Archive for the ‘Crónicas’ Category

Las piezas del rompecabezas van tomando su lugar

April 26, 2019

Texto ganador del PRIMER LUGAR en el II Segundo Concurso de Crónicas y Relatos del proceso electoral 2018 convocado por la CEE

La alarma del celular es la primera que cumple su tarea este día. El sonido me despierta temprano. Sonrío expectante. Este no es un domingo cualquiera. Sé que no seguiré mis rutinas dominicales como todos los fines de semana. No hay tiempo de remolonearme en la cama. Ni de leer los periódicos con parsimonia. Ni de hacer un café y tomarlo tranquila en el patio de mi casa. Tampoco bordaré. Hoy es el 1 de Julio de 2018, hoy son las elecciones que más ha esperado México -las más publicitadas y polémicas- y me he anotado como Observadora Electoral. Para participar en el cambio nacional, primero tiene que darse un cambio a nivel individual. Ése es el primer aprendizaje que evidencia este día. No se puede hacer un cambio sin poner algo de nuestra parte, sin sacrificar o postergar lo individual en pro del bien común. Así lo haré. 

Mi efeméride emocional del día es el aniversario de Germán Dehesa, quien hoy hubiera cumplido setenta y cuatro años y a quien disfrutaba tanto leer. Le he echado tanto de menos. Hizo mucha falta su pluma irónica y certera durante este proceso electoral. ¿Qué le hubiera dicho al Bronco? ¿Qué hubiera comentado de la renuncia de Margarita Zavala? ¿Qué opinaría de Meade? ¿De Anaya? ¡Cuántos chistes hubiera hecho con Riqui, Riquín, Canallín! A nivel local, también nos hizo falta Rosaura Barahona, con su comentario preciso e informado. Agradezco la presencia de Ximena Peredo, Margarita Ríos-Farjat, Felipe Díaz Garza, editorialistas de El Norte, que nos compartieron su mirada del proceso electoral.

Me harté de ser sólo partícipe del Facebook o Twitter -aunque reconozco que también es una forma de participar-. Sentí que no era suficiente opinar en las charlas de café. Sentí que no bastaba hablar sin hacer algo concreto. Quise hacer algo más.   Quise participar vivencialmente para ser testigo en primera fila, para dejar un testimonio de lo que sucedía, para ver con mis propios ojos si se hacía fraude y AMLO, el esposo de Beatriz, volvía a hacer drama. Quise participar para abandonar la apatía que parece anquilosada en nosotros, los mexicanos, expertos en quejarnos pero reacios para actuar. Quise ayudar. Quise colaborar y me siento muy orgullosa de ello. Quise participar para que nadie me lo contara. La historia quise contarla yo.  La historia quiero contarla yo.

La renuncia a mi comodidad de domingo también implica no abonarle piezas al rompecabezas que me regalaron una semana antes, con motivo de mi cumpleaños. Un rompecabezas cultural de México, de tamaño regular, mil piezas. Precioso. Está hecho para enamorarse de México. Muestra cada estado de la república con sus trajes típicos y los productos que identifican cada región. Los bordes, con grecas prehispánicas, están formados por los nombres de mexicanos ilustres: Frida Kahlo, Amado Nervo, Octavio Paz, José María Morelos, José Vasconcelos, entre tantos otros. Ha sido una delicia encontrar piezas de las pirámides, de El Chepe, el Cerro de la Silla, el cañón de Sumidero. Ha sido increíble tener en las manos la grandeza de mi tierra. Repasé mis clases de geografía y renacieron en mí las ganas de recorrer el país completo. Pero no, este día no es para entretenerme poniendo piezas en una mesa. Hoy es necesario ir a poner piezas en el escenario real. Dejar mi pasatiempo egoísta para dar paso a la construcción colectiva de mi país. Renunciar un poco al yo para construir el todos y en esta construcción del todos obtener en recompensa un yo fortalecido.

Prendo la pantalla -no tengo televisión local, ya no es necesaria-, en Youtube diversos canales cubren en directo la emisión de votos de los candidatos presidenciales y de los demás participantes en la elección. Se ve mucha participación ciudadana, todo en orden. No se manifiestan quejas. La gente está saliendo a votar. Mi emoción va en aumento. Me pongo la camiseta, el gafette y la gorra que me identifican como Observadora Electoral. Ya estoy lista para comenzar mi papel en esta elección.

Busco información de las casillas cercanas a casa, para hacer un mapa, trazar mi ruta y comenzar a recorrerlas. Salgo de casa cerca de las nueve de la mañana. Llevo agua conmigo, pues el calor está inclemente y necesitaré hidratarme.   Llego a mi casilla. Lo primero que me impresiona, es ver coches estacionados en la escuela, cuando de ordinario los domingos está vacía. Antes que nada, emitir mi voto, cumplir mi deber ciudadano, decir mi opinión.

Las prisas de la vida cotidiana hacen imposible la convivencia diaria entre vecinos, sin embargo me da mucho gusto saludarlos. Ven mi uniforme y me identifico como Observadora Electoral. Muy bien, dicen, dándome la bienvenida. La casilla está en la escuela Santiago Roel, a una calle de mi casa, en Jardines de la Linda Vista, Guadalupe, Nuevo León.

En ese patio donde los niños juegan, ese patio que está poblado de risas y gritos durante toda la semana, ese patio donde hacen las asambleas que escucho mientras trabajo, ese patio donde los niños aprenden a convivir y ejercen sus primeros encuentros con la democracia, ese domingo inusual los adultos estamos ahí, haciendo fila. Me dio mucho gusto contar delante mío más de veinte personas. Sentí la vibra de la participación ciudadana y me emocioné. No sé si el país entero salió a votar, pero me dio mucho gusto ver que mi barrio sí. Detrás mío también se iba formando gente. Como sucede en los funerales, los vecinos se saludan y se ponen  al corriente de la vida de los demás. Las elecciones también son un acto social. Un hombre le explica a su hijo que es lo que hace y lo conmina a participar. Los niños también saben que acuden a una fiesta cívica.

Toman mi credencial de elector y me entregan mis boletas. El salón donde los niños aprenden, fuera de reformas educativas y luchas de sindicatos, es el escenario para emitir los votos. En secreto y en silencio, en mi mampara, mientras de soslayo observo un poster que me enseña las vocales, emito mi voto. Voto por planes y personas, convencida de marcar mi cruz sobre los nombres que seleccioné. No voto por partidos, sino por ideas. Invalido mi boleta presidencial. Ninguno de los candidatos me representa. No me da el estómago para apoyar a ninguno de ellos. No obstante, no fue una decisión fácil. Votar por el menos peor, nunca fue mi opción. Además nunca encontré el menos peor. Cada día buscaba una razón para convencerme por alguno, y cada día encontraba múltiples motivos para seguir con la convicción de anular. Ojalá los votos nulos contaran como muestra de desaprobación y se instaurara un nuevo sistema que permita invalidar la eleccióno un mecanismo que haga que estos votos no sean desperdicio, ni, como se decía antes, ayuden al partido en el poder. Hace falta más información al respecto. ¿Qué pasaría si todos o la mayoría anuláramos? Por poner un ejemplo,  ¿seguirá ganando el que obtenga siete votos aunque veinte anulemos?

Una vez que emito mi voto, me quedo a observar por un rato. Pregunto si hay alguna anomalía. No. Todo está en perfecto orden. No hay representante de MORENA. Pregunto si saben dónde está la casilla más cercana y me informan que en el CECATI.

La tinta indeleble apenas se nota en mi pulgar, pero amerita su foto en Facebook. Al abrir el Fb, observo, con mucho agrado, que muchos de mis contactos están acudiendo a votar y que el comentario es unánime: muchas filas, mucha participación y todo en orden. Sigo sonriendo. Aplaudo la participación ciudadana, espontánea. Les doy muchos Like y conmino a la gente a votar. Los ojos del mundo están clavados en el proceso electoral. Con tanto medio de comunicación ciudadano, será más difícil hacer fraude.

Vuelvo a mi coche, el agua que llevo está a punto de convertirse en caldo, pero es necesario hidratarse. Sudo a mares y apenas es mediodía. Comienza la aventura. Me dirijo al CECATI.

Escucho las alertas de mis grupos de WhatsApp, las dejo pendientes. Al rato las leo. En el CECATI hay más de cuarenta personas en fila. No reportan alguna anomalía. La gente se ve contenta. El paletero del barrio también está feliz pues ha tenido muchas ventas. Como si fuera una fiesta patronal o un espectáculo, los vendedores también siguen su guión. Cada uno, desde nuestro papel, participamos en este suceso. Le pregunto si ya votó. Orgulloso muestra su pulgar, lo levanta en clara señal de triunfo.

De ahí voy a la casilla de la UPN. No llegaron los funcionarios oficiales. Tuvieron que hablarle a los suplentes. Los vecinos están molestos por la falta de los oficiales, pero contentos de participar. Me tratan con mucha amabilidad y siento un dejo de respeto. Celebro que el INE tenga aceptación entre la gente. Celebro que estemos confiando en el proceso electoral. La gente llega en silla de ruedas, con muletas, endomingados, perfumados, bien vestidos, fodongos que se forman enseguida de gente de traje. Hay un desfile de modas donde se aceptan todas las vestimentas, desde las cotidianas hasta las deportivas. Aunque solemos hacer gala del sentido del humor, no veo a nadie disfrazado. No veo tampoco mucha gente de blanco, como habían sugerido los de MORENA.  Quizá vienen del almuerzo familiar o van a la comida con la suegra. Vienen solos o acompañados. Todos vienen a votar. Desde mi corazón de pollo no puedo evitar emocionarme al ver a la gente participar. En sus ojos hay esperanza. Nadie parece forzado. Están aquí con una convicción. Esperan lo que tengan que esperar, no hay fastidio. No nos conocemos, pero nos saludamos y sonreímos. Sabemos que estamos haciendo algo importante.

En la escuela Adolfo Prieto refieren que han comenzado tarde. Me siento un momento bajo la sombra de un encino. Reviso el WhatsApp, mis contactos también comparten su foto del pulgar, hasta los que menos imaginaba. Monterrey, Guadalupe, Apodaca, participan. En esta escuela hay un problema porque es tanto el padrón que tienen que dividirlo en dos. Discuten y solucionan. Alguien hace un letrero y comienza a informar en la fila. Confían en sus vecinos. Volvemos a ser ciudad. Dos chicas se saludan ¡Nada más nos vemos en las elecciones! Comienzan su plática y la discreción me indica alejarme para que ellas disfruten su encuentro sin testigos. ¿Es el chiquito? ¡Ya está enorme!

El coche está ardiendo. El sol hace su trabajo previo a la canícula. Un ensayo del calor que se avecina. Nuestra pequeña dosis de infierno no detiene el ímpetu cívico. Doy vueltas alrededor de las casillas para ver si detecto algún camión con acarreados. No hay tal. Los ciudadanos acuden por su propia voluntad. En la escuela secundaria 108 T.V. señalan que todo va de forma normal. Quieren mostrarme lo que han hecho, se presentan todos conmigo. Agradecen mi visita. La transparencia es ciudadana, fuera de todo lo institucional. Van más allá de la amabilidad cuando me ofrecen agua, refrescos y comida de su refrigerio. Acepto el agua. Platico un rato con ellos. La fila no se detiene. Con excelente humor dan la bienvenida, se ponen de acuerdo para la jugada de la semana y se alegran de que ya se les haya pasado la gripa que tenían hace varios días. Algunas madres permiten que sus hijos depositen las boletas en la urna. Enseñan a sus hijos a ser participativos. Aún hay esperanza.

En la escuela Rafael Garza Livas abrieron a las 11:18 porque no hubo tinta indeleble en el paquete que les entregaron. El presidente de la casilla fue a pedir a otra. No hay pretextos. El proceso debe seguir. Los ciudadanos en la fila esperaron pacientes. No falta la vecina argüendera que organizó una taquiza mientras esperaban. Los mexicanos vivimos a tope nuestra paradoja: podemos hacer trampa si alguien se descuida, pero somos absolutamente solidarios cuando se presenta una necesidad.

Así, recorro varias casillas. Mi recuento es gente amable, participativa y respetuosa. Mi morbo se decepciona, pues no hay nada terrible que reseñar. Me siento muy contenta por mi país. Los problemas son mínimos y la gente los soluciona en el camino, sin argucias, sólo con astucia para continuar. Saben que están haciendo algo importante. Saben la relevancia que tiene su trabajo. Más que emocionada, ahora estoy esperanzada. Ésta es la gente que México se merece. Ojalá fuéramos ciudadanos de tiempo completo y no solamente en las elecciones.

Son las 15:44 y tengo hambre. Voy a comer a un restaurante que me encuentro en el rumbo. Me quito la gorra, pero llevo la camiseta. El mesero viene a atenderme. ¿Observadora Electoral? Sí. ¿Y qué hace? Pues eso, observo. Bromeo con él y después le explico brevemente en qué consiste mi trabajo. Qué bueno, dice el hombre, hay que estar pendientes. El restaurante está lleno. Reconozco algunos rostros que me he topado durante el día. A las actividades del domingo, le sumamos ir a votar. Responsabilizarnos por el futuro del país. Las familias conviven. Esto es lo que llamamos vida y la vida es toda.

Mientras disfruto mis alimentos, recuerdo conversaciones, discusiones, me preocupa el país dividido, la desigualdad, recuerdo el primer mitin al que fui, a mediados de los años ochenta, cuando Fernando Canales Clariond buscaba la gubernatura de Nuevo León. Fue muy impactante para mí cuando cantamos el himno nacional en la Macroplaza recién estrenada. El pueblo cantando al unísono aquello que hace vibrar nuestras fibras más ancestrales. Esa fuerza no puede detenerla nadie. Yo tenía doce años, pero ya tenía algo de conciencia de lo que era el poder político. Pienso en Nuevo León. En la elección fallida del Bronco y en cómo los sucesos lo llevaron a ser gobernador. Realmente no lo queríamos a él. Se concatenaron una serie de eventos entrópicos y equívocos que lo llevaron a ser gobernador de un estado como el nuestro. Ivonne Alvarez no era opción. Fernando Elizondo declinó a su favor -después lo abandonó-. Estábamos hartos de Rodrigo Medina -impresentable e improcesable- y Jaime Rodríguez brindó una salida, un espejismo. Se equivocaron quienes votaron por él. Por eso vuelvo a la importancia de los votos nulos. Ha sido una falacia su candidatura presidencial llena de vergonzosas trampas que él insiste en defender.  Su vida política es un compendio de cinismo, aunque suene a pleonasmo. Viene a mi mente Amado Nervo y su poema, Vale más errar creyendo… Vale más errar creyendo que errar dudando… quizá se repita la historia con el esposo de Beatriz, a quien se le adosan tantas esperanzas. Quizá yo le hubiera creído si él hubiera renunciado a hacer precampaña, puesto que hace muchísimo tiempo que es el único candidato. Eso habría sido un claro indicio que hace las cosas diferentes. Pero no, se sumó a la simulación, volviéndose igual que todos. Me daría mucho gusto que pueda cumplir todo lo que ha prometido, aunque lo veo muy difícil. Me daría mucho gusto poder decir Me equivoqué. México se merece ser el país que le ha prometido. Quienes creen en él se merecen que no los traicione. Tiene tanto en contra y no será una tarea fácil. Tampoco es trabajo para una sola persona, necesitamos poner de nuestra parte. La corrupción somos todos. Es más de lo mismo, me digo, para terminar mi soliloquio.  La verdad es una: México quiere un cambio. México necesita un cambio. México es maravilloso. México quiere que se escuche su voz interior. Termino la  comida y pido la cuenta. El mesero me dice que es cortesía. Me sorprendo y me niego. Dijo el patrón que no le cobráramos. Dígale al patrón que venga. Me quiero negar y también se lo quiero agradecer. Me viene muy bien. En este país, aún con dos maestrías, apenas me puedo permitir el lujo de comer en restaurantes de vez en cuando. Viene el patrón. Me niego a recibir el obsequio. El patrón insiste: Usted ha estado trabajando todo el día por nosotros, es lo menos que podemos hacer para apoyarla. Le agradezco el gesto y nos damos un abrazo. Es lo más humano que me ha sucedido este domingo. Alzo un poco la voz y agradezco a los presentes el haber acudido a votar. La gente aplaude. Nunca pensé que ser Observadora Electoral me daría tal satisfacción. Han alimentado mi cuerpo y también mi alma.

Vuelvo a las casillas que tengo cerca. En una de ellas faltan cincuenta personas para votar. Como son conocidos, les llaman por teléfono o por WhatsApp. Están cansados, pero se nota el entusiasmo. Comienzo a darles las gracias por participar a todas las personas que encuentro. 

En otra casilla me pregunta un hombre dónde puede votar. Es foráneo. Le digo de las Casillas Especiales. Noto su desesperación y también me exaspera su falta de información. Con absoluta paciencia le indico que puede hacerlo en la Central de Autobuses y en algunos hospitales. A ver si alcanzo, me dice. Toma su coche y va a ver si puede votar. Espero que lo logre.

Hay esperanza. Hay ganas de participar. Dan las 18:00 horas. Hay algunas personas aún haciendo fila. Los funcionarios indican Hasta aquí. No hay trampas. Los que llegaron tarde aceptan. Sólo algunos protestan. En esta casilla el criterio no es elástico. Cierran. Ni modo, chulita, te hubieras apurado, dice una vecina a alguien que va llegando.

Comienza el recuento de los votos, con la puerta y ventanas abiertas aunque el minisplit apenas se dé abasto. Con total seriedad abren la primera urna. El presidente invalida las boletas de quienes no han asistido. Los secretarios y escrutadores comienzan a acomodar los votos. Observo en silencio, aunque pudiera decirles algunas cosas que lo faciliten. Mi papel es sólo observar.  Sudan, están cansados, toman Coca Cola y agua, están en lo suyo. Hay envolturas de galletas y fritos a su alrededor. Tienen en sus manos la voluntad del barrio y actúan en consecuencia. Observo el conteo. Decido volver a mi casilla, a mi casa.

Me reciben con gusto. Vuelvo a saludarlos y animarlos. Tomo asiento en un pupitre escolar. Apenas quepo. El paso del tiempo convierte en recuerdo la vida. Realmente me siento muy feliz de verlos cómo hacen el conteo, cómo informan a los representantes de partido. Todo sucede con absoluto respeto y transparencia. Si no alcanzan a anotar, repiten lo que han dicho. Todos los presentes están conformes.

En mi casilla, en la elección presidencial, tiene 156 votos el PAN, 56 MORENA, 41 el Bronco, 25 el PRI y hay un voto nulo, el mío. Fui la única que decidió que no podía votar por alguien. También eso cuenta. Los demás y las coaliciones, obtienen menos de 10 votos. Aplaudo el conteo. En la elección municipal, va ganando el PAN. Seguirán su conteo. Ya pasa de las diez de la noche. Decido ir al Centro de Concentración Municipal. 

Llego al Centro de Concentración.  Aún no ha llegado nada. Observo muchos jóvenes participando. Me encanta. Nos saludamos. Nos abrazamos. Estamos sudados, olemos a un día de jornada electoral, hay restos de comida en algunas mesas. Ha sido un día muy largo.  Hay una vibra interesante e intensa en todo este proceso.

Me avisan por mensaje que Meade ha reconocido el triunfo de AMLO. También me dicen que en Puebla hay problemas. Anaya también reconoce su derrota. El Bronco no ha ganado ni en la casilla de su barrio. Sucede algo inédito mientras recorro las calles del municipio que habito. La gente está interesada, viendo las noticias en la televisión. Los vecinos comentan, platicamos en la banqueta.  No me doy cuenta cómo pasa el tiempo. Ya son más de las doce de la noche. Estoy cansada. Ya no puedo más. Ya no espero la llegada de los paquetes electorales. Regreso a casa. Me duelen los pies. Huelo a cabrito marinado. Me quito la camiseta que me ha acompañado todo el día. Huele a triunfo. Hemos vencido la apatía. Entro a mi estudio. El rompecabezas me habla. No resisto la tentación. Mientras escucho los conteos preliminares, acomodo algunas piezas. AMLO, virtual presidente electo,  llega al zócalo de la ciudad de México y la gente lo aclama, al tiempo que le gritan ¡NO NOS FALLES! Se dice que ha participado más del 50% del padrón electoral. Siento, creo, atestiguo, que las piezas del rompecabezas están tomando su lugar. ¡Felicidades, México!

Rompe Cabezas Andante

Lorena Sanmillán

Advertisements

El bordado Enero 6 de 2013

January 6, 2013

Es el primer domingo del año y voy de visita a casa de mi mamá para comer y bordar. Más para bordar que para comer. Me gusta el ritual de bordar en el comedor mientras mi hermana plancha la ropa y mamá continúa con el trajín de la cocina. Son los sonidos que más han acompañado a este bordado. Es la atmósfera que lo envuelve puntada tras puntada.

Este es un domingo peculiar. No hay sobrinos en casa, excepto la Nay. Supongo que están de visita en la casa de sus otros abuelos para partir la Rosca de Reyes. Yo no quise comprar. Me pareció excesivo el precio de $230.00 una familiar -relativamente pequeña- y a fin de cuentas, ni a mis hermanos ni a mi mamá les gusta. Tampoco tengo ganas de chocolate.

En la cocina, preparo unos tacos de barbacoa, mientras mi hermana prepara unos de picadillo. Anoche se cayó en una banqueta cercana a su casa y se partió la nariz. Tres puntadas le significó ese mal paso. Se ve hinchada, afectada. Me conmueve. Con todo y eso, no puedo contener la risa cuando me platica cómo sucedieron los hechos. Lo cuenta tan simpático que hasta quiero verla caerse nuevamente. Reímos juntas.

Esa risa me relaja. Pasé la mañana limpiando la lavandería. Los Poncianos colonizaron el espacio y marcaron territorio. Levanté la suciedad con una espátula y pasé el trapeador. La casa, sin embargo, sigue oliendo a perro. Ya nada más nos quedan cinco. Esta semana se irán otros cuatro, sólo me quedaré con una, esperando que su dueña vuelva de las vacaciones.

Estoy encantada leyendo “El pergamino de la seducción” de Gioconda Belli, que habla de la pasión de Juana la Loca y Felipe el Hermoso. Su nivel de narrativa es exquisito y ese tinte de erotismo no admite ni siquiera comparación alguna con “Sombras de Grey”. Háganme favor. Gioconda sabe escribir, además tiene la suficiente pericia para separar la voz de autor y convertirse en voz de personaje, permitiendo a Juana la Loca, princesa educada para ser reina, que nos cuente con sus propias palabras cómo fue su primera vez con Felipe el Hermoso. El placer estético se instala sobre el placer erótico. De pronto tengo antojo de un Carlos V. Son interesantes las relaciones entre conceptos en apariencia disímbolos.

En el bordado decido irme por orden. Hay dos puntadas que me están haciendo ruido desde ayer. Dos puntadas que han quedado aisladas entre una de la partes. Comenzaré por ahí y me iré por orden. Una detrás de otra emulando los movimientos de una podadora o de una bordadora regiomontana. ¿Llevas dos años con eso? Eunice pregunta. ¿Quieres más puntadas en la nariz? Le contesto alzando la aguja.

Tiene su chiste -vaya que si lo tiene- hacer las cosas como las hago ahora. Me toma más tiempo pero se ve más lindo. Vale la pena hacerlo mejor.

Eunice me ofrece unas galletas de limón, de esas que ahora son Emperador pero que en mi infancia se llamaban Piruetas y tenían forma circular. Supongo que todas las hacen bajo el mismo molde para ahorrar tiempo y recursos. Saben a muchas tardes de jugar al Uno con Celina, mi compañera de secundaria. ¿Qué será de ella? Tantas vidas que nos cruzan y de pronto no sabemos más. El limón como ingrediente en la cocina sigue siendo impresionante, pienso al tiempo que muerdo una galleta y mi sobrina deja caer gotas de limón sobre sus tamales. Nadie extraña la Rosca ni han preguntado por el chocolate.

Cuatro puntadas seguidas es todo un logro en este momento. Mamá cuenta que anoche balacearon a un sujeto en la calle de atrás. De alguna manera nos hemos ido acostumbrando a estas noticias. Dejo que se pierda mi vista entre tantas cosas que hay en casa, Manuela continúa su relatoría. Veo la puerta donde antes marcábamos nuestras estaturas, ahora pintada de verde botella. El rincón donde cada domingo me ponía a bolear los zapatos de todos mis hermanos. Una fila de zapatos, todos negros. Los míos, al final, quedaban como espejo. Parece que esto de ser rutinaria es una constante en  mi vida. Hay rutinas que ayudan a llevar orden, control, que son de beneficio y hay rutinas que atan. Espero tener siempre la sabiduría para distinguir la diferencia.

El pensamiento no está peleado con las acciones. Continúo bordando. Pienso también en el compromiso de publicar los propósitos, en el ejercicio de seleccionar los Top Ten Moments del 2012, los blogs pendientes, las crónicas, los poemas. Muchas letras que están garabateadas por ahí -hasta en la mente- y que ahora están pidiendo a gritos salir a la luz. Necesito esta rutina, esta disciplina para escribir.

Las puntadas siguen en el bordado. Cada una que hago es una menos que falta. Cada una que hago es para no repetirla. Me gusta irlo viendo cómo se completa. ¿Qué pasará cuando lo lave? Prefiero no investigar por ahora. Ahora sólo me resta avanzar, despacio, con mucho cuidado. Con mucho esmero. Con mucho amor. Ensarto un color que es la primera vez que lo uso y, por lo tanto, no tenía una aguja para él solo. A estas alturas aún estrenando colores. Vaya pues.

Esta temporada he recibido varios regalos y son muy pocos  los que he dado. Recibí una cámara fotográfica, una pijama, una jirafa, una bata de baño, una mascada, una bufanda, plumas, chocolates, mermelada y una agenda de Angry Birds. He estado en un momento de introspección, con muy pocas ganas de salir, literal y metafóricamente. Ahora que escribo y pienso esto me pregunto, en este diario del bordado, en estas crónicas, en estos textos ¿qué queda para la intimidad? Tal vez sólo quedan los silencios y el boceto del pensar. Eso queda. Eso quedará.

bordado enero 6

Lorena Sanmillán

El bordado Enero 4 2013

January 5, 2013

Apenas escribir la fecha y escuece saber que ha pasado tanto tiempo desde la última escritura, desde la última puntada. Sin embargo sé que cada escrito tiene su tiempo y me da mucho gusto saber que Los Bocetos mañana sábado retomaremos nuestro Taller de Escritura.
Los pendientes de escribir me persiguen. No ha sido un año fácil. ¿Cuál, de mis 39, lo ha sido? Tal vez sólo los primeros, cuando todo estaba dicho. Que hayan sido fáciles no quiere decir muchas otras cosas que pueden pensarse por implicación.
El caso es que este 2012 no fue fácil escapar tiempo para pasar en limpio las notas del Moleskine y aunque ahora cuento con un Moleskine digital tampoco le he escrito gran cosa. Tampoco he tenido mucho tiempo para bordar, sobre todo en el último trimestre del año. También he necesitado tiempo para mí, para el silencio, roto a veces con la fuerza del sentir que se convierte en Tweegram. Éste es otro proyecto interesante que ha de ver la luz.
Aquí estoy, con 4 grados centígrados volviendo a bordar y a escribir. Contra lo acumulado sólo me resta avanzar, contra lo nuevo lo que puedo hacer es que no se acumule.
El bordado es uno de mis proyectos para este año, tal como lo ha sido en los años anteriores. He de verle el final, porque lo quiero hacer por mí y porque lleva dedicatoria.
Tengo las manos frías cuando comienzo a bordar. Recién regreso de la calle y lavé los trastes de la comida. Suficiente frío para que las manos sigan afuera de sus guantes.
Hace rato me pasó uno de esos momentos mágicos que me enternecen. Les llevé chocolate al Alejo y Lalo (su ayudante). Chocolate Abuelita hecho con toda la mano, suficiente leche y espuma del molinillo. Pan de dulce para acompañar. Cuando Alejo lo probó no pudo ni quiso disimular su asombro. Del fondo de su garganta -quizá de su alma- surgió un profundo “Nunca había probado un chocolate así”. Sobreviven con salario mínimo y se la pasan bien, comiendo lo que pueden. Ha sido un gusto llevarles chocolate. Valió la pena el detalle.
Cuatro puntadas. Resulta fácil volver a agarrar el hilo al asunto. Muchas cosas han pasado desde la última sesión de bordado. Ya habrá forma de ir poniendo todo al corriente. Esto de los pendientes sólo se arregla trabajando.
Hoy es un buen día para volver y comenzar y, por ello, avanzar. Seguir hasta terminar.
He leído el primer libro del año. “Justicia” de Laveaga. Me da más pena reconocerlo que el de Sombras de Grey. Este último es el best seller del que todo mundo habla y Justicia fue recomendación de una sola persona. Libro obviable, aunque buen compañero en la fila de cuatro horas para pagar la Tenencia y el Refrendo de mi coche. No lo recomiendo para nada.
Por la mañana compuse la bicicleta fija. Me urge bajar de peso. Subí tres kilos desde noviembre y necesito bajar esos y bajar, por lo menos, otros cinco más. La cosa es que con el frío da mucha hambre.
Twitter tuvo 8 Poncianos. No supimos de quién son hijos. Hoy por la tarde se llevaron a la primera perrita y mañana vendrán por otros tres. Poco a poco se irán yendo. ¿Twitter sentirá algo? ¿Los echará de menos? Tal vez sea la naturaleza tan sabía que ya sabe que al poderse valer por sí mismos ya se pueden ir a buscar su vida, mientras muchos humanos siguen viviendo a expensas de sus padres aunque sean mayores.
Veo los estatus de Facebook y pienso en la obsolescencia del tiempo real. Lo que pasa muchas veces no se queda. Machado nos podría orientar desde su tumba. Bordemos pues, que hay muchas historias por contar, que el mejor cuadro se puede lograr a diario.
Silencio. En casa hay silencio. Disfruto mucho, muchísimo el silencio y la soledad. Sólo se escucha la lluvia y me encanta ese sonido.
Me lleva media hora hacer cuatro puntadas más. Definitivamente este bordado se entregará enmarcado. Hay que volver a tomar el ritmo, no se podrá avanzar de otra manera.
De pronto me ha venido a la mente Germán Dehesa. ¿Alguno de sus lectores lo echó de menos en Navidad? Era grinch, según recuerdo.
8 puntadas más. Hora y media y muy poco avance. Pero es avance.
Las contaré, a ver cuántas me faltan para llegar a la mitad. Tal vez las pueda completar para Febrero, cuando se cumplen justos dos años que comencé El Bordado. ¿Significará eso que me tomará cuatro?
571 puntadas. Basta de elucubraciones. Este proyecto tomará el tiempo necesario. Se hace por amor y es por amor que habré de terminarlo.

Lorena Sanmillán

20130104-223651.jpg

El bordado 30 de Septiembre de 2012

September 30, 2012

Este día amanezco con el deseo, la necesidad de bordar. Ha pasado algo de tiempo desde que, por una cosa o por otra, no he podido hacerlo y sé que se avecinan tiempos de mucho trabajo donde quizá no haya tiempo para este espacio de paz que me concedo cada semana. Se ha tratado de cuestiones relativas al trabajo y la librería, situaciones que implican tiempo, dedicación y que no es fácil postergarlas. En 13 días comienza la Feria del Libro y sobre nosotras pende la responsabilidad del Pabellón de Editoriales Independientes. Las cosas se logran haciéndolas. Nada más.

Melina está invitada a almorzar. Vamos a festejar -a destiempo- su pasado cumpleaños. Se fue al mar, a su tierra, para reencontrarse con los suyos. Esa es una buena manera de celebrar. Almorzamos barbacoa y sus recuerdos de infancia fluyen en medio de una tortilla de harina. Hay gente que se reencuentra con la felicidad en diversos espacios. Es lindo cuando saben compartirlo por medio de las letras.

Después del almuerzo, trabajamos en los Tweegrams. Quiero hacer un poemario con ellos. Un compendio o algo similar. Necesito hacer cosas con mi propia escritura, no solamente apoyar la escritura de los demás. He ahí el compromiso interno.

El dinero, el trabajo, siguen siendo las variables que determinan el tiempo. La Feria comenzará en 15 días y aún no tenemos nada amarrado con certeza. No pasa nada. No es la primera vez que camino sobre arenas movedizas y todo sale bien. Sólo ahora el compromiso es mucho mayor que antes, conmigo, con Edna, con Armando, con el Tec, con los editores.

Bajar de peso cada vez me parece más una utopía que un sueño posible. Sin embargo, continuaré con mis intentos. No es algo que piense dejar de soslayo. Preciso decir que es menester mucha voluntad para lograrlo.

En el bordado, me siento perdida e inmovilizada. Voy a cambiar de área a ver si así. Se me está complicando mucho hacerlo. Quizá es porque tengo demasiadas cosas en la cabeza y en vez de que signifique paz me está simbolizando lo contrario. Cada puntada es un paso certero. Cada puntada vale. Una por una.

Cuatro puntadas surgen de estas cavilaciones. Sigo, cambio el área. Cambio los tonos, los colores. Todos son parte de lo mismo. Cada una de las partes son las que vienen a hacer el todo. Sé que ya lo dije en más crónicas, pero es necesario reafirmarlo: en los detalles es donde se verá la diferencia. Por eso vale la pena hacerlo a conciencia. No -y nunca- sin ganas.

Quiero un pantalón de raya de gis para ir al concierto de Mi Criatura.  Me encanta cómo se ve con el modelo que utiliza para Vogue, su canción emblemática. ¡Qué inolvidable momento cuando entró al estadio en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl! Vaya forma de adueñarse del escenario y de todas las miradas. Decidió abrir su show con una canción que se ha convertido en clásica porque aduce a conceptos que son repetitivos en distintas épocas y contextos. Que nos hermana. Que nos empatiza. Y sí, nos retrata. Le pido a mi hermana Eunice que me haga el pantalón. Espero poder contar un final mucho mejor que la última vez que intentó confeccionarme algo.

http://www.youtube.com/watch?v=1ynpiUigx28

A estas alturas, el bordado y lo que implica, amerita reconocer que me siento un poco triste. Agobiada. Cargué con muy poca pila hoy. Son los pendientes los que me persiguen. Creo que es tiempo de volver a casa. Me duele pensar que vienen momentos de poco bordado. Por eso mismo hay que disfrutar los que sí se tienen.

Lorena Sanmillán

83 Oscar’s Ceremony

February 28, 2011

17:50 Alcanzo a comprar cervezas y palomitas en el Oxxo cercano a casa de mamá. Aún me falta llegar a casa.

18:03 ¿Por qué, dios mío, por qué? Le han regalado un Cara de Oque a mi vecino y decidió estrenarlo hoy.  Justamente hoy.

18:14 La nueva carga de la lavadora está en proceso. El requeteté de Cenicienta sigue en su apojeo.

18:34 Nuevamente jabón blanco a la ropa del mismo color. Necia y neurótica hasta decir ya no más.

18: 47 No he visto más que una de las películas protagonistas de esta noche. No tengo la menor idea de quiénes son los nominados. Ni nada.

19:21 Ya están las palomitas. A ver qué hay en la alfombra roja. Después de Juay de Rito ya da igual el asunto de los traductores simultáneos.

19:25 Mi vecino insiste en ser la reencarnación de Valentín Elizalde. Casi lo consigue. Es más, se sobrepasa.

19:30 Comienza el asunto. ¿Hace cuánto que no voy al cine?

19: 35 No veré El cisne negro.

19:36 ¿Qué tiene qué ver  Baldwin con la ceremonia de este año?

19: 37 Hathaway y un sujeto aparecen en escena. Extraño vestido. Lindo tono de cabello y lindo peinado. No entiendo los chistes. Ese humor gringo tan extraño.

19: 41 ¿Lesbianas que bailan? What?

19: 42 Tom Hanks. Lo que el viento se llevó. Premonitorio. Titanic. Ush. Alice in Wonderland se lleva la primer estatuilla.

19: 46 Je. Je. Absolutamente descontextualizada del asunto.

19:47 Inception se lleva un Oscar por Cinematography.

19:52 Kirk Douglas. Lo que queda de lo que era. Valor espartano al pararse en el escenario.

19:54 Natalia Jiménez, región 4, llega a hacerle compañía a Valentín Elizalde.

19:57 La ganadora de Mejor Actriz de Reparto chocó con un espejo antes de ir a la ceremonia. Los fragmentos se le incrustaron en el vestido. Gusto en conocerte, Melissa Leo. Celebro las emociones.

20:03 Lost Thing. Animated short film.

20:05 ¡¡¡Valentín Elizalde, abandona ese cuerpo!!! Primera llamada.

20:06 Toy Story 3. Ésa sí he de verla.

20:13 A Javier Bardem le dieron un saco más pequeño del que normalmente usa. Qué cerrada tiene su barba. Penélope sonríe.

20:14 Social Network, mejor guión adaptado. Tal vez pueda verla.

20:28 Mejor guión original para “El discurso del rey”. Inception, sorry.

20:25 ¿Quién es ese-esa vestida de magenta? Madre santa.

20:26 Órale. México tiene película nominada. Quién los aguantará si ganan.

20:27 Dinamarca. In a bettter world.

20:29 La presentadora de Mejor Actor de Reparto porta un hermoso vestido strapless bicolor. Lindo modelo.

20:30 Grace avisa que queda una hora para que comience su programa. Ouch. ¿Dónde lo podré ver “online”?

20:32 Christian Bale, por “El peleador”. ¿Por qué “El peleador”, no podrían traducirlo como “El luchador”? Barba pelirroja y cabello negro. ¿Está en personaje?

20:40 Kidman. ¡Qué extraño se le ve el vestido! Qué hermosa cuando encarnó a Virginia.

20:43 Red Social. Original Score. Me llama la atención verla. Quizá. Quizá como Eduardo, cuando la pasen en Golden Channel.

20:46 Una mujer le da un beso en los labios a la mujer que se gana el Oscar a Mejor Mezcla de Sonido. ¡Bien! Inception.

20:49 Inception. Mejor Edición de Sonido.

20:55 Blanchet. Qué guapa. Extraña belleza. Extraño vestido.

20:56 Baker. The Wolfman. Makeup. Nadie ha sacado papelito para su discurso. ¿Ya estará prohibido?

20:58 Alice in Wonderland. Diseño de vestuario. Ya sacó papelito. Parece que lo invoqué.

20:59 Valentín Elizalde ya abandonó el cuerpo de mi vecino. Gracias.

21:02 Spacey. Me cae bien este sujeto. Presenta las canciones nominadas. ¿Hace cuánto tiempo estuvo Madonna ahí? Todavía era en lunes y en esa noche, como ahora, tenía cerca de mí un pastel de limón.

21:13 Mejor cortometraje de documental.  Strangers no more.

21:15 God of love. Mejor Documental. El sujeto saca su papelito para leer su discurso.

21:21 Documental. Inside Job.

21:32 Grace cambia el canal de la televisión. Sigo la transmisión por internet.

21:33 Inception. Efectos visuales. Bien! ¿Se nota que es la única película que he visto?

21:36 Red Social. Mejor Edición.

21:44 Más música. Más canciones. Más aburrido.

21: 47 Mejor canción original. Toy Story. Hay que verla. Rentarla. Now!

21:52 Celine Dion, preciosa,  y el recuento de los que ya no están. Se fueron, pero quedan las escenas para recordarlos. Lágrima. Halle Berry, qué lindos pendientes.

22:02 Qué lindo vestido azul el de la presentadora. Hilary Swank, revivida, aparece para presentar otro premio.

22:04 Mejor director. El discurso del Rey.

22:07 Homenaje.

22:11 Ya vi bien el vestido. No. No me gusta tanto. Lo que me gusta es el color azul nivea.

22:15 Mis compañeros de transmisión me avisan que ya están viendo “Teresa”. Me dan miedo, mucho miedo.

22:17 Mejor actriz. El cisne negro. Se extiende en su discurso. Déjenla hablar. No todos los días se gana un premio. Natalie Portman, embarazada. Dice Adriana Uvé, en su facebook, que las embarazadas siempre ganan.

22:20 WOW! Sandra Bullock! WOW! Lady in rojo quemado. WOW!

22:25 Mejor actor. Colin Firth. El discurso del Rey.

22:36 Mejor película. El discurso del Rey.

22:40 Un coro de niños cantan. Yo sólo  lo veo, por alguna razón mi computadora no tiene sonido.

22:41 Salen todos los ganadores de la noche, con su estatuilla en la mano. Qué sueño.

22:42 Despiden la transmisión.

22:47 Debí haber visto el final de Teresa. Ahí estarán los comentarios de la semana. Esta ceremonia pasó sin gloria y con mucha pena.

Lorena Sanmillán

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una noche como otra cualquiera

February 9, 2011

Recibes una llamada y vas de noche a ver a tus clientes.

Aún no deciden sobre el proyecto que cinco veces has presentado.

Te toma casi tres horas resolver sus dudas, intentar convencerlos.

Echas mano de todos tus argumentos, persuades.

Sales rumbo a tu casa.

Harás de nuevo el plano. Explorarás ideas.

Ves una patrulla atravesada a media calle.

Alguien te echa la linterna. No entiendes la señal.

Te pasas.

No sabes que cometiste un error.

Cincuenta metros más adelante, de nuevo la linterna.

Te detienes.

Sabes que cometiste un error.

Te preguntan tus datos generales.

Te apuntan con una arma larga.

¿Qué haces ahí, a estar horas? ¿A qué te dedicas?

Enciendes la luz interior del coche. Contestas.

Levantas las manos, como te ordenaron.

Respondes sus preguntas. Te explayas en los detalles.

Muestras tu cédula, tu escalímetro, tus planos.

Algo de lo que dices los convence.

Váyase con cuidado, te dicen.

Te tiemblan las manos.

Conduces hasta la salida del fraccionamiento.

Tienes la boca seca.

Llegas a tu casa.

Las perras celebran tu llegada.

Duermes inquieta.

Lees el periódico por la mañana.

“Revientan cuatro casas de seguridad”, dice el titular.

Sobreviviste.

Sobreviviste a esta guerra.

A esta guerra que no es tuya.

Lorena Sanmillán

Sabines tiene razón

January 20, 2011

Transito en mi coche sobre Madero, rumbo a Guadalupe.  El tráfico, a la altura de Fundidora convierte el Panda en una estampa inmóvil sobre el asfalto. Una voz interior me dice: No te desesperes, ¿llevas prisa?, ¿te espera alguien? Resuelve los pendientes, repasa tu día, dale una hojeada a tus planes, aprovecha los tiempos muertos, palomea pendientes aunque sea mentalmente… Mi silencio esconde el coraje, tiempo perdido, si lo que necesito son tiempos vivos para alcanzar lo inalcanzable. Y de pronto, entre las columnas del metro, aparece. Hermosa. Ya no hay prisa alguna, ni cosas por hacer. La señora Luna reclama la mirada. Está bellísima. Igual que ayer. Qué importa entonces otro rojo, si frente a mí tengo uno de los más hermosos espectáculos que me ha tocado ver.

Sabines tiene razón:

Para los condenados a muerte

y para los condenados a vida

no hay mejor estimulante que la luna

en dosis precisas y controladas.

p.s. Fotografía tomada del Facebook de Angélica Figueroa.

Lorena Sanmillán

Impromptum metálico para una rosa morena

October 11, 2010

Para Lucila

Sobre tu blanco ataúd han caído las flores que tus familiares, amigos y desconocidos, depositan para alfombrar tu camino hacia la eternidad. El sonido sobre la lámina refresca la memoria. Metal en rosas. Tu jersey favorito, fotografías y cientos de cartas que tus compañeros te han escrito, también te arropan. Alguien menciona que le harás compañía a tu abuelo, para que siga presumiendo a su nieta consentida. Imagino eras la mayor. No existe palabra para definir la trémula estadía de tu madre, ni el fondo de sus pupilas. Un océano de rabia fluye por su rostro. Tu hermana es tan frágil y tan honesta al expresar su duelo, que sólo verla da más rabia. Tu abuela clama que estés dormida. Aliviarla es tarea imposible. Los globos que tus amigos sueltan, se pierden en el cielo buscando la Sierra Madre y detrás de ella, el ocaso de este viernes a media tarde.  Ofrenda voladora, mensajes de paz, tu nombre escrito en casi todos ellos, adjetivos superlativos que te definen. Que se sepa quién eras.

Los mariachis, aunque han terminado su repertorio no atinan a irse. Nadie se mueve. La estupefacción cubre de sudor la ropa de los presentes. A lo lejos, reporteros, buitres de la noticia, observan; quiero creer que les da pudor estar aquí. Hasta el dolor, que es habitante vivo de este espacio muerto, parece condolerse. No hay lágrima vertida capaz de dar consuelo. Incluso los cipreses cierran su abanico. Un pandero bailoteando taladra la conciencia. El ferrocarril y su silbato vuelve más melancólica la atmósfera de silencio eterno interrumpido por sollozos, gritos. Esta música no debió ser para ti.

La carroza, blanca también, encabezó el cortejo. Detrás, varias camionetas cargadas con arreglos florales de todo tipo. Desde una rosa suelta, hasta la inmensa corona que manda la autoridad, a destiempo. La primaria donde aprendiste a leer, la secundaria donde fuiste parte de la escolta, la Facultad de Artes Visuales, el Hospital Infantil, Rectoría. Sin saberlo, cada uno de ellos se convierten en referentes de tu vida permitiéndonos leer tu historia. Personas e instituciones que tocaste. Flores que debiste disfrutar el día de tu graduación, en tu boda, en tu cumpleaños, en un día cualquiera cubierta de amor.

En tus manos, un rosario. Muñeca en caja de lámina sobre el aparador más espantoso. Tu cabello aún reluciente, bien peinado. Tus labios con brillo y ese vestido gris con el que sales, sonriente, en las fotografías que han pasado en la televisión. Sobre tu pecho, el llavero de New York, icono estandarte de tu búsqueda por el arte. Tres púas, una peineta y un gran bote de cerezas. Nadie quiere que te marches. Y ya te has ido, treintayseis horas antes.

Con las luces intermitentes indicamos que somos parte del séquito, pocos automovilistas hacen caso. Los muertos no merecen respeto, la prisa sigue siendo la dueña de la ciudad. ¿Cómo nos atrevemos a ralentizarla? La autoridad, ahora sí se hace presente y va cerrando las calles a tu paso. Como si tuvieras prisa por llegar a donde nunca te moverás. Cómo no estuvieron antes para cuidar tu camino aquella tarde que ya no llegaste a casa.

Miércoles 6 de Octubre. 2010. 19:30 horas. La cita en Colegio Civil, convocados por Zaira Espinosa en el ciclo Verso Norte. Sofía, Leticia, Jorge y Luis, preparaban su lectura, celebrábamos las letras, la creación, la lucha del ser humano en su aspiración de trascender por la vida. El afán de promover a los autores me hacía montar una vez más la librería. La poesía como herramienta para afrontar la cotidiana rutina. Por la calle Juárez las patrullas comenzaron su desfile. ¿Qué pasaría? Preguntamos todos. Sin asomo de duda, respondemos todos, otra balacera. La caravana es interminable, estridente y vertiginosa.

Otra balacera más. Quizá un asalto. Los autores revisan los textos. En la mesa acomodo los libros. Es lamentable que este tipo de eventos ahora sólo nos hagan voltear la cabeza un momento y después continuemos con lo que hacíamos. No deberíamos acostumbrarnos al caos. Sin embargo ahí estamos. Los balazos son allá. Acá seguimos nosotros. De lejecitos, viviendo otra realidad. O al menos aparentando.

Los mensajes al celular de los guardias nos enteran de la noticia en minutos. Balacera en Morelos. Mis carótidas olvidan su trabajo esencial. Siete de la tarde. Está llenísimo de gente en el cruce con Juárez. La mayoría de los camiones urbanos transitan por ahí y es el sitio de trasbordo de un alto porcentaje de la población. ¿Cuántas veces no me he detenido en esa esquina a esperar a alguien? ¿Cuántas veces no tomé el camión? ¿Cuántas veces no estuve ahí hojeando el libro nuevo, sólo por la ansiedad de abrirlo pronto y no esperar a llegar a casa? Apenas el sábado pasé por ahí, de camino a los artesanos buscando un juguete para Mirta, niña polaca de cinco semanas de nacida, esperanza de existencia que vino a transformar mis brazos en cuna. Morelos, el sitio de encuentro. El paseo de todos. ¿Acaso es que tampoco podemos ya transitar por ahí?

Los heridos están tirados en la calle, dicen los rumores. La lectura se retrasa, pues seguramente quienes vienen en camino no podrán pasar. Se interrumpe todo, aunque no queramos. Dicen que hubo muertos. Varios. En el aire, la pólvora y el sentimiento de los poetas. Nos vamos a dormir con el alma herida. Dicen que murió una estudiante. La llaga abierta vuelve a horadarse.

Al amanecer, en el periódico la noticia es escalofriante. En las portadas de los tabloides tu cuerpo en el pavimento, pants negros y sudadera rojo sangre. Aún no nos reponemos de la granada en la plaza principal de Guadalupe y a menos de una semana tenemos otro asunto multitudinario. Hablan de ti, Lucila. ¿Y si hubiera sido mi sobrina? No alcanzo a preguntármelo cuando el nudo en la garganta se lleva todo sonido, abarcando el estómago e incrustándose en el pecho. Tú también eras la sobrina de alguien, la nieta, la novia, la hija, la amiga. Ella, dicen. Era estudiante, dicen. Era aplicada. Era constante. Era buena hija. Era de excelencia. Era cumplida. Era creativa. Era buena amiga. Era, palabra tan corta y que escuece tanto. Era. Tiempo pasado, tercera persona del singular. Eras. Tanto que pudiste ser y una palabra viene a terminarte: eras. En la nota roja, te conviertes en seis líneas mal redactadas: “Lucila Quintanilla Ocañas, estudiante de Artes Visuales de la UANL, murió el miércoles baleada por sicarios que buscaban ejecutar a un celador del Penal del Topo Chico en el paseo comercial, donde también resultaron heridas otras cinco personas, de las que cuatro seguían ayer hospitalizadas.” No hay detenidos. Nadie vio nada.

Tu novio escuchó los disparos. Hablabas con él por el celular cuando sucedió todo. Perdió la comunicación contigo. Alcanzó a enterarse que te ofrecían ayuda. Se dice que el custodio bajó de un camión y desde una camioneta comenzaron a dispararle. Un minuto de muerte desparramada bastó para cambiar el presente de muchas personas, de la ciudad entera. Tú, Lucila, tú nada más ibas pasando. Y la bala te alcanzó, sin avisarte. Se adentró en tu cerebro quizá buscando una razón para su sórdida existencia de plomo. Tu madre te vio en las noticias en un hecho inenarrable. Perder un hijo es algo que no tiene nombre, no existe definición en el diccionario. Eso sí es un momento y un lugar equivocado. Tú, Lucila, tú nada más ibas pasando, ejerciendo tu libertad, joven, resuelta, bajo el amparo de lo que se supone debemos brindarte quienes te precedemos.

¿Qué hacías, Lucila? ¿De dónde venías? ¿Qué canción escuchabas en tu ipod? ¿Quién recogió tu celular? ¿Qué plan tenías para el viernes? ¿Qué nueva idea perseguirías en tu próxima tarea? ¿Tenías ropa separada para lavar el domingo por la mañana? ¿Ibas a comprar un regalo? ¿Ibas de prisa? ¿Andabas de pinta? ¿Te estabas paseando?

En el sitio donde caíste, ahí donde se quedó tu último aliento, se han colocado múltiples veladoras. La manifestación de amor, de solidaridad, de repudio a la situación de violencia ha sido inmediata y espontánea. La comunidad te llora, te vela, te reza, en una letanía surgida al vuelo: Ni un civil más, ni un civil más, ni un civil más. Somos desconocidos que nos abrazamos, hermanados por el dolor compartido. Reclamamos nuestro espacio. Esa ciudad que no entregamos, que nos han arrebatado. Me decanto por un lugar común para expresar el sentir de tantos: ojalá que tu muerte, Lucila, no sea en vano.

Tu madre reclama: “”Que ya no tengan miramientos ni complacencias con gente de poder, que rompan con lo que tengan que romper y arranquen de tajo y de raíz toda la podredumbre que existe dentro de ellos. Nuestros jóvenes, que están limpios, no se merecen esto”. Nadie se merece esto. Nadie se merece vivir con miedo.

Otro muerto, canta Mecano desde Radio Viejito, que está de luto en el Facebook. “Otro muerto, otro muerto qué más da, si está muerto que lo entierren y ya está. Yo no sé, ni quiero, de las razones que dan derecho a matar. Pero deben serlo, porque el que muere, no vive más.” Como tú,   Lucila, que ya no vives más.

Lorena Sanmillán

El burro hablando de orejas (Crónica de la presentación del libro)

June 3, 2010

Comparto la crónica de la presentación de ayer, en el Colegio Civil. Ileana Cepeda se dio a la labor de hacerla y vale la pena leerla.

Por Ileana Cepeda

La bandada de profes se dio cita en la escuelita más tarde de las horas acostumbradas, entraron sin hacer fila y se sentaron libremente a escuchar la clase del profe. Taberna. Sin levantar la mano. Sin hacer ruido. Sin pedir silencio. Se enmudeció el aula. Y todos calladitos nos quedamos a escuchar.

En la antesala las orejuelas chismosas de cartoncillo, adornaban las manos de quienes no se quisieron poner las orejas de burro para la presentación. La llegada del autor dio la pauta para que el maestro de ceremonias nos diera la bienvenida a la presentación del niño que nació con orejas de burro.

Ximena Peredo inició con la presentación, haciendo un preludio de alumnos demandantes de un honesto proceso electoral en su facultad, enlazando el suceso con la crítica que descubrió en los diversos textos de Berrones. Sin reparar en nombres y apellidos, Ximena sorprendió al autor señalando quiénes son los personajes de las historias narradas en el libro. Guillermo abría los ojos sorprendido, como preguntándose ¿es cierto? ¿es mío? La escritora enfatiza en sus ojos y gestos cada cometario, cada opinión, convirtiéndonos en público cautivo no solamente de su voz sino además de su expresión en cada palabra.

El turno de Lorena Sanmillán. Presenta Orejas de Burro haciendo una merecida labor de investigación. Esclarece el nombre, lo desmenuza y nos muestra las diversas connotaciones de cada palabra que le da el título al libro. Las diversas expresiones coloquiales en las que se coloca atinadamente la palabra burro. La presentadora hacía su lectura cuando Guillermo la interrumpe y le pide que anexe a las frases “como burro en primavera”. La expresión soltó la risa de los asistentes que hasta entonces se habían quedado bien portados.

Lorena nos regala la lectura de fragmentos que comienzan a inquietar los ojos de los futuros lectores de Orejas de Burro. “Amores estudiantiles” leída con una tesitura y una suavidad que a más de un profe hizo suspirar. La presentadora pregunta ¿quién de ustedes no se ha enamorado de un profesor? La sonrisa de todos los presentes responde la pregunta. Las amplias sonrisas se quedaron congeladas hasta que nos dice Sanmillán: “En este libro hay literatura,  pero no hay mucha ficción. Este libro duele como lector, duele la realidad educativa”.  Lorena, tus palabras duelen a los maestros que te escuchan.

Jesús de León. Desmenuza el tejido con que fue construido cada texto. Mostrando en la desnudez de lo imperfecto la valentía del profe que escribe y cuenta que algo no está bien en lo que ve. El tema de la educación en México es el tópico que encuentra Jesús como único lazo en los textos que conforman el libro. Señala la falta de una propuesta novedosa y reveladora. En la lectura de voz enérgica y determinante, nos deja ver que al autor le faltó meter la mano en la cicatriz, para abrir las propias heridas y mostrarnos posturas claras frente al dolor sentido como parte del sistema educativo.

Jesús nos indica en su presentación que el autor, mueve sus manos que señalan, juzgan y escriben lo que observa, pero no se involucran, quedándose en la imparcialidad y el respeto por los organigramas establecidos. De León lee las hipótesis de los propósitos del libro, como primera hipótesis menciona la crítica o la autocrítica sabiendo que Guillermo pertenece al gremio magisterial. Concluye con un paseo por nuestro honorable sistema educativo, los errores y tropiezos, las decisiones que determinan el curso de la cultura en nuestro país y han dejado un rezago histórico y difícil de recuperar. Jesús de León acierta con la boca sucia de verdad sobre la realidad educativa.

El turno de Guillermo, el turno del escriba. Nos invita a leer el libro, hace los agradecimientos a quienes colaboraron e hicieron posible la publicación, y nos lee “Hummer en inglés se dice jómer”; termina la lectura con la aceptación de los asistentes convertida en aplausos. Y la invitación a un brindis post presentación.

Los profes que llegaron caminando con los hombros alzados salieron con una sonrisa de culpa. Pensando cómo enseñar a pensar. Caminando hacia el brindis sin nada qué celebrar. Reunidos entre amigos, se tomaron la foto poniéndose las orejas de burro y contra la pared vendieron su alma al diablo, para recuperarla. La ceremonia termina y la noche comienza con un viento que huele a agua, con gotas interminables que inundan la ciudad.

Dentro del ámbito educativo, entre profesores se aplica la burla y la desacreditación, pocos entienden la ironía y el sarcasmo. Orejas de Burro, es una crítica indirecta al sistema, a los maestros, a las decisiones. Es un lamento arrastrado en los pasillos, fuera y dentro de las aulas. Es la catarsis de un anarquista que respeta las reglas, llega a su escuela temprano, pasa lista a sus alumnos y se sienta a compartir el desayuno con compañeros que lloran en cada carcajada.

¿Quién se pone las orejas de burro?

Lorena Sanmillán

“Orejas de burro” está disponible para ustedes a través de Libros de Nuevo León. $120.00 más gastos de envío.

Informes: lorenisima@librosdenuevoleon.com

Quisiera que fuera cuento…

April 12, 2010

La semana pasada tres amigas mías decidieron ir a McAllen. Contentas de poder ir a comprar ropa y mugres diversas. Hicieron su tour por los moles y regresaron a media tarde, pardeando el cielo, en esa hora que es la favorita de los fotógrados y que se llama hora nona. No se divisaba ningún  otro coche por la autopista.  De pronto se les ponchó una llanta y se orillaron en la carretera, para sacar el gato de la cajuela y comenzar el proceso de cambiarla. Tan pronto abrieron la cajuela de su coche, se les apareció de la nada una camioneta grande, oscura, con vidrios polarizados, de la que bajaron dos sujetos. Mientras me contaban esto, se formó un coágulo de saliva en mi garganta. No atino a imaginar lo que sintieron ellas, que seguramente, trasmutaron sus articulaciones en gelatina.

Los sujetos las saludaron con suma amabilidad. ¿Qué pasó, señoritas?, les preguntaron, y ellas respondieron de inmediato, incapaces del silencio y pasándoles mil episodios de su vida por delante de sus ojos temblorosos, ojos de Remy. ¿Una llanta? ¡Orita la componemos! El sujeto 1, tomó su celular y le marcó a otra persona, indicándole que viniera a su encuentro.  Apenas colgó, también de la nada llegó otra camioneta de características similares y de la cual bajaron otros dos sujetos sacados del mismo patrón que los otros dos: altos, fornidos, morenos. Cámbiale la llanta a las señoritas, le ordenó el líder a uno de los recién llegados. El sujeto 2,  en compañía del 3 y 4, les ayudó a vaciar la cajuela para encontrar la refacción y encargarse de la maniobra. Mientras tanto, el sujeto 1 platicaba con mis amigas, que estaban enteleridas. Blancas las tres, tocaban en esos momentos los límites de la palidez extrema.  Albinas ellas por unos cuantos minutos. Máxime si los sujetos, todos, usaban unas chaquetas con las iniciales CDG.

Sujeto 1 les ofreció bebidas, pues en la camioneta traían una hielera muy bien surtida. Les preguntó que a dónde habían ido e incluso les dio tips de compras y ofertas en distintos establecimientos. Mis amigas conciliaron en todo momento con él, incapaces de contrariarlo. Los sujetos cambiaron la llanta en un santiamén y les ayudaron a volver a poner todas las cosas en su sitio. ¿Listo? ¡Listo! Cuando terminaron, el sujeto 1 les dijo lo siguiente:

“Bien, señoritas. Ya les arreglamos la llanta. Pueden seguir sin ningún problema. Ya avisamos en los demás puntos que nos corresponden. Nosotros somos del CDG y somos los dueños de esta zona. Regresen a Monterrey y díganle a sus familiares, amigos y demás que no es seguro que circulen por aquí de las seis de la  tarde a las seis de la mañana, porque es cuando nosotros hacemos nuestras cosas. Hoy pudimos verlas a tiempo y les ayudó que es un carro pequeño, que si no ha sido así…Váyanse tranquilas y feliz regreso a Monterrey…”

Así como llegaron, ambas camionetas desaparecieron. Para las paseantes, el camino de regreso a casa se les hizo inolvidable y eterno. No supieron en qué momento sus pantalones nuevos oficiaron de sanitario portátil. Y, como dice el corrido de Lamberto Quintero “quisiera que fuera cuento, pero señores es cierto”. Aquí queda el testimonio. Aquí se los dejo.

Lorena Sanmillán