Unas cuantas puntadas por la tarde, como premio por el gran trabajo. Más que relax, fue un diálogo hermoso entre la tela y yo. Creo que al final me voy a enamorar de la tela. Sigo el asunto de los cuadros, pero también las puntadas periféricas. Poco a poco. Avanza.

Hoy comenzaron el puente Américas. Y es un relajo el tránsito por acá por Guadalupe. Me parece muy acertado que lo hagan en vacaciones. Dicen que les tomará siete meses. Tomaré nota para darle seguimiento. Teóricamente habrían de terminar en Noviembre. Seguro aquí estaré. (Espero)

Lorena Sanmillán

El bordado: Día 38

April 15, 2011

Por fin, por fin. Después de semanas de lijado y pulido, después de empapelar y demás. Por fin hoy comencé a pintar la librería. Lo que más claro me queda es que blanco sobre amarillo no es buena idea.

Una mano, pareja, parejita,  al techo y las paredes. Descansar mientras se saca. Y en ese interludio, aprovechar para bordar. Ese momento mío donde en medio de la tela puedo ver tantas cosas. Pensar y repensar. Ese momento mío donde va apareciendo el bordado que mis manos van haciendo aparecer. Me encanta verlo crecer.

Otra mano al techo y paredes y repasar los detalles. Le sigo viendo muchos “fantasmas” a esta capa de pintura. Descansar y unas cuantas puntadas para continuar.

Hoy es el último viernes de labores para mucha gente, antes de comenzar el descanso propio de la Semana Santa. Ojalá la gente se anime a salir un poco, aunque entre la violencia y la deficiente economía que tenemos, eso es sólo un sueño. Ojalá que la gente se anime a recobrar su ciudad, sus paseos.

Traigo un dolorcito en el pecho, de esos dolores que no sabe curar la medicina. Rumiar el dolor no sirve para hacer buena digestión.

Lorena Sanmillán

El bordado: Día 37

April 14, 2011

Hoy fue un día atípico, en comparación con los que he tenido las últimas semanas. Desperté con tiempo para mí y pude hacer unas cuantas puntadas al amanecer. Bordar es también un tiempo de meditación, de comunión con los pensamientos, sentimientos e ilusiones. Me gusta y no es muy creativo resumirlo en dos palabras tan gastadas, pero así son las cosas. Me gusta, lo disfruto y ya lo quiero ver terminado.

Cuando la agenda se trastoca no sé muy bien adaptarme, he aprendido con el tiempo. Dibujé el día de una manera, pero las cosas no salieron como pensaba. La adaptación fue necesaria en cada punto de esta jornada un tanto fallida. El sol comienza a mostrar sus dientes, planea mordernos este próximo verano.

Llevé a papá a hacer un tramite. Fuimos a que sacara su credencial de elector nueva. Mi padre fue cartero toda su vida y aunque ahora olvida muchas cosas no deja de ser sorpresa y fascinación que recuerde una por una cada calle del centro de la ciudad. Yo estaba por consultar el Google Maps, él sólo hizo acopio de su memoria y dimos pronto con la dirección que buscábamos.

Cuando regresamos a casa, me senté a ver la novela con mamá. Los helicópteros la molestaron pues no la dejaban escuchar. Pronto nos enteramos de lo que sucedía. Hubo una balacera a tres calles de mi casa. Pasé por ahí por la mañana que llegué. Ahora, las misma acera que lleva mis pasos impresos se ha teñido de sangre.  Los chismosos del barrio traen el reporte completo, asustados. “Le dieron plomazos a tres pelados”. Dan el informe y corren. No sé si de miedo. No sé si para informar a los demás. No sé si porque son ellos los que probablemente sigan. Los helicópteros y las sirenas nos arrancan de la televisión y en vez de ver penurias ajenas, los ojos de mi madre ahora ven la ciudad a donde llegó buscando mejor fortuna en el estado en que se encuentra. Manuela no llora. Sólo reza.

El día, de perros, empeoró por la noche. A veces hay hilos que se rompen y no pueden volver a usarse. Yo no rezo, por eso lloro. Ya quiero que se termine Abril. En este mes nada más no he visto brillar mi estrella.

Lorena Sanmillán

El bordado: Día 36

April 13, 2011

Hoy me sentí mal. Muy mal. Desde el amanecer me dolió el estómago.  Mucho. Sólo atiné a hacer unas cuantas puntadas en la mediodía. Nada más. En la tarde-noche dormí temprano. Uy agotada. El asunto de la pintada no es algo sencillo.

Lo bueno de esto es que pasé todo el día de ayuno. Por la tarde, más puntadas, más por el relax que me provocan que por avanzar en el bordado.

Duele el cuello de pintar. Es fastidioso hacer lo mismo todos los días. Muy fastidioso.

Dos o tres patrones periféricos. No atino a terminar un cuadro completo. Hoy, dormir es una buena idea.

Lorena Sanmillán