Lujos

April 15, 2026

El lujo no es comprar comida; el lujo es tener tiempo para prepararla.

El lujo no es comprar libros; el lujo es tener tiempo para leerlos.

El lujo no es comprar zapatos; el lujo es que no te molesten los pies.

El lujo no es tener un teléfono; el lujo es resguardar tu privacidad.

El lujo no es tener amigos; el lujo es tener tiempo para conversar.

El lujo no es conversar; el lujo es tener una escucha comprometida.

El lujo no es tener trabajo; el lujo es que te apasione lo que haces.

El lujo no es tener libros; el lujo es saber leer.

El lujo no es tener la alacena llena; el lujo es poder comer de todo.

El lujo no es la libertad de expresión; el lujo es la credibilidad.

El lujo no es tener hermanos, el lujo es que sean solidarios.

El lujo no es opinar, el lujo es sostener un argumento.

Lorena Sanmillán

Mis subrayados: Una falsa diarista. Sylvia Aguilar Zéleny.

April 4, 2026

Creo que no puedo iniciar sin contar primero lo que me trae a este cuaderno.

Porque la tristeza es una emoción pasajera.

Y lo que yo siento no se baja del vehículo que soy desde el año pasado.

Le he perdido el gusto a la comida y a otros placeres. También a leer y a escribir.

El diario y yo vamos a averiguar por qué trueno y no avanzo.

Ya sé que debo seguir la sugerencia de mi terapeuta: pensar menos, escribir y ya, pero los diarios siempre son leídos por alguien más y cuando eso ocurre se descubren detalles no sólo sobre la intimidad del o de la diarista, sino también sobre su personalidad, sus manías.

… vas a encontrar a una mujer dispuesta a pensar menos y escribir más; a una mujer capaz de escribir todo, a hacer catarsis, personales y aristotélicas.

Es mejor que nos hagamos a la idea de que apelaré a todas las estrategias discursivas posibles.

… a lo mejor un día alguien de la academia le llamará a lo mío una práctica orgánica de la escritura, pero tú y yo sabremos que más bien la autora hizo lo que le dio la gana.

La veré. Me verá. Sí, la página me verá.

¿De qué escribo? Diré al tomar mi pluma, y la voz de mi terapeuta estará ahí, bailándome en la cabeza diciendo: de lo que se te ocurra.

Una toma decisiones estúpidas cuando tiene el corazón roto.

Después de que ella terminó con lo nuestro, aproveché mis dos semanas de vacaciones para entregarme a los excesos consabidos: beber, coger, comer y escribir los peores poemas.

Yo a ese hombre lo había leído y subrayado.

…: a su Bolaño yo le respondí con Enríquez, a su McEwan yo le dije que McCarthy, los dos hablamos de Lahiri, y él de Cercas sin dejarme hablar de Ferrante.

[Nota literaria: Nunca había oído hablar de Barthelme y los meses siguientes me encapriché hasta conseguir todos sus cuentos].

Las abejas no siguen la miel, la hacen.

No se habla de lo que se quiere escribir, se habla de lo que se escribe.

Cuando no se escribe, se trabaja en la escritura. Eso lo dijo Arthur Miller. [Nota bibliográfica: Lo dijo Henry Miller, confusión común].

Trama, todo el peso está en la trama.

El alma por dolor de dedos sale.

Tú solo escribe, pero en tu diario.

[Digo Ok, pero en realidad no pienso OK, insisto: a mí se me ocurren muchas cosas aunque no me ocurren muchas cosas, especialmente después de las seis de la tarde porque a esa hora ya estamos en casa después de llevar al perro a caminar, ya cenamos, lavamos los trastes y los secamos.

No lo pienses tanto. Escribe de lo que se te venga a la mente, puede estar relacionado con tu día, algo que recordaste, lo que sientes. Lo que sea.

Y ya me veo a mí misma escribiendo de Gran Escritor en vez de escribir lo que tengo que escribir, pero ¿qué tengo que escribir?

Escribe para descubrir, para descubrirte. Escribe para restaurar.

La libreta blanquinegra, con renglones y margen rosado, me miraba de reojo.

Lo más difícil es resistir las ganas de editar, mejorar esto.

He descubierto dos cosas sobre escribir diarios:

  1. Conlleva una profunda limpieza emocional que
  2. le quita el polvo al pasado pero que no puede pulir el presente para que brille y
  3. como ocurre con toda limpieza, una encuentra cosas que creía perdidas.

El diario es terapia, leí en una revista. Mi terapeuta dice que más bien es terapéutico.

De niña, aparte de escribir mi diario, jugaba a las Barbies.

Es como si el servicio postal de los dos países más que lento fuera atinado, entrega las cosas cuando una más las necesita.

En su postal mi mamá escribió: Estás con nosotras.

Con una extensiva labor de traducción emocional, puedo decir que la postal de mi mamá en realidad dice: No estés triste, nos tienes a nosotras, no pasa nada, existe el mar.

[Nota emocional: Llamarle tesoro a Susan Sontag, ¿contará como cursilería?].

Por eso escribo este diario, para descubrir la raíz de mi estado de ánimo.

-Yo te invitaría a seguir leyendo, pero esta vez, más que usar el juicio, quiero que te leas con mirada curiosa.

Si esta amistad existe y sobrevive es por ti.

Pero escribir es escribir. Escribirte a ti es más que escribir, es abrir.

Les parecería extraño conocer ese lado de mí. Para mí lo ha sido, releerme ha sido extrañísimo.

Yo me siento más bien como una foto venida a menos.

Una niña rota y sucia / lloraba sobre una rueda.

[Lección de la terapeuta: no todo lo que se siente tiene nombre, pero si se siente, existe].

Yo también era un ser triste pero me vestía de euforia para lastimarla.

[Nota editorial: Una falsa lesbiana, gran título para algo].

Solo fui mala perdedora y falsa. Pero falsa a secas.

Parece que busco razones para no escribir de lo que quiero escribir.

Eso le levanta el ánimo hasta a la persona más nublada.

…no entiende que el llanto de una mujer / puede ser el de muchas.

Lo bueno es que vas a terapia y ahí te van a enseñar a conjugar en primera persona del singular.

Esta nueva clase le da color a mi grisitud.

Lo mío lo mío es bailar, cantar y escribir canciones. Tus canciones son raras, dice mi hermana. ¿Y qué? Le digo.

Mientras me río, no sé por qué, me siento impura. Cuando lloro, no sé por qué, me siento yo y me purifico.

Lo entiendo ya: el diario es un espacio de contención. El único lugar donde una puede poner las entrañas.

Pero pienso que hay que escribir cuando se tiene qué decir. ¿Qué diría yo? ¡Mis angustias! ¡Mis anhelos! ¡Mis invisibilidades!

Feliz tú, hoja de papel en blanco.

Hoy tengo una nueva teoría diacrítica: Todo cabe en un diario sabiéndolo acomodar.

Si estoy leyendo el diario de Alejandra Pizarnik, si un día compré en de Susan Sontag, si los diarios terminan siendo leídos por alguien más, ¿no será que un buen día alguien encontrará este y lo leerá?

En estas páginas nadie va a encontrar frases tan increíbles como las de Pizarnik. Aún así, voy a escribir.

Hay un dejo de soledad que me habita desde niña.

Esto de ser como soy no es fácil. Tampoco escribirlo.

A lo mejor lloro por dentro. A lo mejor mi papá también porque cuando está en la casa navega como barco viejo.

Si hace unos días tenía la más absoluta convicción de que iba a entregarme en alma y cuerpo a escribir (me) en este diario, hoy siento que no voy a llegar a ningún lugar.

¿De qué escribirán otras mujeres en sus diarios?

Entonces él la llevó afuera, del brazo. No la jalaba, pero, definitivamente, no era un movimiento cariñoso.

-Recuerda que quiero que escribas, así que, si llega ese monólogo: escribe, siempre escribe.

[Pregunta seria: ¿Por qué en la vida una no puede hacer eso? Regresar a la primera página, iniciar el viaje interior, con o sin conocimiento de lo que ya se ha vivido, pero con esa energía, con esas ganas, con ese deseo de emprender el viaje].

Susan nación en 1933, lo cual significa que tenía quince años cuando comenzó a escribir, a escribir su diario, claro, pero escribir un diario es escribir]. [Nota curiosa: el editor de Sontag también usa corchetes en sus notas, ¡otro miembro del club antiparéntesis!].

Susan Sontag es una mente inquisitiva; por un lado, se hace muchas preguntas, preguntas profundísimas sobre lo que ha leído. Su diario es, sobre todo, un lugar para depositar lo que piensa y siente después de leer. Hace notas para ideas de textos que quiere escribir en el futuro. Es raro leerla y sentirla vulnerable cuando escribe de sus relaciones con hombres y con mujeres, no hay temor, no hay vergüenza, sólo esa inseguridad que tiene aquella persona que teme el rechazo porque conoce el rechazo.

Uno de los descubrimientos a los que llegué es que escribir en este diario ya no se siente raro, se siente cómodo, necesario.

Me está enseñando no solo que él se equivoca, sino que los diarios son lecciones de escritura y de vida y que, por eso, quiero leer cada maldita página:

6/1/57

De ahora en adelante voy a escribir cada maldita cosa que me pase por la cabeza

-Amor, primero hay que ser buena escritora para hacer un buen diario de escritora.

Poesía y diario, ensayo y diario, narrativa y diario, no son tan lejanos, tuve ganas de agregar.

Para ser buena escritora se necesita mucho más que diario, pluma y grandes ideas.

En todos lados soy alguien porque soy de alguien.

Cuando cierro el diario me doy cuenta de algo, que seguramente todos saben y yo apenas descubro: en los diarios a veces hay dudas y expectativas. Se escribe y se duda. Se escribe con esperanza. O tal vez porque, cuando se duda, por eso, precisamente, se escribe.

Se han publicado más diarios de hombres.

Kim volvió con una edición de lujo de The Unabridged Journals of Sylvia Plath, lo puso en mis manos y sentí el peso de una vida llena de palabras.

May Sarton. Journal of Solitude.

Mujeres, mujeres por todas partes, escribiendo diarios. Caras concentradas, piel rosada, blanca, oscura. Y yo sin identidad: sin rostro. Me duele la cabeza. Tengo que leerlas, siglos que comprender antes de dormir, millones de vidas que asimilar antes del desayuno mañana. Sé que en la casa tengo una habitación, ¿dónde está de mi presencia?

El siguiente espacio en blanco dentro del corchete le corresponde a la pelea que me niego a incluir en mi diario:

[ ]

Soy lo que siento, pienso y hago.

Caminé a casa con esa energía que sólo te dejan las amigas.

Un lugar vulnerable que duele distinto en un lugar distinto.

Nunca escribes exactamente como quisieras. Primero me pareció terrible, pero al pensarlo más me pareció muy bello, esperanzador, incluso.

Mi verano sin salario propio, y dependiente del ajeno, lo aprovecharé para leer estos diarios y llenarme de otras vidas mientras escribo la mía.

No se debería almacenar nada, ni tristeza ni rabia, dice la que almacena eso y más aquí.

O tal vez mi situación personal es que hace unos días creía que mi vida tenía grietas, y en realidad la grieta soy yo.

Los diarios son almacenes de rabia.

Pero no he salido de mí pese a que me siento extraña. No me siento nadie en especial pero me molesto bastante.

Llorar es llorar.

Debería valorar lo que tengo, pero ¿qué tengo? Nada propio.

Escribir para descubrir.

Writing a poem is discovering.

-Que salga como salga, escriban como tengan que escribirlo.

Diario, tú debes saberlo: qué hermoso es el sonido de las plumas y los lápices sobre el papel.

Por eso hoy salí de ahí con La mujer nueva de Carmen Laforet.

El cuaderno es como mi grabadora, mi cámara fotográfica, mi conciencia. La sala de gimnasia de mi escritura; el lugar de las reacciones secretas; el poder juzgar el mundo.

Mis años como lectora me han enseñado que los diálogos son más valiosos cuando cumplen una de estas cuatro reglas: caracterización, tensión/relación entre personajes, contexto, avance en la trama.

Lo que tenía que pasar entre nosotras ya pasó hoy.

¿Por qué una siempre termina avergonzándose de cargar con personal stuff?

Tal vez el verdadero propósito de mi vida sea que mi cuerpo, mis sensaciones y mis pensamientos se conviertan en escritura. Annie Ernaux

Una náusea de palabras de todas las palabras que no he digerido, de las palabras que no he retenido en la garganta de las palabras que se han quedado a medio camino las palabras que siempre están a punto de.

¿Qué necesito? Necesito sentirme bien. Necesito estar bien. Necesito ser feliz. Necesito estar triste y saber por qué estoy triste. Necesito dejar esta casa. Necesito saber qué quiero saber.

Tampoco es que las escribiera todas, pero ese registro detallado se estaba volviendo compulsivo, o tal vez no, pero creo que corro el riesgo de querer rememorar cada segundo de mi vida en vez de vivirlo.

Mi novela era la insatisfacción; la incomodidad; el esfuerzo diario. Mi cuaderno el cuestionamiento de todo.

Qué hermoso sería poder sentarse a sufrir. Así nomás, decir: ¿saben qué? No voy a hacer nada esta semana, sólo voy a sentarme a sufrir.

Vivió sola gran parte de su vida y fue abiertamente lesbiana, no que una cosa tenga que ver con otra, o quién sabe, considerando que nació en 1912 bajo las conservadoras normas de Nueva Inglaterra que permeaban en su familia. (Sobre May Sarton)

-You just need your basic stuff. -Ya sabes: tus libros y tus diarios.

Romperse está bien / las piezas están ahí / para volverse a armar.

Si decides dejarlo, estoy contigo. Si decides quedarte, estoy contigo. Siempre estoy contigo. Con o sin visado.

Porque, ¿quien sino una decide cuál es el lugar de la escritura?

El diario fue su forma de libertad. Tal vez eso fue para mí de niña. ¿Podría serlo todavía?

En cierto modo se sentía extraño, pero natural, ¿acaso no todos tomamos rebanadas de lo propio para escribir? Somos el primer personaje, decía Hebe Uhart.

Quiero sacarme la novela de ese escritor, a puños, quiero sacarme a puños cada palabra.

Creo que al dárselo todo, me quedé sin nada.

Los cambios siempre llegan de golpe. Sin hacerte una llamada, mandarte un email o un mensaje de texto, avisando “Ahí vamos para allá”. Nada, llegan y punto. No tocan el timbre, abren y entran como Pedro por tu casa. Y cuando digo casa obviamente quiero decir vida. Mi vida.

Ya no soy la de antes. Empecé una en este diario y fui moviéndome en la página y ahora soy otra. No, no es que sea otra, eso es lo que dice la gente después de un buen baño o masaje: ¡Me siento otra!

Yo no soy otra. Soy la una que no sabía que podía ser. Soy el desarrollo de un personaje de ficción, y la ficción, ya lo sabemos, no es mentira.

Tal vez lo que debo hacer es dejar de pensar en qué escribir y escribir.

He tomado otra decisión, me regreso a México, me regreso a mi casa, con mi familia. A empezar de cero, sí, pero no siendo un cero.

Mientras cerraba los ojos hice del techo un pizarrón donde escribía y borraba preguntas.

Estoy enojada conmigo misma, lo único que hago es repetirme: Ya verás cómo pasa de instante a hora sagrada.

No soy pesimista, es sólo que ya no quiero ser ingenua.

Ya no me basta con leer diarios, hay que escribir de ellos, escribir de ellas, recobrar sus procesos y lecciones de escritura, observar cómo la escritura del día a día también es literatura.

Si eso ocurre entonces no queda más que comenzar de cero y escribirme otra vida. Pero está bien, será una vida propia. Una vida real y mía.

No tengo ningún problema con ser pies y cabeza.

Se escribe con lo que hay.

¿Quién dice que no podemos reescribir la vida?

La página es un laboratorio; tal vez lo oí en algún lado o es la cosecha de esta [falsa] diarista.

Sylvia Aguilar Zéleny. Una falsa diarista. Penguin Random House. México. Octubre 2025. 365 pp.

Mis subrayados: El ejército ciego. David Toscana

April 3, 2026

Hay que creer que si la resurrección le llega a alguien en el fondo del mar se volverá a ahogar.

A los navegantes que nunca regresan se les hace un sepulcro.

A los cadáveres que llegan a la arena también les da sepultura aunque nadie sepa quiénes son.

Hay sepulcros con cadáveres sin nombre y otros con nombres sin cadáveres.

Yo creo que quienes resuciten habrían de ser jóvenes porque maligno premio sería volver con la carne que ya no sabe de placeres.

En la taberna cualquiera es el más valiente.

Era Dios que se hizo hombre cuando lo azotaron, y entonces fue hombre que se volvió loco y se creyó Dios.

Y cuentan que acabó por morirse cuando supo que el sueño no era sueño.

“A un músico no lo puedes sorprender con su instrumento desafinado”.

Mientras estuve dormido pude ver tantas cosas que ahora se apagaron.

Uno hace cosas para luego poder contarlas.

“Diosa de las palabras, pon tus perlas en mis manos”

Los dioses dejaban de existir; el hombre era eterno.

Los ejércitos no eran material de precisión.

¿De qué sirve tanto tuerto sin con su ojo ven todos lo mismo y relatan la misma cosa?

“Y ahora que no tiene ojos, le preguntó, “¿comoquiera sabe leer?”.

Kozaro tenía que resolver si aun sin ojos sabía leer.

El tuerto es un ciego incompleto.

El mar hace reír. Aunque no se vea.

… y la alegría de marinero deja de existir en la tormenta”.

“Mejor te fuera no existir que vivir ciego”.

Cuando uno deja de ver la vida lo que hace es vivirla.

“En tu luz veremos la luz”.

Esa noche unos cuantos ciegos tuvieron la certeza de que los habían enterrado vivos.

No hay quien se ría de los gritos del que grita en su tumba.

“El sepulcro es más oscuro que la ceguera”.

El otoño le regaló un manto de hojas.

El precio de mirar el sol era la ceguera, pero esos ojos ya habían pagado por adelantado.

¿Pero acaso el paraíso no era contemplar a la diosa por siempre jamás?

Nos humillaba comer esa galleta seca y dura enviada por quienes nos sacaron los ojos, pero la humillación es cosa espiritual; y el hambre muy del cuerpo.

El ciego que salta ve la nada antes de él mismo volverse nada.

“El silencio es tan bello que la poesía ha de ser grande para romperlo”.

Sacar ojos era un arte.

“Soy el bárbaro sin ojos, el que ve con el alma, el que todo lo ve”.

Lo más repugnante no estaba vedado para un ciego.

Los huesos tienen un sonido agradable y lo más natural para el ser humano es hacerlos sonar.

Muy pronto, por oreja y nariz, aprendió a encaminar a su piara y buenamente golpeaba con su vara las ramas de robles y encinas para que lloviera un banquete de bellotas.

Siempre fue para Seráfim un trabajo mecánico, pero ahora que no miraba lo que hacía, se entretenía en pensar.

Hablaban largamente como si dos personas que comparten una misma vida tuvieran algo que decirse.

Detestaba que sus hijos usaran expresiones como “mañana nos vemos” o que por algo Seráfim le dijera a Tódor “te veo un poco triste”.

La mujer se lamentaba de que su marido hablara tan poco y lo poco que hablaba era mejor no haberlo dicho.

Le escupía las palabras llenas de ebriedad. “¡Cíclope del infierno!”.

“Este cordero entregó la piel para hacer un pergamino en el que un copista escribiría la cena del Señor”.

“El maldito sin ojos duerme con los ojos abiertos”. La mujer amansó el impulso de abofetearlo.

“¿De verdad una turbamulta de judíos puede matar a tu dios? ¿Tú y tu patriarca quieren que le recemos a un dios que puede morir en un accidente de carreta o por una coz de mula?”.

Se estaba fingiendo experto en algo que nunca había hecho jamás.

Las palabras nacieron para decir cualquier cosa, pero san Cirilo nos regaló las letras para que escribiéramos lo sagrado.

Lo que más echaba de menos eran las luciérnagas que nacían y morían con cada golpe de martillo, sentir sus leves quemaduras como pellizcos cuando aterrizaban en la carne de sus brazos.

Radislav tenía que ser el arma de un ángel que no venía ni a pie ni a caballo sino decapitando pecadores desde una nube.

Radislav la empuñó de cara al sol con los párpados bien abiertos y se puso a descabezar demonios.

Si el animal tuviese conciencia, en vez de asustarse, estaría maravillado por la forma en que cielo y tierra parecían moverse a su alrededor.

“Acomodar un hueso en su lugar”, dijo el hombre, “duele más que la fractura”.

Les dijo que existían muchos morbos y accidentes que provocaban la ceguera; pero remedios había muy pocos.

Dimitar el médico salió del palacio con la posteridad en la mente y con la mente en la posteridad, si acaso eran dos cosas distintas.

Cuando entró en la taberna, ya iba embriagado de sí mismo.

“Y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas”

Apuntaba la cabeza a un lado y otro con movimientos de pájaro.

Quienes no tenían imaginación se preguntaron para qué tantas estrellas y planetas si al final sólo se asomaban la luna y el sol.

Los demás alargaron la vista al cielo. Todos juntos pudieron ver tanto como Igorón veía.

Torcía frases bíblicas: “La hermanita tuya en quien tengo mis complacencias” o “La gracia de Panteleimon será con toda tu hermana”.

Un trasero abultado y firme auspiciaba un buen jamón.

Los puercos resultaron más estoicos que cualquier general.

Sólo quedaron a salvo, gracias al maestro venido de Constantinopla, sus dos bonitos ojos que harían el mejor de los esfuerzos para volver a ver la luz de los atardeceres con un toque de melancolía.

“Queda prohibida la ceguera”.

Sin ojos Adán y Eva no habrían descubierto su desnudez, la mujer de Lot no habría volteado hacia atrás. David no habría visto a Betsabé bañarse.

En el monasterio no había espejos por el temor del pecado de la vanidad.

“La noche trastorna más que el alcohol”, se dijo.

No tardaría mucho en que el giro de la rueda lo llevara hasta mero arriba, allá donde todo era claro e incluso podía verse a sí mismo.

Ahí, entre puros ciegos, era un habitante cualquiera.

Dejó una moneda en el cuenco del malabarista y se marchó muy satisfecho de ver la sombra que proyectaba su cuerpo.

Algunos iconos miraban más intensamente de lo que mira un ser humano.

“Hay un carpintero ciego”, dijo el vendedor de iconos. “Hace niñas que no se parecen a ninguna niña, pero uno las mira y descubre el luto humano”.

Contempló sus ojos de cerámica que parecían de verdad, y sin embargo miraban sin iracundia ni celos ni amor ni cansancio ni deseo ni fantasías ni miedo ni vergüenza ni ganas de morir y mucho menos de vivir. Se preguntó qué había de malo en vender ojos que no fueran obras de arte. A la gente había que darle gusto.

¿Cuándo a algún poeta lo habían celebrado diciendo que su poema parece de verdad? ¿Qué canto a los dioses o a los héroes parece de verdad? ¿Qué mujer hermosa parecía de verdad?

“Si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo”.

“¿Hasta dónde llega la vista de un centinela ciego?”.

No sabía nada acerca de los astros, pero se dejaba acompañar por ellos.

Kúbrat se dio permiso de alzar el rostro. Estaba nublado, pero él vio el universo que giraba a su alrededor, él era un punto en el preciso centro de ese imparable movimiento.

En el campo cada ciego fue libre de seguir siendo ciego. Pero en Prespa, Ohrid, Prílep y otras poblaciones había que hacer un esfuerzo por recuperar la vista.

“En la lengua que yo lo leo, dice lo que digo”.

No iba a tolerar que se le considerara un milagro, pues tan grande cosa no se había alcanzado con oraciones sino con mucha destreza y sapiencia.

Lo observaba dormir con la paz de quien no tiene cuentas pendientes.

Pero no había ganancia ahí donde todos apostaban a lo mismo.

Nos gustaba el invierno porque era época de paz.

Basta una tormenta de nieve para que un ejército completo se quede varado y muera por el frío que mata de hambre o por el hambre que mata de frío.

Quince mil ciegos son una carga más pesada que quince mil cadáveres.

Gavril Radomir prohibió la ceguera para crear una fantasía.

Pasaba de la medianoche y el zar Gavril Radomir tenía sueños que espantaban el sueño.

Eran miles y miles que habían pasado por lo mismo y sin embargo cada uno había pasado por algo único.

La historia habría de escribirse porque si no para qué maldita sea la cosa tenían los búlgaros un alfabeto.

Pero la suma y contraste de todas esas diferencias no alteraba que siempre fuera la misma persona.

Luego de contemplar los iconos por un largo rato se dejó seducir por una María de ojos afligidos y por un Cristo que miraba una muerte que tal vez era la suya.

La temporada de guerra comienza cuando los caballos recuperan su brío. Un relincho alborozado marca la fecha y no la voluntad de un zar o de un emperador.

Sin embargo, siempre hay quien transforme las necesidades de un jefe o profeta o mesías o dios en algo razonable.

La espada siempre lleva más autoridad que el azadón.

“Escriba que no escribe”, dijo Kozaro. “Soldado que nunca ha peleado”.

“Dele un baño, dele ropa y dele seis meses de salario”.

En una esquina estaba el malabarista de los diez ojos. “Admiren, damas y caballeros, lo que tantos ojos pueden ver cuando giran en la órbita de los planetas”.

“¿No ven que si la fortuna se detiene deja de ser lo que es?”

No era un pan que pareciera piedra. Ni piedra que pareciese pan.

“Hasta las rodillas”, repitió para evitar que los ciegos vieran más allá.

Para los ciegos, utilería, escena y elenco eran perfectos; para el público con ojos dejaba mucho que desear.

…”alguno de ustedes habrá de morir porque en las guerras siempre hay muertos. En el último instante de sus vidas piensen en mí. Uno de ustedes quedará en el campo de batalla y Panteleimon el impertinente regresará como héroe a enseñorearse de la viuda que dejen sola”.

No había arado ni guadañas ni martillos ni hachas ni lanzas ni escudos ni arcos ni liras ni flautas ni anillos ni collares ni clavos ni adobes ni ventanas ni tejados ni cruces ni coronas ni música ni baile ni vino ni carretas ni féretros, pero ya había una espada.

Todos podían verlo menos él, pero a él le bastaba la palabra “fuego” para sentir el ardor.

Las muchachas nos arrojaban pétalos blancos, amarillos y azulados, como si el color nos importara.

No es por cobardía que huyen los jefes. Han de hacerlo para no convertirse en trofeo del enemigo.

… pero Bronimir le dijo que él ya tenía mucha experiencia en meterse y sacarse los ojos. “Los blancos”, le dijo Zósimo, “pero los de mirada triste tienen una manera muy precisa de encajarse. No miran hacia el frente, sino hacia lo que pudo haber sido y no fue.

Nos habían tildado de cobardes porque dejamos que nos cegaran. Ahora esa gente se quedaba encogida en casa mientras nosotros marchábamos hacia la muerte como el ejército más valiente que jamás se vio.

Abandonamos toda posibilidad de dormir. Nos levantamos a bailar.

El danzante danza para que lo vean danzar.

Kozaro el escriba dijo que no había arma más poderosa que la pluma, pero en esos días prefería confiar en la espada.

Lo enviábamos a dormir a tal distancia que sus sueños nos llegaban como el llamado de un venado en celo.

“No piensen con su propia cabeza”, dijo. “Pónganse en el lugar del emperador Basilio”.

El miedo sabe entrar por los oídos.

Mejor esperar a que las cosas sucedieran de verdad para entonces contarlas.

Un ciego es un hombre es un guerrero.

¿Hay ángeles con las alas negras?

A ciegas era inevitable que algunos de los nuestros mataran a algunos de los nuestros.

Voy a narrar lo que no vi para que lo vea quien me escuche.

Nuestros enemigos gritaban su miedo.

El ejército que huye de noche se deshilacha.

Cuando se bebe vino luego de ganar una batalla, se entiende por qué la guerra enamora al hombre.

Veíamos las moscas que vienen a los ojos cuando los dejan solos.

“Un hombre no es de donde nace en un instante; es de donde muere para siempre”.

“Entre los ciegos hay un santo”.

¿Cómo descubrir al santo entre tanto pecador si ninguno tenía mirada de santidad?

No quería que nadie viera desnuda a la mujer que había muerto desnuda ante miles de ojos.

Quizás si se alejaban hasta el fin del mundo podrían dar con un sitio en el que nadie hubiese escuchado la historia de Ripsimia, la que bailaba con los muertos.

Pero aquel soldado había encontrado a Igorón y me puso la luna y el sol en las manos, y yo los acepté como un deber o un destino.

“Los clavos de Cristo”, dijo, y la gente se acercó a tocarlos. “¡Los clavos de Cristo!”, gritó y el pueblo derribó un árbol y erigió una cruz. “¡Los clavos de Cristo!”, llamó a gran voz y la gente clavó con esos tres clavos a un cristo muerto que nadie, salvo los ciegos, podían ver.

Era un relato que la gente contaba sin creer en él, pero no por eso perdía el derecho de ser contado.

“¿Es hombre o mujer?”, preguntó Timoteo. A Gavril Radomir le ofendió la pregunta. “Nunca jugué con muñecas”.

Los niños no tuvieron que comprar ojos tristes al judío Moskono para tener ojos de niños tristes.

Sobre todo lo había logrado porque dejó de esmerarse en que sus ojos parecieran de verdad.

“Son los ojos de la locura”, dijo Moskono. “Así debió de mirar tu dios desde la cruz, y así han de mirar todos los ciegos y cada hombre con ojos que alcance a entender lo que significa ser hombre”.

El delicioso aroma salido de la casa de Igorón se fue transformando poco a poco hasta volverse olor de lenteja quemada.

Por eso de la historia de los quince mil ciegos acaso quedará que matamos de pena a nuestro zar Samuel y los garabatos que un delirante escriba sin ojos trazó en los muros de su celda con la pluma negra de un cuervo.

Toscana, David. El ejército ciego. Alfaguara. Madrid. Marzo 2026. 229 pp.

Me acuerdo (Texto de presentación: José Luis Solís)

March 15, 2026

Texto de presentación de José Luis Solís sobre “Me acuerdo. Sí me acuerdo” leído en la Feria del Libro UANLeer 2026 el 15 de marzo de 2026 en el Café Literario. 

ME ACUERDO

Al leer tu libro, querida Lorena…

Recuerdo cuando no me preguntaba si un libro era Testimonial

Recuerdo cuando no me preguntaba si un libro era Confesional

Recuerdo cuando no me preguntaba si un libro era Epistolar

Recuerdo cuando no me preguntaba si un libro era autobiográfico

Recuerdo cuando no me preguntaba si un libro era psicoanálisis literario

Recuerdo cuando no me preguntaba si leer un libro era practicar un mantra

Recuerdo cuando no me preguntaba si un libro tenía referenciales anteriores

Recuerdo que Brainard no conocía a Perec, ni Perec a Sanmillán, ni Sanmillán a Madonna, ni Madonna a Larry Bird, ni Twiter a X

Y ante todo, en este momento, recuerdo y rememoro un libro catártico.

Y sábelo, Lorena…

Recuerdo al leerte, que puedo sentir como propias aquellas cosas que nunca me sucedieron.

Recuerdo al leerte, tantas cosas en que podríamos haber coincidido y que solo el recuerdo nos las hará perdurables. Lo que sí es cierto es que por poco fuimos vecinos, tú vivías en Madrid en el barrio de Lavapiés, y yo en La Latina, en un piso frente a la Plaza del Cascorro, por eso es que disfruté tanto el leer tu libro, ya que me imaginé lo divertido que hubiera sido ir de marcha juntos a parques, museos y obras de teatro cuando las pelas todavía existían.

Recuerdo al leerte, que tengo 57 años y que comparto más del 70% de tus recuerdos, los cuales, revivieron en mi gracias a tus textos

Recuerdo al leerte, el cómo me estremecí cuando me recordaste aquel abrazo, aunque yo nunca recibí uno en un lobby de hotel, me estremecí de cómo me lo recordaste.

Recuerdo al leerte, que cuando oí que había un cantante llamado Víctor Iturbe, “El pirulí” lo veía en la tele y no le encontraba ningún parecido con el dulce, lo mismo me pasaba con el Cerro de la Silla, no fue hasta grande que supe que semejaba una silla de montar.

Recuerdo al leerte, que como tu padre y su juego de la envoltura del paletón donde aprendieron paciencia, mi padre nos ponía en reuniones de adultos y viajes largos en coche el Juego del Silencio, el cual consistía en no hablar, no está de más aclarar que nunca lo gané.

Recuerdo al leerte, la primera vez que me hice amigo de una mujer que le gustaban las mujeres, vivía en Nueva Orleans, y ella y yo teníamos los mismos gustos de féminas y eso nos encantaba, nunca nos pasó por la cabeza hacer un trío, simplemente nos entusiasmaba mucho el descubríamos viendo deseosos a una chica al mismo tiempo.

Recuerdo al leerte, cuando los antros cerraban a la 1 y a los bugas les dio por ir al Arcanos, al Escorpios o al Pato lucas, yo que era teatrero y de antros no binarios como el Kokoloco y el Skizzo me sentía como pez en el agua en los antros gay, por cierto, en aquel entonces no existía eso de la nomenclatura posmoderna de “no binario”, y sí, la época de oro del Vongolé trascendió el mote de ser un antro gay, era un palacio de gente contracultural, artistas, hedonistas y ante todo: contestatarios, un pedacito de Ámsterdam y New York en medio de montañas destrozadas por las pedreras.

Recuerdo al leerte -como tú con Lady Di y Selena- cuando me enteré de la muerte de John Lennon, justo un mes después de comprar un disco de los Beatles con mi dinero, recuerdo también que después de actuar en una función de teatro supe del asesinato de Colosio, recuerdo también cuando con mi Negrita y Almu nos cambiamos a nuestra casa actual y ese mismo día derribaron las torres gemelas, y ahora más que nunca, sé que al leerte afirmo contigo que “All you need is love”.

Recuerdo al leerte, mi jacobinismo, más tus textos me hacen consciente que no tengo tantas razones para serlo como tal vez tú si las tengas, más tu libro -querida recordadora- es una bella forma de poner la otra mejilla.

Y también recuerdo que como en los libros de la primaria de Biología o de Ciencias Naturales donde en la primera página había dos niños dibujados que dialogaban, al leer tu libro ya puedo afirmar emulando a esos niños: ¡Eso que recuerda Lorena yo no lo sabía! Y al terminar tu libro también puedo afirmar: ¡Pero gracias a Lorena ahora ya sé eso y chingos de cosas más!

En cambio, apreciable Lorena…

Yo no recuerdo los juegos Lily Ledy, pero sí los Mi Alegría, esos mismos que decían que “Con juguetes Mi Alegría siempre felices estamos, con juguetes mi Alegría, aprendemos y jugamos”. Y cómo olvidar a Fabiola “La muñeca que camina por si sola”.

Yo no recuerdo al soldado Postinell, pero estoy seguro que ahora arroja granadas poéticas a transeúntes hipnotizados de monotonía, igual que Armando pinta bardas para vencer el ocio de lo cotidiano.

Yo no recuerdo tener el haber tenido una camisa Yves Saint Laurent cuando era prepero como la que tú si recuerdas, lo que sí recuerdo es que me iba con mi camisa marca Polo color rosa a la prepa y los regios me decían: “Pinche chilango puto que usa camisas rosas”, y bueno: chilango sí, puto no, ni homosexual y menos homofóbico, lo que si es que de joven siempre lamenté no ser bisexual, me perdía de la mitad de la diversión.

Y sábelo, querida amiga…

Me hiciste recordar que no disfruto mucho el presentar libros, más bien, ya no me gustan tanto las ferias de libros.

Pero también me hiciste recordar que el invitar a alguien a presentar tu libro es el acto más excelso de amor, fraternidad y camaradería. Y ese recuerdo siempre estará conmigo.

Y sí, esto es de lo que me acuerdo, lo demás, se lo pueden preguntar a Lorena.


José Luis Solís. UANLeer. Café Literario. Marzo 15 de 2026.

Lorena Sanmillán

Muchas más de 25 escritoras mexicanas y latinoamericanas para el 2025

October 30, 2025

Abigail García, Abihail Rueda Martínez, Adriana Balandrano, Adriana Flores Tanguma, Aidé Cavazos, Albalucía Ángel, Alejandra Botto, Alejandra Calixto Sánchez, Alejandra Dávalos, Alejandra Estrada Velázquez, Alejandra Pizarnik, Alex Avilés, Alisma de León, Alfonsina Storni, Amapola, Amparo Dávila, Ana Bárcenas, Ana Clavel, Ana García Bergua, Ana Gerónimo Maríñez, Ana María Gómez Vélez, Ana Virgen, Analía Verónica Benítez, Andrea Gorgonia Treviño, Andrea Ureña.

Ángeles Loera, Angélica Pineda-Silva, Angelina Isabel Valenzuela Rendón, Antonia Martínez, Armonía Somers, Artemisa Téllez, Atenea Cruz, Aura García-Junco, Aura Sabina, Aurora Venturini, Ave Barrera, Aytana Avila Vidalón, Beatriz Espejo, Belkis M. Marte, Berta Lucía Estrada-Estrada, Brenda Flores, Brenda Lozano, Brenda Navarro, Bibiana Camacho, Brissia Yeber, Catalina Kühne, Carmen Alardín, Carmen Ávila, Carmen Serrano Bruno,  Carmen Villoro. 

Carolina Cohen Polanco, Carolina Moreno, Cas Barrabaja, Cecilia Juárez, Clarice Lispector, Claudia Guillén, Cecilia Vázquez Ramírez, Cinthia Camacho, Cris Villarreal Navarro, Criseida Santos-Guevara, Cristi Lagos Garrido, Cristina Cobos López, Cristina Peri Rossi,  Cristina Rascón, Cristina Rivera Garza, Coral Aguirre, Coral Bracho, Dahlia de la Cerda, Dalina Flores, Daniela Lara, Daniela Rea, Daniela Tarazona, Diana Castillo, Diana Y. Durand Olivera, Diana Garza Islas.

Diana May, Diana S. González Ortiz, Diana Rodríguez, Dianelys Gómez Torres, Dulce María González, Dulce María Loynaz, Dulce Carolina Márquez Peña, Edna Ochoa, Elena Garro, Elia Martínez-Rodarte,   Elena Madrigal, Elena Poniatowska, Eleonora Requena, Elisa Moravis, Elizabeth Álvarez Hernández, Elizabeth Molver, Elizabeth Silva Sáenz, Elsa D. Solórzano, Else Tamez, Emilia Negrete Philippe, Erika Arroyo, Erika Giuseppe, Erika Zepeda,  Esther M. García, Ethel Krauze, 

Eugenia Toledo Renner, Eunice Odio, Eva Castañeda Barrera, Eva Giacomelli, Eva Trujillo, Evelina Gil, Fabiola Morales, Fabiola Terrazas, Fátima Chong S, Fernanda Melchor, Fernanda Trías, Frida Núñez Cruz,  Gaba Romualdo, Gabriela Cantú Westendarp, Gabriela Jáuregui, Gabriela Mistral, Gabriela Riveros Elizondo, Gabriela Torres Cuerva, Gabriela Weiner, Gioconda Belli, Gilda Salinas, Gisela López, Glafira Rocha, Gloria Marina Pastás Villacrés, Graciela V. Consoli.

Greta Ramos,  Guadalupe Nettel, Haniel Zamarrón Gómez, Helena Restrepo,  Ileana Cepeda, Ilse Sánchez Quintero,  Inés Arredondo, Ingrid Bringas,  Irasema Corpus, Iris Tocuyo Llovera, Irma Pineda,  Iveth Luna, Ivonne Cervantes Corte, Jackeline Sosa, Jazmín Campos Díaz, Jazmina Barrera, Jessica Nieto, Jimena Gómez Kneup, Jocelyn de la Rosa, Josefina Vicens,  Juana Idalia de León Pérez, Juddymay, Julia Santibáñez, Justine Hernández.

Juventina Soler Palomino, Karime Treviño,  Karla Salguero, Laura Fernández, Laura Salas, Laura Samantha Osorio Reynoso, Leticia Herrera, Leticia Romero Chumacero, Leticia Ruvalcaba, Lica Rodríguez Guarnizo, Liliana Blum, Linda González, Livier Fernández Topete, Lorena Sanmillán, Lorena Tristán, Lourdes Falcón, Lourdes Meraz, Lucía Aldrete, Lucía Calderas, Lucía García Espinosa de los Monteros, Lucy Barbosa,  Luisa Josefina Hernández, Luisa Valenzuela, Luz Contreras, Mabel Pereyra.

 Maira Colín, Magali Tercero, Magali Velasco, Malena Múzquiz, Mara Espinosa, Marbella Salas Alcantar, Marcela Sánchez Bustos, María Sofía Abarca, María Belmonte, María de Alva, María de la Luz González González, María de la Luz Ortega, María del Carmen Benítez, María Dolores Hernández Rodríguez, María Elena Olivera Córdova, María Eugenia Hermida, María Fernanda Ampuero, María Florencia Forchetti, María José Paats, María La Castro, María Luisa Bombal, María Luisa Mendoza, María Navarro, María Teresa Aristizábal M., María Teresa Lucas.

 Mariana Lara Valadez, Marianela Aguilera, Marianela Soto Moncada, Maricela Piedrahíta Patiño, Mariena Padilla, Marina Lorena Tabasco, Margo Glantz, Marisol Vera Guerra, Marlén Curiel Ferman, Marlene Diveinz, Marta Traba, Martha Elba Cárdenas, Martha Cruz Ávila, Martha Sariol Rivera, Martha Soraida Olivares, Martha W. Torres Falcón, Marvel Moreno, Mary Carmen Sánchez Ambriz, Massiel Montserrat, Merari Lugo Ocaña, Michelle Ruiz Valdez, Mildred Pérez de la Torre, Mimí Tinajero, Minerva Margarita Villarreal, Miralda Marlen.

 Mirtha Luz Pérez Robledo, Mónica Lavín, Mónica Ojeda, Mónika Muskaria, Monzerrath Rivera, Nadia Contreras, Nancy Meza, Nancy Tamez, Natalia Toledo, Natasha Cares Leiva, Nélida Piñón, Nicole Mateo Rodríguez, Nohemí Yesenia Zúñiga Preciado, Nora Lizeth Castillo, Norma Herrera, Norma Mogrovejo, Norma Judith Navarro, Norma Frida Roffe, Odette Alonso, Ofelia Sombra, Olga Carrizales, Olivia Diab, Olivia Guarneros, Orfa Alarcón, Paloma Cuevas.

Pamela Ovalle Saldaña, Pata Coche, Patricia Almeida, Patricia Laborde, Patricia Laurent, Patricia Karina Vergara Sánchez, Paulina Rojas Sánchez, Paulina Villalpando, Penélope Montes, Pethy Estrada, Pilar de la Paz Ramírez, Raquel Castro, Rosa Beltrán, Rosa Maqueda Vicente, Rosamaría Roffiel, Rosa María Villarreal, Rosario Castellanos, Rosario Ferré, Rosina Conde, Reyna Barrera, Ruth García, Ruth Lorenzo Santos, Salma Guzmán, Sandra Cabrera González, Sandra Soledad Silva.

Sandra Lorenzano, Sara Levy Calderón, Sara Uribe, Sayra Torres, Sharon Pringle Félix, Shirley Ruiz, Silvia Georgina Estrada, Silvina Ocampo, Sofía Segovia, Sofía Velázquez Núñez, Sol Figueiredo, Silvia Peláez, Siomara España Muñoz, Socorro Venegas,  Susana Bautista Cruz, Talia Garza, Tania Martínez Suárez, Tania Tagle, Tanya Ventura, Tere Cabrera Rico, Teresa Cuello, Teresa Díaz Sánchez, Thelma Carrillo, Valeria Luiselli, Verónica Gerber Bicecci.

 Victoria Enríquez, Vilma Barerx, Violetta Estefanía, Virgina Hernández Reta, Virginia Leija, Virgina Leyva, Viviana Rosales Carrillo, Viviana Insaurralde, Ximena Burgos, Ximena Peredo, Xitlally Rivero, Yarezi Salazar, Yess Ramírez, Yolanda Aguirre, Yolanda Barrera, Yolanda de la Torre, Yolanda Montemayor, Yuray Tolentino Hevia, Zaira Espinosa, Zalma Ruis Altaif…

…y las que faltan.

Écfrasis de Pita Amor

September 30, 2025

Sus ojos. Los ojos. Esos ojos. Profundidad de la nada. Círculo negro sobre una ojiva blanca que nos mira fijamente, exacerbado. Busca nuestra mirada y en ella significados. Ruido blanco en el silencio suspendido en un jardín. Una mujer de facciones toscas, gruesas. Blanco y negro en sólido ritmo. En la mano izquierda a la que le cantaba José Alfredo lleva puestas muchas pulseras y un bastón para apoyarse que justo reposa en un camino Braille. ¿Qué ve el que no ve? El apoyo como antídoto de la ceguera. Una extensión de sí misma -sí mismo- para sostenerse en su convicción. Sobre el negro de su vestido, un delantal con vivos blancos y trazados orgánicos en el centro de un jardín tapizado con lenguas de suegra; que digan lo que digan: él se siente Pita Amor y no le gusta la gente jodida. Aristeo mata y eterniza este momento con el desafío de su mirada.

¡Felicidades a Aristeo Jiménez por obtener la beca del SNCA 2025!

Lorena Sanmillán

Frases de Rafael Chirbes

May 11, 2024

Serás lo que eres.

Todo hombre tiene derecho a cerrar su historia; si no, se queda para siempre mutilado.

…la mente se pasa el tiempo reordenando, cambiando el propósito del libro que escribe.

La tristeza y el desánimo se encauzan en lo que uno escribe.

Si no escribes, nunca has tenido nada, viento que agita y se marcha.

A veces uno no escribe de lo que más le gusta o interesa, por culpa de una especie de parálisis reverencial.

La palabra verdadera no surge sin el dolor purificador.

En cada momento uno anota lo que le parece que da respuesta a los interrogantes que lo acucian, a lo que cree que ayuda a construir un amago de respuesta.

Las citas que uno elige son las palabras que lo electrizan porque intuye que miran desde donde él querría empezar a mirar.

Siempre me parece mentira que las cosas se ordenen, que acaben saliendo como estaba previsto. 

Me sorprende llegar a un sitio: me sorprende volver a casa. 

Me acerco al ordenador, me inclino sobre el cuaderno, como si fueran cama de faquir. 

Atreverte a escribir tu propia historia desde la mirada poliédrica del insecto capturado en la tela de araña de la que no consigue librarse. 

Lorena Sanmillán

Me acuerdo

May 10, 2024

Me acuerdo cuando había modelos de carne y hueso en el aparador de una tienda en Morelos. Era muy bobo ir a verlas.

Lorena Sanmillán

Lisístrata en el 9M

March 17, 2023

Son las 5:00 a.m. y en automático tomo el celular al despertar. ¡No! No opinaré. No participaré. NO. Repito con convicción. Lo que pretendemos es que se note nuestra ausencia. Dejo el teléfono en su lugar, a un lado de mi almohada. Es la hora de la lectura. Me pregunto si eso sí puedo hacerlo. Leo a Karl Ove Knausgard, La isla de la infancia, y pienso que quizá hoy es menester leer literatura escrita por mujeres. En el librero está Relatos completos de Virginia Woolf, pero no me levanto por él. Cierro los ojos y pienso en las mujeres que ya no pudieron levantarse, en las mujeres que amanecieron muertas, golpeadas, secuestradas, en las que tienen miedo de un nuevo día, en las que en automático se levantan para alimentar a su familia e ir a trabajar. Bendigo mi existencia: puedo quedarme en casa, puedo decidir si quiero o no levantarme. Por ellas y por nosotras es necesario hacer este paro. Por ellas y por nosotras se tiene que notar nuestra ausencia. Algún hilo se ha de mover. Alguna conciencia se ha de conmover. Por lo pronto, y para empezar, la mía.

Me confieso débil: no resisto la tentación y doy un pantallazo rápido en el Facebook, donde casi puros hombres escriben. En el Twitter es lo mismo. El paro lo comenzamos desde anoche. Algunos se burlan, otros no entienden de qué va la cosa. Algunas mujeres también comentan. Cada quien ejerce su libertad.

Me pregunta una amiga si tampoco responderé el WhatsApp. Efectivamente, no respondo. Si estuviera muerta o desaparecida o lastimada tampoco podría responder. Lo único que me mueve es mi mamá, pero conseguiré que le manden comida.

Una amiga me manda una foto suya que simula una ficha de desaparición. Sé que es falso, sé que es una sólo una foto, pero se me congela la sangre. Ese mensaje sí lo abro. ¿Qué haría yo? ¿Por dónde comenzaría a buscarla? ¿Cómo acompañaría a su hijo? ¿Cómo abrazaría a su marido? ¿Cómo consolaría a su hermana? ¿Cómo podría pasar eso si ella sabe artes marciales? ¿Qué tanta maldad tendrían que usar para vencerla? ¿Qué haría si se desapareciera una de mis amigas? Las desaparecidas también eran amigas, madres, esposas, vecinas, primas, hijas o alguien significativo en la vida de las personas que las rodeaban.

Veo mi última foto en Facebook, es de ayer por la mañana: estoy sonriente en el teleférico del Cerro de la Silla. Un estremecimiento me recorre y la saliva es un recuerdo en mi boca desierta ante la posibilidad de mi propia desaparición. ¿Sería ésta la foto que recordarían?

¿Sería la foto con la que me buscarían? ¿Sería mi último post? ¿Quién me buscaría? ¿Cuánto tiempo me buscarían? ¿Me recordarán en mi clase de baile? ¿Quién terminará mis textos? ¿Quién cuidará a mi madre? Las preguntas abren un abismo en mi historia. En mi historia, que es mi historia y la de todas las mujeres.

Siento raro faltar al gimnasio por primera vez en nueve meses. Llevaba un entrenamiento estricto, súper disciplinada, con miras a correr un maratón. Ayer fue extraño no preparar las cosas antes de dormir. Aún me duele la falta de solidaridad de algunas compañeras del gimnasio que buscaban completar el quórum para que pudiera haber clase de baile. Trato de respetar, de entender que cada quien tiene su tiempo para comprender lo que sucede.Alguien se refiere a mí como la activista y aunque sea un mensaje escrito percibo el tono de burla. Por ti, este paro también va por ti, le digo a la pantalla del celular donde aparecen las alertas. Mis congéneres también ejercen violencia de género. A veces, la negación es el mecanismo de defensa que permite seguir viviendo; enfrentarse al horror de las cifras no sólo escuece el alma sino que demanda acción y para las acciones se requiere valentía.

Quiero extender mi empatía y lograr entender a quienes no quisieron dejar de trabajar o de ir a cualquier parte. Entiendo al completo a quienes verdaderamente no pudieron. Aprecio a quienes a pesar de querer sumarse al paro tuvieron que trabajar (enfermeras, doctoras) porque su ética y la responsabilidad de su empleo va más allá de una decisión personal, aunque su impacto habría sido monumental. Algunas empresas, disfrazándose de empatía, brindarán camisetas moradas a sus empleadas para que apoyen simbólicamente el paro, otras dieron permiso de faltar. Es un primer intento de paro, lo que se logre será un precedente para los próximos. Vale la pena intentarlo.Valdrá la alegría contar los logros.

La imagen de mi amiga vuelve a mi recuerdo. No sé cómo lidiar con esa foto: ¿La has visto? Desaparecida. Seco las lágrimas que me provoca. Es un ejercicio efectivo que sirve para crear conciencia. Ella es un afecto esencial. Así han sido para alguien quienes han muerto. No podemos quedarnos como si nada. No me muevo. No hago nada por la mañana. En casa no se notará mucho si hago o no cosas, pero en el mundo sí. Es la magia de abandonar la visión individual para sumarse a la colectiva.

Bajo a prepararme el desayuno, tengo café, jugo de zanahoria, fresas y nueces. Soy una afortunada. ¿Cuántas mujeres no han desayunado? Reviso mis pendientes, reflexiono. Hace más de 9 meses que no me despertaba tarde. También es un regalo para mí. ¿Qué pasaría en

el gimnasio? ¿Qué pasará en la alberca? En ambos sitios hay recepcionistas, nutriólogas y entrenadoras. ¿Qué pasará en Monterrey? ¿Qué pasará en México? ¿Cuántas cosas moveremos?

No salgo. Muerta no podría salir. No hablo con nadie. No respondo llamadas. No barro la calle. Si estuviera muerta no podría hacerlo. Pienso en la palabra desaparecida, como el eufemismo de muerta. ¿Eso somos? ¿Apariciones? ¿No somos personas? ¿No somos seres humanos? Somos más que una desaparición.

Hablo a la fondita que está cerca de casa de mi madre, responde la dueña, la saludo y conversamos. Se me hace feo poner a trabajar a otra mujer para seguir yo en el paro, además el acuerdo es no comprar nada. Me disculpo por haber llamado. Decido ir a casa de mi madre sólo a darle de comer. ¿Quién la alimentaría si a mí me pasara algo? ¿En quién se refugiaría como lo hace conmigo? Sí, están mis hermanos y hermanas, pero su vida no sería la misma. Se adaptaría, también lo sé. Estaría triste unos días y después me olvidaría. Este tema me hace pensar en estrategias de seguridad, no sólo para mí, sino para todas las cuidadoras que hay en el mundo. ¿Cuántas mujeres que fueron a cuidar a un familiar han sido violentadas al volver a su hogar?

Me visto de morado y salgo de casa. En la parada de camión de la esquina sólo veo hombres. Sonrío. Avanzo. En el semáforo de Churubusco, casi a un kilómetro de mi casa, veo la primera mujer. Va vestida de morado. Me siento extraña entre los autos que me rodean: todos los conducen hombres. En el camión alcanzo a ver algunas blusas moradas o lilas. Las alertas siguen llegando al teléfono y sólo observo las Vistas previas en la pantalla: una amiga organiza una carne asada y me invita. No ha entendido nada. Percibo menos tráfico. Creo que sí tuvimos buena convocatoria. Creo que sí pudimosresponder. Medamuchogusto.Llego a casa de mamá y pregunta cómo me fue en la marcha. Le cuento los pormenores. Se alegra de que no me haya pasado nada. Mi madre come y yo me despido, para volver a casa.

Saludo a una vecina que anda a las prisas como cualquier otro día. ¿Qué tal de puente?, saluda sin detener su caminar. Cada quién vive su realidad en su contexto. Maslow no se equivocó y la Pirámide indica prioridades que cada persona interpreta a su manera. Habría que replantearlas. En Madero veo a una mujer conduciendo un coche, con otra mujer en el asiento trasero. Supongo que es un Uber. Es media tarde y el tráfico sigue fluido. Se nota que ha bajado el movimiento. Me siento orgullosa de esto que estamos provocando. Se nota, sí se

nota, nuestra ausencia. Sin detenerme, sin hacer compra alguna, llego a casa y de nuevo subo a mi recámara, a mi cuarto propio, a leer, escribir, reflexionar y participar en el paro lo que resta del tiempo.

Pienso en las mujeres significativas que me rodean y les dedico una breve meditación. Edna. Madonna. Manuela. Graciela. Ruth. Eunice. Elizabeth. Adriana. Michelle. Anahí. Carolina. Sofía. Zoe. Cesia. Mildred. Leonor. Guadalupe. Barbarita. María de la Luz. Carmen. Lilia. Victoria. Aleyda. Karime. Isabella. Lizbeth. Bertha. Alexis. Luz Olivia. Selene. Yaeli. Mireya. Irene. María de Jesús. Juana María. Julia. Beatriz. Esseira. Marisol. Virginia. Aidé. Susana. Izamary. Pienso en las escritoras que me han acompañado a través del tiempo Virginia, Fernanda, Simone, Rosamaría, Susana, Magali. Rosario, Amparo, Carmen, Libertad, Clarice, Odette, Ethel, Socorro, María Fernanda, Eve, Eleonora, Alisma, Inés, Gioconda, Claudia, Vanesa, Leslie, Cordelia, Mara, Mariena, Patricia, Dulce, Gabriela, Ximena, Graciela, Ofelia, Leticia, Antonia, María Concepción, Lorena, Penélope, Diana, Zaira, María Elena, Sara, Ileana, Ana… Vienen a mi mente nombres, rostros, anécdotas, momentos. Detrás de cada nombre una historia, un significado que realza este paro. Pienso en cada una de ellas y en cómo nos hemos tocado. Pienso en las muertas recientes, sólo alcanzo a decir un par de nombres y me invade el llanto.

Es un grito en silencio. Es acción en reposo. Es la ausencia que lacera. Es la pausa del movimiento. Es lo profundo de lo superficial. Es lo alegre del dolor. Es el dolor de un parto. Es lo trascendente de lo efímero. Es lo sutil de la violencia. Es lo único de lo rutinario. Es el no ser para ser. Es ser punto para volverme línea.

Es ser línea para pertenecer a un párrafo. Es ser color primario para volverme infinita. Es lo aparente para ser real. Es desdibujarme para subrayarme. Es ser piedra para dar cauce al río. Es ser jacaranda para dar mis flores y mi sombra. Es ser Lisístrata en el inicio de los tiempos. Es Lisístrata vibrando a nivel sensorial a través de los siglos. A través de mí. A través de ti.A través de nosotras.A través de todas.

Lorena Sanmillán

Mis subrayados: Punto de cruz. Jazmina Barrera

September 13, 2022

No estés triste, Lilí. Hallarás el hilo, y hallarás a la araña.

Me dolió la cabeza como si me hubieran roto la cara. Como si me estuvieran tratando de succionar el cerebro por los ojos y no pudiera abrirlos.

En mi cerebro se sobreponían imágenes breves y dolorosas, como murciélagos en una cueva:…

La etimología del verbo bordar tiene una raíz indoeuropea (bhar) que significa punta, aguja, que la emparentó con la palabra fastos del latín, que dio fastuoso y fastidio.

Bordado y bordar vendrían después del francés antiguo bord, que significa “lado de la nave”. Ahí se relaciona con la palabra borde, porque el bordado se utilizaba para decorar el borde de la tela.

“El lugar de una mujer está junto a su bordado”. Libro de Exeter

“El lugar de una mujer está junto al abismo”. Libro de Exeter

El coraje y la desdicha se me turnan por oleadas.

Nada en sus palabras me aclaraba si había sido un suicidio o un accidente.

No sé cómo puedo bordar y pensar en Citlali y no pincharme los dedos.

Los regalos de cumpleaños eran nuestro pretexto favorito para bordar.

Los equinodermos -las estrellas de mar- tienen la capacidad de regenerar los miembros que pierden. Los mamíferos no la tenemos. La hemos suplido hasta cierto punto, y sólo hasta cierto punto, con aguja e hilo.

Mi abuela siempre usaba dedal.

La risa debe ser una de las cosas más difíciles de contener, casi más que el llanto.

Parte de mi rareza consistía en que ni siquiera con ellas me gustaba convivir demasiado.

Dibujaba y escribía para no perder la imaginación.

Me aferraba llena de angustia a esa mirada infantil que encuentra en todo lo que la rodea motivos de curiosidad y asombro.

Toda yo, en cuerpo y alma, me sentía justamente simplona.

Aprendí a leer y a escribir al mismo tiempo que aprendí punto de cruz.

Lorena Sanmillán


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