Al pie de un árbol

December 4, 2018

Ciudad de México. Entro a “La Parisina”, -en Monterrey no encuentro varias cosas para tejer, y me pongo a buscarlas. Chaparra como soy, de pronto casi se me destroza un oído porque un hombre encorvado -tal vez buscando escuchar mejor la llamada de su celular- (me) grita: “¿Pie? ¿Un pie de árbol? ¿Eso quieres que busque?” Su mirada es un laberinto cuando repite la indicación lentamente, en jerigonza paulino: “¿Un-pi-e-de-ár-bol ¿E-so-qui-e-res?-¿Se-gu-ra?” ¡Lo que daría porque en este momento se pudiera ver lo que piensa o imagina!

Lorena Sanmillán

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Los motivos del lobo

October 5, 2018

El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
el lobo de Gubbia, el terrible lobo,
rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertes y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: ?¡Paz, hermano
lobo! El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: ?¡Está bien, hermano Francisco!
¡Cómo! ?exclamó el santo? ¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?
¿La sangre que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?
Y el gran lobo, humilde: ¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y en veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
Y no era por hambre, que iban a cazar.
Francisco responde: En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!
?Está bien, hermano Francisco de Asís.
?Ante el Señor, que todo ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata.
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.
Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, baja la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios. ¡Así sea!,
contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al convento.

*

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía,
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
iba por el monte, descendía al valle,
entraba en las casas y le daban algo
de comer. Mirábanle como a un manso galgo.
Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.
Otra vez sintióse el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dio treguas a su furor jamás,
como si tuviera
fuegos de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todos lo buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.
Se fue a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.
En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote, dijo, ¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho.
Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:
Hermano Francisco, no te acerques mucho…
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.
Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente.
y recomencé a luchar aquí,
a mi defender y a mi alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad.

El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: Padre nuestro, que estás en los cielos…

Rubén Darío

Amor del bueno

September 4, 2018

Voy en el coche. Llevo a mis perras a ver a mamá, su abuela. Mientras manejo, pienso en los pendientes que tengo. El semáforo en rojo decreta una pausa en el trayecto. En la radio canta Reyli. Siento una mirada. Twitter aúlla, como lo hace cuando llama la atención e intenta comunicarse. La escucho en segundo plano. Sigo con mis pensamientos. Tantas cosas por hacer. Vuelvo a sentir la mirada sobre mí. Volteo hacia la derecha. Una familia nos saluda, están encantados con la perra. Sonrío y devuelvo el saludo. La conductora levanta sus pulgares, felicitándome. Verde. Avanzamos. Coincidimos de nuevo en el siguiente semáforo. Twitter aúlla más fuerte. Lakmé -antisocial- va echada en actitud de “No me molesten”. Bajo el vidrio para que vean mejor a la Twitter. La conductora baja el vidrio y yo hago lo propio. Nos saludamos. ¡Qué bonito! Es perra, le digo. ¡Qué bonita!, corrige, disculpándose. ¡Qué elegante! ¿Van de paseo? Sí, vamos a ver a mi madre. ¡Qué lindo! ¡Van con la abuela! La familia entera está conmovida con el animal que va en mi coche, la chulean, la piropean y la otra, nalgas prontas, sigue aullando, agradeciendo el detalle. Olvido los pendientes y me concentro en el momento, trémula de ternura. Verde otra vez. Nos despedimos sonrientes y canto con Reyli: Nadie le apostaba a que yo fuera tan feliz -con dos animales en mi coche- pero cupido se apiadó de mí.

Lorena Sanmillán

Mis subrayados: Canción de tumba

September 1, 2018

Captura de pantalla 2018-08-28 a la(s) 13.28.04Vivía con la angustia orgullosa y lúcida que hizo morir desollados a manos de san Agustín a no pocos heresiarcas.

…la avaricia de ser dueño de algo que no logras comprender.

Nunca supe en qué consistían estas preferencias y supongo que puedo vivir sin saberlo.

Leemos nada, y exigimos que esa nada carezca de matices: o vulgar o sublime.

Tienes que mandar todo a la chingada y largarte de México. Porque tú vas a ser escritor. Y un escritor en este país no sirve de nada, es peso muerto.

No entiendo lo que dice: no logro hacer la conexión emocional.

No es la realidad lo que vuelve cínico a uno. Es esta dificultad para conciliar el sueño en las ciudades.

Siempre es una buena noticia que el sol salga.

Ser cínico requiere de retórica.

A ratos, en medio de la oscuridad, cuando tengo más miedo, trato de hacerme a la idea de que velo el delirio de una desconocida.

Mis jornadas de la última semana consisten en treinta y seis horas dormitando o escribiendo junto a la cama de una moribunda.

Yo crecí a la sombra de una vuelta de tuerca: pretender que la mía era realmente una familia.

Todo México es territorio del cruel.

¿Qué será de estas páginas si mi madre no muere?

La belleza es la verdadera vida.

Convertir un anecdotario en estructura, por el contrario, ofrece siempre el desafío de conquistar  cierto grado de belleza: lograr un ritmo a despecho de la insonorizada vulgaridad que es la vida.

Wilde consideraba que escribir autobiográficamente aminora la experiencia estética.

Escribo para transformar lo perceptible.

Quiero aprender a mirarla morir.

…una ficción sólo es honesta cuanto mantiene su lógica en la materialidad del discurso…

Me permitió intuir que los sentimientos profundos no admiten distinciones tajantes entre soportes sublimes y banales, y que esta condición de belleza será siempre cínicamente usufructuada por diletantes y burócratas del gusto…

Sin espiritualidad no hay poesía.

Mi rutina antiséptica representa un trabajo más o menos arduo que, sumado al tránsito de médicos y enfermeras y los cambios de turno y los horarios de alimentos y el arribo de facturas y recetas, entrecorta la escritura.

Que la he amado siempre con la luz intacta de la mañana en que me enseñó a escribir mi nombre.

No sé nada de la muerte. Sólo sé de la mortificación.

La literatura siempre ha sido generosa conmigo: si tuviera que volver a ese instante sabiendo lo que sé ahora, escogería los mismos libros.

Tres años de pobreza extrema no destruyen. Al contrario: despiertan en uno cierta lucidez visceral.

Bajar la guardia. No voy a hacerlo. Si se cura, bueno. Si se muere, ni modo.

Gracias a la leucemia comprendí que lo provisional no es una elección: es el ritmo desnudo de la mente.

…necesito tu sangre, dámela a cambio de esta zona mercantil del idealismo a la que denominamos Amistad.

Ni son tontos para andar en supersticiones ni son serios para aguantarse.

Rezar, no. No rezar es todo lo que tengo.

Quizá los fantasmas de putero prenazi y mojigatería socialista guardan un aire de familia con mis propios fantasmas tutelares.

…basura armada en serie, idéntica en su espíritu a las ranas de plástico que se venden en los puestos ambulantes frente al zócalo de la ciudad de México. Que nos sirvan otra ronda de Taiwan.

La diferencia no radica en el objeto sino en el relato oculto tras él.

Así que todos los recuerdos infantiles vienen, fatalmente, como una errata.

El nombre que uso para realizar las acciones más elementales (sostener una cuchara, leer esta línea) es distinto del nombre que uso para cruzar fronteras o elegir presidente de mi país.

Ninguna de estas cosas me preparó para la noticia que mi madre padece de leucemia.

Soy una bestia que viaja, hinchada de vértigo, de sur a norte.

Me aterra la posibilidad de haber legado a mi hijo una afición perturbadora.

Haber nacido me parecía un acto de pura maldad personal que sólo podía repararse engendrando otra existencia.

…el entonces está hecho de poleas quebradizas…

Ese es el más intenso vínculo que me une a mis hijos: un enyesado gesto de adiós.

Cada vez que uno redacta en presente -así sea para contar su cretinismo aeroportuario, su sobredosis de carbohidratos en el menú de British Airways- está generando una ficción, una voluntaria expresión de la incredulidad gramatical.

La manera más rica de sentir el pasado (íntimo o histórico, da igual) es abandonarse a la percepción física del tiempo: un instante está siempre en el futuro. Por eso la culpa y la nostalgia son emociones miserables.

El sexo entre los dos fue una intuición de luminosidad.

…tras diez minutos de fama logré atisbar el límite de mi escritura.

Si te dedicas a cuidar un enfermo, te arriesgas a vivir en el interior de un cadáver.

Seguridad de ser, para alguien que amo y está vivo, nada más que una larva en pena.

No por su grandeza arquitectónica ni mucho menos por su papel en el ámbito de la medicina, sino porque su inopinado origen es un buen ejemplo del gran talento de los mexicanos para hacer el ridículo.

…adoctrinar con argumentos fascistas a los políticos mexicanos que están en el poder es predicarle al coro.

La aventura del Escuadrón 201 se parece a una novela de Jorge Ibargüengoitia.

(supongo, por el resultado, que la charla transcurrió en una cantina).

No hay camino al absoluto que no pase por una estación de la fiebre.

De niño me gustaba tener calentura. Era un padecimiento que volvía especialmente cariñosa a mamá.

Tramitar kafkianamente medicinas es la versión que nos ofrecen de una terapia ocupacional.

Para mí -también insomne crónico- el insomnio es puro melodrama: nada sino un estado suelto de la mente.

No: el verdadero inconveniente de haber nacido no radica en ninguna unidad de sentido que pueda ser narrada.

Habitar algo (o a alguien) es adquirir un hábito.

Afuera estaba cayendo uno de esos aguaceros que hacen decir a las beatas que Dios practica en Saltillo la logística del próximo Diluvio.

Mi madre no es mi madre. Mi madre era la música.

Pero no lo inventé: estoy seguro que lloró cuando supo su muerte.

Este es, por supuesto, mi recuerdo más antiguo: la angustia de que un extraño me roba mi único amor.

¿Quién va a olvidar la primera vez que puso un pie en la cárcel?

Enloquecidamente tranquilo.

Soy una fragancia exquisita envuelta en papel periódico.

El vocablo universal que mis hermanos y yo empleamos para sustituir las expresiones de mal gusto es Esto. 

¿Por qué la vida de la gente que escucha boleros suena siempre tan cursi?

La ideología del dolor es la más fraudulenta de todas.

Hace un par de años le extirparon la vesícula, lo que menguó severamente su tolerancia a los paraísos artificiales.

Si no te puedes unir al heroísmo, cógetelo.

El Diablito Tuntún debe ser el máximo after de La Habana.

Las chicas entran a pasto, estragadísimas por la noche de refuego y al mismo tiempo más aguerridas que nunca: avariciosas, mal cogidas, al borde del vómito por chupar pingas blandas diminutas.

El Diablito Tuntún es un paraíso de pesadilla donde la música resulta intolerable y cinco o seis mujeres bailan alrededor de ti tratando de llevarte a la cama.

Yo en cambio estaba loco por ella y aceptaba lo que me propusiera.

Nuestra amistad se limitaba al tacto.

El placer y la posesión no requieren fulgor ajeno para ser trascendentes.

Soy un wanabí de patriarca y un Opus Dei de clóset.

Puede ser: mi mente es mi segunda madre.

…sabía que las revoluciones también necesitan prostitutas.

Así, desde la fiebre o la psicosis, es relativamente válido escribir una novela autobiográfica donde campea la fantasía. Lo importante no es que los hechos sean verdaderos: lo importante es que la enfermedad o la locura lo sean. No tienes derecho a jugar con la mente de los demás a menos que estés dispuesto a sacrificar tu propia cordura.

Lo que intento por supuesto, es reflexionar morbosamente, no transcribir el dolor.

(ningún delirante es tan imbécil como para perder el delicioso hilo de su locura intentando describirla)

Más allá de la experiencia estética que la propia enfermedad desencadena, no haré más subproducto que una bitácora. Tengo que acudir al mecanismo de la literatura pese a que muchos de mis espectadores lo consideran una lengua muerta: de otro modo, la intervención sería solamente una mancha tibia. Tengo que escribir para que lo que pienso se vuelva más absurdo y real.

La emprendí porque es el último recurso que me queda para acercarme a la sensibilidad.

Si no me besa el mundo, que me bese la fiebre.

La angustia es la única emoción verdadera.

Hay personajes que simplemente no se marchan. Esperan pacientemente a que tengas un breakdown para venir a cobrar lo que les debes.

La medicina paliaba el dolor, no la densa podredumbre.

Recuperar la cordura significa que tus demonios han vuelto a su sitio. Ya no pueden atormentar a nadie más. Sólo a ti.

No sabes cómo lloré porque no me dejaban ir a cuidarte como me cuidas tú.

La amistad es uno de los grandes misterios de la vida en la Tierra.

Si quieres saber qué está pasando tienes que rastrear los twitss en tiempo real.

Los seres humanos son una enfermedad. Un cáncer.

Mi madre es un virus que camina.

El amor, en cambio, como un virus: se injerta; se reproduce sin razón; se adueña de su huésped egoístamente sin consideraciones de especia, taxonomía o salud; es simbiótico. El amor es un virus poderoso.

¿Para qué arruinar un recuerdo perfecto, un viaje tan dulce…?

Aún así, lograron asestarme más pésames de los que mi organismo pudo tolerar: puñetazos en el hígado.

Acapulco debería ser tipificado como delito federal.

¿Qué mejor homenaje podría hacerle la burocracia mexicana a una prófuga de su propio nombre?

Todo abismo tiene sus canciones de cuna.

Estaba simplemente deshecha: un año de virus y veneno es demasiado para un organismo cuyo único imperio ha sido asimilar toda clase de golpes.

No había nada que decir: habíamos tenido un año entero de dolor lúcido.

Herbert, Julián. Canción de tumba. Random House Mondadori. México 2012. 206 pp

Lorena Sanmillán

Cinco abuelos

August 29, 2018

Hoy es el día del adulto mayor. Día del abuelo.

Hoy recuerdo a mi abuelo Jesús, padre de mi padre. Ferrocarrilero, mujeriego e incansable narrador. Algún día escribiré sobre la anécdota de mi apellido paterno y las cosas que pasaban en el patio de maniobras de los trenes. Presumía conocer a Francisco Villa. Recuerdo mucho sus regalos. Especialmente el coche de bombero y de policía y ese Jeep amarillo que regaló mi padre.

No conocí a mi abuela paterna, María de la Luz. Nací en junio y ella murió en enero de ese mismo año. No sé más de ella que lo que cuenta mi madre. Sólo tengo en mi mente una foto que veo a diario. Nunca la he sentido cercana, y no la quiero.

Con mis abuelos maternos tuve más cercanía. Barbarita, madre de mi madre, me mostró lo que es cuidar a un enfermo. Yo la cuidaba, comenzaba mi adolescencia, ella respiraba y en cada respiro se le iba un poco su vida. Yo temblaba. Ella me regaló mi primera mascada. Ahora tengo colección.

Mi abuelo Eulogio, fue tanto para Manuela. Tenía talento para las letras. Escribía las cartas que los demás le dictaban. Murió muy joven, menos de cuarenta años, por su alcoholismo y supo sacar adelante a su familia. Emigró hacia donde estaba el trabajo para tener una mejor vida. 

Y me queda, don Gabriel, el segundo esposo de mi abuela, a quien nunca se me permitió decirle abuelo, pero de quien recibí tantos detalles, tanto amor. Algunas tardes de sábado, la mayoría, viene a mi memoria. Lo vuelvo a ver, caminando hacia la carnicería para comprar chicharrones de res, y a la tortillería. Regresaba. Mis hermanos y yo lo aguardábamos sentados en la banqueta. A cada uno nos daba una tortilla e iba poniendo un chicharrón de res, recién sacado del cazo. Nosotros comíamos, con un Grapette, que mi abuela había puesto en hielo, porque sabía que ese sábado la visitaríamos. Yo lo quería mucho y nunca se lo dije. Espero que lo haya sentido. Saber que lo quería lo supe en mi adultez, qué cabrona es la vida.

Yo no seré abuela de nadie.

Lorena Sanmillán

Mis subrayados. El jilguero. Donna Tartt.

August 21, 2018

Al perder a mi madre perdí de vista cualquier punto de referencia que podría haberme conducido a un lugar más feliz, una vida más plena o agradable.

Aún no he conocido a nadie que haga que me sienta tan querido como lo hizo ella.

Su risa bastaba para que apartaras de una patada lo que estuvieses haciendo y la siguieras.

Antes era un día normal y corriente, pero ahora sobresale del calendario como un clavo oxidado.

¿Deambulando? Gran parte del vocabulario de mi madre sonaba exótico a mis oídos…

“Es una locura” -había dicho-, pero sería feliz mirando los mismos seis cuadros el resto de mi vida. No se me ocurre una mejor forma de enloquecer.

Cuando ves moscas o insectos en una naturaleza muerta…, un pétalo marchito o una mancha negra en una manzana, el pintor te está transmitiendo un mensaje secreto.

La mirada serena y penetrante que posó en mí al pasar casi rozándome me trastornó.

Era como si alguien hubiera encendido una luz en el interior de su rostro.

¿Tuvo que vivir así toda su vida?

Supongo que todo lo que logramos rescatar de la historia es un milagro.

“¿Saben? Eso fue hace sesenta años, y nunca volví a ver a esa pelirroja. Pero les aseguro que desde entonces no ha pasado ni un mes en que no haya pensado en ella. ”

Allá donde miraba pasaban a toda velocidad imágenes de mi propio pánico.

…por alguna razón me costaba creer que mi madre se hubiera ido del museo sin mí.

Sumar y restar me resultaba útil en la medida en que me ayudaba a seguir sus movimientos.

Pero pronto empezaron a asaltarme nuevas dudas y temores, e hice todo lo posible por quedarme en casa y no salir gritando su nombre.

La oleada de alivio fue indescriptible.

Jacintos morados en una maceta envuelta en papel de plata.

Notaba cómo me palpitaba el corazón, oía los chasquidos, crujidos y zumbidos del enorme y anciano edificio que dormía profundamente a mi alrededor.

…era tan fría, rubia y monótona al hablar que a veces daba la impresión de haber perdido parte de la sangre.

…estar ocupado es lo único que hará que te sientas mejor.

Cada acontecimiento nuevo -todo lo que hiciera en adelante- no haría más que separarnos. Serían días de los que ella ya no formaría parte, por lo que la distancia entre nosotros sería cada vez mayor. Cada día de mi vida ella no haría sino alejarse aún más.

Costaba creer que se hubiera acabado el mundo cuando todas esas ridículas actividades continuaban llevándose a cabo.

Apenas resultaba creíble que, siguiendo esos momentos, no pudiera retroceder a un mundo donde ella no estaba muerta.

Pero el suicidio no era la solución.

…me costaba recordar que el mundo había estado de todo, menos muerto.

…un ejemplo no es suficiente para fundamentar un argumento.

Lo malo no era intentar encontrarla, sino despertar y recordar que estaba muerta.

…es trágico que hayas tomado la decisión de dar la espalda a lo único que a mí me ha dado la libertad.

Poe inventó las historias de detectives y de ciencia ficción. En el fondo inventó una parte enorme del siglo veinte.

El mundo no acudirá a mí, yo tengo que salir a su encuentro.

¿Acaso no es lo inapropiado, lo que no encaja, lo que curiosamente es lo que más queremos?

La gente quiere hablar, pero yo prefiero estar callada.

Y el sabor del beso de Pippa -agridulce y extraño- me acompañó durante el tambaleante y soñoliento trayecto en autobús de regreso al norte de la ciudad, fundiéndose con el pesar y la belleza, un dolor estrellado que hizo que me elevara por encima de la ciudad barrida por el viento como una cometa: la cabeza en las nubes cargadas de lluvia, el corazón en el cielo.

¿Alguna vez se había sentido alguien tan solo?

Los cumplidos me desconcertaban, nunca sabía cómo reaccionar aparte de no dándome por aludido.

Te sorprenderá saber hasta qué punto las pequeñas cosas cotidianas pueden sacarnos de nuestra desesperación.

Tú eres el único que tiene que estar atento para ver la puerta abierta.

Por muy naturales y esporádicas que fueran nuestras conversaciones, nunca había nada simple en ellas.

¿Quién sabe a dónde te llevará todo?

…lo que esperaba en realidad no me atrevía a expresarlo con palabras.

…ella encontró la forma de reescribir la historia de la forma más favorecedora.

Me habría encantado hacer algo con mi talento, pero no pude permitirme ese lujo.

Si ella era tan maravillosa, ¿por qué todo el mundo se portaba de un modo horrible con ella?

Cuando estamos tristes -al menos a mí me pasa- puede ser un consuelo aferrarnos a objetos que nos resultan familiares, a las cosas que no cambian.

La luz del pasado es diferente de la luz de hoy y sin embargo aquí, en esta casa, me acuerdo continuamente de los viejos tiempos.

Cuando pienso en ti, es como si te hubieras ido en un barco hacia un resplandor extranjero donde no hay senderos, sólo estrellas y cielo.

La bondad que encontramos en este mundo nunca es suficiente.

Quiere hacer bien las cosas contigo, pero no sabe cómo.

Y si bien en ese ambiente de temperatura controlada y sin relojes del casino, unas palabras como “día” y “Navidad” eran formulaciones teóricas que no significaban gran cosa, la noción de “felicidad”, en medio del ruidoso entrechocar de copas, no parecía tan fatídica ni catastrofista.

Los días se sucedían iguales bajo aquel resplandor sin estaciones.

Boris y yo estábamos tan sintonizados que no nos hacía falta hablar si no queríamos.

Quiero ganar a cualquier precio.

No es malo ni bueno, es lo que es.

…dos desastres fortuitos, el mío y el suyo, convergiendo en el mismo punto invisible, “el big bang” como lo llamaba mi padre, no con sarcasmo o desdén sino con un respetuoso reconocimiento de los poderes del azar que regían su propia vida.

Podías estudiar las conexiones durante años y no desentrañarlas nunca. Todo se reducía a cosas que se juntaban, y cosas que se desintegraban, “vueltas del tiempo”…

El azar errante que podía o no transformarlo todo.

“Vueltas del tiempo”: aquello que hace que las cosas ocurran más de una vez.

Todo lo que el dinero representa es la energía del proceso.

Lo único que quieres es empaparte de ese solitario momento de recogimiento.

Cuando miraba el cuadro percibía esa misma convergencia en un solo punto: un trémulo instante de resplandor que existiría ahora y siempre.

No debería haber permitido que mi relación con tu madre interfiriera en mi relación contigo.

Era demasiado -demasiado tentador- tener en mis manos el cuadro y no mirarlo.

…el corazón te palpitaba lento y seguro cuando estabas con alguien con quien te sentías protegido y amado.

Lo que había empezado siendo un pensamiento tranquilizador se estaba metamorfoseando una vez más en visiones de desconocidos y robos.

Una mente obsena. La fuente de la eterna juventud.

Una copa es demasiado y mil no son suficientes.

Si no quieres acabar tarde o temprano cortándote el pelo es mejor no pisar la barbería.

Fuera lo que fuese lo que nos hacía ver la droga, estábamos construyéndolo juntos.

…creía que la sinceridad formaba parte de la personalidad de mi padre.

Así es como uno se equivoca, a toda velocidad.

Si me volvía y recorría uno de esos senderos iluminados, ¿saldría de nuevo en un año diferente, quizá incluso en un futuro diferente?

Por encima de todo me sentía aliviado de que en mi desconocido estado balbuceante y parlanchín me hubiera contenido de decir lo que tenía en la punta de la lengua, lo que nunca había dicho, aunque era algo que los dos sabíamos bien sin necesidad de que yo lo dijera en voz alta en la calle y era, por supuesto, “te quiero”.

Esta es la primera ley de la magia: desorientar.

Iba tan a la deriva que ni siquiera me daba vergüenza llorar.

…sus palabras fueron un desagradable hilo que atravesó mis sueños durante toda la noche.

¿Por qué no era como antes? ¿Por qué no se me ocurría nada que decir?

No sabía por qué me sentía tan mancillado, tan inútil y tan equivocado.

Yo sabía que su muerte no había sido culpa mía, pero a un nivel profundo, irracional y totalmente inamovible también sabía que lo era.

Teniendo en cuenta la frialdad con que yo lo había dejado en su desesperación final, el hecho de que él hubiera mentido resultaba irrelevante.

…donde cada reloj marcaba una hora distinta y el tiempo no se ajustaba a la medida estándar sino que serpenteaba con su propio tictac reposado…

Quitar el polvo se convirtió en un hábito lo bastante obsesivo para que saliera a comprar mis propias bayetas…

… el mismo gesto de la cabeza que recordaba su vanidosa costumbre de mirarse en cualquier superficie.

¿Cómo podía explicarle lo irrelevantes que eran esos deseos en la confusión y el sinsentido que se habían desencadenado tras su muerte?

…el olor de su champú de fresa envolviéndome en un vaho burlón en el que su presencia sonreía a mi alrededor.

No quería esforzarme más de lo estrictamente necesario: sólo ir tirando.

Yo no buscaba retos ni pretendía desarrollar mi potencial, ampliar horizontes o utilizar los numerosos recursos a mi alcance.

De algún modo el presente se había contraído convirtiéndose en un lugar más pequeño y mucho menos interesante.

…siempre suspiraba por el mar, tenía que verlo, olerlo…

He visto gatos que nadan mejor que él.

…basta que el agua esté a once grados para que tengas hipotermia si estás demasiado tiempo sumergido…

El horror y la crueldad de morir en el elemento que más odiaba.

El secreto residía en hacer el tonto, poner cara de aburrimiento, parecer absorto en tu libro, fingir que no sabías lo que había y dejarles creer que el engañado era yo.

En el negocio de las antigüedades no existía lo que se entiende por un precio “justo”.

Un objeto valía lo que fueras capaz de sacar por él.

El quid de la cuestión estaba en dirigirse a la proyección, al yo de la fantasía en lugar de a la persona insegura que tenías delante.

Cuando me sonreía yo creía tocar el cielo con las manos.

Durante años ella había sido lo primero que pensaba cuando me despertaba y lo último que pasaba por mi cabeza antes de dormirme, y durante el día ella acudía a mí de un modo inoportuno y obsesivo.

Que me sintiera tan obsesionado y sacudido por su falta de belleza indicaba -alarmantemente- un amor más vinculante que la atracción física, un alma como un pozo de alquitrán donde podía dejarme caer y fingirme enfermo durante años.

Ella era el reino de lo desaparecido, la parte intacta de mí mismo que se había perdido con mi madre.

Le escribí correos electrónicos de treinta páginas que borré sin enviárselos, optando en su lugar por la fórmula matemática que había discurrido para impedir hacer el gran ridículo: siempre tres líneas menos de las que ella me había escrito, tomándome siempre un día más de los que yo había esperado su respuesta.

Ella era el hilo dorado que ensartaba todo.

…placer puro, doloroso y brillante, lejos del estrépito a hojalata de la tristeza.

La velada fue una maraña irreal del pasado y del presente.

No podía soportar  que la vida de otra persona se hubiera destrozado por el mismo veneno de “por qué no hice eso” y “ojalá hubiera hecho aquello” que había destrozado mi propia vida.

Y sin embargo, también resultaba sorprendente ver hasta qué punto renqueaba su mundo sin él.

Un hábito de días alternos, seguía siendo un hábito.

Bajo una luz intensa no había interpretación positiva qué hacer.

Era mejor no haber nacido: no haber deseado nunca nada, no haber esperado nunca nada.

Desde que no tenía los sentidos atrofiados los sabores eran abrumadores.

La primera regla de las restauraciones, como me había enseñado él mismo años atrás, era no hacer nunca nada que no pudieras deshacer.

A veces, la línea que separa un simple elogio desmesurado de un fraude es realmente muy tenue.

Los vendedores viven de su reputación. Rige el sistema del honor.

Empezaremos de cero… haremos borrón y cuenta nueva, y lo tomaremos como venga. Paso a paso, es lo único que podemos hacer.

Siempre supe que era una equivocación guardar el cuadro y aún así lo guardé.

Si perseveras y sigues mirando siempre aparece lo que buscas.

¿No era momento de dar el paso, soltarse y dar la espalda al jardín que me había sido vedado?

¿Una obsesión infundada, imposible y no correspondida no era una forma de malgastar el resto de mi vida?

…pero era un dolor limpio, a diferencia del sufrimiento apagado que me había atormentado durante años bajo el efecto de las drogas como un diente cariado, el dolor sucio e infectado de algo podrido.

…tal vez nunca lo superara y fuera algo con lo que tendría que vivir, la tristeza de amar a alguien a quien no podías tener…

Todos los días me preguntaba cuándo saldría a la luz el primer fraude.

Su silencio no es aceptable.

Esa violenta repugnancia a la procreación que zumbaba ruidosamente por mi torrente sanguíneo: parecía algo innato, congénito, genético.

Yo no era lo bastante astuto para saber a dónde ir o con quién acercarme.

Todos los consuelos ocultos que hacían posible que la vida se levantara por encima de lo corriente y mereciera la pena vivir.

…como cuando quieres tumbarte inmóvil y mirar un reloj para contar los latidos de tu corazón, y no hay ningún sitio donde tumbarte y no tienes reloj…

No se puede sacar agua de un nabo.

Me mareaba a su lado solo el respirar el mismo aire que ella.

¿Tiene sentido del humor Dios?

Es mejor tener un reloj que parezca menos caro de lo que en realidad es.

¡Por ella caminaría sobre cristales rotos!

No te tatúes nunca el nombre de una persona a la que quieres porque entonces la pierdes.

Cuesta mucho arreglar las cosas. A menudo no tienes esa oportunidad. A veces todo lo que puedes hacer es evitar que te pillen.

Siempre es un error hacer tratos con gente que no conoces.

La habitual luz del día: el estruendo matinal de los transeúntes, brillante de amenaza.

Todos esos años había flotado a la deriva, demasiado enclaustrado y aislado para vivir la realidad.

Nunca me había sentido tan desesperado, avergonzado y lleno de odio hacia mí mismo.

¿Cómo podía haberme creído una persona mejor, más sabia, más elevada, más valiosa y digna de vivir con un secreto como ese?

La convicción de que toda mi vida hacía equilibrios sobre un secreto que podía hacerla añicos en cualquier momento.

El juego se había acabado. No había forma de saltarse ese momento.

Tan sumergido en el trabajo y acuciado por el agotamiento no tenía mucho tiempo para pensar.

Abstracto, como de otro mundo.

Cuando la ley interviene todo es muy crudo y crítico.

Incluso en su tristeza, era inconfundible la alegría que ella sentía de estar con él.

Mantente alejado de los que amas demasiado.

Es duro estar enamorado de la persona que no debes.

Comprar esas cosas había sido sobre todo una forma de pensar en ella, de estar con ella.

De pronto sentí una oleada de pánico al pensar que estaba sentado en mi habitación con la puerta cerrada, malgastando valiosos momentos de estar con ella.

…lo único que me importaba era que ella estaba a mi lado en la oscuridad, con un brazo entrelazado con el mío.

…yo la quería cada minuto de cada día, con la mente, el alma y el corazón, y se hacía tarde y quería que el local no cerrara nunca, nunca.

…ya era mucho haberla tenido sólo para mí durante unas pocas horas.

Me sentía mejor sólo de estar cerca de él, respirar el mismo aire limpio que él.

Era como un haiku o alguna otra combinación de palabras perfecta con la que me hubiera tropezado para explicarle lo que ella significaba para mí.

¡Ganemos o perdamos saldremos ganando!

…no era la luna pura del desierto que servía de referente sino más bien un truco de fiesta que podía desaparecer con el guiño de un ilusionista o alejarse flotando hacia la oscuridad hasta perderse de vista.

Tenemos el arte para no morir de la verdad.

No me gusta hacer daño a alguien innecesariamente.

…el mundo entero era carcajadas que rebotaban fractales y metálicas de las paredes revestidas con baldosas…

…una sensación de que el mundo aumentaba de tamaño como un fabuloso globo hinchado que flotaba y se alejaba hacia las estrellas…

No me imaginaba cómo sería estar de nuevo en mi propio cuerpo.

¡Preocupación! Qué pérdida de tiempo. Todos los libros sagrados tenían razón.

Todas las cosas se derrumban y se construyen de nuevo.

¿No éramos puestos como seres sensibles sobre la tierra para ser felices en el breve tiempo que se nos asignaba?

Cuanto más lujosa la droga más profunda era la angustia.

Destruir o perder una criatura inmortal, romper vínculos más fuertes que los temporales, era un desacoplamiento metafísico único, con un gusto sorprendentemente nuevo a desesperación.

De un modo intencionado o no, yo había extinguido una luz en el corazón del mundo.

A veces se trata de jugar bien cuando tienes una mala mano.

La perfecta alegría de echarlo todo por la borda.

Los muebles realmente singulares no aparecen de la nada.

No le diría eso: eran pétalos de rosa, no un dardo venenoso lo que quería tirar.

Era importante no pensar demasiado.

¿Cómo pude tratarte tan mal si sólo deseaba lo mejor para ti?

El mundo es mucho más extraño de lo que sabemos o nos imaginamos.

No siempre se saca el bien de las buenas obras ni el mal de las malas obras.

Ni siquiera los sabios ni los buenos pueden ver la finalidad de sus acciones.

…confió en quien no debía, se equivocó en todas sus decisiones e hizo daño a todos los que tenía a su alrededor.

¿Y si es más complicado que todo eso? ¿Y si lo contrario también es cierto?

Puedes equivocarte de camino y que aún así este te lleve a donde quieres ir.

Mientras actúe guiado por el amor creo que estoy haciendo lo mejor que sé.

Quizá tenía que perderse ese para que los demás fueran encontrados.

…él sólo había cometido el pecado de confiar en mí.

A veces todo gira en redondo de forma extraña.

Amar tanto a los objetos puede acabar destruyéndote.

Si cuidas algo lo suficiente cobra vida propia.

…un cuadro importante fluye con suficiente potencia para abrirse paso hasta la mente y el corazón a través de enfoques diferentes, de maneras únicas y muy particulares.

¿Quién dijo que la coincidencia es la manera que tiene Dios de permanecer anónimo?

La belleza altera la textura de la realidad.

La búsqueda de la belleza pura es una trampa, la vía rápida hacia la amargura y el dolor.

¿Cómo es posible que vea con tanta claridad que todo lo que amo o lo que me importa es una ilusión, y que al mismo tiempo, al menos para mí, ahí resida el encanto de todas las cosas por las que merece la pena vivir?

¿Qué pasa si tienes un corazón que no es de fiar?

No se trata de apariencias externas, sino de significado interior.

La vida es catástrofe.

A veces queremos lo que queremos aunque sepamos que nos matará.

Todo lo que nos enseña a hablar con nosotros mismos, lo que nos enseña a salir de la desesperación entonando una canción, es importante.

Es un honor y un privilegio amar lo que la muerte  no puede alcanzar.

Lorena Sanmillán

 

La plana y el borrón

August 12, 2018

Aún recuerdo con cariño

que en mi escuela una mañana

allá cuando yo era niño

iba a empezar una plana

más blanca que el mismo armiño.

Era el rigor del verano

que de ello me acuerdo mucho

y, por capricho inhumano

cazaba moscas, ufano

de llenar un cucurucho.

Con entusiasmo creciente

estaba absorto en mi juego

cuando, por ser torpe o ciego

al volverme de repente

cayó un borrón en el pliego.

Llenos de llanto los ojos

le quise al punto quitar

y quedé, tras mil enojos

con los párpados ya rojos

y el borrón en su lugar.

Mas supe en esta ocasión

que a pesar de mi inocencia

que mancha una mala acción

con indecible borrón

la plana de la conciencia.

Manuel García de Agüero

En una casa de empeños

August 12, 2018
Enrique Granier era un francés de gran corazón, y, sin embargo, se había establecido en México abrien­do una casa de empeños.
No quiere decir eso que yo juzgue hombres de malos sentimientos a los que tienen casas de empeños; pero hay, sin embargo, necesidad de tener un carácter especial para fundar la propia ganancia en la desgracia ajena; porque es seguro que solamente van a buscar el re­medio en el empeño los perseguidos de la suerte, y allí se apuran hasta los últimos recursos, y allí, tras lo superfluo, va lo necesario: después de la joya, llegan hasta el colchón y las prendas más indispensables.
Se encuentra allí, es cierto, la sal­vación del momento, pero se prepa­ra la angustia de lo por venir.
A pesar de eso, siempre el que sale de aquella casa muestra en el rostro algo de satisfacción; y es na­tural, pues si a dejar fue la prenda, sale con el dinero que remedia una necesidad o salva de un compromi­so; si a recuperarla fue, sale conten­to con ella, porque vuelve a recon­quistarla después de haberla creído perdida, y es ya un augurio de me­jores tiempos. Pero, a pesar de todo, es triste contemplar aquella multi­tud de objetos, cada uno de los cuales es el símbolo de una angustia, de un sacrificio, de un dolor, y cada persona de las que vienen sueña que lleva un objeto de gran valía, que simboliza para él la esperanza de salvación, y se encuentra con el frío razonamiento del comerciante, que no ve en aquello el último recurso de una familia sin pan, sino una prenda que definitivamente puede venderse para cubrir la suerte prin­cipal y el interés del préstamo.
Y yo le hacía todas estas re­flexiones a Granier, y él me con­testaba:
– Mire usted, en el fondo tiene usted mucha razón; pero en la lu­cha por la existencia los sentimien­tos románticos entran por muy poco en el cálculo. Además, el hombre se acostumbra a todo; se procura tratar a los clientes con la mayor benevolencia, y siempre viene con la reflexión este razonamiento: tie­nen que existir estas casas de empe­ños; y de no tenerlas yo, las tendría otro, que quizá fuera más rudo y sacrificara a los pobres.
– Tiene usted razón también; pero ahí, detrás de ese mostrador, habrá usted comprendido todas las miserias de la humanidad, habrá usted presenciado escenas conmovedoras.
– Sí, cosas terribles; oiga usted una historia muy sencilla, pero que a mí me conmovió profundamente.
– Cuéntemela usted.
*
Era una tarde del mes de diciem­bre; el tiempo estaba muy frío; os­curecía, y ningún parroquiano aso­maba por la puerta de la casa. Iba yo a cerrar para arreglar mis cuen­tas, cuando entró una niña peque­ñita, como de seis años, vestida muy pobremente, y que se acercaba como vacilando y con timidez al mostra­dor. Me causó compasión instintiva­mente, y como no alcanzaba para hablarme, me incliné sobre la mesa para verle la cara.
– ¿Qué quieres? -la pregunté.
– Nada.
– ¿Cómo nada? Pues entonces, ¿a qué vienes?
– Porque mi papá y mi mamá están enfermos en la cama, y no han comido en todo el día porque no tenemos, y yo vengo a empeñar.
– ¿Vienes a empeñar? ¿Qué traes para empeñar?
Y ella entonces sacó de debajo de un viejo y destrozado rebocillo con que se cubría un objeto pequeño, que me presentó con una especie de orgullo, al mismo tiempo que de dolor, y como quien sacrifica una riquísima alhaja, diciéndome:
– Pues vengo a empeñar mi rorro.
Era un rorro viejo y maltratado, que seguramente no valía dos cén­timos.
Comprendí todo lo que pasaba en el corazón de aquella niña; el va­lor tan grande que daba a su mu­ñeca; el doloroso sacrificio que ha­cía por sus padres al empeñarlo, y la esperanza tan lisonjera de obte­ner por él una gran suma.
– ¿Y qué hizo usted? -le pre­gunté a Granier.
– Pues sentí un nudo en mi gar­ganta, y, sin poder hablar, le di a la niña cinco duros y le devolví su rorro, y me quedé llorando como un tonto sobre el mostrador.
Vicente Riva Palacio

Siempre

August 2, 2018

1989. Domingo por la tarde. Mis hermanos salían, la casa estaba en calma. Nada qué hacer. Sólo pensar en ella. Otra vez, como cada domingo, descolgar el teléfono, levantar el auricular y marcar en el disco los seis dígitos que me separaban de su voz. Ya tenía lista la grabadora y el cassette de Mijares -su favorito- para ponerle la canción que le dedicaba, desde mi cobarde valentía. No existían los identificadores de llamadas, así que permaneceré en el anonimato hasta el día que lea este texto. El teléfono timbraba. Agitada, apenas contenía la respiración. Ella respondía “Dígame…” y en ese momento yo accionaba el botón de play que lanzaba  mi flecha sonora a sus oídos. Ella escuchaba en silencio hasta el final. Así, cada domingo, y el lunes la saludaba como sin nada en la preparatoria. Sin saberlo hicimos un ritual que ese día ella decidió romper. Manuelito cantaba el coro y yo silente me desgranaba con él: Tengo amor que llora triste / porque no te puedo amar… En ese justo momento ella preguntó al teléfono vacío ¿Por qué no? Asustada, colgué. El lunes dibujé un laberinto entre sus pasos y mis pasos para evitar encontrarnos. Nunca más volví a ponerle esa canción.

Lorena Sanmillán

A cuentagotas

July 28, 2018

Gotera

ritmo pautado del infinito

infinito

ocho, galaxia, galería, eclipse

eclipse

ausencia de protagonismo

protagonismo

narciso urbano que baila flamenco

flamenco

vanidoso plumaje iridiscente abanico

abanico

imprescindible extensión corporal en la canícula

canícula

alfombra de las Perseidas

Perseidas

lágrimas de san Lorenzo, lejanos alfileres en el manto del cielo

cielo

límite etéreo bajo el cual todo sucede

sucede

sucedes, eres, existes, ignoras, dueles.

Lorena Sanmillán