Archive for the ‘Relatos’ Category

Amor del bueno

September 4, 2018

Voy en el coche. Llevo a mis perras a ver a mamá, su abuela. Mientras manejo, pienso en los pendientes que tengo. El semáforo en rojo decreta una pausa en el trayecto. En la radio canta Reyli. Siento una mirada. Twitter aúlla, como lo hace cuando llama la atención e intenta comunicarse. La escucho en segundo plano. Sigo con mis pensamientos. Tantas cosas por hacer. Vuelvo a sentir la mirada sobre mí. Volteo hacia la derecha. Una familia nos saluda, están encantados con la perra. Sonrío y devuelvo el saludo. La conductora levanta sus pulgares, felicitándome. Verde. Avanzamos. Coincidimos de nuevo en el siguiente semáforo. Twitter aúlla más fuerte. Lakmé -antisocial- va echada en actitud de “No me molesten”. Bajo el vidrio para que vean mejor a la Twitter. La conductora baja el vidrio y yo hago lo propio. Nos saludamos. ¡Qué bonito! Es perra, le digo. ¡Qué bonita!, corrige, disculpándose. ¡Qué elegante! ¿Van de paseo? Sí, vamos a ver a mi madre. ¡Qué lindo! ¡Van con la abuela! La familia entera está conmovida con el animal que va en mi coche, la chulean, la piropean y la otra, nalgas prontas, sigue aullando, agradeciendo el detalle. Olvido los pendientes y me concentro en el momento, trémula de ternura. Verde otra vez. Nos despedimos sonrientes y canto con Reyli: Nadie le apostaba a que yo fuera tan feliz -con dos animales en mi coche- pero cupido se apiadó de mí.

Lorena Sanmillán

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Cinco abuelos

August 29, 2018

Hoy es el día del adulto mayor. Día del abuelo.

Hoy recuerdo a mi abuelo Jesús, padre de mi padre. Ferrocarrilero, mujeriego e incansable narrador. Algún día escribiré sobre la anécdota de mi apellido paterno y las cosas que pasaban en el patio de maniobras de los trenes. Presumía conocer a Francisco Villa. Recuerdo mucho sus regalos. Especialmente el coche de bombero y de policía y ese Jeep amarillo que regaló mi padre.

No conocí a mi abuela paterna, María de la Luz. Nací en junio y ella murió en enero de ese mismo año. No sé más de ella que lo que cuenta mi madre. Sólo tengo en mi mente una foto que veo a diario. Nunca la he sentido cercana, y no la quiero.

Con mis abuelos maternos tuve más cercanía. Barbarita, madre de mi madre, me mostró lo que es cuidar a un enfermo. Yo la cuidaba, comenzaba mi adolescencia, ella respiraba y en cada respiro se le iba un poco su vida. Yo temblaba. Ella me regaló mi primera mascada. Ahora tengo colección.

Mi abuelo Eulogio, fue tanto para Manuela. Tenía talento para las letras. Escribía las cartas que los demás le dictaban. Murió muy joven, menos de cuarenta años, por su alcoholismo y supo sacar adelante a su familia. Emigró hacia donde estaba el trabajo para tener una mejor vida. 

Y me queda, don Gabriel, el segundo esposo de mi abuela, a quien nunca se me permitió decirle abuelo, pero de quien recibí tantos detalles, tanto amor. Algunas tardes de sábado, la mayoría, viene a mi memoria. Lo vuelvo a ver, caminando hacia la carnicería para comprar chicharrones de res, y a la tortillería. Regresaba. Mis hermanos y yo lo aguardábamos sentados en la banqueta. A cada uno nos daba una tortilla e iba poniendo un chicharrón de res, recién sacado del cazo. Nosotros comíamos, con un Grapette, que mi abuela había puesto en hielo, porque sabía que ese sábado la visitaríamos. Yo lo quería mucho y nunca se lo dije. Espero que lo haya sentido. Saber que lo quería lo supe en mi adultez, qué cabrona es la vida.

Yo no seré abuela de nadie.

Lorena Sanmillán

En una casa de empeños

August 12, 2018
Enrique Granier era un francés de gran corazón, y, sin embargo, se había establecido en México abrien­do una casa de empeños.
No quiere decir eso que yo juzgue hombres de malos sentimientos a los que tienen casas de empeños; pero hay, sin embargo, necesidad de tener un carácter especial para fundar la propia ganancia en la desgracia ajena; porque es seguro que solamente van a buscar el re­medio en el empeño los perseguidos de la suerte, y allí se apuran hasta los últimos recursos, y allí, tras lo superfluo, va lo necesario: después de la joya, llegan hasta el colchón y las prendas más indispensables.
Se encuentra allí, es cierto, la sal­vación del momento, pero se prepa­ra la angustia de lo por venir.
A pesar de eso, siempre el que sale de aquella casa muestra en el rostro algo de satisfacción; y es na­tural, pues si a dejar fue la prenda, sale con el dinero que remedia una necesidad o salva de un compromi­so; si a recuperarla fue, sale conten­to con ella, porque vuelve a recon­quistarla después de haberla creído perdida, y es ya un augurio de me­jores tiempos. Pero, a pesar de todo, es triste contemplar aquella multi­tud de objetos, cada uno de los cuales es el símbolo de una angustia, de un sacrificio, de un dolor, y cada persona de las que vienen sueña que lleva un objeto de gran valía, que simboliza para él la esperanza de salvación, y se encuentra con el frío razonamiento del comerciante, que no ve en aquello el último recurso de una familia sin pan, sino una prenda que definitivamente puede venderse para cubrir la suerte prin­cipal y el interés del préstamo.
Y yo le hacía todas estas re­flexiones a Granier, y él me con­testaba:
– Mire usted, en el fondo tiene usted mucha razón; pero en la lu­cha por la existencia los sentimien­tos románticos entran por muy poco en el cálculo. Además, el hombre se acostumbra a todo; se procura tratar a los clientes con la mayor benevolencia, y siempre viene con la reflexión este razonamiento: tie­nen que existir estas casas de empe­ños; y de no tenerlas yo, las tendría otro, que quizá fuera más rudo y sacrificara a los pobres.
– Tiene usted razón también; pero ahí, detrás de ese mostrador, habrá usted comprendido todas las miserias de la humanidad, habrá usted presenciado escenas conmovedoras.
– Sí, cosas terribles; oiga usted una historia muy sencilla, pero que a mí me conmovió profundamente.
– Cuéntemela usted.
*
Era una tarde del mes de diciem­bre; el tiempo estaba muy frío; os­curecía, y ningún parroquiano aso­maba por la puerta de la casa. Iba yo a cerrar para arreglar mis cuen­tas, cuando entró una niña peque­ñita, como de seis años, vestida muy pobremente, y que se acercaba como vacilando y con timidez al mostra­dor. Me causó compasión instintiva­mente, y como no alcanzaba para hablarme, me incliné sobre la mesa para verle la cara.
– ¿Qué quieres? -la pregunté.
– Nada.
– ¿Cómo nada? Pues entonces, ¿a qué vienes?
– Porque mi papá y mi mamá están enfermos en la cama, y no han comido en todo el día porque no tenemos, y yo vengo a empeñar.
– ¿Vienes a empeñar? ¿Qué traes para empeñar?
Y ella entonces sacó de debajo de un viejo y destrozado rebocillo con que se cubría un objeto pequeño, que me presentó con una especie de orgullo, al mismo tiempo que de dolor, y como quien sacrifica una riquísima alhaja, diciéndome:
– Pues vengo a empeñar mi rorro.
Era un rorro viejo y maltratado, que seguramente no valía dos cén­timos.
Comprendí todo lo que pasaba en el corazón de aquella niña; el va­lor tan grande que daba a su mu­ñeca; el doloroso sacrificio que ha­cía por sus padres al empeñarlo, y la esperanza tan lisonjera de obte­ner por él una gran suma.
– ¿Y qué hizo usted? -le pre­gunté a Granier.
– Pues sentí un nudo en mi gar­ganta, y, sin poder hablar, le di a la niña cinco duros y le devolví su rorro, y me quedé llorando como un tonto sobre el mostrador.
Vicente Riva Palacio

A cuentagotas

July 28, 2018

Gotera

ritmo pautado del infinito

infinito

ocho, galaxia, galería, eclipse

eclipse

ausencia de protagonismo

protagonismo

narciso urbano que baila flamenco

flamenco

vanidoso plumaje iridiscente abanico

abanico

imprescindible extensión corporal en la canícula

canícula

alfombra de las Perseidas

Perseidas

lágrimas de san Lorenzo, lejanos alfileres en el manto del cielo

cielo

límite etéreo bajo el cual todo sucede

sucede

sucedes, eres, existes, ignoras, dueles.

Lorena Sanmillán

 

 

Canción de tumba. Julián Herbert. I

June 17, 2018

Hace mucho que compré el libro, por recomendación de Jorge Castillo, pero no había tenido el tiempo ni las ganas de leerlo. Es uno de los libros que están en la fila y en la cual cada tanto se cuelan los libros avanzosos que llegan sin turno y devoran mi tiempo. Ahora lo tengo en mis manos, he decidido leerlo. Dice la computadora que el respaldo del teléfono se tardará una hora, así que decido tener esta hora de lectura mientras mi teléfono hace lo que necesita hacer cibernéticamente.

Este libro ha ganado diversos premios. XXVII Premio Jaén de Novela. Dice la computadora que si acepto no sé qué cosa. Interrumpo la lectura.

Lo dedica a Mónica. ¿Quién será? Mientras pienso en este dato personal de Herbert también pienso en su salud. ¿Cómo seguirá? No lo conozco, pero por alguna razón me cae bien, lo siento cercano. Espero que se haya mejorado y que la colecta que se inició haya tenido éxito.

No tengo a la mano Post It y no quiero rayarlo. Sigo simplemente observándolo, oliéndolo. Hojeándolo. Se trata de una historia contada en 206 páginas. Dividida en tres partes:

I.- I don´t fucking care about spirituality

II.- Hotel Mandala

III.- La vida en la tierra

Uno de los apartados se llama Jirafa de Lego. Me sigue cayendo muy bien este autor. Leo un poco de su biografía. Escritor y poeta, dice una de las páginas. ¿Los poetas no son escritores?  Tengo muchísimo calor y la computadora no deja de preguntarme cosas. Creo que leer no es una buena opción. No me puedo concentrar. Sólo lo observaré, dándole la bienvenida a mis horas.

Comienza con un epígrafe de Armando J. Guerra “Madre sólo hay una. Y me tocó”. Pienso en José Martí: “Hay un sólo niño hermoso en el mundo y cada madre lo tiene”, y pienso también en una apropiación para Manuela: “Sólo hubo una Manuela en el mundo y yo la he tenido como madre.” Cursi, copiado, lugarcomuneado, pero mío. Manuela también me habla desde su cama, algo quiere comentarme. Lo dicho, este momento no era para leer.

Lorena Sanmillán

 

 

 

El jilguero. Donna Tartt. XXII

June 13, 2018

Creo que hoy terminaré el libro de Donna Tartt. Suspiro. Tal vez necesite distancia para evaluarlo. Tal vez este libro no era para mí. Boris habla muy animado del argumento del libro “El idiota” pretendiendo explicarle a Theo su comportamiento. Es el libro que ha marcado su vida. ¿Será que siempre nos pasa lo que merecemos? ¿De lo malo puede salir algo bueno? Sí, holísticamente hablando, cuando tenemos la paciencia para trabajarlo. El bien y el mal siempre han entretenido a la humanidad. El amor como un motor que nos conduce a donde queremos ir. Boris se pone denso. El tiempo nos ayuda siempre a poner las cosas en su lugar. Comedia es igual a tragedia más tiempo. Lamento no recordar de quién es la cita para consignarla como es debido. Viajan a Amberes y Theo regresa a Estados Unidos. Lucius ha visitado a Hobie y lo ha puesto al tanto de las cosas que hizo Theo. Los anticuarios y el apego. El cuidar a los muebles como lo más preciado. Las cosas hermosas nos ponen en contacto con una belleza mayor. Pienso en cómo me encanta Mondrian y lo que sentí al ver sus cuadros en el MoMA. La necesidad que tenemos los seres humanos de crear y observar el arte. Cómo un cuadro nos toca de tal forma que podemos pasar horas observándolo y siempre encontrándole algo distinto. Clavos ardientes que nos enganchan a la vida. Theo abandona Nueva York y se va de viaje por el mundo. Tengo ganas de escuchar “La belleza” de Aute. Tartt va cerrando las puertas que abrió, y aunque siento que sobra mucha información, me satisfacen las reflexiones finales. Mucho por reflexionar ahora que casi lo termino. Las ilusiones que me han dado vida siempre han merecido la pena. Disfruto la humanización del personaje y sus cuestionamientos finales. Se desnuda como escritor y confiesa que comenzó a escribirlo desde los 13 años. Son nuestros secretos los que nos definen y no la cara que mostramos al mundo, escribe Theo y yo coincido. Habla de El jilguero, como cuadro y lo describe desde el punto de vista académico y desde el humano. Lo que hacemos nos retrata. Vamos dejando rastro nuestro en cada pequeña cosa que hacemos. Del cuadro pasa a hablar de la vida y la muerte, de la tristeza y la alegría. ¿Escogemos lo que queremos? Ayer pensaba en eso, cuando tomé agua de jamaica. Seguro hay gente a la que no le gusta. ¿Cómo se forman los paladares? ¿Por qué nos gustan unas cosas y otras no? Habla de la importancia de los detalles y comprendo tanto detalle en la narración. A pesar de todo lo que me he quejado y las cosas que no he comprendido, me deja un gran sabor de boca la última página. Tengo muchas ganas de releer el último capítulo. Página final, 1143. En los agradecimientos menciona más de cincuenta personas. Asumo que todas ellas le dieron los datos precisos para detallar lo que narra. Gracias, Donna Tartt.

El jilguero. Donna Tart. XXI

June 12, 2018

Con muchas dudas, y por ello intrigada, me encamino hacia el final de la lectura. Historia de equívocos, pero sin ellos, ¿cómo estar en los enredos? Theo está en Amsterdam. Se aproxima Navidad. Perdió el cuadro, recuperó el cuadro y lo volvió a perder. A ver qué más sucede ahora. ¿Volverá a Nueva York? Desde fuera es fácil ver las soluciones. Además es necesario comprender el momentum en que los personajes toman sus decisiones. No puede volver tan fácilmente porque no tiene el pasaporte. ¿Si está tan enfermo, ¿por qué no se atiende? Theo piensa en el suicidio e imagina las cartas que escribirá para despedirse. Si yo lo hiciera, ¿escribiría cartas? ¿a quién? ¿Es su única salida? Por las fechas, se escucha a lo lejos El cascanueces. La atmósfera se cubre de música. El cascanueces y su amor imposible. Un abrazo ruso para su final con drogas y alcohol. Duerme y sueña con su madre. Un sueño contado a partir de los sentimientos, un encuentro muy grato quizá precisamente por lo fantástico del suceso. Es el día de Navidad. Boris aparece en el cuarto de hotel, justo cuando Theo ha tomado algunas resoluciones. ¿Cómo se ordenan tantas cosas en la mente? Boris, caótico, trae consigo el caos final. Por la forma convulsa en la que se alimenta, me da hambre y voy y me sirvo algo para seguir leyendo. Reaparece el cuadro y sucede con él algo que por obvio resulta inesperado. Boris se pone filosófico mientras devora el salmón y degusta la champaña. Página 1103

El jilguero. Donna Tartt. XX

June 11, 2018

Releeré la escena anterior porque quiero comprenderla. Me pasó de noche. Ya la comprendí. Sucede muy rápido. Recuperan el cuadro. Es un regalo de Navidad bastante peculiar. Extraño cómo lo han perdido. Extraño cómo lo han recuperado. No lo comprendo del todo, pero sigo con el pacto ficcional. Theo acaricia el cuadro y comprueba que es el auténtico. ¿Para qué lo quiere? ¿Por qué no lo devuelve? No podrá hacer nada con él. ¿Tiene sentido que lo conserve? Quizá sí, para su gusto único y personal. Mientras Boris y Theo envuelven el cuadro, aparecen tres hombres en la escena. Nueva palabra: tabardo. Prenda de vestir amplia y larga, de paño generalmente tosco, y con aberturas laterales para sacar las manos. Aunque no es la acepción que busco. Debe tener otro significado porque si pongo esta acepción pierde el sentido. Ladrón que roba a ladrón. Una balacera para pelear por el cuadro. En mi mente resuena “Californication” de Red Hot Chilli Peppers. Nueva palabra: cordita. Con el término cordita se hace referencia a un tipo de pólvora sin humo compuesta de nitroglicerina y algodón pólvora que se mezclan con acetona, para producir una pasta que posteriormente es prensada en forma de cuerda. La vida no podrá ser la misma después de matar a alguien. ¿A dónde iría a parar el cuadro? ¿No lo busca Kitsey? ¿Qué sucederá? Son preguntas que hoy se quedan en mi cabeza, pero no me quitarán el sueño. Página 1047

Lorena Sanmillán

El jilguero. Donna Tartt. XIX

June 9, 2018

Han sido días de mucho calor. El ventilador es imprescindible para vivir en Monterrey. Leer no es cómodo en estos tiempos. Quizá por eso muchos asuntos literarios acontecen en Octubre. Ayer dejé a Theo en su fiesta de compromiso sudando a mares, por los nervios. Hoy sudo mientras sigo leyendo. Le presentan mucha gente. Está aburrido. Entre los asistentes se encuentra un hombre que conoce a Lucius. Boris también aparece en la reunión. Se lleva a Theo de viaje. Comienza la quinta parte, con un epígrafe de Nietzche

Tenemos el arte para no morir de la verdad.

Vuelan a Amberes. Buscan el cuadro. Theo sugiere llamar a la policía. Boris insiste en que se encarguen ellos. Muchos detalles en la narración. Me gustan la microhistorias. Estoy entretenida viendo cómo se meten en problemas, cuando lo pueden solucionar tan fácil. Quiero ver cómo se resuelve esta historia. Ese mundo del hampa, que quizá ni siquiera ellos conocen, se presenta ante mis ojos de una forma frenética. Su lógica es particular. Nueva palabra: satsangs (sánscrito sat = verdad, sanga = compañía) describe en la filosofía hindú: la compañía de la “más elevada verdad”; la compañía de un gurú; la compañía de una asamblea de personas las cuales escuchan, hablan y asimilan la verdad. Mucho movimiento en dos páginas que narran el encuentro. Theo no comprende nada. Yo tampoco. Creeo que releeré esta escena para comprenderla mejor. Página 991.

Lorena Sanmillán

El jilguero. Donna Tartt. XVIII

June 8, 2018

Quiero ver a dónde va la historia. Su novia lo engaña con Cable. No sé bien qué pensar de estas coincidencias. A veces la vida es así. Horst y Lucius se conocen, lo cual complica las cosas. Hace un buen acuerdo con Kitsey. Quizá algunas relaciones funcionan a base de acuerdos, sin involucrar las emociones. ¿Cómo se conserva una obra de arte? ¿Qué estará sucediendo con el cuadro?  Pippa visita a Theo y Hobie. Van al cine. Sale a cenar con Pippa. Platican. Recuerdan el día de la explosión. Los hubieras vuelven a estar en la mesa. Nadie se puede culpabilizar por no predecir el futuro. A veces ignoramos los signos de advertencia. Theo disfruta mucho la compañía de Pippa. Tuve unos sueños que recuerdo poco, ahora que estoy leyendo vuelven a mi mente. Qué mágica forma tiene el cerebro de funcionar. Necesito escribirlos antes que los olvide del todo. Llega el día de su fiesta de compromiso. En la fiesta de compromiso, uno de los invitados menciona a Lucius Reeve. Theo suda a mares. Página 931