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Mis subrayados: Loba. Orfa Alarcón.

March 31, 2019

Captura de pantalla 2019-03-28 a la(s) 12.38.58

El amor ha de ser de desierto, o no será, porque amor que no es de frío y de calor no es amor.

Y fue tanta mi dicha que quise llorar y que nos muriéramos ahí mismo para no tener que regresar a casa.

Era una felicidad que se inflaba de tal manera que me oprimía el corazón, no lo dejaba latir. Una asfixiante  felicidad que me obligaba a tomar aire a tragos pequeños.

Mi dicha era del tamaño de su tedio.

Las mujeres pueden maldecir porque están malditas.

La belleza de un hombre se puede medir por cuántas mujeres lo ven, y cuántas lo desean.

Yo te venero.

El tiempo se contaba a pasos: los pasos eran los de las chicas. Se alejaban para volver a acercarse.

Estoy tranquila porque sé que hasta la última letra de tu nombre olvidaré.

Como quien pertenece a una secta, nunca se me había ocurrido que tenía la posibilidad de irme.

Desnuda eres perfecta.

No podía confiar en la protección de un Dios imaginario, pero sí en la protección de mi padre.

No iba a desarmarme el frío, ni el amor.

De cualquier forma, yo seguiría a mi padre a donde fuera, a mi propia muerte lo seguiría entre brincos de alegría.

Y yo nunca le he tenido miedo a morirme.

Uno debe cuidarse solo, Diosito ya tiene mucho quehacer.

Al fin estaba completa porque tenía un descanso y un espejo. Un hogar.

Amor es una palabra estruendosa pero sorda.

Pedí muy poco para ser feliz, pero él me regaló un tigre blanco creyendo que eso era amor.

…porque el único matrimonio en el que creo es en el que uno tiene con el origen y con la lengua.

Mi cachorra había sido un anzuelo que mordí con suavidad.

No le bastaba con que yo aprendiera cosas viendo cine o leyendo.

La belleza es esa quieta armonía que nos hace latir a la par de la sintonía del mundo.

Me asomé a su boca, a sus dientes, y su risa era una puerta que yo jamás podría atravesar.

El nunca necesitaría de nadie, o al menos, no de mí.

Lo dejé voltearse hacia la ventana y concentrarse en un árbol mientras decía que al contemplar tantas hojas al fin sabía lo que era el infinito.

La primera vez que nos besamos fue en sueños.

Pensé que estar con Rosso siempre me provocaba una sensación de irrealidad.

Traté de explicarle cuán onírico se volvía el ambiente cuando estaba junto a él.

Que tuviera la facultad de enfurecer a Adán me hizo sentir en el corazón que había llegado a un destino.

Es que vivir sin tener un amo es tan difícil.

Sin un padre no existe una identidad, ¿quién podría ser yo si no lo tuviera?

Y envidié por un momento la vida mediocre de los creyentes.

Uno necesita de Dios porque necesita que alguien le cobije el corazón.

Español, dije, pero los amigos no son como los empleados, no obedecen.

Yo miraba cuánta comida quedaba en su plato, para ver cuánto tiempo me faltaba para desmaquillarme y volver a meterme en la cama.

Me da igual estar donde sea, en ningún lugar me hallo. No soy feliz en ningún lado.

No le gusta hablar conmigo, pero le gusta contar las cosas para que yo las oiga.

El dedo no se mete en el gatillo antes de tiempo porque se te puede ir un tiro.

No, Lucy, cuando uno quiere algo no se queja, ¿quieres aprender o no?

Tenía cinco años cuando supe que mi madre se llamaba Astrid. Evoco su nombre y me llega un olor a pólvora.

Y todos estos años si nombre de pólvora había estado escondido en mi mente.

…¿cómo puede madurar alguien a quien se le oculta el nombre de su madre?

Como parecía ángel, bien podría ser producto de un parpadeo.

Mi cielo está incompleto sin ti.

El no es nada mío para que tenga derecho de mencionarme.

Si tu cariño se acabó estoy tranquilo corazón, al fin que nunca comenzó.

…pero puede negarse todo, excepto lo que se es.

Tal vez con su lengua quiso destrabar mi boca, por eso me besó como se besa a lo que se ama y no se tiene.

La belleza, una vez más, no era para describirse sino para contemplarse.

No había vida a la que me hubiera invitado, y sin embargo él no salía de la mía.

Y pendejeas a todos porque viven en una realidad distinta a la tuya y tienen la necesidad de al menos resolver el mundo, pero tú que tienes un peso más pequeño eres la única pendeja, porque tu mundito eres tú y te asusta: ni siquiera quieres saber de dónde vienes porque no quieres saber quién eres.

Me gusta estar contigo porque puedo mirarte por horas.

Podría pasarte cualquier cosa, podría arrollarte el tren, y quedaría intacta tu belleza.

Nunca obtendremos el amor, pero siempre estará ahí la belleza.

El silencio es vivir en la ciudad que amo…

Yo no lo elegía. El silencio había llegado para encarnarse en mí.

Tal vez porque renuncié a validarme, esa semana fue tan nítida.

En mis días de silencio habitaban mis historias que no tenían que ser ya de nadie más.

…sólo un animal tendría la lealtad de dormir conmigo cada noche.

A veces tengo tan pocas palabras que resulto un ser muy básico.

A veces no tengo ninguna palabra y me siento hueca, liviana, vacía, y entonces entiendo por qué no peso en la existencia de nadie.

…cuantas veces estuvo conmigo fue así: conmigo.

…cuando estaba conmigo me hacía sentir como si fuera única.

Si escribo su nombre es entrar al paraíso, a la tierra prometida que fluye leche y miel.

Comimos manzanas porque nunca volveríamos a ese paraíso, aunque él no lo entendió y yo no lo sabía en ese momento.

Y es que era un bonito sueño ser la única mujer en el mundo entero.

Duermo sabiendo que los paraísos se desintegran de un día para otro.

Y es que el precio de cada paraíso son muchos, miles de infiernos.

Siempre tengo quien me cuide. Duermo con una serpiente enroscada a mis pies. Por eso los tengo tan fríos.

Soy mi única historia y mi familia.

Es del querer el callar.

Por eso se hace la tonta y de pronto me suelta una verdad como quien suelta una bala.

Dormí sola sin sentirme sola y no necesité una piel, animal o humana, en la cual reposar mi brazo.

Perder alguno de mis sentidos sería perder la mitad de mi vida.

No me quitaría la verdad el dolor de las pérdidas.

…tal vez tenía esperanzas de que en algún momento actuara con su propio cerebro y se hiciera más mi amiga que de sus hermanas.

Quería hacer tanto ruido que pudiera callar mi mente, arrancarme el cabello, enterrarme las uñas en la cara, a ver si así distraía a mi cerebro de la sensación de sangre en la piel y del olor a tabaco.

Mi vocación de muñeca había comenzado desde chiquilla.

Sentía que mi cuerpo era muerte, por eso merecía ser mutilado.

Amor es una palabra muda.

Las muñecas también se cansan de posar sobre los pasteles perfectos.

No había manera de que volviéramos a la Tierra Prometida.

…subía hasta mi boca para obligarme a pedir perdón.

No pude evitar mirarme al espejo: las ojeras eran dos círculos y dentro de ellos estaban mis ojos.

No se puede dormir toda la vida.

La muerte sería una buena forma de dormir sin tener que alternar con la vida.

Una muerte de ojos abiertos y corazón aún palpitando.

Ya no podía caerme por más que rodara en el mundo.

Dicen que mucho amor se convierte en mucho odio.

…¿cómo es que mis hijos mayores desde niños ya eran amantes?

Tomaste lo más vivo que tenía.

Como si para la vida bastara la noche.

Me llenaste la boca de palabras pero no me diste voz.

Puedo llevarme cualquier secreto a ese lugar donde van los mentirosos.

Ya no habrá un cielo sin Rosso.

Yo sólo había sido líneas de luces en su vida.

Amor es una palabra helada.

Mi amor nunca había sido una manifestación de fuerza.

Esposada con las manos hacia atrás, ni iba a darle al piloto el gusto de verme llorar.

Todo era tan real y tan injusto.

… las cadenitas de poco valor que frágilmente seguían atándome al amor de mi padre.

Tal vez vio mi blusa blanca transparente tan poca cosa a la hora de cubrirme del frío, a mí tan poca cosa a la hora de estar sola.

El amor de Rosso en infierno se había convertido.

La carretera era un mar, una corriente de arena que me conducía a un puerto al que nunca arribaba.

No mediste el daño que me hacías. Mira lo que han hecho tus mentiras.

Pero los caminos son distintos cuando se piensan a cuando se viajan.

Sin identidad no tenía dinero, no tenía familia ni amigos. Sin identidad sólo era yo.

Había arruinado mi vida y sólo obtenía que ella me colgara el teléfono.

Tal vez con los billetes que me quedaban podría tomar un taxi, pero no hay manera de volver a casa cuando ya no hay una casa.

El ambiente era una bolsa infecta que nos contenía a todos.

Yo era tan libre en esa ciudad tan libre, que tenía miedo.

Tantas personas que no había espacio para Dios.

Me sentía tan necesitada de luz, de algo de belleza.

Dejé pasar varios vagones hasta entender que nunca llegaría uno con suficiente espacio.

Hemos creído en todo: en Dios, en la Virgen… hasta en el Diablo.

Y si me la secuestran, que la pistola la traiga siempre, para que pueda matarse antes de que la hagan sufrir.

Se la ofreció a Dios, pero yo creo que Dios no la quiso.

¿Cómo se habían convertido en chiqueros esas mansiones viejas?

Era un lugar tan deprimente que si alguien llegaba a matarme, por mí estaría bien.

Estoy tranquila porque sé que hasta la última letra de tu nombre olvidaré.

No podía más que asociar la fealdad con la tristeza y la desgracia.

Una ciudad que yo no conocía me mostraba sus sucios genitales.

La soledad es morir y que nadie se entere.

Podría morirme y nadie se daría cuenta en semanas.

Hay noches que no se sabe si llegará la mañana.

Mi piel tiene una memoria perfecta, guarda todo lo que yo quiero olvidar.

Mi piel bien podría ser un diario.

Cuando muera, quien encuentre mi cuerpo desnudo nunca sabrá lo que ahí dice.

Si la muerte no llegaba a mí tendría que salir a buscarla a la calle.

La muerte andaba en las calles en la figura de una jeringa tirada junto al semáforo.

Si alguna vez rezara a una mujer me convertiría en parte de esta ciudad.

Yo pidiendo ser normal, ser feliz, no necesitar dormir todo el día. Tener una familia.

Nunca he sentido apego a mi vida.

La gente vive en las condiciones que ella misma provoca, merece las condiciones en las que vive. Yo era parte de esa gente.

El era solo y no necesitaba nada, era pleno en sí mismo, era su propio Dios y su belleza era su testimonio.

Cuando yo más lo necesitaba se fue.

Ni siquiera puedo hablarle porque es como si yo ya no fuera nadie.

¿Ser pobre era ser imperceptible, tan común como todos, una copia de los otros, pertenecer a una comuna de elementos genéricos?

Y yo me había caído del Cielo. Era una como cualquier otra.

¿Quién era para sentirse con derecho a preguntar sobre mi vida?

Cuando me duermo con él el tiempo se detiene y sueño todo como con filtros de Instagram.

Desconfío de toda la gente que dice estar escribiendo.

Será que para mí el amor y la escritura son lo mismo.

…y el corazón me iba a reventar en cascadas de agua mineral agitada.

No lloré porque ni siquiera a eso tenía derecho.

Decidí seguir amando a Rosso porque a veces al mal también se le ama.

Tal vez mi verdadera identidad era sentarme a esperar a que cualquiera llegara por mí a rescatarme.

Si yo no tenía mamá, ¿por qué iba a rezarle a una madre ajena?

Si tu cariño se acabó, estoy tranquila corazón, al fin que nunca comenzó.

Sentiría que lo necesitaba para no pegarme un tiro.

Sin embargo, si tuviera que confesar una religión, sería bautista o pentecostés.

Me gusta creer en el poder de la fe, más que en el poder del rito.

Si tuviera qué creer, si pudiera creer, lo haría.

Si pudiera creer, creería en la vida eterna, para así poder matarme y despertar a un mundo ya pasado por fuego.

Estaba tan triste que era inmensamente feliz en medio de tanta mierda.

Sólo caminé sin rumbo.

El miedo me paralizaba y el miedo me hacía avanzar.

Ella no avanzaba y por más que yo corriera siempre sus dedos estaban a dos centímetros de mi espalda.

El olor a pólvora me hacía evocar su nombre.

Que si me dolía la piel descansaba mi alma.

Es que cuando el amor es muy grande, y se vacía, hay que llenar con algo ese hoyo que queda en el corazón.

Hacía días que no me maquillaba, pero simplemente con lavarme la cara recuperaría la clase.

Lo que nos unía era el aborrecimiento.

Bien fácil distingues al lobo de los coyotes: el lobo es el que mata, el coyote nomás se come las sobras.

Porque el amor es querer saber lo que el otro sabe.

Hay justicias que no se pueden quedar en las manos de Dios.

Pero quise ver cómo avanzaba mi historia, la película de mi falta de voluntad.

No tenía ni el gusto ni la sensibilidad ni la capacidad de abstraerse del mundo para seguir siendo un ser bello y con clase.

Lo que es de Dios vuelve a Dios, dijo el Niño.

Porque los gringos son los chilangos del mundo, no tienen nada de gusto.

No conoces el infierno. Apenas lo vas a conocer.

Más difícil que ser anfitriona o invitada, es ser la novedad circense.

…la seguridad es lo que cuesta.

Así que eso era mi verdadera familia: una comunidad de enfermos.

¿Cómo podría mi alma redimirse después de haber vivido tantas horas en el horror?

¿Cómo podría mi alma existir?

La belleza es esa cálida certeza de que el mundo, a pesar de su dolor, debe seguir existiendo.

La belleza de la existencia y la conciencia de que jamás obtendríamos el amor, pero sí el deslumbramiento.

La belleza es esa eterna sintonía que nos hace olvidar el asco que produce el mundo.

La belleza es esa cálida melodía que acrecienta el miedo.

La belleza tiene la perversión del engaño: porque existe, se posterga la muerte, se olvida el horror, se desea preservar la vida para seguir posando la mirada sobre el objeto luminoso aunque de él brote un olor a sangre

La belleza es un objeto de fe.

Era tanta su belleza que me infundió miedo.

Cuando se ama también hay mucho odio.

No puedo saber de qué te sirve si no sé qué quieres.

De cualquier forma, todas saben que valen más como carne que como personas.

No puedes mirarme creyéndote superior a mí.

Te dejaste engatusar, bebé, entre un pito y mundo, siempre vas a preferir el pito.

Necesitaba volver a ser la chica a la que le sobraba todo.

Era curioso que habláramos de una familia en común.

Para someter a un hombre basta con humillar a las mujeres de su casa: esposas, hijas, nietas.

Yo era un juguete muy frágil y muy caro. Una granada de cristal

El asunto del silencio es así: a veces es la única protesta a la que se puede recurrir.

A veces la protesta se convierte en una forma de vida.

…el silencio se convierte en una condición, no en una decisión.

…es muy fácil condenar un amor de que no se es partícipe.

Mi cuerpo es su casa.

Mi cuerpo es su abrigo.

Eramos dos extrañas actuando con la amabilidad de lo inesperado.

Hacía mucho que no reía ni sentía la dignidad, o el cinismo, de ser la hija de quien era.

Pero no hay pureza ni inocencia si en el corazón late un amor insano, el amor de aquellos hermanos que viven solos en el monte y no saben de qué otra forma cobijar sus cuerpos.

Yo creo que cuando un amor así es correspondido es una bendición de Dios.

…pero yo creo que el amor siempre tiene que ver con Dios.

Si antes no me había ofrecido en sacrificio a él, era porque no sabía de su existencia.

Su latido era intenso, vibrante, era el latido más intenso que rugía desde mi cuerpo.

Mi hijo ha sido lo más vivo que ha habitado mi cuerpo.

¿Cómo pelear si no podía ni dejar de temblar?

Era mi deber cuidar a mi haz de luz.

Andaría hasta desangrarme.

Un tigre blanco aparecía de pronto así como aparece el hambre.

Me lamenté por todas las veces que había desaprovechado oportunidades para morirme.

Me besa para dejarme en la boca el sabor del amor.

El amor ha de ser de desierto, por eso a nosotros nos esperaba el destierro.

Nadie viene al Lobo si no es por mí.

Orfa Alarcón. Loba. Alfaguara. Febrero 2019. México. 330pp.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Mis subrayados: Canción de tumba

September 1, 2018

Captura de pantalla 2018-08-28 a la(s) 13.28.04Vivía con la angustia orgullosa y lúcida que hizo morir desollados a manos de san Agustín a no pocos heresiarcas.

…la avaricia de ser dueño de algo que no logras comprender.

Nunca supe en qué consistían estas preferencias y supongo que puedo vivir sin saberlo.

Leemos nada, y exigimos que esa nada carezca de matices: o vulgar o sublime.

Tienes que mandar todo a la chingada y largarte de México. Porque tú vas a ser escritor. Y un escritor en este país no sirve de nada, es peso muerto.

No entiendo lo que dice: no logro hacer la conexión emocional.

No es la realidad lo que vuelve cínico a uno. Es esta dificultad para conciliar el sueño en las ciudades.

Siempre es una buena noticia que el sol salga.

Ser cínico requiere de retórica.

A ratos, en medio de la oscuridad, cuando tengo más miedo, trato de hacerme a la idea de que velo el delirio de una desconocida.

Mis jornadas de la última semana consisten en treinta y seis horas dormitando o escribiendo junto a la cama de una moribunda.

Yo crecí a la sombra de una vuelta de tuerca: pretender que la mía era realmente una familia.

Todo México es territorio del cruel.

¿Qué será de estas páginas si mi madre no muere?

La belleza es la verdadera vida.

Convertir un anecdotario en estructura, por el contrario, ofrece siempre el desafío de conquistar  cierto grado de belleza: lograr un ritmo a despecho de la insonorizada vulgaridad que es la vida.

Wilde consideraba que escribir autobiográficamente aminora la experiencia estética.

Escribo para transformar lo perceptible.

Quiero aprender a mirarla morir.

…una ficción sólo es honesta cuanto mantiene su lógica en la materialidad del discurso…

Me permitió intuir que los sentimientos profundos no admiten distinciones tajantes entre soportes sublimes y banales, y que esta condición de belleza será siempre cínicamente usufructuada por diletantes y burócratas del gusto…

Sin espiritualidad no hay poesía.

Mi rutina antiséptica representa un trabajo más o menos arduo que, sumado al tránsito de médicos y enfermeras y los cambios de turno y los horarios de alimentos y el arribo de facturas y recetas, entrecorta la escritura.

Que la he amado siempre con la luz intacta de la mañana en que me enseñó a escribir mi nombre.

No sé nada de la muerte. Sólo sé de la mortificación.

La literatura siempre ha sido generosa conmigo: si tuviera que volver a ese instante sabiendo lo que sé ahora, escogería los mismos libros.

Tres años de pobreza extrema no destruyen. Al contrario: despiertan en uno cierta lucidez visceral.

Bajar la guardia. No voy a hacerlo. Si se cura, bueno. Si se muere, ni modo.

Gracias a la leucemia comprendí que lo provisional no es una elección: es el ritmo desnudo de la mente.

…necesito tu sangre, dámela a cambio de esta zona mercantil del idealismo a la que denominamos Amistad.

Ni son tontos para andar en supersticiones ni son serios para aguantarse.

Rezar, no. No rezar es todo lo que tengo.

Quizá los fantasmas de putero prenazi y mojigatería socialista guardan un aire de familia con mis propios fantasmas tutelares.

…basura armada en serie, idéntica en su espíritu a las ranas de plástico que se venden en los puestos ambulantes frente al zócalo de la ciudad de México. Que nos sirvan otra ronda de Taiwan.

La diferencia no radica en el objeto sino en el relato oculto tras él.

Así que todos los recuerdos infantiles vienen, fatalmente, como una errata.

El nombre que uso para realizar las acciones más elementales (sostener una cuchara, leer esta línea) es distinto del nombre que uso para cruzar fronteras o elegir presidente de mi país.

Ninguna de estas cosas me preparó para la noticia que mi madre padece de leucemia.

Soy una bestia que viaja, hinchada de vértigo, de sur a norte.

Me aterra la posibilidad de haber legado a mi hijo una afición perturbadora.

Haber nacido me parecía un acto de pura maldad personal que sólo podía repararse engendrando otra existencia.

…el entonces está hecho de poleas quebradizas…

Ese es el más intenso vínculo que me une a mis hijos: un enyesado gesto de adiós.

Cada vez que uno redacta en presente -así sea para contar su cretinismo aeroportuario, su sobredosis de carbohidratos en el menú de British Airways- está generando una ficción, una voluntaria expresión de la incredulidad gramatical.

La manera más rica de sentir el pasado (íntimo o histórico, da igual) es abandonarse a la percepción física del tiempo: un instante está siempre en el futuro. Por eso la culpa y la nostalgia son emociones miserables.

El sexo entre los dos fue una intuición de luminosidad.

…tras diez minutos de fama logré atisbar el límite de mi escritura.

Si te dedicas a cuidar un enfermo, te arriesgas a vivir en el interior de un cadáver.

Seguridad de ser, para alguien que amo y está vivo, nada más que una larva en pena.

No por su grandeza arquitectónica ni mucho menos por su papel en el ámbito de la medicina, sino porque su inopinado origen es un buen ejemplo del gran talento de los mexicanos para hacer el ridículo.

…adoctrinar con argumentos fascistas a los políticos mexicanos que están en el poder es predicarle al coro.

La aventura del Escuadrón 201 se parece a una novela de Jorge Ibargüengoitia.

(supongo, por el resultado, que la charla transcurrió en una cantina).

No hay camino al absoluto que no pase por una estación de la fiebre.

De niño me gustaba tener calentura. Era un padecimiento que volvía especialmente cariñosa a mamá.

Tramitar kafkianamente medicinas es la versión que nos ofrecen de una terapia ocupacional.

Para mí -también insomne crónico- el insomnio es puro melodrama: nada sino un estado suelto de la mente.

No: el verdadero inconveniente de haber nacido no radica en ninguna unidad de sentido que pueda ser narrada.

Habitar algo (o a alguien) es adquirir un hábito.

Afuera estaba cayendo uno de esos aguaceros que hacen decir a las beatas que Dios practica en Saltillo la logística del próximo Diluvio.

Mi madre no es mi madre. Mi madre era la música.

Pero no lo inventé: estoy seguro que lloró cuando supo su muerte.

Este es, por supuesto, mi recuerdo más antiguo: la angustia de que un extraño me roba mi único amor.

¿Quién va a olvidar la primera vez que puso un pie en la cárcel?

Enloquecidamente tranquilo.

Soy una fragancia exquisita envuelta en papel periódico.

El vocablo universal que mis hermanos y yo empleamos para sustituir las expresiones de mal gusto es Esto. 

¿Por qué la vida de la gente que escucha boleros suena siempre tan cursi?

La ideología del dolor es la más fraudulenta de todas.

Hace un par de años le extirparon la vesícula, lo que menguó severamente su tolerancia a los paraísos artificiales.

Si no te puedes unir al heroísmo, cógetelo.

El Diablito Tuntún debe ser el máximo after de La Habana.

Las chicas entran a pasto, estragadísimas por la noche de refuego y al mismo tiempo más aguerridas que nunca: avariciosas, mal cogidas, al borde del vómito por chupar pingas blandas diminutas.

El Diablito Tuntún es un paraíso de pesadilla donde la música resulta intolerable y cinco o seis mujeres bailan alrededor de ti tratando de llevarte a la cama.

Yo en cambio estaba loco por ella y aceptaba lo que me propusiera.

Nuestra amistad se limitaba al tacto.

El placer y la posesión no requieren fulgor ajeno para ser trascendentes.

Soy un wanabí de patriarca y un Opus Dei de clóset.

Puede ser: mi mente es mi segunda madre.

…sabía que las revoluciones también necesitan prostitutas.

Así, desde la fiebre o la psicosis, es relativamente válido escribir una novela autobiográfica donde campea la fantasía. Lo importante no es que los hechos sean verdaderos: lo importante es que la enfermedad o la locura lo sean. No tienes derecho a jugar con la mente de los demás a menos que estés dispuesto a sacrificar tu propia cordura.

Lo que intento por supuesto, es reflexionar morbosamente, no transcribir el dolor.

(ningún delirante es tan imbécil como para perder el delicioso hilo de su locura intentando describirla)

Más allá de la experiencia estética que la propia enfermedad desencadena, no haré más subproducto que una bitácora. Tengo que acudir al mecanismo de la literatura pese a que muchos de mis espectadores lo consideran una lengua muerta: de otro modo, la intervención sería solamente una mancha tibia. Tengo que escribir para que lo que pienso se vuelva más absurdo y real.

La emprendí porque es el último recurso que me queda para acercarme a la sensibilidad.

Si no me besa el mundo, que me bese la fiebre.

La angustia es la única emoción verdadera.

Hay personajes que simplemente no se marchan. Esperan pacientemente a que tengas un breakdown para venir a cobrar lo que les debes.

La medicina paliaba el dolor, no la densa podredumbre.

Recuperar la cordura significa que tus demonios han vuelto a su sitio. Ya no pueden atormentar a nadie más. Sólo a ti.

No sabes cómo lloré porque no me dejaban ir a cuidarte como me cuidas tú.

La amistad es uno de los grandes misterios de la vida en la Tierra.

Si quieres saber qué está pasando tienes que rastrear los twitss en tiempo real.

Los seres humanos son una enfermedad. Un cáncer.

Mi madre es un virus que camina.

El amor, en cambio, como un virus: se injerta; se reproduce sin razón; se adueña de su huésped egoístamente sin consideraciones de especia, taxonomía o salud; es simbiótico. El amor es un virus poderoso.

¿Para qué arruinar un recuerdo perfecto, un viaje tan dulce…?

Aún así, lograron asestarme más pésames de los que mi organismo pudo tolerar: puñetazos en el hígado.

Acapulco debería ser tipificado como delito federal.

¿Qué mejor homenaje podría hacerle la burocracia mexicana a una prófuga de su propio nombre?

Todo abismo tiene sus canciones de cuna.

Estaba simplemente deshecha: un año de virus y veneno es demasiado para un organismo cuyo único imperio ha sido asimilar toda clase de golpes.

No había nada que decir: habíamos tenido un año entero de dolor lúcido.

Herbert, Julián. Canción de tumba. Random House Mondadori. México 2012. 206 pp

Lorena Sanmillán

Mis subrayados. El jilguero. Donna Tartt.

August 21, 2018

Al perder a mi madre perdí de vista cualquier punto de referencia que podría haberme conducido a un lugar más feliz, una vida más plena o agradable.

Aún no he conocido a nadie que haga que me sienta tan querido como lo hizo ella.

Su risa bastaba para que apartaras de una patada lo que estuvieses haciendo y la siguieras.

Antes era un día normal y corriente, pero ahora sobresale del calendario como un clavo oxidado.

¿Deambulando? Gran parte del vocabulario de mi madre sonaba exótico a mis oídos…

“Es una locura” -había dicho-, pero sería feliz mirando los mismos seis cuadros el resto de mi vida. No se me ocurre una mejor forma de enloquecer.

Cuando ves moscas o insectos en una naturaleza muerta…, un pétalo marchito o una mancha negra en una manzana, el pintor te está transmitiendo un mensaje secreto.

La mirada serena y penetrante que posó en mí al pasar casi rozándome me trastornó.

Era como si alguien hubiera encendido una luz en el interior de su rostro.

¿Tuvo que vivir así toda su vida?

Supongo que todo lo que logramos rescatar de la historia es un milagro.

“¿Saben? Eso fue hace sesenta años, y nunca volví a ver a esa pelirroja. Pero les aseguro que desde entonces no ha pasado ni un mes en que no haya pensado en ella. ”

Allá donde miraba pasaban a toda velocidad imágenes de mi propio pánico.

…por alguna razón me costaba creer que mi madre se hubiera ido del museo sin mí.

Sumar y restar me resultaba útil en la medida en que me ayudaba a seguir sus movimientos.

Pero pronto empezaron a asaltarme nuevas dudas y temores, e hice todo lo posible por quedarme en casa y no salir gritando su nombre.

La oleada de alivio fue indescriptible.

Jacintos morados en una maceta envuelta en papel de plata.

Notaba cómo me palpitaba el corazón, oía los chasquidos, crujidos y zumbidos del enorme y anciano edificio que dormía profundamente a mi alrededor.

…era tan fría, rubia y monótona al hablar que a veces daba la impresión de haber perdido parte de la sangre.

…estar ocupado es lo único que hará que te sientas mejor.

Cada acontecimiento nuevo -todo lo que hiciera en adelante- no haría más que separarnos. Serían días de los que ella ya no formaría parte, por lo que la distancia entre nosotros sería cada vez mayor. Cada día de mi vida ella no haría sino alejarse aún más.

Costaba creer que se hubiera acabado el mundo cuando todas esas ridículas actividades continuaban llevándose a cabo.

Apenas resultaba creíble que, siguiendo esos momentos, no pudiera retroceder a un mundo donde ella no estaba muerta.

Pero el suicidio no era la solución.

…me costaba recordar que el mundo había estado de todo, menos muerto.

…un ejemplo no es suficiente para fundamentar un argumento.

Lo malo no era intentar encontrarla, sino despertar y recordar que estaba muerta.

…es trágico que hayas tomado la decisión de dar la espalda a lo único que a mí me ha dado la libertad.

Poe inventó las historias de detectives y de ciencia ficción. En el fondo inventó una parte enorme del siglo veinte.

El mundo no acudirá a mí, yo tengo que salir a su encuentro.

¿Acaso no es lo inapropiado, lo que no encaja, lo que curiosamente es lo que más queremos?

La gente quiere hablar, pero yo prefiero estar callada.

Y el sabor del beso de Pippa -agridulce y extraño- me acompañó durante el tambaleante y soñoliento trayecto en autobús de regreso al norte de la ciudad, fundiéndose con el pesar y la belleza, un dolor estrellado que hizo que me elevara por encima de la ciudad barrida por el viento como una cometa: la cabeza en las nubes cargadas de lluvia, el corazón en el cielo.

¿Alguna vez se había sentido alguien tan solo?

Los cumplidos me desconcertaban, nunca sabía cómo reaccionar aparte de no dándome por aludido.

Te sorprenderá saber hasta qué punto las pequeñas cosas cotidianas pueden sacarnos de nuestra desesperación.

Tú eres el único que tiene que estar atento para ver la puerta abierta.

Por muy naturales y esporádicas que fueran nuestras conversaciones, nunca había nada simple en ellas.

¿Quién sabe a dónde te llevará todo?

…lo que esperaba en realidad no me atrevía a expresarlo con palabras.

…ella encontró la forma de reescribir la historia de la forma más favorecedora.

Me habría encantado hacer algo con mi talento, pero no pude permitirme ese lujo.

Si ella era tan maravillosa, ¿por qué todo el mundo se portaba de un modo horrible con ella?

Cuando estamos tristes -al menos a mí me pasa- puede ser un consuelo aferrarnos a objetos que nos resultan familiares, a las cosas que no cambian.

La luz del pasado es diferente de la luz de hoy y sin embargo aquí, en esta casa, me acuerdo continuamente de los viejos tiempos.

Cuando pienso en ti, es como si te hubieras ido en un barco hacia un resplandor extranjero donde no hay senderos, sólo estrellas y cielo.

La bondad que encontramos en este mundo nunca es suficiente.

Quiere hacer bien las cosas contigo, pero no sabe cómo.

Y si bien en ese ambiente de temperatura controlada y sin relojes del casino, unas palabras como “día” y “Navidad” eran formulaciones teóricas que no significaban gran cosa, la noción de “felicidad”, en medio del ruidoso entrechocar de copas, no parecía tan fatídica ni catastrofista.

Los días se sucedían iguales bajo aquel resplandor sin estaciones.

Boris y yo estábamos tan sintonizados que no nos hacía falta hablar si no queríamos.

Quiero ganar a cualquier precio.

No es malo ni bueno, es lo que es.

…dos desastres fortuitos, el mío y el suyo, convergiendo en el mismo punto invisible, “el big bang” como lo llamaba mi padre, no con sarcasmo o desdén sino con un respetuoso reconocimiento de los poderes del azar que regían su propia vida.

Podías estudiar las conexiones durante años y no desentrañarlas nunca. Todo se reducía a cosas que se juntaban, y cosas que se desintegraban, “vueltas del tiempo”…

El azar errante que podía o no transformarlo todo.

“Vueltas del tiempo”: aquello que hace que las cosas ocurran más de una vez.

Todo lo que el dinero representa es la energía del proceso.

Lo único que quieres es empaparte de ese solitario momento de recogimiento.

Cuando miraba el cuadro percibía esa misma convergencia en un solo punto: un trémulo instante de resplandor que existiría ahora y siempre.

No debería haber permitido que mi relación con tu madre interfiriera en mi relación contigo.

Era demasiado -demasiado tentador- tener en mis manos el cuadro y no mirarlo.

…el corazón te palpitaba lento y seguro cuando estabas con alguien con quien te sentías protegido y amado.

Lo que había empezado siendo un pensamiento tranquilizador se estaba metamorfoseando una vez más en visiones de desconocidos y robos.

Una mente obsena. La fuente de la eterna juventud.

Una copa es demasiado y mil no son suficientes.

Si no quieres acabar tarde o temprano cortándote el pelo es mejor no pisar la barbería.

Fuera lo que fuese lo que nos hacía ver la droga, estábamos construyéndolo juntos.

…creía que la sinceridad formaba parte de la personalidad de mi padre.

Así es como uno se equivoca, a toda velocidad.

Si me volvía y recorría uno de esos senderos iluminados, ¿saldría de nuevo en un año diferente, quizá incluso en un futuro diferente?

Por encima de todo me sentía aliviado de que en mi desconocido estado balbuceante y parlanchín me hubiera contenido de decir lo que tenía en la punta de la lengua, lo que nunca había dicho, aunque era algo que los dos sabíamos bien sin necesidad de que yo lo dijera en voz alta en la calle y era, por supuesto, “te quiero”.

Esta es la primera ley de la magia: desorientar.

Iba tan a la deriva que ni siquiera me daba vergüenza llorar.

…sus palabras fueron un desagradable hilo que atravesó mis sueños durante toda la noche.

¿Por qué no era como antes? ¿Por qué no se me ocurría nada que decir?

No sabía por qué me sentía tan mancillado, tan inútil y tan equivocado.

Yo sabía que su muerte no había sido culpa mía, pero a un nivel profundo, irracional y totalmente inamovible también sabía que lo era.

Teniendo en cuenta la frialdad con que yo lo había dejado en su desesperación final, el hecho de que él hubiera mentido resultaba irrelevante.

…donde cada reloj marcaba una hora distinta y el tiempo no se ajustaba a la medida estándar sino que serpenteaba con su propio tictac reposado…

Quitar el polvo se convirtió en un hábito lo bastante obsesivo para que saliera a comprar mis propias bayetas…

… el mismo gesto de la cabeza que recordaba su vanidosa costumbre de mirarse en cualquier superficie.

¿Cómo podía explicarle lo irrelevantes que eran esos deseos en la confusión y el sinsentido que se habían desencadenado tras su muerte?

…el olor de su champú de fresa envolviéndome en un vaho burlón en el que su presencia sonreía a mi alrededor.

No quería esforzarme más de lo estrictamente necesario: sólo ir tirando.

Yo no buscaba retos ni pretendía desarrollar mi potencial, ampliar horizontes o utilizar los numerosos recursos a mi alcance.

De algún modo el presente se había contraído convirtiéndose en un lugar más pequeño y mucho menos interesante.

…siempre suspiraba por el mar, tenía que verlo, olerlo…

He visto gatos que nadan mejor que él.

…basta que el agua esté a once grados para que tengas hipotermia si estás demasiado tiempo sumergido…

El horror y la crueldad de morir en el elemento que más odiaba.

El secreto residía en hacer el tonto, poner cara de aburrimiento, parecer absorto en tu libro, fingir que no sabías lo que había y dejarles creer que el engañado era yo.

En el negocio de las antigüedades no existía lo que se entiende por un precio “justo”.

Un objeto valía lo que fueras capaz de sacar por él.

El quid de la cuestión estaba en dirigirse a la proyección, al yo de la fantasía en lugar de a la persona insegura que tenías delante.

Cuando me sonreía yo creía tocar el cielo con las manos.

Durante años ella había sido lo primero que pensaba cuando me despertaba y lo último que pasaba por mi cabeza antes de dormirme, y durante el día ella acudía a mí de un modo inoportuno y obsesivo.

Que me sintiera tan obsesionado y sacudido por su falta de belleza indicaba -alarmantemente- un amor más vinculante que la atracción física, un alma como un pozo de alquitrán donde podía dejarme caer y fingirme enfermo durante años.

Ella era el reino de lo desaparecido, la parte intacta de mí mismo que se había perdido con mi madre.

Le escribí correos electrónicos de treinta páginas que borré sin enviárselos, optando en su lugar por la fórmula matemática que había discurrido para impedir hacer el gran ridículo: siempre tres líneas menos de las que ella me había escrito, tomándome siempre un día más de los que yo había esperado su respuesta.

Ella era el hilo dorado que ensartaba todo.

…placer puro, doloroso y brillante, lejos del estrépito a hojalata de la tristeza.

La velada fue una maraña irreal del pasado y del presente.

No podía soportar  que la vida de otra persona se hubiera destrozado por el mismo veneno de “por qué no hice eso” y “ojalá hubiera hecho aquello” que había destrozado mi propia vida.

Y sin embargo, también resultaba sorprendente ver hasta qué punto renqueaba su mundo sin él.

Un hábito de días alternos, seguía siendo un hábito.

Bajo una luz intensa no había interpretación positiva qué hacer.

Era mejor no haber nacido: no haber deseado nunca nada, no haber esperado nunca nada.

Desde que no tenía los sentidos atrofiados los sabores eran abrumadores.

La primera regla de las restauraciones, como me había enseñado él mismo años atrás, era no hacer nunca nada que no pudieras deshacer.

A veces, la línea que separa un simple elogio desmesurado de un fraude es realmente muy tenue.

Los vendedores viven de su reputación. Rige el sistema del honor.

Empezaremos de cero… haremos borrón y cuenta nueva, y lo tomaremos como venga. Paso a paso, es lo único que podemos hacer.

Siempre supe que era una equivocación guardar el cuadro y aún así lo guardé.

Si perseveras y sigues mirando siempre aparece lo que buscas.

¿No era momento de dar el paso, soltarse y dar la espalda al jardín que me había sido vedado?

¿Una obsesión infundada, imposible y no correspondida no era una forma de malgastar el resto de mi vida?

…pero era un dolor limpio, a diferencia del sufrimiento apagado que me había atormentado durante años bajo el efecto de las drogas como un diente cariado, el dolor sucio e infectado de algo podrido.

…tal vez nunca lo superara y fuera algo con lo que tendría que vivir, la tristeza de amar a alguien a quien no podías tener…

Todos los días me preguntaba cuándo saldría a la luz el primer fraude.

Su silencio no es aceptable.

Esa violenta repugnancia a la procreación que zumbaba ruidosamente por mi torrente sanguíneo: parecía algo innato, congénito, genético.

Yo no era lo bastante astuto para saber a dónde ir o con quién acercarme.

Todos los consuelos ocultos que hacían posible que la vida se levantara por encima de lo corriente y mereciera la pena vivir.

…como cuando quieres tumbarte inmóvil y mirar un reloj para contar los latidos de tu corazón, y no hay ningún sitio donde tumbarte y no tienes reloj…

No se puede sacar agua de un nabo.

Me mareaba a su lado solo el respirar el mismo aire que ella.

¿Tiene sentido del humor Dios?

Es mejor tener un reloj que parezca menos caro de lo que en realidad es.

¡Por ella caminaría sobre cristales rotos!

No te tatúes nunca el nombre de una persona a la que quieres porque entonces la pierdes.

Cuesta mucho arreglar las cosas. A menudo no tienes esa oportunidad. A veces todo lo que puedes hacer es evitar que te pillen.

Siempre es un error hacer tratos con gente que no conoces.

La habitual luz del día: el estruendo matinal de los transeúntes, brillante de amenaza.

Todos esos años había flotado a la deriva, demasiado enclaustrado y aislado para vivir la realidad.

Nunca me había sentido tan desesperado, avergonzado y lleno de odio hacia mí mismo.

¿Cómo podía haberme creído una persona mejor, más sabia, más elevada, más valiosa y digna de vivir con un secreto como ese?

La convicción de que toda mi vida hacía equilibrios sobre un secreto que podía hacerla añicos en cualquier momento.

El juego se había acabado. No había forma de saltarse ese momento.

Tan sumergido en el trabajo y acuciado por el agotamiento no tenía mucho tiempo para pensar.

Abstracto, como de otro mundo.

Cuando la ley interviene todo es muy crudo y crítico.

Incluso en su tristeza, era inconfundible la alegría que ella sentía de estar con él.

Mantente alejado de los que amas demasiado.

Es duro estar enamorado de la persona que no debes.

Comprar esas cosas había sido sobre todo una forma de pensar en ella, de estar con ella.

De pronto sentí una oleada de pánico al pensar que estaba sentado en mi habitación con la puerta cerrada, malgastando valiosos momentos de estar con ella.

…lo único que me importaba era que ella estaba a mi lado en la oscuridad, con un brazo entrelazado con el mío.

…yo la quería cada minuto de cada día, con la mente, el alma y el corazón, y se hacía tarde y quería que el local no cerrara nunca, nunca.

…ya era mucho haberla tenido sólo para mí durante unas pocas horas.

Me sentía mejor sólo de estar cerca de él, respirar el mismo aire limpio que él.

Era como un haiku o alguna otra combinación de palabras perfecta con la que me hubiera tropezado para explicarle lo que ella significaba para mí.

¡Ganemos o perdamos saldremos ganando!

…no era la luna pura del desierto que servía de referente sino más bien un truco de fiesta que podía desaparecer con el guiño de un ilusionista o alejarse flotando hacia la oscuridad hasta perderse de vista.

Tenemos el arte para no morir de la verdad.

No me gusta hacer daño a alguien innecesariamente.

…el mundo entero era carcajadas que rebotaban fractales y metálicas de las paredes revestidas con baldosas…

…una sensación de que el mundo aumentaba de tamaño como un fabuloso globo hinchado que flotaba y se alejaba hacia las estrellas…

No me imaginaba cómo sería estar de nuevo en mi propio cuerpo.

¡Preocupación! Qué pérdida de tiempo. Todos los libros sagrados tenían razón.

Todas las cosas se derrumban y se construyen de nuevo.

¿No éramos puestos como seres sensibles sobre la tierra para ser felices en el breve tiempo que se nos asignaba?

Cuanto más lujosa la droga más profunda era la angustia.

Destruir o perder una criatura inmortal, romper vínculos más fuertes que los temporales, era un desacoplamiento metafísico único, con un gusto sorprendentemente nuevo a desesperación.

De un modo intencionado o no, yo había extinguido una luz en el corazón del mundo.

A veces se trata de jugar bien cuando tienes una mala mano.

La perfecta alegría de echarlo todo por la borda.

Los muebles realmente singulares no aparecen de la nada.

No le diría eso: eran pétalos de rosa, no un dardo venenoso lo que quería tirar.

Era importante no pensar demasiado.

¿Cómo pude tratarte tan mal si sólo deseaba lo mejor para ti?

El mundo es mucho más extraño de lo que sabemos o nos imaginamos.

No siempre se saca el bien de las buenas obras ni el mal de las malas obras.

Ni siquiera los sabios ni los buenos pueden ver la finalidad de sus acciones.

…confió en quien no debía, se equivocó en todas sus decisiones e hizo daño a todos los que tenía a su alrededor.

¿Y si es más complicado que todo eso? ¿Y si lo contrario también es cierto?

Puedes equivocarte de camino y que aún así este te lleve a donde quieres ir.

Mientras actúe guiado por el amor creo que estoy haciendo lo mejor que sé.

Quizá tenía que perderse ese para que los demás fueran encontrados.

…él sólo había cometido el pecado de confiar en mí.

A veces todo gira en redondo de forma extraña.

Amar tanto a los objetos puede acabar destruyéndote.

Si cuidas algo lo suficiente cobra vida propia.

…un cuadro importante fluye con suficiente potencia para abrirse paso hasta la mente y el corazón a través de enfoques diferentes, de maneras únicas y muy particulares.

¿Quién dijo que la coincidencia es la manera que tiene Dios de permanecer anónimo?

La belleza altera la textura de la realidad.

La búsqueda de la belleza pura es una trampa, la vía rápida hacia la amargura y el dolor.

¿Cómo es posible que vea con tanta claridad que todo lo que amo o lo que me importa es una ilusión, y que al mismo tiempo, al menos para mí, ahí resida el encanto de todas las cosas por las que merece la pena vivir?

¿Qué pasa si tienes un corazón que no es de fiar?

No se trata de apariencias externas, sino de significado interior.

La vida es catástrofe.

A veces queremos lo que queremos aunque sepamos que nos matará.

Todo lo que nos enseña a hablar con nosotros mismos, lo que nos enseña a salir de la desesperación entonando una canción, es importante.

Es un honor y un privilegio amar lo que la muerte  no puede alcanzar.

Lorena Sanmillán

 

Mis subrayados. Y si quieren saber de mi pasado… Chavela Vargas

February 1, 2018

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Un día dejaré todo y vendré a morir aquí.

No tengo miedo en la selva.

El aire es distinto en el paraíso y aquí estoy protegida.

Aún tengo tiempo para soñar.

Cuando tenga ganas de morirme ya me daré cuenta.

Mis padres no me querían.

Yo era un ser raro, una persona rara.

Lo que duele no es ser homosexual; lo que duele es que lo echen en cara como si fuera la peste.

Si hubiera tenido miedo del mundo no hubiera llegado a ninguna parte.

No me avergüenzo de mi mala reputación, ni de la verdadera, ni de la inventada.

Se nace para trabajar.

Macorina tiene su origen en el siglo XVII, cuando ya se cantaba una antigua versión.

Macorina era una mujer entera y verdadera.

Macorina: yo llevaré tu nombre por todo el mundo.

En el fondo, hasta los hombres me quieren.

He oído decir que al Papa le encantan mis canciones.

Vi comprar el Grammy a más de uno; sentí la envidia de los que no alcanzaban a ser Chavela Vargas.

La única razón de mi desgracia fue que me gustaba beber y quise beber. Y me lo bebí todo.

No tengo la culpa de que usted ande mendigando historias de amor que es incapaz de vivir.

No tengo la culpa que su amor sea vulgar como vasija de alfarero.

¿Qué hay que ocultar en el amor?

Ustedes me conocen por mi música, y por la música deben apreciarme.

No quiero que aquellas mujeres que me amaron, o que dijeron que me amaron, anden por los estantes de las librerías.

¿Para qué volver a tocar la herida?

Por la libertad se paga un precio altísimo.

Quizá he puesto más fantasía en mis amores que brillos hay en los trajes de los toreros.

Si las mujeres se divorciaban porque me querían, no era cosa que yo pudiera evitar.

No puedo con las mujeres, no puedo pelear con ellas.

Casi todas me ponían los cuernos. No podía entrar yo por ninguna puerta.

Como no he sido muy afortunada con el cariño de los demás, siempre agradezco que me quieran.

Siempre me resulta fascinante y maravilloso que alguien ponga sus ojos en mí.

Soy vergonzosa y pudorosa, por más que de parranda pueda parecer lo contrario.

Estoy con mujeres. Y para ser sincera, me encanta. Yo las amo y ellas me aman.

Si volviera a nacer volvería a amar a las mismas mujeres que amé.

Nadie se muere de amor. Ni por falta, ni por sobra.

La duda golpea el alma, y yo, en aquel momento, prefería beberme ~un tequila por cada duda~.

Yo no padezco la angustia de no tener dinero.

Podría escribir ~dolor~ y así quedaría todo solventado.

Me dejan por imposible.

La vida es una continua pachanga, a veces surrealista.

Cuando hablan de mí, hablan con mucha ternura. Tal vez por eso soy tan sentimental.

Yo extiendo los brazos y a veces las manos -no para que me crucifiquen- sino para abrazar al mundo.

Sólo puedo dejarles como herencia mi libertad.

He sufrido mucho por ser como soy, pero de otro modo hubiera sufrido aún más.

No alardear o no inscribirme en algún partido político no significa que no sea una mujer comprometida.

Los que no aman jamás se elevarán ni un centímetro del suelo.

He llorado muy pocas veces en un escenario; sólo lloran los artistas que no tienen recursos para sacar lágrimas al espectador.

Se aprende a estar sola en un escenario.

Cuando se triunfa los ojos brillan y nadie dice nada.

Tengo ochenta y dos siglos y soy incorregible. Y creo que ya nadie podrá repararme.

Autobiografía de Chavela Vargas. “Y si quieren saber de mi pasado…” Aguilar; Madrid; 2002; Tercera Edición: 297pp.
Lorena Sanmillán

Mis subrayados: La carne. Rosa Montero.

January 1, 2018

Captura de pantalla 2017-11-01 a la(s) 20.30.02

La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir.

Demasiada ira es como demasiado alcohol, produce una intoxicación que te hace perder lucidez y criterio.

La insinuación elegante de la carne escocía mucho más.

… y cuando todo estalló al mismo tiempo, la música y la carne, una supernova redujo a cenizas la habitación y destruyó el planeta.

… si no has hecho alguna vez el amor con Wagner, sin duda te estás perdiendo de algo tremendo.

Como en todas las relaciones de Soledad, el final estuvo en el horizonte desde el primer momento.

Sólo se muere de amor en las malditas óperas.

¿O quizá las obsesiones se disfrazaban con la apariencia del amor para parecer algo más bello que un simple desequilibrio mental?

Ser maldito es desear ser como los demás pero no poder.

Ser maldito es no soportar la vida y sobre todo no soportarte a ti mismo.

Un sabor amargo le llenó la boca, el sabor de la pena y de la rabia.

De lo que no cabía la menor duda era de que el amor te envenenaba, te embrutecía, te hacía cometer todo tipo de tonterías y desmesuras.

¿Hay maldición mayor que la de aspirar a la gloria y ser ridículo?

El amor te convertía en un ser patético.

Soledad nunca había vivido con nadie. Cuando quiso no pudo y luego no quiso.

Era una adicta a la pasión y, como buena adicta, sin eso no le interesaba vivir.

Porque Soledad intuía que ese atractivo había empezado a menguar recientemente, no sabía bien cuándo: ya está dicho que el propio interesado es el último en enterarse de los estragos.

La gente casi nunca sabía cuándo era la última vez que hacía algo que le importaba.

Quizá ya se hubiera acabado todo. Quizá moriría sin haber conocido de verdad el amor.

¡Una novela! Hasta el más imbécil escribía.

… lo que importa no es lo que se tiene, sino lo que se añora.

Es decir, no la habían querido de la manera en que ella necesitaba ser querida.

Moriría sin haber conocido el amor. Eso sí que era ser pobre, y no el hecho de no poder pagar un maldito recibo.

La tiranía de su deseo hacía que todo fuera más difícil.

Ella, estúpida, quería también una caricia en el alma, no sólo en la cara.

Al final, todo acababa por desembocar en el amor. Y en el daño.

Soledad no soportaba las críticas porque no soportaba el fracaso.

El fracaso era un lobo hambriento que la había rondado desde su niñez, un lobo que merodeaba por el páramo de su vida y aguardaba su primer tropezón.

¿En qué momento se perdía un ser humano?

Soledad a veces pensaba que los hombres debían de ser genéticamente incapaces de estar solos.

… Soledad añoraba un amado.

Una de las cosas más ridículas que la edad conlleva es la cantidad de trucos, potingues y ortopedias con los que intentamos combatir el deterioro: el cuerpo se nos va llenando de alifafes y la vida, de complicaciones.

Pero a fin de cuentas la existencia misma es un viaje, así que no hace falta tener que coger un coche o un avión ni trasladarse a otra ciudad para ser rehén de toda esa parafernalia protésica.

Conocía bien el poder opresivo de ciertos pensamientos torturadores.

Soledad recordó el verso y dio la razón al poeta: lo que somos de niños construye la cárcel del destino de nuestra vida adulta.

Uno de los remedios tradicionales para el dolor del duelo era comer. Alimentarse levantaba la moral.

Yo soy ese monstruo. Nunca me ha querido nadie.

Una de las pocas cosas positivas de envejecer, quizá la única, era la seguridad de que ya no ibas a volverte loca.

“Dios, antes de destruir a sus víctimas, las enloquece”, decía Eurípides.

Según Freud, lo siniestro es la irrupción del horror en lo cotidiano.

Siempre intentó sujetarse a los firmes mástiles de la lógica para que el viento del caos no la arrastrara.

Las coincidencias eran siempre inquietantes.

Su afán de ocultamiento era tan notorio que llamaba poderosamente la atención.

Habían estado siempre tan unidas que apenas si necesitaban palabras para comunicarse…

De modo que este enamoramiento formó parte del delirio: o quizá no, quizá fuera de verdad el desencadenante de la catástrofe:

La locura como una forma de suicidio.

La vida es una aventura que siempre acaba mal, porque termina con la muerte.

Entonces, ¿en eso consistía querer de veras a un hombre? ¿En una condena a la locura, como Dolores, en un tenaz ejercicio de autodestrucción, como Lejárraga?

Por fortuna, esa maldita ladrona que era la edad también te regalaba esto: el conocimiento, a fuerza de experiencia, de que las crisis de ansiedad remitían.

La araña en el centro puntual de la maraña.

Claro, que las mujeres desesperadamente enamoradas, es decir, enamoradas sin ninguna esperanza de ser correspondidas, hacían otras cosas aparte de enloquecer…

Ahora que lo pensaba Soledad, casi todas las historias de sus malditos tenían que ver con la necesidad de amor, con el abismo del desamor, con la rabia y la gloria de la pasión.

La necesidad nubla el entendimiento -dijo con dulzura.

No. No estás loca- dijo el médico con tranquilizadora, bendita seguridad-: Estás triste y cansada. Te voy a mandar vitaminas. Y Orfidal, para que duermas un poco por las noches.

“Sentada en el suelo, aún con el traje de tafetán negro, sin haberme mudado, revisé mis pobres páginas y comprendí que, siendo mujer y sola, nunca las podría publicar y pareciome que el luto que vestía era por la muerte de mis ilusiones.

… porque uno no debe plantear cuestiones cuya respuesta tema conocer.

A Soledad no le caían bien las escritoras porque le recordaban que ella no escribía.

Todos tenemos todas las posibilidades del ser dentro de nosotros, es lo que decía el romano Terencio “nada de lo humano me es ajeno”.

Estaba perdiendo a Adam, lo sabía con la certidumbre de la piel, de la carne, de cada una de sus células.

Y si ahora lo estaba perdiendo era porque hubo un tiempo en el que lo tuvo.

¿Qué era lo peor, que nunca te hubieran querido o que te hubieran dejado de querer?

Fracasar en el amor desataba el apocalipsis.

…a Alcina sólo le quedaba chillar y llorar, porque, cuando llegaba el desamor, la vida dejaba de tener sentido.

Era como si, al perder la ilusión embellecedora de la pasión, quedara al descubierto la acongojante realidad.

Ah, si hubiera sabido que iba a ser vieja y que se iba a morir, habría vivido de otra manera.

La vida era un paquete de regalo en las manos de un niño, envuelto en papeles de brillantes colores.

Quizá fuera por eso por lo que a ella le costaba tanto dormir.

Tal vez la escritura fuera un lenitivo contra la oscuridad, pensó.

De modo que a ella lo único que le servía para olvidarse de la Parca, y del desperdicio de la mezquina vida, era el amor.

Sin amor, todo era polvo y llanto y una vida que no merecía la pena ser vivida.

…cuando te sientes tan distinto prefieres olvidar lo que eres.

Aún así, ese incidente de sus dieciocho años fue el cráter fundacional de su vida, la escena sobre la que se articuló toda su existencia.

“He amado hasta la locura, y eso, lo que llaman locura, es para mí la única forma sensata de amar”, dijo Francoise Sagan, otra maldita.

Comprendía que hubiera personas incapaces de salir de ese abismo.

No había vuelto a descompensarse por alguna pasión: no había perseguido a nadie nunca más.

Ella nunca llegó siquiera a plantearse la posibilidad de tener hijos: eso pertenecía al mundo de los normales.

Ah, esas otras infinitas vidas posibles que se abrían como la cola de un pavorreal en torno a nuestra existencia, todas esas modificaciones de nuestro destino que podrían haber tenido lugar con tan sólo variar un pequeño detalle.

A veces el destino, burlón, se divierte emparejando fenómenos iguales.

Ahora bien, ¿qué otra opción tenía? ¿Regresar sin más al naufragio de su vida?

No soportaba tener que enfrentar su realidad.

Estaba empujada por la inercia de su herida, por la obcecación de un dolor muy antiguo.

Su vida entera parecía estarse derrumbando, pensó. Por qué no colaborar un poco en el proceso.

La furia era una huída de la pena.

Era un niño educadísimo, tan serio y adulto como sólo pueden serlo los niños que han sufrido.

Soledad hubiera preferido suicidarse, pero en vez de eso dijo: Que seas feliz. Que seas muy feliz. Y era sincera.

Ah, si uno lograra limpiarse la memoria de la misma manera que se lavaba el cuerpo, pensó mientras se enjabonaba.

Porque uno de los espejismos más extendidos es el de pensar que nosotros no vamos a ser como los otros viejos, que nosotros seremos diferentes.

Antes todo era tan difícil y ahora era tan fácil: bastaba con dar un simple paso.

Eran tan variadas, tan inesperadas y tan innumerables las calamidades que le podían ocurrir a un solitario…

Sólo tenía que rebajar sus propias exigencias, sus expectativas.

Sólo tenía que soltarse y jugar.

Dejaría lo de superar los celos de las escritoras para su próxima reencarnación, en esta vida no podía arreglar tantas cosas. Pero, por lo menos, intentaría redactar una novela. Sería un consuelo, ahora que el amor se había acabado para ella.

Era el obcecado empuje de la vida, la loca y patética esperanza levantando de nuevo la cabeza.

La cultura es un palimpesto.

La carne. Rosa Montero. Alfaguara. 2017. 236 páginas.

Lorena Samillán