Clase de baile II

November 27, 2019

Hoy se integró una mujer a la clase de baile, fuera de eso la sesión transcurrió sin novedad, sumando a la vida un episodio más de mis fracasos. No te asombre si te digo lo que fuistessss 🎼🎼🎼. La maestra marcó un nuevo paso complicado -como son todos los pasos para mí. Ven al frente, Lorena. Su mano extendida con gentileza tiene más fuerza que un chasquido de dedos. Su voz dulce es una orden marcial. Imposible desobedecerla. Tiembla que suda me coloqué al frente. Atenta. Tensa. Atenta. Tensa. Soy sólo una tabla que pretende bailar. Ella marca el paso lentamente y en silencio. 1. Derecha. Sencillo. 2. Izquierda. Sencillo. Adelante. Izquierda. Atrás. Desplante. Flexión. ¡Otra vez! Mira el espejo, no los pies, sugiere. En silencio, en el espejo danzan una elefanta y una campamocha, dignas de una escena de Fantasía 2019. El antípoda ejemplificado tiembla y suda. Detrás de nosotras está el resto de la clase. ¡Una vez más! No entiendo nada. Seguimos marcando los pasos en silencio. ¿Lista? Subo y bajo los hombros, indefensa. ¿Listas? ¡Va! Va. Va hacia el teléfono y pone la música. Va y es Madonna. ¡Va! Sonrío y aligero un poco la espalda. Repetimos los pasos silentes que se acomodan perfecto con los acordes de Medellín. Sonrío y pierdo la coordinación adquirida. Sonríe e indica paciencia-paciencia. Aunque la letra de la canción es una estafa, cuando coincido en la coreografía siento que triunfo en Wembley y bailo con Mi criatura; todos los reflectores están sobre nosotras. Pienso en esa posibilidad y todo brilla a mi alrededor. Por un instante me siento poderosa e ilimitada. Terminamos la canción, vuelvo a mi sitio y sé que podría exprimir mi camiseta varias veces y ni así le secaría el sudor. Termina la clase y la chica nueva dice tener dos pies izquierdos. Yo sigo intentándolo, consciente -muy consciente- de que tengo tres.

Lorena Sanmillán

Mis subrayados: El show de Gary. Nell Leyshon

July 31, 2019

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La verdad es que yo siempre lo esquivo todo.

La gente cambia. Cambia continuamente. Todos cambiamos.

No es de extrañar que el amor sea tan difícil de conservar cuando nuestro corazón vive en un cambio constante.

…ahora tenemos que volver al principio para entender. Porque no nacemos en mitad de la nada en este mundo.

Si cierro los ojos es como si no existieran el pasado y el presente.

Puedo ser el de entonces. Puedo ser el de ahora.

Preguntas demasiado, Gary. Si sigues así, algún día te van a dar respuestas que no quieres oír.

Siempre es verano cuando eres pequeño. Habría que llamarlo veranez en lugar de niñez.

Siempre he tenido algo que los demás no tienen.

Soy capaz de oír cómo se abre un ojo, el susurro de las pestañas y el pliegue de la piel de los párpados.

Cuanto más lo deje pasar, más se meterá en problemas por no encontrarme. Pero si lo dejo pasar demasiado, seré yo quien me lleve la chinga.

No conoce esta historia en la que está atrapada: no sabe cómo termina; ni siquiera si tiene final.

…yo puedo leer los pensamientos de todo el mundo escritos en su frente antes de que ellos mismos sepan siquiera lo que están pensando.

Parece que si no me muevo sin parar me vaya a reventar la piel.

Que tiene la cabeza llena de viejos sueños, de retazos de historias y recuerdos. Llena de sombras de lo que creía que iba a conseguir en la vida.

Si pudiera treparía a lo alto de los árboles, volvería a colocar el sol en el cielo. Lo que fuese para que esta tarde no terminara.

A veces eres más listo de lo que te conviene. Lo sé. Y ojalá no lo fuera. Ojalá fuera un idiota.

Para esta parte yo no necesito saber qué edad tenía porque es mi vida y es como es, pero tú sí necesitas saberlo.

La luna es tu enemiga.

Cruzamos el umbral, cierra de nuevo la puerta y la noche, ya oscura, pasa a serlo todavía más.

Sólo oigo mi corazón y su corazón y nuestra respiración.

Yo me hago más alto bajo su mano. Soy su hijo y él es mi padre. Y ésta es la primera vez que recuerdo que me toca sin pegarme.

… desconcertarme a mí mismo no es mi estado normal.

…(él sabe cosas, pero no como yo sé cosas)…

Qué suerte, tener alas.

Sé que me ve porque sus ojos se cruzan con los míos. Sé que me ve y ella sabe que sé que me ve.

Tenemos los ojos clavados en la tele, nuestra amiga de vidrio.

Todo le resbala y nunca mira atrás.

Pero yo no sé hacer eso. Yo no soy así.

No es más que la verdad, ¿o no? Pero nadie quiere oírla cuando la digo. Y me caen a mí las culpas, aunque no tenga nada que ver conmigo. Yo sólo soy el que la dice.

En sus tiempos la gente vivía en cuevas y cocinaba en fogatas.

Hay veces en que está bien mandar a la gente a la chingada. Pero otras veces no es tan inteligente.

No quieres oírlo, ¿verdad? No quieres oírlo, no vaya a ser que no puedas hacer lo que te dé la gana.

Y mientras la camioneta avanza, siento que algo empieza a cambiar dentro de mí.

Puedo sentir cómo se cierra a mi alrededor, en torno a mis pulmones y mi hígado y mi estómago. En torno a mi corazón.

La vida sigue porque eso es lo que hace la vida.

… lo mejor es que este verano mamá no va detrás de mí y vuelvo a casa más tarde que nunca.

Y el caso es que, me acueste a la hora que me acueste, me levanto cuando sale el sol. Sigo teniendo la bombilla en la cabeza. Sigo siendo yo.

Ahí hay todo un mundo que mirar.

Las vacaciones se acercan; días largos sin nadie que me diga lo que tengo que hacer.

Parece que haya pasado una eternidad desde que tenía tus años.

La mira como si no hubiera comido en meses.

Para, está escuchando, y puede que sea lo bastante mayor para fumarse un cigarro, pero aún no lo es para conocer los bailes horizontales que se marcan los hombres y las mujeres.

Lo que daría yo por ir a un restaurante. Pero no me lleva nunca nadie.

Pero estoy intentando ser franco contigo y no quiero fingir que siento cosas que no siento.

El mundo está lleno de gente que obedece las normas no escritas de la vida.

La gente se pasa la vida juntando cosas y luego guardándolas bajo llave para que otra gente no pueda ponerles un dedo encima.

Soy yo el que sabe lo frágil que es todo.

Porque si nos levantásemos todos un día y decidiéramos no obedecer las normas no escritas todo se caería a pedazos.

Partes de tu cuerpo que no sabías ni que existían están activadas.

Siempre hay un motivo para ofrecer algo.

Yo no tengo por qué hacer siempre lo que tú digas.

Esta conversación volverá y te perseguirá. Se convertirá en uno de esos momentos en los que tu vida podría haber cambiado.

Duele, pero no pasa nada, ¿sabes? No pasa nada.

Es la primera vez que nos vemos, y por la forma en la que arranca sé que no es la persona más lista del mundo.

Es más fácil de lo que te imaginas localizar las casas en las que no hay nadie. Ningún coche estacionado. Ninguna luz. Cortinas descorridas. Los botes de basura fuera.

Y además, yo lo sé: lo sé por las moléculas reposadas y en calma que hay a su alrededor.

Voy afuera y me siento en el corredor hasta que la oscuridad empieza a iluminarse.

Porque el problema con los patrones es que te acostumbras a ellos y ya sabes qué esperar.

Tu cuerpo se aprende el ritmo y puede poner a punto sus defensas.

He aprendido más cosas sobre la puta raza humana de las que hubiese querido saber nunca.

¿Sabes cuál es la mejor solución? -le digo-. Tú me ignoras a mí y yo te ignoro a ti.

No merece la pena malgastar palabras o sangre.

Hay bastante luna como para proyectar mi sombra sobre el suelo, y observo mi propio andar.

Hay demasiada luz, mi enemiga está en el cielo. Los planetas están en la órbita equivocada.

Y, además, ¿sabes qué?, no quiero nada. Sólo quiero esto, la acera bajo mis pies.

No dejo de imaginármelo, una y otra vez, y me gusta la idea, esa escenita que no llegaré a ver pero que me la sé entera.

Este lado del planeta está totalmente dormido.

Conoce todos mis juegos. Conoce cualquier juego al que yo pueda jugar.

Las manecillas del reloj giran y es imparable, hagas lo que hagas nunca conseguirás ser más joven.

Sólo hay un camino en la vida: cuesta abajo por la pendiente resbaladiza hasta caer en el infierno.

Antes de que pienses que estoy siendo demasiado oscuro, recuerda que de camino a ese infierno te topas con algunas cosas buenas, y más te vale aprovecharlas porque sólo vas a tener una oportunidad.

Tú no me tienes que decir quién eres. Te conoce todo el mundo.

Como si hubiese crecido especialmente para encajar conmigo, como si mi mano fuera el molde en el que la hubiesen vertido.

La balanza está demasiado inclinada hacia el lado de que esto pase.

La luz de la calle entra por las cortinas bordadas y dibuja figuras en las paredes.

Cuántas maneras distintas hay de ser una persona.

El pasillo es largo y mi corazón está a tope.

… y el tiempo pasará, porque el tiempo pasa.

… y me cuenta la historia de cada ley que ha quebrantado, cada nariz que ha partido, cada corazón que ha roto.

Sólo quiero ser libre y eso es lo único que no puedo ser.

Está todo ahí afuera y tú no has visto nada.

Ha encontrado la grieta en la armadura, la parte blanda bajo el caparazón.

No puedes dejar de ser padre.

Es lo único que he hecho en la vida: lanzar cosas.

Algunas cosas, Gary, no son para gente como nosotros. No son las vidas que tenemos escritas.

Tus cartas están todas echadas el día que naces.

Y creo que todo va a salir como yo quiero.

Llevo dinero en el bolsillo y camino como si pudiera continuar caminando para siempre. Como si nunca nada fuera a pararme.

En algún lugar dentro de ella, queda un resto de sentimiento humano, de orgullo.

Los toma como si fuese la primera vez que ve dinero.

Nada lo hará renunciar a conseguir exactamente lo que quiere.

Y no lo olvido. Es uno de los momentos que sabes que no vas a olvidar nunca.

Soy una prostituta del arte.

Quedas bien aquí. Tus ojos hacen juego con las paredes.

Llevo puesta la ropa de Tony, Y no sé de quién será la cabeza que tengo encima de los hombros, pero la mía no es.

La cuestión, Gary, es que te puedes partir la madre el resto de tu vida para que otro gane dinero, o puedes usar la cabeza y ganar una lana decente como yo.

Tienes que saber que la madera es algo hermoso, Gary.

La mitad del arte de vivir consiste en saber cuándo hay que callar para no quedar como un imbécil.

Las antigüedades son el camino.

…cuánto trabajo puso en la parte trasera de un cajón, aunque no iba a estar nunca a la vista.

Sólo valen lo que valen porque jugamos todos al mismo juego y nos ponemos de acuerdo en que sí, este trocito de papel vale más que el papel en sí en el que está impreso.

Tengo una lanza en la mano, una película de sudor sobre la piel.

Pero su problema es que ella es inglesa, y si es inglesa, tiene que ser educada.

Asegúrate de aprender todas las lecciones. No desperdicies lo que tienes.

Ya he dicho que todos nacemos en una familia, que es como una jaula de metal que nos da forma a medida que crecemos.

Mira a los hermanos: a veces son iguales. Y otras tan distintos que son como enemigos dentro de una  familia.

Y cuando tienes un hijo tuyo, empiezas a pensar en lo que haces.

A la familia tienes que pedirle permiso más que a nadie.

Tan pronto la bebida roza su mundo interior, cada célula de su cuerpo comienza a ablandarse.

Están escritas, esas palabras, en sangre de cordón umbilical.

Me olvidé de las mujeres cuando dejé de poder verme la verga.

No queda fuera de los límites de lo posible.

El mundo se mueve tan de prisa que tiene la sensación de que va a resbalarse de él.

Hay un boom de la ciudad en expansión, y nosotros tenemos las llaves.

Hasta ayer -dice el Enano-, pensaba que iba a tener que buscarme un trabajo.

Los ves yendo al trabajo por la mañana. Con la cabeza gacha. Sólo les falta llevar una bola atada al tobillo.

Toda esta mierda no tiene sentido. Vivir así, que haga falta dinero para todo lo que queremos.

Al final de una semana de trabajo te dan unas cuantas de éstas, y luego se las das a otro a cambio de cosas que tendrías que estar cazando.

Y por ahí te llevará andar con él. Ustedes se dan cuerda el uno al otro. La gente se pierde, Gary.

El caso es que somos misterios.

Yo sé lo que hago. Estoy bien. Siempre estaré bien.

Eso decimos todos. Eso pensamos. Pero todo esto, todo esto que hay fuera, es mucho más grande que cualquiera de nosotros.

Dentro apesta a sudor, a suelas de goma, a miedo y a rabia.

Flexiono el brazo, veo cómo lo que he hecho me ha convertido en lo que soy.

Mi historia va a tomar un camino distinto al de partida, me va a llevar a un final distinto.

Tienes que aprender algunas cosas, hijo, y espero que las aprendas antes de morir.

El mundo es así, te va a echar a la cara cosas que no te gustan. Lo que cuenta es cómo lo afrontes.

No hay el más mínimo espacio para perder los estribos, no hay espacio para la falta de disciplina.

Tienes unos ojos muy bonitos. Como el lapislázuli con el que perfilaron los de Tutankamón.

Es una alegría liberarse de este mundo de mierda, claro, pero luego no te acuerdas de las cosas divertidas.

Un hombre necesita un sitio donde descansar los pies.

Dime una cosa que necesite y que no tenga.

… y si no saco lo bastante por ellos me va a pesar en la conciencia…

Ya sé que soy un gordo asqueroso, eso lo tienes delante.

Mientras que tú, lo que tú eres no es visible al ojo humano.

Mira, puede que yo esté gordo, pero nunca te robaría nada.

Creo que será mejor que te preguntes a ti mismo cómo es que te morías tanto por vender que ignoraste a esa voz dentro de ti que te gritaba que no lo hicieras.

Porque tienes una voz que te dice lo que está bien y lo que está mal, y te veo en la cara que desearías no haberlo hecho.

… te arrancaré la piel a tiras con una aguja de ganchillo…

No estoy trabajando de nueve a cinco. No estoy a las órdenes de nadie.

Somos animales apestosos, enroscados.

Un coche cruza por delante de la ventana.

Todo humano que hable con otro humano quiere algo.

En eso consiste la vida, todos corriendo de aquí para allá intentando conseguir lo que queremos.

Veo a la gente antes de que me vean a mí, huelo los plátanos cuando hay monos cerca.

Pero no voy a pegarle un puñetazo a nadie si no tengo que hacerlo.

La mayoría de las veces la violencia no consiste en la acción. Consiste en la actitud. Consiste en la amenaza de usarla.

Lo único que hay que hacer es ponerse firme, tener la actitud apropiada y se echan atrás.

Es como si fuera una puerta y yo entrase por ella, como si estuviera hecha a mi medida. Es como llegar a casa.

Si estuviéramos los dos en persona, y no hablando a través de esta página, te llevaría de paseo.

El sol no sale sólo por nosotros.

Los planetas no giran sólo en torno a nosotros.

Nos daríamos cuenta de que ya pasaban cosas antes de que existiéramos y de que van a seguir pasando cuando dejemos de existir.

Me hizo pensar en un pájaro arrancándose las plumas del pecho y forrando el nido.

Es como si llevara toda la vida muerto y ahora estuviese vivo.

Somos como una pareja de verdad, tomando algo por ahí.

Erase una vez un tiempo en el que los humanos no necesitaban dinero para nada.

Y así nació el dinero. Y eso, ese dinero, hizo que todo el mundo se alejara de lo que importaba y de lo que es la vida, que es: nacimiento, comida, sexo, nacimiento, más comida, muerte. En ese orden.

Y desde que se inventó el dinero, nos pasamos la vida corriendo de aquí para allá para conseguir tanto como podamos, tanto si nos hace falta como si no.

No pareces ni tú, con ese aspecto.

Yo ya he trabajado bastante -dice-. Quita demasiado tiempo. Me estorba para lo que quiero hacer.

Para ti la verdad siempre es muy aburrida.

Es sólo que creo que la gente joven merece una oportunidad -dice ella.

Nunca me cuesta demasiado decidir quién me gusta. Salta a la puñetera vista, ¿no? La gente tiene que ir arreglada, oler bien.

Hay que asegurarse siempre de las intenciones de la gente para saber a qué atenerse.

Si lo único que importa es ganar dinero, sólo podemos ir por un camino. Porque una vez que abres la caja y dejas suelta a la avaricia, no hay manera de hacerla regresar.

Puede que no tengan dinero, pero se tienen el uno al otro. Tienen juventud. Tienen belleza.

Lo único que tienes que recordar, hijo mío, es que hay que contarles una historia. Todo consiste en contar historias. Hazlo bien, incluye bastantes detalles, y te creerán.

Mira, yo leo a las personas igual que otros leen libros.

Según lo que uno dice y cómo lo dice yo sé lo que le pasa por dentro realmente.

Es el gran misterio humano: nunca sabemos qué es lo que pasa de verdad por dentro a otra persona.

Todo está en lo que proyectes.

Si te inventas una historia que puedan creer, son tuyos.

Recuérdalo siempre, a la gente le gusta que la reafirmen.

Camina como si todo fuera tuyo. No seas accesible. Sé altivo.

Puedo hacer lo que quiera. No hay nada que no pueda hacer.

Que las marcas se crean para que tengamos algo por lo que ahorrar.

Soy el único que se da cuenta de que es un timo, los palurdos no lo ven.

Inundan las tiendas, pagan por llevar logos y se convierten en anuncios con patas.

Nadie me hace preguntas porque cuento una historia.

No me tocará, porque yo sé quién soy.

Una gota de sudor me resbala cerca de la columna, una bola de mercurio deslizándose por la piel.

Te has pasado toda la noche llorando.

Una intención vale lo mismo que un grano de sal en una barrica de arenques.

No confundas atención con cuidado. No es lo mismo.

Eres un idiota metido en un pellejo de viejo. No sirves para nada. El sexo es historia.

Todo en nuestra vida gira en torno al contenido de una caja de madera.

Cuando miro atrás, hay un vacío en su lugar y es un puto alivio.

No mires atrás, pase lo que pase, no mires atrás.

Estoy sudado, y el corazón me aporrea una canción en el pecho.

Es la labor de un hombre arrinconado. La labor de un emprendedor.

De hecho, cuanto más tranquilo y despacio, mejores son los resultados.

Van alardeando de lo que tienen y tendrían que imaginarse consecuencias.

Vivo de la miseria de otra gente.

El halcón no gira la cabeza para ver a un gorrión que pasa volando. El halcón sabe que está ahí.

He tomado una decisión dentro de mí y el exterior sólo está reflejando el interior.

No hay una única manera de ser -dice-. Que hayamos sido así no significa que tengamos que serlo siempre.

Mi corazón late en morse y ella lo entiende.

Mis ojos cuentan historias y ella las escucha. ‘

El tiempo pasa porque tiene que pasar; si pudiera se pararía.

Bajo la piel se mueven cosas.

No saben que estar ahí mirándolo me ha vuelto del revés.

Siento como si tuviera el corazón en el fondo del estómago.

Como si tuviera el estómago en la garganta.

No te he obligado nunca a nada.

Es el juego de las culpas, y en los juegos sólo hay un ganador.

Y luego ya puedo ir y comprarme algo que detenga estos pensamientos.

Si te viene a la cabeza un pensamiento que no te gusta, no dejes que hable. No escuches.

Sé lo que es porque yo lo sé todo.

…porque si hay luna me pueden ver y pueden saber lo que pienso.

Mi piel es cristal y ven a través, hasta mi corazón y la corriente de mis venas.

Ninguna de nuestras historias ha terminado aún.

Hay una cosa en la vida que te puedo garantizar: nunca sabes qué va a pasar mañana.

No sabes lo que es un final hasta que llegas.

El sol se ha ido y nadie ha pensado en poner a punto la luna.

Estoy atrapado dentro de mí mismo.

Estoy de rodillas y no sé cómo volver a ponerme de pie.

Al hombro, una bolsa con una muda de ropa. Es todo lo que tengo en el mundo.

Abro la boca para pedir un café, pero sale la palabra whisky. Doble.

Y antes de que me dé cuenta, un monedero ha saltado de un bolso a mi mano.

No tengo ni idea de dónde estoy o de qué soy. Ni siquiera de si soy.

Me estiran la piel y la doblan en pliegues.

Y a pesar de que soy lo que soy, se lo que está pensando: se pregunta por mi madre, porque todo hombre es un niño y tiene una madre.

La primera vez que salgo por la puerta, la luz duele.

He estado alterado todo este tiempo, y ahora el mundo parece recién hecho.

Sigo caminando hasta que el agua me levanta de mis propios pies y me deja suspendido.

Cuando meto la cabeza debajo del agua parece que me esté lavando el cerebro, como si entrara hielo en los pliegues.

Antes podía ahogar los recuerdos en alcohol, nublarlos con humo. Ahora no. Ahora tengo que afrontar lo que sea que soy y lo que sea que he hecho.

Tengo que afrontar lo que dejé atrás.

Tengo que afrontar lo que perdí.

Vivo en la Casa de los Confundidos.

Tengo que aprender a combatir el viejo patrón; tengo  que combatir todo lo que soy para poder ser yo tal como lo habría sido en otra vida.

Todavía tengo la piel como si hubiera dormido debajo de una lona diez años.

La cárcel era mi vida anterior. Esto de ahora es libertad.

La paciencia compensa. La paciencia es una virtud.

Esa apariencia respetable que tanto se ha esforzado en construir es como un pesado papel pintado despegándose de la pared.

Está bien que tengas un sitio para ti.

No es que tenga mucha idea de lo que es ser padre.

Tú espera y todo se aclarará.

Esperan que te vuelvas del revés y que todos tus secretos caigan rodando como si fueras un bolsillo.

Me siento como si estuviera despierto pero soñando. Como si el tiempo hubiese colapsado y estuviera al mismo tiempo en aquel entonces y aquí y ahora.

Es tragarse el intentar no discutir sobre el tema, es tragarse el instinto de no dejarme marchar.

Depende todo de mí, lo que haga, cómo actúe.

Han podado los plátanos y las ramas y troncos desnudos parecen puños cerrados listos para golpear.

Yo estoy en su cabeza, yo soy él.

No sé qué esperaba que hubiera pasado, pero no era esto.

Me está cayendo todo encima.

El recuerdo se ha apoderado de mí, las imágenes trepan a mi cerebro.

Sé lo que son. Tú sabes lo que son.

Tengo los dientes tan apretados que casi no pasa el aire entre ellos.

Sé que si doy un sorbo a esto, no voy a ver el fondo del vaso.

Me dijiste que tendría que aprender que la luna era mi enemiga.

Nunca robes con luna llena.

Ojalá la vida fuera tan sencilla. Nacemos de tal manera y ya está. Toda nuestra vida está escrita.

Suelto el aire que ni siquiera sabía que estaba conteniendo; viene de un lugar tan profundo que es como si lo hubiese llevado dentro desde el útero.

Me dirijo hacia una vida totalmente nueva y no tengo otra opción que acudir a ella.

Nadie sabe todo sobre otra persona.

Me río por dentro, pienso, es increíble, no hay nadie que diga eso como lo dice un niño.

¿Qué mierda te ha pasado? Te has convertido en un ser humano.

Los dos llegamos demasiado tarde.

Tienes mucho por lo que pedir perdón.

Hay que pensar antes de hacer las cosas, así no tienes que ir por ahí pidiendo perdón.

… y me doy cuenta de que nunca la había visto así, con el peso correcto, con la piel limpia. Con el aspecto para el que fue hecha.

Todo el mundo quiere algo siempre.

No te he olvidado nunca.

Yo estaba a medio hacer cuando nos conocimos.

No creo que estemos nunca terminados, que estemos hechos del todo. Nos quedamos sin tiempo, nada más.

Y cuando venga, tenemos que tener algo que enseñarle.

Tenemos que demostrarle que no somos las mismas personas que entonces. -Me escucha-. Tenemos que demostrarle que sabemos lo que hicimos, pero que le hemos puesto remedio.

Tienes que darte cuenta de que si no nos hubiésemos conocido, él no existiría.

Y como soy una persona que lo sabe todo, sé lo que piensas. Y sé lo que quieres.

Tienes que contar una historia que la gente vaya a creer, la historia que quiere escuchar.

Y aunque llevo todos estos años despertándome a su lado, nunca dejo de valorarlo.

Si tiene algo que ver contigo, no puede ser feo de ninguna manera.

Estoy tan asustado que no quiero que el día ocurra.

Pero el animal que llevo dentro sabe que ahora mismo está aquí conmigo, y no quiero saber nada más.

Habría días en que la mierda salte por los aires y resbale por las paredes. Habrá días en que querré abrazarlo tan fuerte que podría dejarlo sin aire en los pulmones, matarlo de amor.

Pero pase lo que pase, por ahora, en este momento, está aquí con nosotros.

Lo miro, hablando con ella. Y la miro a ella mirándolo a él.

Y entonces se vuelve hacía mí y ve que los estoy mirando, y sabe lo que pienso, porque lo sabe, y yo sé que lo sabe, y sonríe.

Como si estuviera menos solo de lo que he estado nunca.

Y entonces siento que se me hincha el corazón. Se me llenan los ojos de lágrimas.

Soy un blando.

Leyshon, Nell; El show de Gary; Sexto Piso Ediciones; Primera edición; 2016. 292pp.

Lorena Sanmillán

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crónicas de lo habitual. Claudia Guillén

July 17, 2019

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“…creo que las certezas siempre tienen sus matices…”

Claudia Guillén

Crónicas de lo habitual: el viewmaster de los matices

Agradezco la invitación a esta presentación en el marco de la Escuela de Verano de la UANL 2019 en el Colegio Civil, Centro Cultural Universitario, por parte del Dr. Celso José Garza; asimismo a la Editorial Universitaria, y al Lic. Antonio Ramos Revillas, así como la presencia de Carolina Farías y, por supuesto, a Claudia Guillén. 

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¿Qué es lo habitual? Lo que ocurre o se repite por hábito. Derivado del haber, de lo que hay. Disposición física de ser. Según la cuarta acepción de la RAE, es la forma externa que presenta un grupo de cristales. Me quedo con esta acepción porque este libro -dedicado a sus padres y compuesto por más de cuarenta textos híbridos breves- nos muestra los diferentes brillos y reflejos de un cristal. 

Claudia Guillén ama la vida y es de las pocas personas que conservan la bonita y elegante costumbre de desearle buenos días al prójimo. En este libro, que es una invitación a la nostalgia, utiliza la crónica ensayística para compartirnos parte de su visión del mundo. 

La recordamos en su libro de cuentos  “Los otros” (Cal y Arena, 2009), reconocemos su trayectoria como periodista y académica. Para quien ha acudido a sus clases ha sido un lujo compartir el espacio de aprendizaje en sus talleres. 

En esta ocasión, Claudia Guillén nos ofrece un viewmaster cubierto de nostalgia informada y crónica didáctica. Abrimos el libro y no sólo nos permite reflejarnos como seres humanos en el retrato que nos entrega, sino que además nos invita a abstraernos de la realidad en un viaje al pasado en el que va con nosotros como guía del museo, pero nos deja recorrerlo en diferentes tiempos. La narradora nos sitúa en el viaje desde la primera persona del plural.

Claudia comienza hablando del oficio de escritor y esa imagen romántica de escribir a la luz de las velas con una copa de vino tinto acompañando el proceso de escritura y termina hablando de los cambios tecnológicos y cómo nos adaptamos o no a ellos. Cita a Virginia Woolf con su Habitación propia y esta necesidad de escribir como una herramienta para la trascendencia.

¿Son crónicas, relatos, reseñas, retratos o ensayos? Todo al mismo tiempo. Dice Guillén: “Lo que se guarda en la memoria es un ejercicio de ficción”; aunque hayamos compartido los mismos eventos,  nadie tendrá el mismo recuerdo de ellos. Aún los hermanos recordamos de manera distinta a nuestros padres. Aplaudo y agradezco la generosidad y valentía de Claudia al compartirse de esta manera a través de estos textos.

Ella entrevista diversas personalidades y nos cuenta las cosas desde un punto de vista entrañable, íntimo. Confidencias que se convierten en testimonio. La labor literaria nos puede hacer cuestionarlas: ¿Es Claudia Guillén, la autora de Crónicas de lo habitual, o es Poniatowska -en el Sena, y la maravilla de tener el cabello suelto- la que nos habla? La respuesta es: las dos. 

Nos hablará de nuestra Catrina y su origen, de los mayas y sus códices, así como de la poética de los pueblos originarios. No le pasa desapercibida la fiesta de todos los santos, donde nos transporta por medio de sensaciones para revivirla a través de sus letras y también comparte reflexiones dogmáticas: “…la muerte se presenta como una mejor forma de encontrar un buen camino. Un camino que estará cargado por recompensas fruto de nuestras acciones mientras nos encontramos en el mundo de los vivos.”

“La fiesta de los muertos, pues, proviene desde esa naturaleza humana que nos remite que no todo deja de existir en tanto sea recordado”

Los retratos, las diapositivas, se suceden unas a otras de acuerdo a nuestra elección. Tengo en las manos un libro que se convierte en un viewmaster rodando, y me encuentro en unas páginas leyendo sobre Fray Servando Teresa de Mier y la virgen de Guadalupe, mientras que en otras me entero de los oficios que ya han pasado a ser de otro tiempo. El afilador, por ejemplo. Viajo con la autora y recuerdo El museo del Estanquillo y la colección de tiendas de Carlos Monsivais; veo a los escribientes que hacían las cartas para quienes no supieran leer o escribir y de aquí vuelvo a girar para ver otra clase de texto, esta vez tridimensional: los albañiles que ponen los cimientos de la ciudad. Ese es un oficio que no va a desaparecer. Yo, siendo arquitecta, tengo que confesar que no sabía que Santa Elena tuviera qué ver con las construcciones. Sabía de la Santa Cruz, pero no de Santa Elena. Gracias, Claudia. 

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Nos brinda un espacio literario para reflexionar acerca del tiempo y los espacios arquitectónicos. Recorremos junto a ella la Torre Latinoamericana, la Castañeda, el Zócalo, el Paseo de la Reforma y segundos después estaremos bailando con el poeta de la salsa y preguntándonos ¿Cuáles circunstancias rodearían el nacimiento de Rubén Blades? ¿Cómo es que compone Pedro Navajas? Precisamente ayer -16 de julio- cumplió años. A través de la lectura conozco datos sobre la problemática social y política como parte fundamental de las piezas de Rubén Blades. 

Giro un poco el caleidoscopio y me encuentro a Sara García y, aunque es canícula, apenas pienso en su nombre se me antoja un chocolate. Conozco detalles de su familia. Ahora que está de moda la App de Facebook para mostrar una foto del rostro envejecido, veo que Sara García a los 45 años ya estaba protagonizando a la abuela y se quitó los dientes, se lastimó la rodilla y se tiñó el cabello para cumplir cabalmente con el papel. 

Claudia nos habla también de sus maestros: la maestra Aurorita, Rosita, Arturo Suoto (curiosamente no le llama en diminutivo) su maestro de letras españolas.  “No puedo pensar que hubiera cosa que no supiera, sin embargo, y tal vez por esa sabiduría siempre estaba dispuesto para compartir cualquier conocimiento”. “Los alumnos nos convertimos en una suerte de cómplices de esta pasión en el momento en el que encontramos sentido a lo dicho por los docentes.” Los maestros que se quedan entre los recuerdos. Gracias a nombre de ellos, por este homenaje de gratitud y reconocimiento.

No puede negar el oficio de narradora y el aderezo de poesía. No sólo hacen falta los libros que nos hagan salir de la vida, también hacen falta libros como éste, que nos hacen valorar y revalorar la vida, al vivirla y narrarla tal y como la recordamos e incentivar nuestros propios recuerdos para subrayar nuestra presencia en el mundo.

En “Sacrificado en la pasión”, habla de la lengua que hablamos, el monje San Millán que se encierra en una cueva para redactar escritos para lo que hoy es nuestra lengua y engarza esta historia con el festejo de san Valentín y las distintas formas que se tienen de alcanzar la inmortalidad. 

Después sigue “Las mujeres de Sor Juana”. Donde, a través de la reseña de la novela histórica de Mónica Lavín, acompañamos a las mujeres que de forma real o ficticia estuvieron con Sor Juana. Es una invitación a leer el libro de Mónica y a mi vez, invito a leer este libro, Crónicas de lo habitual, dado que podemos tenerlo en la mesita de noche y disfrutar de una conversación con la académica, que nos habla de los temas que estamos viviendo, con la narradora que hace un listado de las cosas que nos pasan por enfrente en estos momentos convulsos que nos ha tocado compartir. Guillén se enfoca y nos lleva punto por punto con detalles precisos, contraria a Sor Juana, que decía “Y por mirarlo todo, nada veía.”

Giro nuevamente mi Viewmaster y observo la llegada del año 2000 y los cambios que trajo consigo. ¿Qué estamos haciendo en el planeta? Son preguntas existenciales y literarias. Los relatos de Claudia, son “Formas distintas de enunciar el mundo, más allá de la época en la que se haga”. 

También están presentes Fuente ovejuna, Edmundo Valadés, lecciones de historia o de biología, nuevas formas de convivencia para este siglo, sin distinción de razas. Cervantes, el nacimiento del Día del Libro. Mucho aprendizaje en estas hojas, de manera didáctica. La fiesta del libro que nos reúne en torno a lo que amamos quienes amamos las letras. Las fiestas son un ingrediente indispensable para esta compilación, pues también nos habla de la fiesta de la Candelaria y su relación con la fiesta del maíz. Este libro es una fiesta.

También sabe ponerse seria y citar a Miguel de Unamuno para luego compartir datos imprescindibles acerca de la historia de los tacos, la relación de Benito Juárez y la primavera, Elena Garro y Los recuerdos del porvenir, García Lorca, Rafael Alberti, la inclusión de la luna en la poesía, “Como no hablar de poesía, si a través de ella se puede lograr que un suceso tan trágico, como la muerte de un niño se convierta en un canto dulce que arropa esa pérdida”.

Hay un sitio para las mujeres de la historia: Lilith, Madame Bovary y Ana Karenina, acuden a esta convocatoria y dialogan sobre filosofía, religión mientras Angeles Mastreta -con su Arráncame la vida-, Isadora Duncan descalza, Rosario Castellanos viajando de Chiapas a la ciudad de México, las hermanas Mirabal -que se enfrentan al mundo con el nombre de “Las mariposas” y que fueron asesinadas el 25 de noviembre de 1960- las acompañan. 

Cambio el enfoque y veo a Agustín Lara conviviendo con Rubén Darío mientras Natalia Lafourcade y José Alfredo Jiménez se escuchan de música de fondo. Marco Aurelio Carballo canta. Giro una vez más y descubro el relato íntimo sobre las cenizas de su madre. Su perra Laika, enterrada en el patio de su casa y me siento ahí, acompañándola en sus pérdidas más significativas. 

En un cambio de perspectiva, compara las redes sociales con La Celestina, personaje que nos permite sacar a la luz los temas más oscuros. Narra la fiesta de la identidad hispana el 5 de mayo en los Estados Unidos; la devoción hacia la Santa Muerte, la conquista religiosa de México, el paso por el tiempo del rostro de Jesús crucificado y que ahora lo vemos tan normal, Marcelino, pan y vino, como el preámbulo para adorar a la Santa Muerte o sentir empatía por sus seguidores. 

Es un libro pivote que nos conduce a más libros,  a la literatura exótica, a obras de teatro como El gesticulador o a la cinematografía de Los olvidados, de Buñuel. Los autores exponen la sociedad con lo bello y lo bueno que tiene, así como lo malo. Claudia no juzga, sólo presenta los hechos que también se manifiestan en las redes sociales y disfruta la contemplación de mariposas en su placenta de oruga, 

Los organilleros no se quedan fuera del desfile de personajes que ha creado la autora, ni el primer viaje a la Luna, que incluye la leyenda de Quetzalcóatl y su triada existencial,  para después saltar a Guatemala, su ciudad natal, la celebración de la virgen de Guadalupe, los mitos y las leyendas, ¿por qué los lobos le aúllan a la luna? ¿qué pasa si las embarazadas ven un eclipse? ¿por qué es presagio de malestar un gato negro? Lean Crónicas de lo habitual y lo descubrirán. 

Dice Tomás González: “Escribir es un ejercicio de memoria, y la memoria es un ejercicio de ficción. Es muy difícil separar ficción del recuerdo porque uno crea y llena los vacíos sin darse cuenta. Esa separación es poco sólida. Pasar de una cosa a otra es viable cuando uno está haciendo literatura.” Guillén lo sabe, y lo comparte.

Intimista, sin ser cursi; histórico sin ser arcaico; personal, sin ser anécdótico; compilación que no es antología; sencillez, que no es simpleza. Una caja de galletas para una tarde de otoño, jícama con limón en este verano. Un Viewmaster, un caleidoscopio, una mirada ajena que podemos volver nuestra. Un camaleón de recuerdos que se posa en la pared de la literatura para solaz nuestro. 

El 17 de Julio de 2019, en el Colegio Civil Centro Cultural Universitario, a las 19:00 horas tuvo inicio la presentación del libro de crónicas, relatos, ensayos y costumbres, Crónicas de lo habitual, de la escritora Claudia Guillén. Así podría comenzar ese libro que seguramente provocará. Esperemos que alguien más nos comparta sus propios recuerdos en un Celebrity ‘89 que haga las veces de un Plymouth 1957.

Lorena Sanmillán 

Siempre yo, nunca inyo

June 23, 2019

Yo
que te abrazaré intensamente
y al día siguiente te dejaré en visto
que limpio la casa hasta que quede prístina
y al día siguiente no levanto un papel
que unas veces gano concursos
y otras veces dejo sin enviar
los textos terminados
que tiro a la basura cosas cotidianas
y soy incapaz de deshacerme de recuerdos
que critico tus errores
y consuelo tus fracasos
que nunca estoy sola porque estoy conmigo
que nada impedirá que te quiera y nada obligará que lo haga
que trabajo con vehemencia
que a veces no muevo un dedo
que tejo bufandas
y calculo columnas
que luzco mascadas
y salgo en pijamas
que vivo mi espiritualidad sin ideas estructuradas
que preparo tostadas
con la misma dedicación que cocino una paella
que sigo mi agenda y soy espontánea
que río a carcajadas y lloro océanos
que tengo mil amigos
y soy persona non grata
que te regalaré mi tiempo pero no te prestaré el micrófono en el karaoke
que duermo de verdad y sueño de mentiras
que disfruto la sinfónica y bailo cumbias
que no pierdo la esperanza
y al tiempo me ahogo en una gota de agua
yo
la solitaria en su algarabía
la distante y cercana
la decidida e indecisa
yo
la perdida
la extremista y apasionada
la rígida y tierna
yo
la cínica y ética
la exacerbada y paciente
la coherente e incoherente
la exigente y comprensiva
yo
la drástica y dramática
la seria y sarcástica
la excéntrica y común
yo
la de los silencios
la de las palabras
Yo
la de lealtad inmaculada
la sinvergüenza impresentable
Yo

que a veces no tengo idea qué fecha es en el calendario

nunca olvido que hoy

cumplo años

46

y

me celebro

eufórica, completa

vacía y deprimida.

Lorena Sanmillán

La mera onda del parifay

June 15, 2019

Todo el día he escuchado el nuevo disco de Madonna en Spotify. Repeat mode on hasta el infinito del ad infinitum del pleonasmo. Escucho, analizo, disfruto, alabo, aplaudo, comparo… mientras Manuela sólo muestra desaprobación e infinita paciencia ¿Quién canta? , pregunta por vigésima vez, Madonna, contesto una vez más. Ah… sabe que tiene la batalla perdida; si me jala el hilo volveré a contarle que es Madame X, el disco nuevo, y no detendrá mi ponencia. Seguimos con la vida. Ella hace sopas de letras y yo limpio las figuras de cerámica. Madonna canta que canta. Llega el momento de pasar lista, cuando mi madre hace un recuento de los vivos y pide hablar con una prima. La comunico por el teléfono fijo. Imagino la pregunta del otro lado del auricular y escucho, -sonriente y triunfante-, la respuesta de mi Manuela presumida, genio y figura: Pues yo aquí en la mera onda, escuchando lo nuevo de Madonna en el parifay, no creas que namás escucho a Chelo Silva.

Lorena Sanmillán

Dreaming

May 29, 2019

Gran parte de la noche la pasé intercambiando mensajes por WhatsApp con Madonna. Ella con su poco español y yo con mi poco inglés nos decantamos por charlar en italiano. Lo mejor fueron los mensajes de audio. Encantadora cantó para mí Like a prayer, y yo le aplaudía hasta despellejar las palmas y la adoraba acercándola a través de los huecos en las persianas de mi ventana. Así pasamos una noche inolvidable. Desperté con una sonrisa infinita en el rostro, una paz deliciosa en la mirada y con mi celular en la mano. Quise contárselo a una amiga pero dice Telcel que mi saldo se ha agotado.

Lorena Sanmillán

Misión cumplida

May 18, 2019

Reconozco que me provoca una profunda envidia y admiración la gente que dice No tengo nada qué hacer. Dicen eso y de inmediato me imagino sus clósets acomodados, su ropa limpia y planchada, zapatos boleados, amistades visitadas, mamás atendidas, libros leídos, bufandas tejidas, recetas nuevas aprendidas, películas vistas, cuentas saldadas, basureros limpios, árboles podados, entrenamientos cumplidos previos al maratón; casas pintadas, cuatros de triques sin triques, poemas escritos, novelas terminadas, retretes limpísimos en los que se puede tomar agua, manteles desmanchados, música disfrutada, dulces probados, pasteles horneados, mascadas planchadas y acomodadas por colores, hijos educados, conflictos resueltos, heridas sanadas, pisos pulidos, plata bruñida, aspas de ventiladores limpísimas, vidrios transparentes, camas tendidas, peticiones complacidas, series revisadas, proyectos caminando, depresiones superadas, sobrepeso controlado, refrigerador sanitizado, patio reluciente; idiomas hablados, ciudades conocidas, tesis concluidas, bocetos pasados en limpio, bisagras aceitadas, barandales libres de polvo, rito de funeral resuelto, regalos escogidos y envueltos, llamadas contestadas, mails respondidos, mensajes con interacción, boletos vendidos, risas compartidas, cobijas de invierno lavadas, agendas con palomitas que indican que han cumplido todo lo pendiente… Sí. Siento una profunda envidia, proporcional a la admiración, por esa gente.

Lorena Sanmillán

Manque me lleven los pingos

May 15, 2019

Si pude ver más lejos

fue porque me subí a los hombros de un gigante.

T. S. Eliot

Madre querida, madre adorada… no recuerdo exactamente en qué terminaba este verso. Recuerdo que muchos decían vamos al cine, tú pagas la entrada. A mí, por supuesto, no me hacía, ni me hace, gracia. Lo que sí recuerdo muy bien eran los festivales de la primaria donde estudiaba -la escuela 375 Aniversario de la Fundación de Monterrey-, para celebrar el Día de las Madres.

Siempre hacíamos alguna poesía, algún “cuadro plástico” para homenajear a nuestras madres. No obstante, el plato fuerte del festival era el poema que declamaría esa tarde el profesor Álvaro. Aunque lo intentáramos no había competencia posible. Ganaba por mucho su talento interpretativo. Ni la rifa que vendría después reunía tantas expectativas.

El profesor Álvaro pertenecía a la plantilla de maestros jóvenes de la escuela. Casi siempre era el maestro de ceremonias en las asambleas. Cuerpo esbelto y atlético, moreno aperlado,  alto, mirada pesada y animosa, en sus ojos brillaba un cometa. Imponía por su seriedad y su forma de ejercer disciplina sin castigar. Sabía ganarse el respeto y su presencia significaba silencio porque sabíamos que nos diría algo importante. Además de las cosas artísticas, también apoyaba en el equipo de volibol. Me gustaba, como seguramente sucedía con mis compañeras y tenía entre sus fans a mi madre. Discreto y elegante, su perfume era suave y masculino.

Lo anunciaban y subía al foro. Camiseta de planchado impecable, generalmente de colores claros, pantalón formal y zapatos boleados. Todo él presencia grata. Y, desde luego, su voz. Esa voz que enseñaba matemáticas y recitaba nombres históricos contenía en su espectro la ternura. En esas actuaciones podíamos asomarnos a su sensibilidad.

Recitaba el poema “Por qué me quité del vicio”. Comenzaba pausado, sintiendo cada palabra. Pronunciaba perfecto los arcaísmos que acompañan la composición. Conforme avanzaba su actuación, se transformaba. Desde los pupitres acomodados en el patio, las madres lo observaban y algunas derramaban lágrimas pues su acto era conmovedor. Tejía en el aire el poema, al tiempo que abrazaba un hijo imaginario que había tomado el refinado para encontrarse con su madre, como lo hacía su padre cuando tomaba. La reflexión se convertía en epifanía y un gran aplauso agradecía su entrega, pues la frase final la decía con la voz cortada por la emoción.

Así, lo recordé por varios años, cada 10 de mayo. Hace unos años pude encontrarlo en Facebook y me agradó comprobar que sigue guapísimo. El tiempo ha sabido recompensar su esfuerzo y actitud por conservarse jovial. Es maravilloso saber de su vida y su familia. Un regalo maravilloso platicar con él, después de treinta años de sólo recordarlo.

Hoy es día del Maestro y quiero agradecerle ese poema, porque gracias a esas declamaciones comprobé el poder de las palabras para conmover y transformar. No sé a cuántas personas haya tocado en toda su vida magisterial. Me enorgullece ser una de ellas.

Gracias, profesor Álvaro, por su vida, su voz, su dedicación y sus palabras.

Lorena Sanmillán

 

Mis subrayados: Narraciones. Jorge Luis Borges.

May 1, 2019

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Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno.

Al abrir los ojos, vi el Aleph.

Alguna vez se durmió y en sus sueños estaba el ímpetu del tren.

Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Alpeh, que mi temerosa memoria apenas abarca?

Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es.

De chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche.

Nunca se había demorado en los goces de la memoria.

Juzguen que la metafísica es una rama de la literatura fantástica.

Los metafísicos de Tlön no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro.

Saben que un sistema no es otra cosa que la subordinación de todos los aspectos del universo a uno cualquiera de ellos.

Hasta la frase “todos los aspectos” es rechazable, porque supone la imposible adición del instante presente y de los pretéritos.

Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como recuerdo presente.

Otra escuela declara que ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable.

Ya no veré (sintió) ni el cielo lleno de pavor mitológico, ni esta cara que los años transformarán.

Sabemos estas cosas, pero no las que sintió al descender a la última sombra.

El sabor preciso de aquel momento era lo que ahora buscaba; no le importaba lo demás: las afrentas del desafío, el torpe combate, el regreso con la hoja sangrienta.

Dieron al fin con él (la crónica ha perdido las circunstancias y no quiero inventar lo que no sé) y creyeron reconocerlo.

Yo querría saber qué sintió en aquel instante de vértigo en que el pasado y el presente se confundieron.

Vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó.

Sentí infinita veneración, infinita lástima.

Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser.

Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido.

Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.

Cambiará el universo, pero yo no, pensé con melancólica vanidad.

Todo era vasto, pero al mismo tiempo era íntimo y, de alguna manera, secreto.

En su escritura habían colaborado la aplicación, la resignación y el azar; las virtudes que Daneri les atribuía eran posteriores.

Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio…

Ya cumplidos los cuarenta años, todo cambio es un símbolo detestable del pasaje del tiempo.

Los muchos años lo habían reducido y pulido como las aguas a una piedra o las generaciones de los hombres a una sentencia.

Comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable; naturalmente, ese ulterior trabajo modificaba la obra para él, pero no para otros.

Jugaba a exagerar su borrachera y esa exageración era una ferocidad y una burla.

Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado.

Viajar con este libro, tan vinculado a la historia de su desdicha, era una afirmación de que esa desdicha había sido anulada y un desafío alegre y secreto a las frustradas fuerzas del mal.

Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.

Basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados; me asombró no haber comprendido hasta ese momento que Carlos Argentino era un loco.

Dahlmann cerraba el libro y se dejaba simplemente vivir.

Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones.

A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos.

El hielo no dejaba en su boca el menor rastro de frescura.

Las miserias físicas y la incesante previsión de las malas noches no le habían dejado pensar en algo tan abstracto como la muerte.

Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, es abstraer.

Su actividad mental es continua, apasionada, versátil y del todo insignificante.

Hablar es incurrir en tautologías.

Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso.

Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable.

No lo había escrito, porque lo pensado una sola vez ya no podía borrársele.

Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios.

Mi deplorable condición de argentino me impedirá incurrir en el ditirambo.

Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado.

El estilo indirecto es remoto y débil; yo sé que sacrifico la eficacia de mi relato; que mis lectores se imaginen los entrecortados períodos que me abrumaron esa noche.

Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo.

Mis sueños son como la vigilia de ustedes.

Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.

Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo.

Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil.

Resolvió reducir cada una de sus jornadas pretéritas a unos setenta mil recuerdos, que definiría luego por cifras.

Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era benéfico el golpe que lo había fulminado.

La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma.

La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres.

Tú que me lees, ¿estás seguro de comprender mi lenguaje?

Yo traté de explicarle que esa rapsodia de voces inconexas era precisamente lo contrario de un sistema de numeración.

Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros.

No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total.

La Biblioteca es ilimitada y periódica.

No es ilógico pensar que el mundo es infinito.

Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra.

La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es accesible.

La Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal.

Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma.

Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme biblioteca se justifique.

En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios.

Cada ejemplar único es irremplazable.

En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto.

Afirman los impíos que el disparate es normal es la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción.

Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad.

Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don de azar, esos libros canónicos.

A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva.

Visiblemente, nadie espera descubrir nada.

El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza.

Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto.

La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas.

Algunos moralistas razonaron que la posesión de monedas no siempre determina la felicidad y que otras formas de la dicha son quizá más directas.

No hay, en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos.

El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos…

La Biblioteca existe ab aeterno.

No se publica un libro sin alguna divergencia entre cada uno de los ejemplares.

Nuestros historiadores, que son los más perspicaces del orbe, han inventado un método para corregir el azar.

Yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito…

El número de símbolos ortográficos es vienticinco.

También se ejerce la mentira indirecta.

En la realidad, el número de sorteos es infinito.

En muchos casos, el conocimiento de que ciertas felicidades eran simple fábrica del azar, hubiera aminorado su virtud; para eludir ese inconveniente, los agentes de la Compañía usaban de las sugestiones y la magia. Sus pasos, sus manejos, eran secretos.

Esa pieza doctrinal observaba que la lotería es una interpolación del azar en el orden del mundo y que aceptar errores no es contradecir el azar: es corroborarlo.

Si la lotería es una intensificación del azar, una periódica infusión del caos en el cosmos ¿no convendría que el azar interviniera en todas las etapas del sorteo y no en una sola?

¿No es irrisorio que el azar dicte la muerte de alguien y que las circunstancias de esa muerte -la reserva, la publicidad, el plazo de una hora o un siglo- no estén sujetas al azar?

Para indagar las íntimas esperanzas y los íntimos errores de cada cual, disponían de astrólogos y de espías.

Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso.

El que no adquiría suertes era considerado un pusilánime, un apocado.

En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico.

He conocido lo que ignoran los griegos: la incertidumbre.

Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

Su victoria y paz quedaron empañadas de hastío.

Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma.

Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro.

Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda.

En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.

El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil.

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón…

Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día.

Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.

Adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente.

Una doctrina es al principio una descripción verosímil del universo.

Un libro que no encierra su contralibro es considerado incompleto.

Es inútil responder que la realidad también está ordenada.

La gloria es una incomprensión y quizá la peor.

Pensar, analizar, inventar (me escribió también) no son actos anómalos, son la normal respiración de la inteligencia.

Mi recuerdo general del Quijote, simplificado por el olvido y la indiferencia, puede muy bien equivaler a la imprecisa imagen anterior de un libro no escrito.

Quienes han insinuado que Menard dedicó su vida a escribir un Quijote contemporáneo, calumnian su clara memoria.

No quería componer otro Quijote -lo cual es fácil- sino el Quijote.

Ser en el siglo veinte un novelista popular del siglo diecisiete le pareció una disminución.

Ser, de alguna manera, Cervantes y llegar al Quijote le pareció menos arduo -por consiguiente menos interesante- que seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote, a través de las experiencias de Pierre Menard.

Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será.

El Quijote es un libro continente, el Quijote es innecesario.

Componer el Quijote a principios del siglo diecisiete era una empresa razonable, necesaria, acaso fatal: a principios del veinte, es casi imposible.

La ambigüedad es una riqueza.

Es una revelación cotejar el Quijote de Menard con el de Cervantes.

La historia, madre de la verdad; la idea es asombrosa.

La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió.

Decididamente, una breve rectificación es inevitable.

No puedo imaginar el universo sin la interjección de Edgar Allan Poe: Ah, bear in mind this garden was enchanted!

Una dispersa dinastía de solitarios ha cambiado la faz del mundo.

Si no me engaño, la buena ejecución de tal argumento impone dos obligaciones al escritor: una, la variada invención de rasgos proféticos; otra, la de que el héroe prefigurado por esos rasgos no sea una mera invención o un fantasma.

Recordaron  que todo sustantivo (hombre, moneda, jueves, miércoles, lluvia) sólo tiene un valor metafórico.

Al principio se creyó que Tlön era un mero caos, una irresponsable licencia de la imaginación; ahora se sabe que es un cosmos y las íntimas leyes que lo rigen han sido formuladas, siquiera en modo provisional.

Su lenguaje y las derivaciones de su lenguaje -la religión, las letras, la metafísica- presuponen el idealismo.

He dicho que los hombres de ese planeta conciben el universo como una serie de procesos mentales, que no se desenvuelven en el espacio sino de modo sucesivo en el tiempo.

El mundo para ellos no es un concurso de objetos en el espacio; es una serie heterogénea de actos independientes.

En la literatura de este hemisferio abundan los objetos ideales, convocados y disueltos en un momento, según las necesidades poéticas.

Hay objetos compuestos en dos términos, uno de carácter visual y otro auditivo; el color del naciente y el remoto grito de un pájaro.

Su plan era de un coraje borracho.

El riesgo recaía en los subalternos.

En una noche del Islam que se llama la Noche de las noches se abren de par en par las secretas puertas del cielo y es más dulce el agua en los cántaros.

Los defensores del sentido común se limitaron, al principio, a negar la veracidad de la anécdota.

A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro.

Esa carencia de genuinas efigies de hombre tan memorable y famoso, no debe ser casual.

Un buen esclavo les costaba mil dólares y no duraba mucho.

Mir Bahadur Alí, lo hemos visto, es incapaz de soslayar la más burda de las tentaciones del arte: la de ser un genio.

Se entiende que es honroso que un libro actual derive de algún libro antiguo: ya que a nadie le gusta (como dijo Johnson) deber nada a sus contemporáneos.

El alma de un antepasado o maestro puede entrar en el alma de un desdichado, para confortarlo o instruirlo. Ibbür se llama esa variedad de la metempsicosis.

Las investigaciones en masa producen objetos contradictorios.

Al cabo de unos años  de conciliábulos y de síntesis prematuras comprendieron que una generación no bastaba para articular un país.

La base de la geometría visual es la superficie, no el punto.

Afirman que la operación de contar modifica las cantidades y las convierte de indefinidas en definidas.

Ya sabemos que en Tlön el sujeto del conocimiento es uno y eterno.

No existe el concepto de plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intermporal y es anónimo.

Buckley descree de Dios, pero quiere demostrar al Dios no existente que los hombres mortales son capaces de concebir un mundo.

Hace diez años bastaba cualquier simetría con apariencia de orden -el materialismo dialéctico, el antisemitismo, el nazismo- para embelesar a los hombres.

Tlön será un laberinto, pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres.

En vida padeció de irrealidad, como tantos ingleses; muerto no es siquiera el fantasma de lo que ya era entonces.

…cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad.

…comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.

… esa torre de vértigos es un símbolo de su irresistible destino.

…lo atrae el puro sabor del peligro, como a otros la baraja o la música.

…cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc.

…quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición.

…la tentación de dramatizar mi dolor, fingiendo un viril estoicismo, tal vez me distrajeron de toda posibilidad de dolor.

…es la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio.

…recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre.

…su directo conocimiento de la campaña era harto inferior a su conocimiento nostálgico y literario.

…la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable a expresar…

…para recordar vicisitudes análogas yo no preciso recurrir a la suerte ni aun a la impostura.

…sé de sus poderosos propósitos lo que puede saber de la luna el hombre no versado en la astrología.

…el hombre vive en el tiempo, en la sucesión, y el mágico animal, en la actualidad, en la eternidad del instante.

…porque Babilonia no es otra cosa que un infinito juego de azares.

… a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de miles de libros.

…la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él.

…sabía que su inmediata obligación era el sueño.

…mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres.

Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche…

Narraciones. Jorge Luis Borges. Editorial Origen. México. 1984. p.p. 162

Lorena Sanmillán

Las piezas del rompecabezas van tomando su lugar

April 26, 2019

Texto ganador del PRIMER LUGAR en el II Segundo Concurso de Crónicas y Relatos del proceso electoral 2018 convocado por la CEE

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La alarma del celular es la primera que cumple su tarea este día. El sonido me despierta temprano. Sonrío expectante. Este no es un domingo cualquiera. Sé que no seguiré mis rutinas dominicales como todos los fines de semana. No hay tiempo de remolonearme en la cama. Ni de leer los periódicos con parsimonia. Ni de hacer un café y tomarlo tranquila en el patio de mi casa. Tampoco bordaré. Hoy es el 1 de Julio de 2018, hoy son las elecciones que más ha esperado México -las más publicitadas y polémicas- y me he anotado como Observadora Electoral. Para participar en el cambio nacional, primero tiene que darse un cambio a nivel individual. Ése es el primer aprendizaje que evidencia este día. No se puede hacer un cambio sin poner algo de nuestra parte, sin sacrificar o postergar lo individual en pro del bien común. Así lo haré. 

Mi efeméride emocional del día es el aniversario de Germán Dehesa, quien hoy hubiera cumplido setenta y cuatro años y a quien disfrutaba tanto leer. Le he echado tanto de menos. Hizo mucha falta su pluma irónica y certera durante este proceso electoral. ¿Qué le hubiera dicho al Bronco? ¿Qué hubiera comentado de la renuncia de Margarita Zavala? ¿Qué opinaría de Meade? ¿De Anaya? ¡Cuántos chistes hubiera hecho con Riqui, Riquín, Canallín! A nivel local, también nos hizo falta Rosaura Barahona, con su comentario preciso e informado. Agradezco la presencia de Ximena Peredo, Margarita Ríos-Farjat, Felipe Díaz Garza, editorialistas de El Norte, que nos compartieron su mirada del proceso electoral.

Me harté de ser sólo partícipe del Facebook o Twitter -aunque reconozco que también es una forma de participar-. Sentí que no era suficiente opinar en las charlas de café. Sentí que no bastaba hablar sin hacer algo concreto. Quise hacer algo más.   Quise participar vivencialmente para ser testigo en primera fila, para dejar un testimonio de lo que sucedía, para ver con mis propios ojos si se hacía fraude y AMLO, el esposo de Beatriz, volvía a hacer drama. Quise participar para abandonar la apatía que parece anquilosada en nosotros, los mexicanos, expertos en quejarnos pero reacios para actuar. Quise ayudar. Quise colaborar y me siento muy orgullosa de ello. Quise participar para que nadie me lo contara. La historia quise contarla yo.  La historia quiero contarla yo.

La renuncia a mi comodidad de domingo también implica no abonarle piezas al rompecabezas que me regalaron una semana antes, con motivo de mi cumpleaños. Un rompecabezas cultural de México, de tamaño regular, mil piezas. Precioso. Está hecho para enamorarse de México. Muestra cada estado de la república con sus trajes típicos y los productos que identifican cada región. Los bordes, con grecas prehispánicas, están formados por los nombres de mexicanos ilustres: Frida Kahlo, Amado Nervo, Octavio Paz, José María Morelos, José Vasconcelos, entre tantos otros. Ha sido una delicia encontrar piezas de las pirámides, de El Chepe, el Cerro de la Silla, el cañón de Sumidero. Ha sido increíble tener en las manos la grandeza de mi tierra. Repasé mis clases de geografía y renacieron en mí las ganas de recorrer el país completo. Pero no, este día no es para entretenerme poniendo piezas en una mesa. Hoy es necesario ir a poner piezas en el escenario real. Dejar mi pasatiempo egoísta para dar paso a la construcción colectiva de mi país. Renunciar un poco al yo para construir el todos y en esta construcción del todos obtener en recompensa un yo fortalecido.

Prendo la pantalla -no tengo televisión local, ya no es necesaria-, en Youtube diversos canales cubren en directo la emisión de votos de los candidatos presidenciales y de los demás participantes en la elección. Se ve mucha participación ciudadana, todo en orden. No se manifiestan quejas. La gente está saliendo a votar. Mi emoción va en aumento. Me pongo la camiseta, el gafette y la gorra que me identifican como Observadora Electoral. Ya estoy lista para comenzar mi papel en esta elección.

Busco información de las casillas cercanas a casa, para hacer un mapa, trazar mi ruta y comenzar a recorrerlas. Salgo de casa cerca de las nueve de la mañana. Llevo agua conmigo, pues el calor está inclemente y necesitaré hidratarme.   Llego a mi casilla. Lo primero que me impresiona, es ver coches estacionados en la escuela, cuando de ordinario los domingos está vacía. Antes que nada, emitir mi voto, cumplir mi deber ciudadano, decir mi opinión.

Las prisas de la vida cotidiana hacen imposible la convivencia diaria entre vecinos, sin embargo me da mucho gusto saludarlos. Ven mi uniforme y me identifico como Observadora Electoral. Muy bien, dicen, dándome la bienvenida. La casilla está en la escuela Santiago Roel, a una calle de mi casa, en Jardines de la Linda Vista, Guadalupe, Nuevo León.

En ese patio donde los niños juegan, ese patio que está poblado de risas y gritos durante toda la semana, ese patio donde hacen las asambleas que escucho mientras trabajo, ese patio donde los niños aprenden a convivir y ejercen sus primeros encuentros con la democracia, ese domingo inusual los adultos estamos ahí, haciendo fila. Me dio mucho gusto contar delante mío más de veinte personas. Sentí la vibra de la participación ciudadana y me emocioné. No sé si el país entero salió a votar, pero me dio mucho gusto ver que mi barrio sí. Detrás mío también se iba formando gente. Como sucede en los funerales, los vecinos se saludan y se ponen  al corriente de la vida de los demás. Las elecciones también son un acto social. Un hombre le explica a su hijo que es lo que hace y lo conmina a participar. Los niños también saben que acuden a una fiesta cívica.

Toman mi credencial de elector y me entregan mis boletas. El salón donde los niños aprenden, fuera de reformas educativas y luchas de sindicatos, es el escenario para emitir los votos. En secreto y en silencio, en mi mampara, mientras de soslayo observo un poster que me enseña las vocales, emito mi voto. Voto por planes y personas, convencida de marcar mi cruz sobre los nombres que seleccioné. No voto por partidos, sino por ideas. Invalido mi boleta presidencial. Ninguno de los candidatos me representa. No me da el estómago para apoyar a ninguno de ellos. No obstante, no fue una decisión fácil. Votar por el menos peor, nunca fue mi opción. Además nunca encontré el menos peor. Cada día buscaba una razón para convencerme por alguno, y cada día encontraba múltiples motivos para seguir con la convicción de anular. Ojalá los votos nulos contaran como muestra de desaprobación y se instaurara un nuevo sistema que permita invalidar la eleccióno un mecanismo que haga que estos votos no sean desperdicio, ni, como se decía antes, ayuden al partido en el poder. Hace falta más información al respecto. ¿Qué pasaría si todos o la mayoría anuláramos? Por poner un ejemplo,  ¿seguirá ganando el que obtenga siete votos aunque veinte anulemos?

Una vez que emito mi voto, me quedo a observar por un rato. Pregunto si hay alguna anomalía. No. Todo está en perfecto orden. No hay representante de MORENA. Pregunto si saben dónde está la casilla más cercana y me informan que en el CECATI.

La tinta indeleble apenas se nota en mi pulgar, pero amerita su foto en Facebook. Al abrir el Fb, observo, con mucho agrado, que muchos de mis contactos están acudiendo a votar y que el comentario es unánime: muchas filas, mucha participación y todo en orden. Sigo sonriendo. Aplaudo la participación ciudadana, espontánea. Les doy muchos Like y conmino a la gente a votar. Los ojos del mundo están clavados en el proceso electoral. Con tanto medio de comunicación ciudadano, será más difícil hacer fraude.

Vuelvo a mi coche, el agua que llevo está a punto de convertirse en caldo, pero es necesario hidratarse. Sudo a mares y apenas es mediodía. Comienza la aventura. Me dirijo al CECATI.

Escucho las alertas de mis grupos de WhatsApp, las dejo pendientes. Al rato las leo. En el CECATI hay más de cuarenta personas en fila. No reportan alguna anomalía. La gente se ve contenta. El paletero del barrio también está feliz pues ha tenido muchas ventas. Como si fuera una fiesta patronal o un espectáculo, los vendedores también siguen su guión. Cada uno, desde nuestro papel, participamos en este suceso. Le pregunto si ya votó. Orgulloso muestra su pulgar, lo levanta en clara señal de triunfo.

De ahí voy a la casilla de la UPN. No llegaron los funcionarios oficiales. Tuvieron que hablarle a los suplentes. Los vecinos están molestos por la falta de los oficiales, pero contentos de participar. Me tratan con mucha amabilidad y siento un dejo de respeto. Celebro que el INE tenga aceptación entre la gente. Celebro que estemos confiando en el proceso electoral. La gente llega en silla de ruedas, con muletas, endomingados, perfumados, bien vestidos, fodongos que se forman enseguida de gente de traje. Hay un desfile de modas donde se aceptan todas las vestimentas, desde las cotidianas hasta las deportivas. Aunque solemos hacer gala del sentido del humor, no veo a nadie disfrazado. No veo tampoco mucha gente de blanco, como habían sugerido los de MORENA.  Quizá vienen del almuerzo familiar o van a la comida con la suegra. Vienen solos o acompañados. Todos vienen a votar. Desde mi corazón de pollo no puedo evitar emocionarme al ver a la gente participar. En sus ojos hay esperanza. Nadie parece forzado. Están aquí con una convicción. Esperan lo que tengan que esperar, no hay fastidio. No nos conocemos, pero nos saludamos y sonreímos. Sabemos que estamos haciendo algo importante.

En la escuela Adolfo Prieto refieren que han comenzado tarde. Me siento un momento bajo la sombra de un encino. Reviso el WhatsApp, mis contactos también comparten su foto del pulgar, hasta los que menos imaginaba. Monterrey, Guadalupe, Apodaca, participan. En esta escuela hay un problema porque es tanto el padrón que tienen que dividirlo en dos. Discuten y solucionan. Alguien hace un letrero y comienza a informar en la fila. Confían en sus vecinos. Volvemos a ser ciudad. Dos chicas se saludan ¡Nada más nos vemos en las elecciones! Comienzan su plática y la discreción me indica alejarme para que ellas disfruten su encuentro sin testigos. ¿Es el chiquito? ¡Ya está enorme!

El coche está ardiendo. El sol hace su trabajo previo a la canícula. Un ensayo del calor que se avecina. Nuestra pequeña dosis de infierno no detiene el ímpetu cívico. Doy vueltas alrededor de las casillas para ver si detecto algún camión con acarreados. No hay tal. Los ciudadanos acuden por su propia voluntad. En la escuela secundaria 108 T.V. señalan que todo va de forma normal. Quieren mostrarme lo que han hecho, se presentan todos conmigo. Agradecen mi visita. La transparencia es ciudadana, fuera de todo lo institucional. Van más allá de la amabilidad cuando me ofrecen agua, refrescos y comida de su refrigerio. Acepto el agua. Platico un rato con ellos. La fila no se detiene. Con excelente humor dan la bienvenida, se ponen de acuerdo para la jugada de la semana y se alegran de que ya se les haya pasado la gripa que tenían hace varios días. Algunas madres permiten que sus hijos depositen las boletas en la urna. Enseñan a sus hijos a ser participativos. Aún hay esperanza.

En la escuela Rafael Garza Livas abrieron a las 11:18 porque no hubo tinta indeleble en el paquete que les entregaron. El presidente de la casilla fue a pedir a otra. No hay pretextos. El proceso debe seguir. Los ciudadanos en la fila esperaron pacientes. No falta la vecina argüendera que organizó una taquiza mientras esperaban. Los mexicanos vivimos a tope nuestra paradoja: podemos hacer trampa si alguien se descuida, pero somos absolutamente solidarios cuando se presenta una necesidad.

Así, recorro varias casillas. Mi recuento es gente amable, participativa y respetuosa. Mi morbo se decepciona, pues no hay nada terrible que reseñar. Me siento muy contenta por mi país. Los problemas son mínimos y la gente los soluciona en el camino, sin argucias, sólo con astucia para continuar. Saben que están haciendo algo importante. Saben la relevancia que tiene su trabajo. Más que emocionada, ahora estoy esperanzada. Ésta es la gente que México se merece. Ojalá fuéramos ciudadanos de tiempo completo y no solamente en las elecciones.

Son las 15:44 y tengo hambre. Voy a comer a un restaurante que me encuentro en el rumbo. Me quito la gorra, pero llevo la camiseta. El mesero viene a atenderme. ¿Observadora Electoral? Sí. ¿Y qué hace? Pues eso, observo. Bromeo con él y después le explico brevemente en qué consiste mi trabajo. Qué bueno, dice el hombre, hay que estar pendientes. El restaurante está lleno. Reconozco algunos rostros que me he topado durante el día. A las actividades del domingo, le sumamos ir a votar. Responsabilizarnos por el futuro del país. Las familias conviven. Esto es lo que llamamos vida y la vida es toda.

Mientras disfruto mis alimentos, recuerdo conversaciones, discusiones, me preocupa el país dividido, la desigualdad, recuerdo el primer mitin al que fui, a mediados de los años ochenta, cuando Fernando Canales Clariond buscaba la gubernatura de Nuevo León. Fue muy impactante para mí cuando cantamos el himno nacional en la Macroplaza recién estrenada. El pueblo cantando al unísono aquello que hace vibrar nuestras fibras más ancestrales. Esa fuerza no puede detenerla nadie. Yo tenía doce años, pero ya tenía algo de conciencia de lo que era el poder político. Pienso en Nuevo León. En la elección fallida del Bronco y en cómo los sucesos lo llevaron a ser gobernador. Realmente no lo queríamos a él. Se concatenaron una serie de eventos entrópicos y equívocos que lo llevaron a ser gobernador de un estado como el nuestro. Ivonne Alvarez no era opción. Fernando Elizondo declinó a su favor -después lo abandonó-. Estábamos hartos de Rodrigo Medina -impresentable e improcesable- y Jaime Rodríguez brindó una salida, un espejismo. Se equivocaron quienes votaron por él. Por eso vuelvo a la importancia de los votos nulos. Ha sido una falacia su candidatura presidencial llena de vergonzosas trampas que él insiste en defender.  Su vida política es un compendio de cinismo, aunque suene a pleonasmo. Viene a mi mente Amado Nervo y su poema, Vale más errar creyendo… Vale más errar creyendo que errar dudando… quizá se repita la historia con el esposo de Beatriz, a quien se le adosan tantas esperanzas. Quizá yo le hubiera creído si él hubiera renunciado a hacer precampaña, puesto que hace muchísimo tiempo que es el único candidato. Eso habría sido un claro indicio que hace las cosas diferentes. Pero no, se sumó a la simulación, volviéndose igual que todos. Me daría mucho gusto que pueda cumplir todo lo que ha prometido, aunque lo veo muy difícil. Me daría mucho gusto poder decir Me equivoqué. México se merece ser el país que le ha prometido. Quienes creen en él se merecen que no los traicione. Tiene tanto en contra y no será una tarea fácil. Tampoco es trabajo para una sola persona, necesitamos poner de nuestra parte. La corrupción somos todos. Es más de lo mismo, me digo, para terminar mi soliloquio.  La verdad es una: México quiere un cambio. México necesita un cambio. México es maravilloso. México quiere que se escuche su voz interior. Termino la  comida y pido la cuenta. El mesero me dice que es cortesía. Me sorprendo y me niego. Dijo el patrón que no le cobráramos. Dígale al patrón que venga. Me quiero negar y también se lo quiero agradecer. Me viene muy bien. En este país, aún con dos maestrías, apenas me puedo permitir el lujo de comer en restaurantes de vez en cuando. Viene el patrón. Me niego a recibir el obsequio. El patrón insiste: Usted ha estado trabajando todo el día por nosotros, es lo menos que podemos hacer para apoyarla. Le agradezco el gesto y nos damos un abrazo. Es lo más humano que me ha sucedido este domingo. Alzo un poco la voz y agradezco a los presentes el haber acudido a votar. La gente aplaude. Nunca pensé que ser Observadora Electoral me daría tal satisfacción. Han alimentado mi cuerpo y también mi alma.

Vuelvo a las casillas que tengo cerca. En una de ellas faltan cincuenta personas para votar. Como son conocidos, les llaman por teléfono o por WhatsApp. Están cansados, pero se nota el entusiasmo. Comienzo a darles las gracias por participar a todas las personas que encuentro. 

En otra casilla me pregunta un hombre dónde puede votar. Es foráneo. Le digo de las Casillas Especiales. Noto su desesperación y también me exaspera su falta de información. Con absoluta paciencia le indico que puede hacerlo en la Central de Autobuses y en algunos hospitales. A ver si alcanzo, me dice. Toma su coche y va a ver si puede votar. Espero que lo logre.

Hay esperanza. Hay ganas de participar. Dan las 18:00 horas. Hay algunas personas aún haciendo fila. Los funcionarios indican Hasta aquí. No hay trampas. Los que llegaron tarde aceptan. Sólo algunos protestan. En esta casilla el criterio no es elástico. Cierran. Ni modo, chulita, te hubieras apurado, dice una vecina a alguien que va llegando.

Comienza el recuento de los votos, con la puerta y ventanas abiertas aunque el minisplit apenas se dé abasto. Con total seriedad abren la primera urna. El presidente invalida las boletas de quienes no han asistido. Los secretarios y escrutadores comienzan a acomodar los votos. Observo en silencio, aunque pudiera decirles algunas cosas que lo faciliten. Mi papel es sólo observar.  Sudan, están cansados, toman Coca Cola y agua, están en lo suyo. Hay envolturas de galletas y fritos a su alrededor. Tienen en sus manos la voluntad del barrio y actúan en consecuencia. Observo el conteo. Decido volver a mi casilla, a mi casa.

Me reciben con gusto. Vuelvo a saludarlos y animarlos. Tomo asiento en un pupitre escolar. Apenas quepo. El paso del tiempo convierte en recuerdo la vida. Realmente me siento muy feliz de verlos cómo hacen el conteo, cómo informan a los representantes de partido. Todo sucede con absoluto respeto y transparencia. Si no alcanzan a anotar, repiten lo que han dicho. Todos los presentes están conformes.

En mi casilla, en la elección presidencial, tiene 156 votos el PAN, 56 MORENA, 41 el Bronco, 25 el PRI y hay un voto nulo, el mío. Fui la única que decidió que no podía votar por alguien. También eso cuenta. Los demás y las coaliciones, obtienen menos de 10 votos. Aplaudo el conteo. En la elección municipal, va ganando el PAN. Seguirán su conteo. Ya pasa de las diez de la noche. Decido ir al Centro de Concentración Municipal. 

Llego al Centro de Concentración.  Aún no ha llegado nada. Observo muchos jóvenes participando. Me encanta. Nos saludamos. Nos abrazamos. Estamos sudados, olemos a un día de jornada electoral, hay restos de comida en algunas mesas. Ha sido un día muy largo.  Hay una vibra interesante e intensa en todo este proceso.

Me avisan por mensaje que Meade ha reconocido el triunfo de AMLO. También me dicen que en Puebla hay problemas. Anaya también reconoce su derrota. El Bronco no ha ganado ni en la casilla de su barrio. Sucede algo inédito mientras recorro las calles del municipio que habito. La gente está interesada, viendo las noticias en la televisión. Los vecinos comentan, platicamos en la banqueta.  No me doy cuenta cómo pasa el tiempo. Ya son más de las doce de la noche. Estoy cansada. Ya no puedo más. Ya no espero la llegada de los paquetes electorales. Regreso a casa. Me duelen los pies. Huelo a cabrito marinado. Me quito la camiseta que me ha acompañado todo el día. Huele a triunfo. Hemos vencido la apatía. Entro a mi estudio. El rompecabezas me habla. No resisto la tentación. Mientras escucho los conteos preliminares, acomodo algunas piezas. AMLO, virtual presidente electo,  llega al zócalo de la ciudad de México y la gente lo aclama, al tiempo que le gritan ¡NO NOS FALLES! Se dice que ha participado más del 50% del padrón electoral. Siento, creo, atestiguo, que las piezas del rompecabezas están tomando su lugar. ¡Felicidades, México!

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Rompe Cabezas Andante

Lorena Sanmillán