Un poeta local. David Toscana

November 6, 2017

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Comparto este cuento de David Toscana: Un poeta local

Hildebrando fue recibido con una fiesta familiar organizada por sus padres. El alcalde —su tío— estuvo presente como invitado de honor, pues fue con dineros del municipio que pasó dos años en la capital del estado, inscrito en el Colegio de Escritores. Volvió con la satisfacción de un diploma enmarcado en chapa de oro que lo autorizaba a escribir profesionalmente y con el orgullo de estar entre los únicos dieciséis, de un grupo original de cincuenta, que terminaron el curso.

Hildebrando había ganado fama local porque sus versos eran leídos en cada fiesta patria y patronal. Para el veinticuatro de febrero, escribió un poema titulado La tricolor ondeante, cuyo verso más celebre decía:

Porque si no fueras águila no fuera México

Para el veintiuno de marzo, había escrito un poema llamado Bendito Benito, que se volvió tan famoso que incluso al pie de la estatua de Juárez, en la calle del mismo nombre, una placa conmemorativa lo citaba:

De sangre india tu nobleza

De sangre blanca tus querencias

Su repertorio abarcaba el primero, cinco y diez de mayo; el dieciséis de septiembre, el veinte de noviembre, el doce de octubre y las Navidades. También tenía loas para prohombres como Cuauhtémoc, Hidalgo, Guerrero, Zapata, Villa, Madero y el padre Pro.

El único tropiezo en su carrera —gracias a que nunca hizo público su soneto a López Portillo— se lo ganó por haber escrito la Oda al gobernador. La compuso a solicitud de su tío, en cierta ocasión que el gobernador visitó el pueblo. Educado con lecturas poéticas de años remotos, Hildebrando gustaba emplear palabras de dudoso significado para la mayoría de su público, pero que él sentía, le daban a sus versos la dosis de erudición que todo arte requiere. No era raro encontrar en sus obras palabras como: rosicler, algazara, progenie, lid, denuesto, pléyades, loor, fúlgido y fulgente, infando, presura, garzul, aqueste, zagal, querelloso, adalid y, con gran frecuencia, la expresión ¡Oh!

Escribió de un día para otro la desventurada oda terminándola justo antes de la ceremonia en que el gobernador inauguraría la ampliación de la escuela primaria y el alcalde trataría de negociar una partida del presupuesto para instalar una arena de lucha libre dedicada a Blue Demon, hijo adoptivo del lugar. El evento transcurrió según lo programado: se develó la placa conmemorativa de la ampliación, se aplaudió, hubo discursos y llegó la hora de la oda. Las primeras estrofas hablaron sobre un estado progresista y sobre un gobierno que daba libertad con oportunidad, sobre la recia figura del mandatario, con ojos siempre mirando al frente. El público interrumpía con aplausos y gritos de mariachi, hasta llegar al verso veintisiete, en el que Hildebrando empleó una de esas palabras de arte:

El gobernador embebecido

Hubo un momento de desconcierto en el que no se escucharon ni aplausos ni gritos. ¿Qué dijo?, se preguntó la gente y comenzaron a circular las interpretaciones. La prensa, al día siguiente, estuvo dividida. Algunos dijeron que Hildebrando había insinuado que el primer mandatario estatal actuaba como bebé y otros aseguraban que había empleado un sinónimo de baboso. POETA INSULTA AL GOBERNADOR, rezaba un encabezado.

El gobierno del estado, a través de la Subsecretaría de Comunicación Social, pidió al alcalde que buscara la manera de disculparse públicamente. El municipio pagó en todos los periódicos regionales un inserto que mostraba el texto íntegro de la Oda al gobernador. La palabra embebecido aparecía resaltada y con un asterisco. Al consultarse el asterisco al pie de página, podía leerse:

EMBEBECIDO: Adj. Admirado y pasmado.

FUENTE: Pequeño Larousse Ilustrado.

La explicación fue vista con buenos ojos por parte del gobierno estatal, sin embargo, aduciendo motivos de falta de recursos, se negó el apoyo económico para la arena de lucha libre.

Pese a esto, el balance de Hildebrando resultó positivo: nunca un poema suyo había alcanzado tanta difusión, y con esta buena fama ni el alcalde le negó el dinero para sus estudios ni el grueso de la gente protestó por el destino de sus impuestos.

Dos años asistió a una escuela donde le mostraron la manera como se deben manejar las metáforas y metonimias sin abusar de ellas, le hicieron memorizarse los elementos que requiere un texto para ser cuento. Aprendió a redactar guiones de cine, radio y televisión; obras de teatro y ensayos. Supo que palabras como fue, dio y vio ya no llevaban acento, y que extrañamente rió aún lo mantiene; que desapareció la be de obscuro, que el adjetivo, cuando no da vida, mata; que los adverbios terminados en mente no deben emplearse frecuentemente; que pues bien, yo necesito decirte que te adoro ya no hace suspirar a nadie; y, muy a su pesar, se enteró de una verdad que en un principio le inquietó al punto de suponer que el maestro le mentía, pero que con el paso del tiempo y lecturas prestadas terminó por aceptar; una verdad que le dejó sin dormir varias noches sumido en la decepción y resuelto a nunca escribir otro verso: la poesía ya no era rimada.

Hubiera tomado el camino de vuelta al pueblo de no haber sido porque su decisión de dejar los versos lo condujo a aceptar la narrativa como su nueva vocación. A fin de cuentas, ser poeta o cuentista o dramaturgo o publicista no era más que una especialización dentro de su nueva vida como profesional de las letras.

Hildebrando sentía que la escuela le había dado todas las habilidades para escribir un cuento, sin embargo, no le venían las ideas. Por eso lo primero que hizo tras su fiesta de bienvenida fue meterse en el LONTANANZA para ocupar una mesa en la esquina del fondo. Ahí colgó un letrero:

ESCRITOR TITULADO POR LA ESCUELA DE ESCRITORES BUSCA HISTORIAS PARA ESCRIBIR CUENTOS

Si resultaba cierto —como decía el cantinero— que ahí se escuchaban más confesiones que en la iglesia, ése era el sitio preciso para hacerse de temas.

Tan fácil como tronarse unas cervezas y esperar.

—¿Ha habido suerte? —preguntó el cantinero.

—Todavía no.

Hildebrando había notado la presencia de un hombre que desde una mesa distante lo miraba con insistencia pero sin ánimo para acercarse. Supuso que todo era cuestión de tiempo, de tragos. Cuando el hombre estuviera suficientemente borracho se acercaría para verter su alma en el papel.

De repente sus miradas se encontraron. Hildebrando sonrió con torpeza y levantó el brazo en señal de saludo. El hombre ni sonrió ni saludó: eructó, se puso en pie y se acercó al escritor.

—Tengo la historia perfecta —dijo.

Volteó hacia la barra e hizo una seña que Hildebrando interpretó como amor y paz, y que dentro del LONTANANZA significaba dos cervezas por favor.

—Cuéntemela, señor, y si vale la pena, yo la convierto en literatura.

—Me llamo Adalberto.

—Bien, Adalberto, sólo quiero aclararte que los escritores nos alimentamos de ideas venidas de muchas fuentes sin que paguemos gratificaciones o regalías.

—No quiero dinero…

—Hildebrando.

—¿Eres el de poema a Juárez? —Adalberto se entusiasmó y tendió la mano sin hallar correspondencia.

Llegaron las dos cervezas. Hildebrando destapó la pluma y abrió su cuaderno. Las hojas estaban casi todas repletas de tachaduras y frases que no concluían, de inicios de cuentos que se quedaron en el arranque.

—Es una historia de ciencia ficción —dijo Adalberto.

—No importa —aclaró Hildebrando—, yo escribo cualquier género.

—Es sobre un candidato a primer ministro de una isla imaginaria. Un candidato muy popular que seguramente hubiera ganado las elecciones si no es porque alguien lo asesina en la última etapa de su campaña. La gente lo llora y siente que con él también se van a la tumba los sueños de progreso económico, justicia social, empleo digno, democracia, soberanía nacional, auge comercial, desarrollo cultural…

—¿No son muchas esperanzas para un candidato?

—Se hacen mil esfuerzos por resolver el crimen pero no hay modo de dar con los culpables. Mientras tanto, el candidato sustituto gana las elecciones y, tan pronto toma el poder, la isla se hunde en una tremenda crisis…

—Tenía entendido que iba a ser de ciencia ficción.

—Sí, espérate tantito —dijo Adalberto y dio un trago largo a su cerveza (luengo trago, pensó Hildebrando)—. Ocurre que un famoso científico congela el cuerpo del difunto o lo conserva sumergido en cualquier sustancia rara que se te ocurra, y para antes del siguiente periodo electoral, ¿qué crees?, encuentra la forma de revivirlo. Por supuesto otra vez popularidad total, la esperanza perdida, sácanos del pozo y no sé cuánto más. El candidato ex muerto gana entonces las elecciones, mayoría absoluta, arrasa, toma el poder… y la isla se vuelve a hundir en una crisis todavía peor.

Adalberto miró a Hildebrando, ansioso por detectar entusiasmo en su rostro.

—¿Me viste cara de pendejo?

—¿Por qué?

—La alusión es tan evidente que hasta un niño la pesca —ahora fue Hildebrando el que bebió hasta apurar la botella—. Además no quiero meterme en líos con nadie; ya me veo: el Rushdie de petatiux. No estoy para eso; mi búsqueda es puramente literaria, sin compromisos que la corrompan.

—Pero muy bueno para hacerle odas al gobernador.

—Es diferente, eso lo escribo porque lo siento.

—A mí, se me hace que eres un lambiscón.

—Y tú eres puro hocico —Hildebrando se incomodó por lo infantil de su respuesta.

Vio que Adalberto se ponía en pie y se marchaba. ¡Síguelo!, le gritó una voz por dentro. ¿Quién va a pagar las cervezas de amor y paz? Pero tuvo miedo de armar un escándalo, de parecer un imbécil corriendo detrás, y no obstante sus bolsillos vacíos, cerrando los puños lo dejó partir.

Al día siguiente las cosas no fueron mejor. Estuvo toda la mañana sentado en la misma mesa, bebiendo agua y haciendo garabatos en el cuaderno sin que nadie se acercara, salvo el cantinero.

—Si no consumes te tienes que ir —le advirtió, y le explicó que de cualquier modo, aun chupándose una coronita por minuto, no estaba muy convencido de permitirle colgar el letrero. El mal ejemplo podría extenderse y al rato llegarían plomeros, albañiles, abogados y hasta médicos a colgar sus letreros con horarios, tarifas y especialidades. SE DESTAPAN CAÑOS / DEFIENDO TRABAJADORES DESPEDIDOS / SE PONEN INYECCIONES. ¿En qué se convertiría mi negocio?

Hildebrando volteó a ver su propio letrero y quiso recordar a algún colega que hubiera hecho algo parecido en otra cantina, pero apenas le alcanzó la cabeza para imaginar a Carlos Fuentes en La Ópera, de la mano de Candice Bergen.

—El muy ojete —dijo para sí—, con esa vieja hasta yo escribo Terra nostra… y capaz que la mía sí se entiende.

Concibió un libro titulado Historias de Lontananza, en el que el primer cuento narraría las andanzas de un escritor que entra a un bar y cuelga un letrero en busca de temas. Pensó a su vez en un título apropiado para ese cuento y, llevado por la cultura cinematográfica, se le ocurrió Los apuros de un escritor.

Era la única idea que hasta el momento le había entusiasmado y se le fue el tiempo tomado de ella. Sin embargo no se ponía de acuerdo sobre narradores, tonos, tiempos y demás. El escritor entró al bar. No. El bar estaba vacío. Con un carajo. Luego de dos horas de pensar, sólo le había satisfecho el refraseamiento del título: Un escritor en apuros.

En esas andaba cuando se acercó un hombre.

—Si quiere escribir algo realmente importante, yo le puedo dar un tip.

Hildebrando levantó la vista al escuchar la voz profunda y pausada. Vio un hombre viejo, con una mezcla extraña de fortaleza y cansancio.

—Lo escucho —dijo.

—¿No me invitas a sentarme?

Imaginó al viejo pidiendo un par de cervezas y luego yéndose sin pagar.

—Todavía no —dijo Hildebrando—, primero dígame de qué se trata.

El hombre no hizo caso y se sentó. Sacó un pañuelo de bolsillo de la camisa y secó una capa de sudor en su frente a punto de gotear.

—Conozco la verdadera identidad de Blue Demon —dijo.

Hildebrando cerró su cuaderno.

—No sabía que fuera un secreto.

En silencio, el hombre desmenuzó una servilleta y luego sopló con fuerza para hacer volar los jirones.

—Es cierto —dijo decepcionado—, tal vez ya no sea secreto.

—Y en todo caso —dijo Hildebrando— no creo que sea importante.

El hombre se puso en pie y se retiró con paso lento. Su voz baja pero audible alcanzó a decir:

—Tienes razón, tal vez ya no le importe a nadie.

Apenas salió del LONTANANZA, entró Adalberto, aprovechando el impulso de vaivén que le dio el hombre a la puerta.

—Ahí estás —dijo señalando hacia Hildebrando.

—¿Qué? ¿Tiene otra historia de ciencia ficción?

Adalberto pidió un par de cervezas y se sentó.

—Mira —dijo—, acepto que los que te conté ayer puede parecerse en algo a lo de Kennedy…

—Kennedy mis huevos —interrumpió Hildebrando.

—…pero ahora te voy a contar una historia sobre una curita que sabía más de la cuenta.

Hildebrando lo miró con desconfianza. El cantinero trajo las dos cervezas.

—O las pagas por adelantado —advirtió Hildebrando— o no escucho nada.

Adalberto extendió un billete al cantinero y comenzó a relatar:

—Trata de un sacristán que accidentalmente se da cuenta de que el párroco se roba las limosnas. El sacristán no tiene pruebas y comienza a investigar un poco por su cuenta…

—¿Todo ocurre en una isla imaginaria?

—No, Hildebrando, ésta es otra historia —dio un trago de cerveza—. El sacristán se espanta cuando se entera de que el párroco está confabulado con el alcalde de estos negocios; y como se corre el chisme de que anduvo haciendo preguntas y enterándose de cosas que no debía, una noche lo machetean en la central de autobuses.

Hildebrando golpeó la mesa con la mano abierta

—Sí, claro —dijo—, y dicen que fue un accidente, que lo confundieron con Chucho el Roto.

—No exactamente —dijo Adalberto—. Si fuera tan simple yo mismo escribiría la historia. Ocurre que aquí el asunto  se multiplica con cientos de personajes y con decenas de hipótesis sobre lo que ocurrió.

Por un momento Hildebrando se entusiasmó con el proyecto; pensó en una novela con varias voces encontradas, narradores omniscientes, equiscientes y deficientes; y narradores omniscientes que se hacen los deficientes; personajes clave que aparecen en una página y desaparecen en la siguiente. También se le ocurrió meter dentro de los antagonistas a un curita italiano para emparentar su novela con las de Puzzo; pero aquí le vino una idea que lo decepcionó por completo: ¿qué hacer con una novela donde el protagonista está muerto y los demás personajes son antagonistas? No recordó que le hubieran enseñado eso en la escuela de escritores.

—Si tienes complejo de fiscal especial ve a la Pe Ge Erre —dijo Hildebrando con exasperación—; a mí no me interesan tus hipótesis.

—Deja contarte el resto.

—Ya escuché suficiente —lo detuvo Hildebrando—. ¿De veras me ves tanta cara de pendejo?

Adalberto comprendió que estaba perdiendo su tiempo. Tomó ambas cervezas y se las llevó a otra mesa, donde se puso a beber sin prisa.

Hildebrando retiró su letrero. ¿A quién se le ocurriría? Probó la seña de amor y paz y rápido llegó el cantinero con un par de coronas.

—Así me gusta —dijo—, consumiendo y sin letrero serás siempre bienvenido.

También bebió con lentitud. Esperaría hasta que Adalberto saliera porque se le ocurrió que irse antes era como exhibir su derrota. Abrió su cuaderno y fingió que escribía, pasando la pluma sobre los trazos de proyectos anteriores, incluyendo el del escritor en apuros. Entre trago y trazo descubrió un calendario que colgaba a un costado de la puerta del baño. No le llamó la atención la gringa descolorida con cerveza en mano, sino la fecha: agosto 27. En cinco días comenzaría septiembre, mes de la patria. Pensó en sus versos a Hidalgo, Allende, Morelos; al grito de Dolores, al abrazo de Acatempan y a las agallas del Pípila. Muchos los sabía de memoria y los repasó en silencio, con el tono heroico para el que fueron escritos. Entonces le vino un renovado entusiasmo por las palabras, tal como lo sentía antes de que le informaran que la rima estaba muerta y sepultada. Buscó en su cuaderno una hoja en blanco. Aún le quedaban algunos héroes sin versificar, y se dijo que no había muerto ni sepultura que se resistieran al talento. Levántate y anda, decretó en su cabeza, se persignó con la misma mano que sostenía la pluma y comenzó a escribir.

¡Oh! desventurada patria mía

Que pagó con santa sangre de niño

La intromisión de un extraño enemigo

Porque en Chapultepec parque no había.

David Toscana

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Su nombre es Manuela

May 10, 2017

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La primera vez que me topé con la canción “Señora, señora…” de Denisse de Kalafe, fue en la primavera de 1986, antes de que se popularizara tanto como hoy que es icónica para este día. Treinta años ya y la canción no envejece. La conocí en una hoja de máquina, leyéndola como poema. La montaríamos en el grupo de poesía coral de la secundaria. Mis parlamentos estaban subrayados con rojo, para decirlos con la voz grave que poseo. Me gustó lo que leí. En ese momento desconocía que tenía música. Era una de esas canciones que quizá sólo pasaban en Radio Recuerdo.

Ensayábamos. El grupo se colocaba en el foro, formando una media luna, y comenzábamos. Verónica Irasema y Gloria Esmeralda, con sus voces agudas y tiernas abrían el número. A ti que me diste tu vida, tu amor y tu espa-a-cio, decía Vero desde una esquina. Gloria se ponía de pie y , haciendo ademanes por demás conmovedores, respondía desde el extremo A ti que cargaste en tu vientre dolo-o-r y cansa-a-ncio. En ese momento yo también me levantaba y decía con voz de trueno A ti que peleaste con uñas y dientes, valiente en tu casa y en cualquier lugar. El grupo se integraba, formando una flor de la cual nosotras éramos el tallo y completaban la estrofa: A ti rosa fresca de Abril. A ti mi fiel querubín. El resto del número lo hacíamos básicamente en el mismo ritmo.

Señora, señora… Denisse de Kalafe

Confieso que me dolía el poema y al mismo tiempo me sentía ajena. Sentada en una de las escaleras del foro, meditaba mientras las demás pintaban sobre el suelo las figuras que iríamos formando. No lo sentía y sentir es imprescindible para recitar. ¿Había peleado Manuela con uñas y dientes por mí? Es cierto, me había dado su idea del amor y su espacio. Reconocía también que había cargado dolor y cansancio, pero lo demás no me sonaba. Mi fiel querubín, frase por demás cursi para decirla de adolescente. Lo que más me saltaba, era el decir Es linda, mi amiga gaviota, su nombre es mi madre. 

Es verdad, mi madre no era mi amiga, o al menos en ese entonces yo no la veía así. Mi amiga constante de todas las horas. Deseaba que mi madre fuera mi amiga, pero ¿cómo podría ser? Yo le preguntaba por Simone de Beauvior y ella no sabía ni que existía. Sólo -sólo- sabía cocinar, bordar, cantar, ver novelas y lavar mi ropa, administrar la casa y pelear con papá. Había otra cosa que sabía hacer y perfeccionaba a diario: regañarme por la mayoría de las cosas que hacía.

A ti te dedico mis versos, mi ser, mis victorias… El día que recitamos aquel poema, mi madre no fue a verme. Nos habíamos peleado, no recuerdo ni por qué. Hasta se ganó un premio en la rifa. Un exprimidor de naranjas que obviamente nunca usamos, enojadas, lastimadas las dos por lo que había sucedido. Me dolió que no fuera, pero así eran las cosas con ella. El poema seguía siendo lindo aunque ella no lo hubiera escuchado. Me hizo falta su aplauso, sus lágrimas conmovida. Se lo perdió. Me lo perdí. Nos lo perdimos las dos.

Comenzó la preparatoria y la distancia se hizo más grande. En la facultad, se esmeraba porque no me fuera sin desayunar y que no me desvelara tanto. Comenzaron mis salidas nocturnas que soportó con estoico silencio. Regresaba a casa de mañana y ella me ofrecía café y tortillas de harina recién hechas, mientras preguntaba sin querer saber cómo me había ido. Valiente en tu casa y en cualquier lugar salió a poner en su lugar a una chica que fue a armarme un escándalo a mi casa. Tampoco hablamos jamás de ello.

Siempre amable con mis amigos, han encontrado un amoroso abrazo con ella. Manuela abre su corazón para los que me quieren. Kike tiene especial lugar en su vida. Cuando le asiste la lucidez, pasa lista por algunos de los afortunados a quienes recuerda. Muchos de ellos aún tienen memoria de sus comidas deliciosas y planeadas. Manuela hacía maravillas con el sueldo de mi papá.

Cuando canta, la emoción habita todo mi ser. Cuando lo hace, vuelvo a ver a Manuela de nuevo, súper fan de Ramón Ayala, cantándome cuando regresaba del kínder: Ahí viene, mi piquito de oro, ahí viene, mi lindo tesoro. Ella ya no se acuerda, pero yo no lo olvidaré. También guardo en mi mente aquella vez que fue al kínder a una junta, hermosísima con un vestido morado, y a escondidas llevó tacos de mermelada de fresa para mí.

A pesar de sus limitaciones, he aprendido a liberarme.  Me ha costado sangre del alma comprender que mi madre como tal, ya no existe. Extraño sus respuestas rápidas, certeras e irónicas. Para aminorar el dolor, ahora festejo cada una de ellas cuando suceden, en vez de reprocharle las noventaynueve veces que no acierta a contestarme y en lugar de eso me pregunta ¿qué me dijiste? Cuando me repite las mismas historias mil veces, pienso en cuántas veces le conté yo el mismo cuento o cuántas veces me escuchó contar la misma caricatura. Entonces sonrío y reclamo la herencia de creatividad, paciencia, amor incondicional y buen humor que ha sido su legado para mi vida.

Ahora estamos al revés. Hemos cambiado los papeles y hoy la veo como mi hija. Ahora ella depende mucho de mí.  Ha sido un proceso lento y amoroso. Dedicarse a otra persona es todo un arte que no ha sido fácil aceptar.  Ella lo hizo sin chistar por sus once hijos. Para ella también ha sido difícil aprender a dejarse querer, atender. Le hago sus curaciones y me encargo de su comida y su baño. Ahora la veo tan vulnerable. En sus manos lleva una argolla de plástico que se encontró y siempre me pide que le ponga sus aretes. Me desarma que tenga aún tenga ánimo para la coquetería. Me destroza que a veces no recuerde quién soy. Casi aplaudo cuando se pone terca, pues veo que aún tiene carácter.

Ella no me amenazaba, simplemente me pegaba. Sus reveses eran rotundos. He recorrido junto a ella los interesticios de la escala de la vida. La he odiado, la he compadecido, la he admirado, la he aborrecido, la he ignorado, la he amado, la he consentido. Alguna vez hasta me avergoncé porque era analfabeta.  Por sobre todas las cosas, la he conocido. Dejándola de ver como madre, la he podido ver mujer. La Güera Manuela, la más guapa de la Obrerista. La Güera musiquera, fan de los Montañeses del Alamo y amiga de los locutores de la TKR. Guardo sus secretos en mi corazón, impronunciables.

La iglesia a la que íbamos de niños, organizaba una serenata para las madres. Yo no iba por el horario. Escuchaba cuando llegaban los muchachos y comenzaban a cantar: Hay un cuadro singular, que en mi mente siempre está, es mi madre con el libro de Jehová. Es la única estrofa que recuerdo porque en vez de escuchar la serenata yo la observaba. Sus ojos refulgían de orgullo escuchando a sus hijos cantar para ella. Verla feliz era más importante que poner atención en lo que decía la canción. Quería que se sintiera tan orgullosa de mí, como de mis hermanos, por eso acepté participar en aquél poema.

No estuvo aquél día de las Madres, pero hoy la tengo conmigo. Hoy le recitaré el poema. Hoy quiero sanarme esa herida. Hoy le daré mi regalo, si no aplaude está bien. Me basta con poder dárselo y que lo pueda recibir. Hoy se la quiero regalar, antes de que se convierta en mi fiel querubín. Las frases de Denisse de Kalafe me ayudarán. Yo, escritora, no sé bien a bien cómo definirla mas las estrofas de la brasileña me servirán mucho. Sé que sonreirá y pedirá que detenga la función, incómoda, desacostumbrada a recibir homenajes. Tengo atorado un Te quiero en la garganta, que es sólo para ella. Quizá hoy me anime a recorrer ese velo.

Nunca ha sido mi amiga gaviota, aún así sé que soy en quien más confía. Soy depositaria de sus recuerdos, de su fascinación cuando llegó a Monterrey y vio por primera vez el Cerro de la Silla.  Sé de la fuerza de sus manos aferrándose a mí cuando iba a empezar su cirugía, sé de su miedo cuando estrujó mi mano a punto de despegar el primer avión en que se subió cuando la llevé a conocer el mar. Sé de su mirada observando la inmensidad. Tengo en mí su temblorosa desolación tomándome de la mano mientras abrían el ataúd de mi abuela.

Es verdad, no me aplaudió aquél día. Sus manos han hecho muchas otras cosas por mí. Es tiempo de reconocerlo, tiempo de olvidar el resentimiento, perdonar y valorar lo que sí he tenido. Lo haré y sé que será un momento bellísimo para las dos, como suelen ser a su lado. Un momento único para atesorarlo. Sean para la Güera los aplausos. Contrario a la canción, yo si hago alarde de ella. Su nombre es Manuela. 

Lorena Sanmillán

 

Día del Trabajo

May 2, 2017

Cerca de mi casa natal había una mercería. En la calle Guerrero. Cuando por fin tuve bicicleta, era una de mis expediciones favoritas. Tomaba mi rila, pedaleaba las cuatro inmensas calles que me separaban de mi destino soñado y me iba a pasar parte de la tarde viendo el aparador. Vendían cosas que yo no podía comprar, pero me encantaban. Tenían muchas cosas como para regalo. Carritos primorosamente acomodados, peluches de muy diversas formas, moños, cajas para envolver, un paraíso para mis pupilas y para mi imaginación.

Me gustaba imaginar a la gente que recibía esos regalos. Envueltos en esos papeles con diseños tan llamativos. Me gustaba ver la cara de las personas que entraban a comprar y con qué amor seleccionaban lo que iban a llevarse. Inventaba historias. Cumpleaños, quizá una visita al hospital, parejas de enamorados o simplemente una sorpresa que le alegrara el día a alguien. También inventaba historias entre las cosas del aparador, ¿qué sentía el coche rojo cuando seleccionaban el azul? ¿volverían a verse? Los peluches quizá se enamoraban entre ellos o tal vez eran familias que serían separadas. ¡Pero había una sorpresa de por medio! Eso les decía a través del vidrio, para consolar a quienes se quedaban.

Cada cierto tiempo cambiaban el aparador y yo lo contrastaba con mi inventario. A veces se iban mis cosas predilectas, a las que ya les había echado el ojo. A veces se quedaban y quizá podía juntar lo suficiente para comprarlas. Me divertía. Eran tardes llenas de magia y encuentros con ilusiones.

También tenían pósters de frases motivacionales. La consabida “Si amas algo, déjalo libre. Si regresa es tuyo, si no, nunca lo fue”. Imposible comprenderla a mis quizá siete u ocho años, pero eso no me quitaba el placer de verla sobre el fondo de unas rosas. Un día pegaron un póster que decía

¿Cansado de trabajar?

El año tiene 365 días de 24 horas, de las cuales 12 están dedicadas a la noche y hacen un total de 182 días. Por lo tanto, sólo quedan 183 días hábiles; menos 52 domingos, quedan 131 días; menos 52 sábados, quedan un total de 79 días de trabajo; pero hay cuatro horas diarias dedicadas a las comidas, sumando a 60 días, lo que quiere decir que quedan 19 días dedicados al trabajo. Pero como usted goza de 15 días de vacaciones, sólo le quedan cuatro días para trabajar; menos aproximadamente tres días de permiso que usted utiliza por estar enfermo o para hacer diligencias, sólo le queda un día para trabajar, pero ese día es precisamente, el “Día del Trabajo” (Primero de Mayo) que es feriado y por lo tanto no se trabaja. ¿Se siente aún usted cansado? Bernard Shaw

WOW! Después de leer esto, yo sentía que había descubierto el secreto de la vida, el hilo negro, la sabiduría de los alquimistas, los enigmas de Fantomas, la fuente del conocimiento de Kalimán… todo eso se había revelado ante mis ojos. Me lo aprendí de memoria. Lo comenté con mis hermanos, que ya trabajaban. Ninguno de ellos me mató la ilusión, aunque ahora comprendo la ironía de sus “Sí, claro”. Dormí extasiada, pensando que nunca me cansaría de trabajar, ni de vivir. Volvía a verlo todos los días y me recriminaba cuando me cansaba por las tareas de la escuela. Pronto comprendí que no era muy compatible. La dicotomía de la teoría y la práctica, puedo decir hoy.

Hoy vi la fecha y lo recordé. Sonreí de buena gana. Recordé cómo tampoco comprendía que precisamente el Día del Trabajo no se trabajara. Algunas veces a mi padre le tocaba desfilar y volvía enojado a casa. Hoy para mí fue un día feriado que aproveché para levantarme un poco tarde y permanecer en casa. Leyendo, escribiendo y resolviendo pendientes. El trabajo de vivir a veces me cansa. Como la semana pasada, que colapsé. Respiro, tomo aire y vuelvo a empezar. Entre tanto cansancio, quiero recuperar mi imaginación, mis ganas de soñar. Quiero volver a tomar mi bicicleta y sentir esa ilusión de ver aparadores, hacer historias.  Quiero no sólo mirar, sino comprar las cosas que me gusten. Me siguen encantando las tiendas de regalos.

Lorena Sanmillán

Convocatoria Mancuspia Autobiografías

March 16, 2017

Convocatoria Edición Especial

Revista Papeles de la Mancuspia

Autobiografías literarias

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1.- La Revista regiomontana Papeles de la Mancuspia, te invita a participar en su número especial Autobiografías literarias.

2.- Se llamará Selfies literarias. No esperemos a morir para que alguien escriba nuestra biografía y diga lo que crea que haya conocido de nosotros. Escribamos nosotros mismos nuestra autobiografía, ficcionada o real, para crear un compendio de selfies literarias lo más variopintas y fieles al momento en que vivimos. Contemos alguna anécdota o resumamos la vida entera. Que nuestro autorretrato en letras le de rostro a ese personaje nuestro que día a día transcurre por la vida, reinventándose.

3.- Podrán enviarse los textos que se deseen, ya sean inéditos o publicados.

4.- Se reciben textos autobiográficos de sus autores favoritos.

5.- Dada la naturaleza breve de la revista, se solicitan textos con extensión máxima de 200 palabras.

6.- La fecha de cierre de edición es el 30 de Abril de 2017.

7.- Todos los textos pasarán a revisión del Consejo Editorial de la revista.

8.- Se tiene previsto imprimirla durante el mes de Julio y distribuirse en Agosto de 2017.

9.- Favor de enviar sus textos en Word, Letra Times New Roman 12, a la siguiente dirección: lorenasanmillan@gmail.com con el asunto: Texto para La Mancuspia Autobiografías.

10.- Les agradecemos sus comentarios o sugerencias en el mismo correo electrónico.

Atentamente

Lorena Sanmillán

Coordinadora Mancuspia Autobiografías

Fernando J. Elizondo

Editor de la Revista Papeles de la Mancuspia

Madonna: Billboard Woman of the year 2016

December 17, 2016

El presentador rompe el silencio. Mi criatura va a recibir su bien merecido premio.

“Damas y caballeros, por favor reciban a la Mujer del año 2016, de Billboard: Madonna.”

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Una gran ovación sirve de alfombra para que ella comience a caminar resguardada por la escolta de miradas provenientes de quienes le acompañan y le aplauden de pie. Se aproxima al escenario con Living for love de fondo. Se deja conducir aunque no lo necesita. Trae consigo unas hojas, probablemente su discurso.  Hace un broma con el conductor quien tal vez fue su comparsa en Unapologetich bitch.

Primero que todo quiero agradecer a Labirinth, esta fue realmente una presentación increíble.

¿Puedo bajar esto? -Pregunta al tiempo que acomoda el premio sobre el piano, junto con sus hojas.

Lo siento. -Se disculpa humilde mientras acomoda su cuerpo frente al micrófono formando un perfecto triángulo con sus piernas. La figura del apoyo, la figura maestra. El tercer ojo. El infinito.

En verdad es mejor de esta forma. Es mejor así.  En serio, siempre me siento mejor cuando tengo algo duro entre mis piernas. -No iba a perder otra oportunidad para reafirmarse.

Sin hojas comienza su discurso. Habla desde el corazón, recorriendo treintaycuatro años de historia musical.  Yo tendría nueve años la primera vez que la vi.

“Gracias por reconocer mi habilidad de continuar mi carrera a lo largo de 34 años. Ante la descarada misoginia, sexismo, burla constante y el abuso implacable.

Cuando empecé no había Internet, así que la gente tenía que decirme las cosas de frente, había algunos a los que tenía que callar, porque la vida era más simple en aquel entonces.

Cuando me fui a New York por primera vez era una adolescente, era 1979,  y New York era un lugar muy aterrador. Durante el primer año fui apuntada con un arma, fui violada en una azotea con un cuchillo cortando mi garganta y como mi departamento fue forzado y robado en muchas ocasiones, simplemente decidí dejar de asegurar la puerta.

En los años siguientes, perdí a casi todos los amigos que tenía por culpa del SIDA, por las drogas, o por un disparo. Como pueden imaginar, todos estos acontecimientos inesperados no sólo me ayudaron a convertirme en la mujer atrevida que está frente a ustedes sino que también me recordaron que yo soy vulnerable y que en la vida no existe realmente la seguridad, salvo creer en ti mismo. También me ayudaron a entender que no soy la dueña de mis talentos. No soy dueña de nada. Todo lo que tengo es un regalo de Dios e incluso las cosas de mierda que me pasaron, que aún me pasan, también son regalos de Dios para enseñarme lecciones para hacerme más fuerte.

Estoy recibiendo un premio por ser la Mujer del año,  así que me pregunto ¿Qué puedo decir sobre ser una mujer en el negocio de la música? ¿Qué puedo decir acerca de ser una mujer ?

Cuando comencé a escribir canciones no las pensaba para un género en específico, no pensaba sobre el feminismo. Sólo quería ser una artista. obviamente estuve inspirada por Debbie Harry, Chrissie Hynde y Aretha Franklin, pero mi verdadera musa fue David Bowie. El encarnó el espíritu femenino y masculino y eso ajustaba perfecto para mí. Bowie me hizo pensar que no había reglas, pero estaba equivocada. No hay reglas… si eres un chico. Si eres una chica tienes que aceptar el juego. ¿Cuál es ese juego?  Tienes permitido ser bonita, linda y sexy, pero no actúes muy inteligente, no tengas opinión, no tengas una opinión que se salga de lo determinado por el statu quo. Tienes permitido ser un objeto para los hombres y vestirte como una puta, pero sin ser dueña de tu putería y NO, repito, NO compartas tus fantasías sexuales con el mundo. Sé lo que los hombres quieran que seas, pero lo más importante es que seas lo que las mujeres quieren que seas para que se sientan cómodas cuando estás con otros hombres y, finalmente, no envejezcas, porque envejecer es un pecado. Serás criticada, serás atacada y definitivamente no sonarás en la radio.

Cuando recién me había hecho famosa, aparecieron unas fotos de mí, desnuda, en las revistas Playboy y Penthouse, fotos que habían sido tomadas por estudiantes de arte para los que posé con la finalidad de obtener algo de dinero. Eran muy sexys, de hecho me veía algo aburrida y sí lo estaba, y se esperaba que yo me apenara de estas fotos cuando salieron a la luz, pero no lo estaba y eso molestó a la gente. Eventualmente me dejaron tranquila, porque casé con Sean Penn y no sólo porque él te patearía el trasero, sino porque fui retirada del mercado. Así que por un momento no fui considerada como una amenaza.

Años después, divorciada y soltera -sorry, Sean- hice mi álbum Erotica y mi libro Sex fue lanzado y recuerdo estar en los encabezados de cada periódico y revista y todo lo que leía sobre mí eran maldiciones. Me llamaron puta y me llamaron zorra, uno de ellos incluso me comparó con Satán. Y dije, “Un momento,  ¿acaso no está Prince corriendo en medias de red, tacones altos y usando lápiz labial? Sí. Sí lo estaba. Pero él era hombre. Es fue la primera vez que verdaderamente entendí que las mujeres no tenían la misma libertad que los hombres. Recuerdo sentirme paralizada. Me tomó un tiempo volver a la normalidad, persuadirme de mi vida creativa, tomar las riendas de mi vida. Me refugié en la poesía de Maya Angelou y en los escritos de James Baldwin y en la música de Nina Simone.

Recuerdo haber deseado tener una compañera para pedirle que me apoyara.

Camille Paglia, la famosa escritora feminista, dijo que yo hice a las mujeres retrógradas al haberme objetivado sexualmente, “Oh, pensé, así que si eres feminista no tienes sexualidad, la niegas” así que dije:  “Jódete, soy un feminista diferente, soy una mala feminista”.

La gente dice que soy muy controversial, pero creo que lo más controversial que he hecho en la  vida es el permanecer.

Lo que me gustaría decirles a todas las mujeres hoy aquí es esto: Las mujeres han sido oprimidas por mucho tiempo al creer en lo que los hombres tienen que decir sobre ellas y creen que deben respaldar a un hombre para que se hagan las cosas y hay algunos hombres muy buenos que valen la pena, pero no porque son hombres sino porque son loables. Como mujeres debemos comenzar a apreciar nuestro propio valor y el de las demás.

Busquen a mujeres fuertes, para ser amigas, para aliarse,  para aprender, para inspirarse, para colaborar, para apoyarse, para tener cultura.

Como lo dije antes no sólo se trata de recibir este premio sino de una oportunidad de estar frente a ustedes y realmente agradecerles como una mujer, como una  artista, como un ser humano. No sólo a las personas que me han amado y apoyado por mucho tiempo, Incluso algunos de ustedes están sentados hoy frente a mí. No tienen idea. -Su voz se quiebra, aunque el triángulo no se tambalea. 

No. -Reprime su llanto con un NO contundente. 

No tienen idea de cuánto significa su apoyo. -La ovación es general y espontánea.

Pero, para los que dudaban, los negativos, para todos aquellos que me hicieron probar el infierno y dijeron que no podía, que no lo haría, que no debía: su oposición me hizo más fuerte, me motivó, me convirtió en la guerrera que soy hoy en día. Me convirtió en la mujer que soy ahora. Así que, gracias.”

Madonna

Discurso completo

P.S. Transcripción de la traducción hecha por Madonna Madders. Se acepta cualquier colaboración que enriquezca la comprensión de tan maravilloso discurso.

Imagínate

November 23, 2016

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Imagínate que una vez más amanecemos juntas. Imagínate que te llevo a desayunar en el sitio que más te gusta. Imagínate que llevas puesta la mascada que más he querido. Imagínate que por fin conseguimos cita para visitar la Casa Barragán. Imagínate que nos dirigimos a la calle General Francisco Ramírez y nos detenemos frente al número 12. Imagínate que en el coche acaricio tus piernas de concurso mientras trajino con los cambios. Imagínate que tenemos un tour privado sólo para nosotras. Imagínate que a mis pupilas no les cabe tanta belleza. Imagínate que tu sonrisa es representación viva de la sección áurea. Imagínate que en ese momento no me cambio por nadie en el mundo. Imagínate que nací para vivir ese espacio junto a ti. Imagínate, tú ahí, de pie, frente y junto a la escalera. Imagínate que te dejan subirla para que pueda llamarse como tal. Imagínate que sus muros te cuentan la historia de México y de la espiritualidad en la arquitectura. Imagínate que el mundo entero agradece que embellezcas la arquitectura mexicana. Imagínate que te entrego una argolla frente al Pritzker del único arquitecto mexicano que lo ha ganado. Imagínate que el premio baja el rostro avergonzado. Imagínate que el rosa mexicano es cómplice de nuestra felicidad. Imagínate que celebramos tu cumpleaños en la Casa Barragán y te la regalo. Imagínate. Sólo imagínate.

Lorena Sanmillán

Lo que quieres no se compra en tiendas

November 19, 2016

No quieres salir de tu casa pero tienes que hacerlo. Aún sabiendo que es el Buen Fin cometes el acto suicida de ir al centro de la ciudad. Llegas y consigues estacionar tu coche en Liverpool previa fila de quince automóviles. En la tienda, apenas ves de reojo los zapatos y disfrutas las muestras de perfume que te ofrecen. No quieres usar por nada y para nada tu tarjeta departamental. Lo que necesitas no se compra en tiendas. Sólo vas a que reparen el Ipad. Llegas a la Plaza de la Tecnología. Como siempre, te sientes fuera de lugar entre tantos aparatos y tanta gente que aparentemente sabe qué hacer con todas esas cosas que a ti te resultan extrañas. Dejas el aparato en el primer local que te recomiendan. Te da igual su reputación y el precio. Se tardarán dos horas, aproximadamente. Has llevado los Relatos de Virginia Woolf contigo. Tienes buena compañía. Caminas hacia Morelos buscando una banca para sentarte. Hace frío. Le agradeces a quien vive contigo que te haya sugerido llevar una chamarra. En la esquina de Morelos y Juárez un comerciante vende elotes asados. Has tenido antojo toda la semana, desde el lunes que fuiste a casa de tu madre. Hurgas en tu bolsa para ver si traes monedas. Tienes diecinueve pesos. Cuestan veinte. Le dices que si te perdona el peso que falta. El tipo accede.Le dices que no le ponga queso de plástico y que le ponga salsa de la que no pica mucho. Tienes un elote en la mano. Con tu elote en la mano buscas una banca. Misión un tanto imposible. Milagrosamente se desocupa una pronto y te sientas en la orilla. Comienzas a destrozar tu elote a mordidas. Al principio lo muerdes con coraje y antojo. Después masticas despacio, disfrutando cada grano. Más que comerlo, lo estás degustando. Te lo imaginas con un pesto o con vinagre balsámico. Una imagen viene a tu mente. Los dientecitos intactos paseando por tus intestinos. Sigues masticando. Una madre con su bebé en brazos se sienta enseguida de ti. El bebé le lanza una mordida a tu elote. Sonríes. Sabes que no puedes darle. Ves pasar a la gente. A Flexi le está yendo bien, a juzgar por la cantidad de bolsas que desfilan delante de ti en la mano de las personas. Las comienzas a contar. Probablemente están a 2 x 1. Casi todos llevan dos bolsas. C&A regala globos de helio a los niños. Una mujer con espléndido sobrepeso habla por celular con una amiga. Amenaza al mundo: “Sólo me falta comprarme un leg innnn” le pone tantas enes a la palabra que piensas que es su inconsciente diciéndole “No te atrevas”. Debería estar prohibida su venta a las personas con sobrepeso. Tú incluida. Sigues observando, comiendo tu elote. Alguien habla por una cabina telefónica. “Quiero comprar algo, pero no sé qué”. No le dices nada. Sólo la ves. Sigues saboreando tu elote. Cuatro adolescentes no saben qué hacer con su abuela, nadie quiere cuidarla mientras su madre va de compras. Tú sabes en qué acaba esa película, cuando nadie querrá cuidar a la abuela en su agonía. Las ves con lástima. Las ves con ternura. Simplemente las ves.La bondad del elotero le dio suerte. Te ha perdonado el peso y ahora tiene una fila esperando sus delicias. Compartes una sonrisa con él. Terminas tu elote. Buscas con la mirada un bote de basura. No hay ninguno cerca. Quizá lo más próximo sea el cesto de basura del cajero automático, para el cual también hay fila y está a veinte metros o más. Desistes. Te quedas con tu olote en la mano. No sabes qué hacer. Si te levantas perderás tu lugar. Si te quedas ahí, ¿qué haras con la basura? Decides tirarlo después. Mientras lo pones debajo de la banca. Piensas si así has juzgado antes a quienes dejan basura bajo las bancas. Quizá sólo estaban esperando que pasara algo y mientras cuidaban su lugar para que no se los ganaran. Quizá algunas veces te has apresurado al juzgar. El ir y venir de la gente te hipnotiza. Te quedas sólo mirándolos y de pronto sabes que no estás ahí. Te cuesta regresar a la tierra. Te has ido por unos minutos a un delicioso vacío imaginativo, nostálgico. Tanto estímulo te ha adormecido. Comienzas a escribir este texto en el aire. Sigues viendo a la gente con sus compras. Te gusta que haya dinero rodando. Te asusta pensar en los créditos y en Hacienda. No puedes evitar pensar en el dólar. En la tienda más próxima ponen a Los Hombres G. Summer grita Voy a pasármelo bien y te vas hasta 1989. Octubre de 1989.  Sigues en tu viaje. Vuelves al presente. Aterrizas en Noviembre del 2016 sentada en una banca de Morelos leyendo a Virginia Woolf. Adoras a Clarissa. Caminas con ella por Londres. Piensas en Flush. Quieres leer toda su obra. No subrayarás el libro a pesar de que te gustan mucho algunas frases. Ves a alguien conocido. Te levantas a saludarlo. Le haces señas, gestos. La miopía te ha engañado. No es quien pensabas. Te disculpas. La vergüenza hace que se te quite el frío. Es igualito. Regresas a la banca y tomas tu olote. Has perdido tu lugar. Buscas un basurero. Mandas un WhatsApp a la hermana del noconocido. Se burla de ti y consigues reír un rato. Huérfana de banca, te pones a caminar. Tiras el olote. Nuevamente ves  al noconocido esperando el camión afuera de Parisina. Aparentas tomarte una selfie con los gestos más estúpidos. Como si fuera importante una selfie en Interplaza. Consigues la foto. La mandas por WhatsApp. ¡Es igualito! Te lo dije. Se termina la pila de tu celular mientras tú haces chisme. No te importa. Regresas a la Plaza de la Tecnología por el Ipad. Han pasado ya más de dos horas. Tuvo arreglo. Le compras una funda y un protector de pantalla. Tarde, quizá, pero así previenes una nueva destrucción. Pagas lo que te piden. Vuelves por tu auto. Liverpool está intransitable. La gente sigue en sus compras caminando sobre los fantasmas de Salinas y Rocha. La gente sigue su vida. El peso sigue su extraordinaria caída. Vives desdoblada este sábado en el centro. Sí, admítelo. Sólo querías decir un par de palabras. Es verdad. La extrañas.

Lorena Sanmillán

Vendo mi primogenitura…

September 15, 2016

14322547_10154102266437950_4927735842595603554_n…no, yo no vendo mis lentejas por nada.

Las lentejas tienen algún recuerdo muy profundo y trascendente que no alcanzo a ver con la conciencia. A nivel sensorial, nunca siento algo igual cuando como otra cosa. Aunque no sigo a pie juntillas la receta de mi madre, sus sabores me transportan a un momento perdido en el tiempo.

Quizá fue lo único que comí ese día. Quizá eran vacaciones. Quizá Manuela estaba contenta. Quizá al ofrecerme una cucharada me dio también un poco de ternura. Quizá inauguré un sabor. Quizá me cumplieron un antojo. Quizá me sentí amada. Quizá estrenamos platos. Quizá sólo se trata de que cambiamos por un día el sabor de los frijoles. Quizá nos las trajeron de regalo. Quizá alguno de mis hermanos me cedió su porción. Quizá estábamos de visita en casa de mi tía. Quizá me sirvieron primero que a los demás y me sentí importante. Quizá mi abuela las preparaba riquísimas. Quizá es la rebeldía de saber que al comerlas hacíamos una travesura probando un platillo tan denostado por ser moneda de cambio para una primogenitura. Quizá sólo es uno de los guiños que tiene mi gula.


No sé qué haya detrás, pero hoy lo revivo en cada cucharada. Me siento sibarita al disfrutarlas. Lloro de felicidad comiendo un humilde plato de lentejas preparadas por mí.

Lorena Sanmillán

Girlie moment

August 26, 2016

Me está bajando y me parece que el amanecer es un poema que ha escrito el Universo para mí.

Me está bajando y, por primera vez, a mis 43 años padezco unos cólicos que me impiden continuar con mi vida en frenesí.

Me está bajando y me fastidia el ruido de mi extractor de jugos. 

Me está bajando y paso momentos exquisitos observando los caracoles de mi jardín acuático. 

Me está bajando y me preocupan las cosas que me hacen falta.

Me está bajando y me siento bendecida por las cosas que tengo.

Me está bajando y quiero que se suspenda todo. 

Me está bajando y todo lo que necesito es un abrazo tuyo.

Me está bajando, ¡carajo!

Me está bajando y quiero un chocolate caliente en pleno verano en Monterrey.

Me está bajando y me siento fea, gorda y sin atractivo alguno.

Me está bajando y me siento súper mujer, maternal y tierna.

Me está bajando y quiero  ponerme a aullar bajo la luz de la Luna.

Me está bajando y río a carcajadas con los chistes que me cuenta una criatura de seis años.

Me está bajando y la paga sin deberla una chica que llama a la casa para promocionar no sé qué. 

Me está bajando y lloro sin pudor con una canción de Juan Gabriel cantada por Angélica María.

Me está bajando y casi estallo en histeria porque batallé para abrir un enchinador de pestañas.

Me está bajando y casi casi le agradezco a un paciente que canceló su consulta.

Me está bajando y me molesta que cancele su consulta casi a la hora convenida.

Me está bajando y cuestiono lo que sucede a mi alrededor.

Me está bajando y busco a ciegas el botón para unsuscribirme de este asunto.

Me está bajando y me abruman los pendientes cotidianos.

Me está bajando y quiero borrar todo lo que escribí ayer para mis Ensayos de la Maestría. 

Me está bajando y recibo sin chistar  el consejo de una amiga que me sugiere descansar.

Me está bajando y todo me duele, lastima y conmueve. 

Me está bajando y todo me da tres cuartos de lo mismo. 

Me está bajando y tengo muchas cosas qué hacer.

Me está bajando y sólo quiero dormir.

Me está bajando y quiero acabar todas las cosas que tengo pendientes.

Me está bajando y no tengo ganas de hacer absolutamente nada. 

Me está bajando y el terremoto en Italia me lleva a pensar en la Teoría del Caos. 

Me está bajando y me duele el vientre cada vez que respiro.

Me está bajando y quiero hablar con mi mamá.

Me está bajando y comprendo que mis amigas no exageraban.

Me está bajando y me sublima el rojo vivo de mi sangre en la copa menstrual.

Me está bajando y esto es muy íntimo para postearlo.

Me está bajando y quiero gritar lo que me sucede.

Me está bajando y camino por los pasillos del HEB dejando un rastro de lágrimas a mi paso.

Me está bajando ¿y?

Me está bajando. 

Lorena Sanmillán

Atlanta ’96: 100 años de Olimpiadas

July 31, 2016

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Estaba un poco enojada, como si mi enojo sirviera alguna vez para algo, por el asunto de que las Olimpiadas del Centenario se celebrasen en Atlanta y no en Atenas. La Coca Cola tiene poder, de sobra se sabe. Aún así, compré mis vasos conmemorativos canjeando corcholatas.  La muina se desapareció ante la llegada de la ceremonia inaugural aunque no me pareció tan impresionante como la de Barcelona. Tenían un reto muy grande ante ellos.

La paloma de la paz formada por bailarines voló enmarcada por los aros olímpicos. Gloria Stefan cantó el tema de las olimpiadas, Puedes llegar. El espectáculo me pareció muy corto, aunque con muchos avances tecnológicos. Se comenzaban a ver cámaras más pequeñas y los uniformes de los atletas iban cambiando. La modernidad tenía su eco en el deporte.

Los atletas comenzaron su desfile por una rampa desde lo alto del estadio. Varios de ellos tropezaron. Yanni, Enya y alguna otra música popular sirvieron de fondo acústico para un momento que no precisa sonido. ¿Por qué no se pone música de cada país?

Hicieron un homenaje a los medallistas olímpicos. Los mejores atletas de los Juegos Olímpicos. Nadia Comaneci, Carl Lewis, Greg Louganis, entre otros. Mohamed Alí, afectado por el Parkinson, fue quien encendió la antorcha. La lección queda clara: el tiempo pasa a través de nosotros.

“Las niñas de oro”, la selección española de gimnasia rítmica ofrecieron un deleite para las pupilas con su gracia y maestría. Andre Agassi ganó el oro en tenis. Indurian, por su parte, ganó el oro en ciclismo.

No recuerdo gran cosa de la Ceremonia de clausura. Creo que hasta ni la vi. La mascota no me llamó la atención jamás. Lo que sí tengo presente es la emoción por Sydney. El año 2000 era lo mismo una esperanza y un breve apocalipsis, pues se decía que el mundo iba a acabarse. Afortunadamente no fue así.

Lorena Sanmillán