La mera onda del parifay

June 15, 2019

Todo el día he escuchado el nuevo disco de Madonna en Spotify. Repeat mode on hasta el infinito del ad infinitum del pleonasmo. Escucho, analizo, disfruto, alabo, aplaudo, comparo… mientras Manuela sólo muestra desaprobación e infinita paciencia ¿Quién canta? , pregunta por vigésima vez, Madonna, contesto una vez más. Ah… sabe que tiene la batalla perdida; si me jala el hilo volveré a contarle que es Madame X, el disco nuevo, y no detendrá mi ponencia. Seguimos con la vida. Ella hace sopas de letras y yo limpio las figuras de cerámica. Madonna canta que canta. Llega el momento de pasar lista, cuando mi madre hace un recuento de los vivos y pide hablar con una prima. La comunico por el teléfono fijo. Imagino la pregunta del otro lado del auricular y escucho, -sonriente y triunfante-, la respuesta de mi Manuela presumida, genio y figura: Pues yo aquí en la mera onda, escuchando lo nuevo de Madonna en el parifay, no creas que namás escucho a Chelo Silva.

Lorena Sanmillán

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Misión cumplida

May 18, 2019

Reconozco que me provoca una profunda envidia y admiración la gente que dice No tengo nada qué hacer. Dicen eso y de inmediato me imagino sus clósets acomodados, su ropa limpia y planchada, zapatos boleados, amistades visitadas, mamás atendidas, libros leídos, bufandas tejidas, recetas nuevas aprendidas, películas vistas, cuentas saldadas, basureros limpios, árboles podados, entrenamientos cumplidos previos al maratón; casas pintadas, cuatros de triques sin triques, poemas escritos, novelas terminadas, retretes limpísimos en los que se puede tomar agua, manteles desmanchados, música disfrutada, dulces probados, pasteles horneados, mascadas planchadas y acomodadas por colores, hijos educados, conflictos resueltos, heridas sanadas, pisos pulidos, plata bruñida, aspas de ventiladores limpísimas, vidrios transparentes, camas tendidas, peticiones complacidas, series revisadas, proyectos caminando, depresiones superadas, sobrepeso controlado, refrigerador sanitizado, patio reluciente; idiomas hablados, ciudades conocidas, tesis concluidas, bocetos pasados en limpio, bisagras aceitadas, barandales libres de polvo, rito de funeral resuelto, regalos escogidos y envueltos, llamadas contestadas, mails respondidos, mensajes con interacción, boletos vendidos, risas compartidas, cobijas de invierno lavadas, agendas con palomitas que indican que han cumplido todo lo pendiente… Sí. Siento una profunda envidia, proporcional a la admiración, por esa gente.

Lorena Sanmillán

Manque me lleven los pingos

May 15, 2019

Si pude ver más lejos

fue porque me subí a los hombros de un gigante.

T. S. Eliot

Madre querida, madre adorada… no recuerdo exactamente en qué terminaba este verso. Recuerdo que muchos decían vamos al cine, tú pagas la entrada. A mí, por supuesto, no me hacía, ni me hace, gracia. Lo que sí recuerdo muy bien eran los festivales de la primaria donde estudiaba -la escuela 375 Aniversario de la Fundación de Monterrey-, para celebrar el Día de las Madres.

Siempre hacíamos alguna poesía, algún “cuadro plástico” para homenajear a nuestras madres. No obstante, el plato fuerte del festival era el poema que declamaría esa tarde el profesor Álvaro. Aunque lo intentáramos no había competencia posible. Ganaba por mucho su talento interpretativo. Ni la rifa que vendría después reunía tantas expectativas.

El profesor Álvaro pertenecía a la plantilla de maestros jóvenes de la escuela. Casi siempre era el maestro de ceremonias en las asambleas. Cuerpo esbelto y atlético, moreno aperlado,  alto, mirada pesada y animosa, en sus ojos brillaba un cometa. Imponía por su seriedad y su forma de ejercer disciplina sin castigar. Sabía ganarse el respeto y su presencia significaba silencio porque sabíamos que nos diría algo importante. Además de las cosas artísticas, también apoyaba en el equipo de volibol. Me gustaba, como seguramente sucedía con mis compañeras y tenía entre sus fans a mi madre. Discreto y elegante, su perfume era suave y masculino.

Lo anunciaban y subía al foro. Camiseta de planchado impecable, generalmente de colores claros, pantalón formal y zapatos boleados. Todo él presencia grata. Y, desde luego, su voz. Esa voz que enseñaba matemáticas y recitaba nombres históricos contenía en su espectro la ternura. En esas actuaciones podíamos asomarnos a su sensibilidad.

Recitaba el poema “Por qué me quité del vicio”. Comenzaba pausado, sintiendo cada palabra. Pronunciaba perfecto los arcaísmos que acompañan la composición. Conforme avanzaba su actuación, se transformaba. Desde los pupitres acomodados en el patio, las madres lo observaban y algunas derramaban lágrimas pues su acto era conmovedor. Tejía en el aire el poema, al tiempo que abrazaba un hijo imaginario que había tomado el refinado para encontrarse con su madre, como lo hacía su padre cuando tomaba. La reflexión se convertía en epifanía y un gran aplauso agradecía su entrega, pues la frase final la decía con la voz cortada por la emoción.

Así, lo recordé por varios años, cada 10 de mayo. Hace unos años pude encontrarlo en Facebook y me agradó comprobar que sigue guapísimo. El tiempo ha sabido recompensar su esfuerzo y actitud por conservarse jovial. Es maravilloso saber de su vida y su familia. Un regalo maravilloso platicar con él, después de treinta años de sólo recordarlo.

Hoy es día del Maestro y quiero agradecerle ese poema, porque gracias a esas declamaciones comprobé el poder de las palabras para conmover y transformar. No sé a cuántas personas haya tocado en toda su vida magisterial. Me enorgullece ser una de ellas.

Gracias, profesor Álvaro, por su vida, su voz, su dedicación y sus palabras.

Lorena Sanmillán

 

Mis subrayados: Narraciones. Jorge Luis Borges.

May 1, 2019

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Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno.

Al abrir los ojos, vi el Aleph.

Alguna vez se durmió y en sus sueños estaba el ímpetu del tren.

Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Alpeh, que mi temerosa memoria apenas abarca?

Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es.

De chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche.

Nunca se había demorado en los goces de la memoria.

Juzguen que la metafísica es una rama de la literatura fantástica.

Los metafísicos de Tlön no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro.

Saben que un sistema no es otra cosa que la subordinación de todos los aspectos del universo a uno cualquiera de ellos.

Hasta la frase “todos los aspectos” es rechazable, porque supone la imposible adición del instante presente y de los pretéritos.

Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como recuerdo presente.

Otra escuela declara que ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable.

Ya no veré (sintió) ni el cielo lleno de pavor mitológico, ni esta cara que los años transformarán.

Sabemos estas cosas, pero no las que sintió al descender a la última sombra.

El sabor preciso de aquel momento era lo que ahora buscaba; no le importaba lo demás: las afrentas del desafío, el torpe combate, el regreso con la hoja sangrienta.

Dieron al fin con él (la crónica ha perdido las circunstancias y no quiero inventar lo que no sé) y creyeron reconocerlo.

Yo querría saber qué sintió en aquel instante de vértigo en que el pasado y el presente se confundieron.

Vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó.

Sentí infinita veneración, infinita lástima.

Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser.

Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido.

Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.

Cambiará el universo, pero yo no, pensé con melancólica vanidad.

Todo era vasto, pero al mismo tiempo era íntimo y, de alguna manera, secreto.

En su escritura habían colaborado la aplicación, la resignación y el azar; las virtudes que Daneri les atribuía eran posteriores.

Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio…

Ya cumplidos los cuarenta años, todo cambio es un símbolo detestable del pasaje del tiempo.

Los muchos años lo habían reducido y pulido como las aguas a una piedra o las generaciones de los hombres a una sentencia.

Comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable; naturalmente, ese ulterior trabajo modificaba la obra para él, pero no para otros.

Jugaba a exagerar su borrachera y esa exageración era una ferocidad y una burla.

Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado.

Viajar con este libro, tan vinculado a la historia de su desdicha, era una afirmación de que esa desdicha había sido anulada y un desafío alegre y secreto a las frustradas fuerzas del mal.

Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.

Basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados; me asombró no haber comprendido hasta ese momento que Carlos Argentino era un loco.

Dahlmann cerraba el libro y se dejaba simplemente vivir.

Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones.

A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos.

El hielo no dejaba en su boca el menor rastro de frescura.

Las miserias físicas y la incesante previsión de las malas noches no le habían dejado pensar en algo tan abstracto como la muerte.

Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, es abstraer.

Su actividad mental es continua, apasionada, versátil y del todo insignificante.

Hablar es incurrir en tautologías.

Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso.

Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable.

No lo había escrito, porque lo pensado una sola vez ya no podía borrársele.

Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios.

Mi deplorable condición de argentino me impedirá incurrir en el ditirambo.

Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado.

El estilo indirecto es remoto y débil; yo sé que sacrifico la eficacia de mi relato; que mis lectores se imaginen los entrecortados períodos que me abrumaron esa noche.

Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo.

Mis sueños son como la vigilia de ustedes.

Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.

Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo.

Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil.

Resolvió reducir cada una de sus jornadas pretéritas a unos setenta mil recuerdos, que definiría luego por cifras.

Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era benéfico el golpe que lo había fulminado.

La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma.

La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres.

Tú que me lees, ¿estás seguro de comprender mi lenguaje?

Yo traté de explicarle que esa rapsodia de voces inconexas era precisamente lo contrario de un sistema de numeración.

Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros.

No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total.

La Biblioteca es ilimitada y periódica.

No es ilógico pensar que el mundo es infinito.

Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra.

La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es accesible.

La Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal.

Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma.

Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme biblioteca se justifique.

En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios.

Cada ejemplar único es irremplazable.

En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto.

Afirman los impíos que el disparate es normal es la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción.

Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad.

Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don de azar, esos libros canónicos.

A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva.

Visiblemente, nadie espera descubrir nada.

El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza.

Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto.

La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas.

Algunos moralistas razonaron que la posesión de monedas no siempre determina la felicidad y que otras formas de la dicha son quizá más directas.

No hay, en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos.

El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos…

La Biblioteca existe ab aeterno.

No se publica un libro sin alguna divergencia entre cada uno de los ejemplares.

Nuestros historiadores, que son los más perspicaces del orbe, han inventado un método para corregir el azar.

Yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito…

El número de símbolos ortográficos es vienticinco.

También se ejerce la mentira indirecta.

En la realidad, el número de sorteos es infinito.

En muchos casos, el conocimiento de que ciertas felicidades eran simple fábrica del azar, hubiera aminorado su virtud; para eludir ese inconveniente, los agentes de la Compañía usaban de las sugestiones y la magia. Sus pasos, sus manejos, eran secretos.

Esa pieza doctrinal observaba que la lotería es una interpolación del azar en el orden del mundo y que aceptar errores no es contradecir el azar: es corroborarlo.

Si la lotería es una intensificación del azar, una periódica infusión del caos en el cosmos ¿no convendría que el azar interviniera en todas las etapas del sorteo y no en una sola?

¿No es irrisorio que el azar dicte la muerte de alguien y que las circunstancias de esa muerte -la reserva, la publicidad, el plazo de una hora o un siglo- no estén sujetas al azar?

Para indagar las íntimas esperanzas y los íntimos errores de cada cual, disponían de astrólogos y de espías.

Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso.

El que no adquiría suertes era considerado un pusilánime, un apocado.

En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico.

He conocido lo que ignoran los griegos: la incertidumbre.

Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

Su victoria y paz quedaron empañadas de hastío.

Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma.

Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro.

Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda.

En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.

El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil.

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón…

Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día.

Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.

Adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente.

Una doctrina es al principio una descripción verosímil del universo.

Un libro que no encierra su contralibro es considerado incompleto.

Es inútil responder que la realidad también está ordenada.

La gloria es una incomprensión y quizá la peor.

Pensar, analizar, inventar (me escribió también) no son actos anómalos, son la normal respiración de la inteligencia.

Mi recuerdo general del Quijote, simplificado por el olvido y la indiferencia, puede muy bien equivaler a la imprecisa imagen anterior de un libro no escrito.

Quienes han insinuado que Menard dedicó su vida a escribir un Quijote contemporáneo, calumnian su clara memoria.

No quería componer otro Quijote -lo cual es fácil- sino el Quijote.

Ser en el siglo veinte un novelista popular del siglo diecisiete le pareció una disminución.

Ser, de alguna manera, Cervantes y llegar al Quijote le pareció menos arduo -por consiguiente menos interesante- que seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote, a través de las experiencias de Pierre Menard.

Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será.

El Quijote es un libro continente, el Quijote es innecesario.

Componer el Quijote a principios del siglo diecisiete era una empresa razonable, necesaria, acaso fatal: a principios del veinte, es casi imposible.

La ambigüedad es una riqueza.

Es una revelación cotejar el Quijote de Menard con el de Cervantes.

La historia, madre de la verdad; la idea es asombrosa.

La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió.

Decididamente, una breve rectificación es inevitable.

No puedo imaginar el universo sin la interjección de Edgar Allan Poe: Ah, bear in mind this garden was enchanted!

Una dispersa dinastía de solitarios ha cambiado la faz del mundo.

Si no me engaño, la buena ejecución de tal argumento impone dos obligaciones al escritor: una, la variada invención de rasgos proféticos; otra, la de que el héroe prefigurado por esos rasgos no sea una mera invención o un fantasma.

Recordaron  que todo sustantivo (hombre, moneda, jueves, miércoles, lluvia) sólo tiene un valor metafórico.

Al principio se creyó que Tlön era un mero caos, una irresponsable licencia de la imaginación; ahora se sabe que es un cosmos y las íntimas leyes que lo rigen han sido formuladas, siquiera en modo provisional.

Su lenguaje y las derivaciones de su lenguaje -la religión, las letras, la metafísica- presuponen el idealismo.

He dicho que los hombres de ese planeta conciben el universo como una serie de procesos mentales, que no se desenvuelven en el espacio sino de modo sucesivo en el tiempo.

El mundo para ellos no es un concurso de objetos en el espacio; es una serie heterogénea de actos independientes.

En la literatura de este hemisferio abundan los objetos ideales, convocados y disueltos en un momento, según las necesidades poéticas.

Hay objetos compuestos en dos términos, uno de carácter visual y otro auditivo; el color del naciente y el remoto grito de un pájaro.

Su plan era de un coraje borracho.

El riesgo recaía en los subalternos.

En una noche del Islam que se llama la Noche de las noches se abren de par en par las secretas puertas del cielo y es más dulce el agua en los cántaros.

Los defensores del sentido común se limitaron, al principio, a negar la veracidad de la anécdota.

A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro.

Esa carencia de genuinas efigies de hombre tan memorable y famoso, no debe ser casual.

Un buen esclavo les costaba mil dólares y no duraba mucho.

Mir Bahadur Alí, lo hemos visto, es incapaz de soslayar la más burda de las tentaciones del arte: la de ser un genio.

Se entiende que es honroso que un libro actual derive de algún libro antiguo: ya que a nadie le gusta (como dijo Johnson) deber nada a sus contemporáneos.

El alma de un antepasado o maestro puede entrar en el alma de un desdichado, para confortarlo o instruirlo. Ibbür se llama esa variedad de la metempsicosis.

Las investigaciones en masa producen objetos contradictorios.

Al cabo de unos años  de conciliábulos y de síntesis prematuras comprendieron que una generación no bastaba para articular un país.

La base de la geometría visual es la superficie, no el punto.

Afirman que la operación de contar modifica las cantidades y las convierte de indefinidas en definidas.

Ya sabemos que en Tlön el sujeto del conocimiento es uno y eterno.

No existe el concepto de plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intermporal y es anónimo.

Buckley descree de Dios, pero quiere demostrar al Dios no existente que los hombres mortales son capaces de concebir un mundo.

Hace diez años bastaba cualquier simetría con apariencia de orden -el materialismo dialéctico, el antisemitismo, el nazismo- para embelesar a los hombres.

Tlön será un laberinto, pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres.

En vida padeció de irrealidad, como tantos ingleses; muerto no es siquiera el fantasma de lo que ya era entonces.

…cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad.

…comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.

… esa torre de vértigos es un símbolo de su irresistible destino.

…lo atrae el puro sabor del peligro, como a otros la baraja o la música.

…cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc.

…quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición.

…la tentación de dramatizar mi dolor, fingiendo un viril estoicismo, tal vez me distrajeron de toda posibilidad de dolor.

…es la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio.

…recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre.

…su directo conocimiento de la campaña era harto inferior a su conocimiento nostálgico y literario.

…la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable a expresar…

…para recordar vicisitudes análogas yo no preciso recurrir a la suerte ni aun a la impostura.

…sé de sus poderosos propósitos lo que puede saber de la luna el hombre no versado en la astrología.

…el hombre vive en el tiempo, en la sucesión, y el mágico animal, en la actualidad, en la eternidad del instante.

…porque Babilonia no es otra cosa que un infinito juego de azares.

… a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de miles de libros.

…la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él.

…sabía que su inmediata obligación era el sueño.

…mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres.

Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche…

Narraciones. Jorge Luis Borges. Editorial Origen. México. 1984. p.p. 162

Lorena Sanmillán

Las piezas del rompecabezas van tomando su lugar

April 26, 2019

Texto ganador del PRIMER LUGAR en el II Segundo Concurso de Crónicas y Relatos del proceso electoral 2018 convocado por la CEE

La alarma del celular es la primera que cumple su tarea este día. El sonido me despierta temprano. Sonrío expectante. Este no es un domingo cualquiera. Sé que no seguiré mis rutinas dominicales como todos los fines de semana. No hay tiempo de remolonearme en la cama. Ni de leer los periódicos con parsimonia. Ni de hacer un café y tomarlo tranquila en el patio de mi casa. Tampoco bordaré. Hoy es el 1 de Julio de 2018, hoy son las elecciones que más ha esperado México -las más publicitadas y polémicas- y me he anotado como Observadora Electoral. Para participar en el cambio nacional, primero tiene que darse un cambio a nivel individual. Ése es el primer aprendizaje que evidencia este día. No se puede hacer un cambio sin poner algo de nuestra parte, sin sacrificar o postergar lo individual en pro del bien común. Así lo haré. 

Mi efeméride emocional del día es el aniversario de Germán Dehesa, quien hoy hubiera cumplido setenta y cuatro años y a quien disfrutaba tanto leer. Le he echado tanto de menos. Hizo mucha falta su pluma irónica y certera durante este proceso electoral. ¿Qué le hubiera dicho al Bronco? ¿Qué hubiera comentado de la renuncia de Margarita Zavala? ¿Qué opinaría de Meade? ¿De Anaya? ¡Cuántos chistes hubiera hecho con Riqui, Riquín, Canallín! A nivel local, también nos hizo falta Rosaura Barahona, con su comentario preciso e informado. Agradezco la presencia de Ximena Peredo, Margarita Ríos-Farjat, Felipe Díaz Garza, editorialistas de El Norte, que nos compartieron su mirada del proceso electoral.

Me harté de ser sólo partícipe del Facebook o Twitter -aunque reconozco que también es una forma de participar-. Sentí que no era suficiente opinar en las charlas de café. Sentí que no bastaba hablar sin hacer algo concreto. Quise hacer algo más.   Quise participar vivencialmente para ser testigo en primera fila, para dejar un testimonio de lo que sucedía, para ver con mis propios ojos si se hacía fraude y AMLO, el esposo de Beatriz, volvía a hacer drama. Quise participar para abandonar la apatía que parece anquilosada en nosotros, los mexicanos, expertos en quejarnos pero reacios para actuar. Quise ayudar. Quise colaborar y me siento muy orgullosa de ello. Quise participar para que nadie me lo contara. La historia quise contarla yo.  La historia quiero contarla yo.

La renuncia a mi comodidad de domingo también implica no abonarle piezas al rompecabezas que me regalaron una semana antes, con motivo de mi cumpleaños. Un rompecabezas cultural de México, de tamaño regular, mil piezas. Precioso. Está hecho para enamorarse de México. Muestra cada estado de la república con sus trajes típicos y los productos que identifican cada región. Los bordes, con grecas prehispánicas, están formados por los nombres de mexicanos ilustres: Frida Kahlo, Amado Nervo, Octavio Paz, José María Morelos, José Vasconcelos, entre tantos otros. Ha sido una delicia encontrar piezas de las pirámides, de El Chepe, el Cerro de la Silla, el cañón de Sumidero. Ha sido increíble tener en las manos la grandeza de mi tierra. Repasé mis clases de geografía y renacieron en mí las ganas de recorrer el país completo. Pero no, este día no es para entretenerme poniendo piezas en una mesa. Hoy es necesario ir a poner piezas en el escenario real. Dejar mi pasatiempo egoísta para dar paso a la construcción colectiva de mi país. Renunciar un poco al yo para construir el todos y en esta construcción del todos obtener en recompensa un yo fortalecido.

Prendo la pantalla -no tengo televisión local, ya no es necesaria-, en Youtube diversos canales cubren en directo la emisión de votos de los candidatos presidenciales y de los demás participantes en la elección. Se ve mucha participación ciudadana, todo en orden. No se manifiestan quejas. La gente está saliendo a votar. Mi emoción va en aumento. Me pongo la camiseta, el gafette y la gorra que me identifican como Observadora Electoral. Ya estoy lista para comenzar mi papel en esta elección.

Busco información de las casillas cercanas a casa, para hacer un mapa, trazar mi ruta y comenzar a recorrerlas. Salgo de casa cerca de las nueve de la mañana. Llevo agua conmigo, pues el calor está inclemente y necesitaré hidratarme.   Llego a mi casilla. Lo primero que me impresiona, es ver coches estacionados en la escuela, cuando de ordinario los domingos está vacía. Antes que nada, emitir mi voto, cumplir mi deber ciudadano, decir mi opinión.

Las prisas de la vida cotidiana hacen imposible la convivencia diaria entre vecinos, sin embargo me da mucho gusto saludarlos. Ven mi uniforme y me identifico como Observadora Electoral. Muy bien, dicen, dándome la bienvenida. La casilla está en la escuela Santiago Roel, a una calle de mi casa, en Jardines de la Linda Vista, Guadalupe, Nuevo León.

En ese patio donde los niños juegan, ese patio que está poblado de risas y gritos durante toda la semana, ese patio donde hacen las asambleas que escucho mientras trabajo, ese patio donde los niños aprenden a convivir y ejercen sus primeros encuentros con la democracia, ese domingo inusual los adultos estamos ahí, haciendo fila. Me dio mucho gusto contar delante mío más de veinte personas. Sentí la vibra de la participación ciudadana y me emocioné. No sé si el país entero salió a votar, pero me dio mucho gusto ver que mi barrio sí. Detrás mío también se iba formando gente. Como sucede en los funerales, los vecinos se saludan y se ponen  al corriente de la vida de los demás. Las elecciones también son un acto social. Un hombre le explica a su hijo que es lo que hace y lo conmina a participar. Los niños también saben que acuden a una fiesta cívica.

Toman mi credencial de elector y me entregan mis boletas. El salón donde los niños aprenden, fuera de reformas educativas y luchas de sindicatos, es el escenario para emitir los votos. En secreto y en silencio, en mi mampara, mientras de soslayo observo un poster que me enseña las vocales, emito mi voto. Voto por planes y personas, convencida de marcar mi cruz sobre los nombres que seleccioné. No voto por partidos, sino por ideas. Invalido mi boleta presidencial. Ninguno de los candidatos me representa. No me da el estómago para apoyar a ninguno de ellos. No obstante, no fue una decisión fácil. Votar por el menos peor, nunca fue mi opción. Además nunca encontré el menos peor. Cada día buscaba una razón para convencerme por alguno, y cada día encontraba múltiples motivos para seguir con la convicción de anular. Ojalá los votos nulos contaran como muestra de desaprobación y se instaurara un nuevo sistema que permita invalidar la eleccióno un mecanismo que haga que estos votos no sean desperdicio, ni, como se decía antes, ayuden al partido en el poder. Hace falta más información al respecto. ¿Qué pasaría si todos o la mayoría anuláramos? Por poner un ejemplo,  ¿seguirá ganando el que obtenga siete votos aunque veinte anulemos?

Una vez que emito mi voto, me quedo a observar por un rato. Pregunto si hay alguna anomalía. No. Todo está en perfecto orden. No hay representante de MORENA. Pregunto si saben dónde está la casilla más cercana y me informan que en el CECATI.

La tinta indeleble apenas se nota en mi pulgar, pero amerita su foto en Facebook. Al abrir el Fb, observo, con mucho agrado, que muchos de mis contactos están acudiendo a votar y que el comentario es unánime: muchas filas, mucha participación y todo en orden. Sigo sonriendo. Aplaudo la participación ciudadana, espontánea. Les doy muchos Like y conmino a la gente a votar. Los ojos del mundo están clavados en el proceso electoral. Con tanto medio de comunicación ciudadano, será más difícil hacer fraude.

Vuelvo a mi coche, el agua que llevo está a punto de convertirse en caldo, pero es necesario hidratarse. Sudo a mares y apenas es mediodía. Comienza la aventura. Me dirijo al CECATI.

Escucho las alertas de mis grupos de WhatsApp, las dejo pendientes. Al rato las leo. En el CECATI hay más de cuarenta personas en fila. No reportan alguna anomalía. La gente se ve contenta. El paletero del barrio también está feliz pues ha tenido muchas ventas. Como si fuera una fiesta patronal o un espectáculo, los vendedores también siguen su guión. Cada uno, desde nuestro papel, participamos en este suceso. Le pregunto si ya votó. Orgulloso muestra su pulgar, lo levanta en clara señal de triunfo.

De ahí voy a la casilla de la UPN. No llegaron los funcionarios oficiales. Tuvieron que hablarle a los suplentes. Los vecinos están molestos por la falta de los oficiales, pero contentos de participar. Me tratan con mucha amabilidad y siento un dejo de respeto. Celebro que el INE tenga aceptación entre la gente. Celebro que estemos confiando en el proceso electoral. La gente llega en silla de ruedas, con muletas, endomingados, perfumados, bien vestidos, fodongos que se forman enseguida de gente de traje. Hay un desfile de modas donde se aceptan todas las vestimentas, desde las cotidianas hasta las deportivas. Aunque solemos hacer gala del sentido del humor, no veo a nadie disfrazado. No veo tampoco mucha gente de blanco, como habían sugerido los de MORENA.  Quizá vienen del almuerzo familiar o van a la comida con la suegra. Vienen solos o acompañados. Todos vienen a votar. Desde mi corazón de pollo no puedo evitar emocionarme al ver a la gente participar. En sus ojos hay esperanza. Nadie parece forzado. Están aquí con una convicción. Esperan lo que tengan que esperar, no hay fastidio. No nos conocemos, pero nos saludamos y sonreímos. Sabemos que estamos haciendo algo importante.

En la escuela Adolfo Prieto refieren que han comenzado tarde. Me siento un momento bajo la sombra de un encino. Reviso el WhatsApp, mis contactos también comparten su foto del pulgar, hasta los que menos imaginaba. Monterrey, Guadalupe, Apodaca, participan. En esta escuela hay un problema porque es tanto el padrón que tienen que dividirlo en dos. Discuten y solucionan. Alguien hace un letrero y comienza a informar en la fila. Confían en sus vecinos. Volvemos a ser ciudad. Dos chicas se saludan ¡Nada más nos vemos en las elecciones! Comienzan su plática y la discreción me indica alejarme para que ellas disfruten su encuentro sin testigos. ¿Es el chiquito? ¡Ya está enorme!

El coche está ardiendo. El sol hace su trabajo previo a la canícula. Un ensayo del calor que se avecina. Nuestra pequeña dosis de infierno no detiene el ímpetu cívico. Doy vueltas alrededor de las casillas para ver si detecto algún camión con acarreados. No hay tal. Los ciudadanos acuden por su propia voluntad. En la escuela secundaria 108 T.V. señalan que todo va de forma normal. Quieren mostrarme lo que han hecho, se presentan todos conmigo. Agradecen mi visita. La transparencia es ciudadana, fuera de todo lo institucional. Van más allá de la amabilidad cuando me ofrecen agua, refrescos y comida de su refrigerio. Acepto el agua. Platico un rato con ellos. La fila no se detiene. Con excelente humor dan la bienvenida, se ponen de acuerdo para la jugada de la semana y se alegran de que ya se les haya pasado la gripa que tenían hace varios días. Algunas madres permiten que sus hijos depositen las boletas en la urna. Enseñan a sus hijos a ser participativos. Aún hay esperanza.

En la escuela Rafael Garza Livas abrieron a las 11:18 porque no hubo tinta indeleble en el paquete que les entregaron. El presidente de la casilla fue a pedir a otra. No hay pretextos. El proceso debe seguir. Los ciudadanos en la fila esperaron pacientes. No falta la vecina argüendera que organizó una taquiza mientras esperaban. Los mexicanos vivimos a tope nuestra paradoja: podemos hacer trampa si alguien se descuida, pero somos absolutamente solidarios cuando se presenta una necesidad.

Así, recorro varias casillas. Mi recuento es gente amable, participativa y respetuosa. Mi morbo se decepciona, pues no hay nada terrible que reseñar. Me siento muy contenta por mi país. Los problemas son mínimos y la gente los soluciona en el camino, sin argucias, sólo con astucia para continuar. Saben que están haciendo algo importante. Saben la relevancia que tiene su trabajo. Más que emocionada, ahora estoy esperanzada. Ésta es la gente que México se merece. Ojalá fuéramos ciudadanos de tiempo completo y no solamente en las elecciones.

Son las 15:44 y tengo hambre. Voy a comer a un restaurante que me encuentro en el rumbo. Me quito la gorra, pero llevo la camiseta. El mesero viene a atenderme. ¿Observadora Electoral? Sí. ¿Y qué hace? Pues eso, observo. Bromeo con él y después le explico brevemente en qué consiste mi trabajo. Qué bueno, dice el hombre, hay que estar pendientes. El restaurante está lleno. Reconozco algunos rostros que me he topado durante el día. A las actividades del domingo, le sumamos ir a votar. Responsabilizarnos por el futuro del país. Las familias conviven. Esto es lo que llamamos vida y la vida es toda.

Mientras disfruto mis alimentos, recuerdo conversaciones, discusiones, me preocupa el país dividido, la desigualdad, recuerdo el primer mitin al que fui, a mediados de los años ochenta, cuando Fernando Canales Clariond buscaba la gubernatura de Nuevo León. Fue muy impactante para mí cuando cantamos el himno nacional en la Macroplaza recién estrenada. El pueblo cantando al unísono aquello que hace vibrar nuestras fibras más ancestrales. Esa fuerza no puede detenerla nadie. Yo tenía doce años, pero ya tenía algo de conciencia de lo que era el poder político. Pienso en Nuevo León. En la elección fallida del Bronco y en cómo los sucesos lo llevaron a ser gobernador. Realmente no lo queríamos a él. Se concatenaron una serie de eventos entrópicos y equívocos que lo llevaron a ser gobernador de un estado como el nuestro. Ivonne Alvarez no era opción. Fernando Elizondo declinó a su favor -después lo abandonó-. Estábamos hartos de Rodrigo Medina -impresentable e improcesable- y Jaime Rodríguez brindó una salida, un espejismo. Se equivocaron quienes votaron por él. Por eso vuelvo a la importancia de los votos nulos. Ha sido una falacia su candidatura presidencial llena de vergonzosas trampas que él insiste en defender.  Su vida política es un compendio de cinismo, aunque suene a pleonasmo. Viene a mi mente Amado Nervo y su poema, Vale más errar creyendo… Vale más errar creyendo que errar dudando… quizá se repita la historia con el esposo de Beatriz, a quien se le adosan tantas esperanzas. Quizá yo le hubiera creído si él hubiera renunciado a hacer precampaña, puesto que hace muchísimo tiempo que es el único candidato. Eso habría sido un claro indicio que hace las cosas diferentes. Pero no, se sumó a la simulación, volviéndose igual que todos. Me daría mucho gusto que pueda cumplir todo lo que ha prometido, aunque lo veo muy difícil. Me daría mucho gusto poder decir Me equivoqué. México se merece ser el país que le ha prometido. Quienes creen en él se merecen que no los traicione. Tiene tanto en contra y no será una tarea fácil. Tampoco es trabajo para una sola persona, necesitamos poner de nuestra parte. La corrupción somos todos. Es más de lo mismo, me digo, para terminar mi soliloquio.  La verdad es una: México quiere un cambio. México necesita un cambio. México es maravilloso. México quiere que se escuche su voz interior. Termino la  comida y pido la cuenta. El mesero me dice que es cortesía. Me sorprendo y me niego. Dijo el patrón que no le cobráramos. Dígale al patrón que venga. Me quiero negar y también se lo quiero agradecer. Me viene muy bien. En este país, aún con dos maestrías, apenas me puedo permitir el lujo de comer en restaurantes de vez en cuando. Viene el patrón. Me niego a recibir el obsequio. El patrón insiste: Usted ha estado trabajando todo el día por nosotros, es lo menos que podemos hacer para apoyarla. Le agradezco el gesto y nos damos un abrazo. Es lo más humano que me ha sucedido este domingo. Alzo un poco la voz y agradezco a los presentes el haber acudido a votar. La gente aplaude. Nunca pensé que ser Observadora Electoral me daría tal satisfacción. Han alimentado mi cuerpo y también mi alma.

Vuelvo a las casillas que tengo cerca. En una de ellas faltan cincuenta personas para votar. Como son conocidos, les llaman por teléfono o por WhatsApp. Están cansados, pero se nota el entusiasmo. Comienzo a darles las gracias por participar a todas las personas que encuentro. 

En otra casilla me pregunta un hombre dónde puede votar. Es foráneo. Le digo de las Casillas Especiales. Noto su desesperación y también me exaspera su falta de información. Con absoluta paciencia le indico que puede hacerlo en la Central de Autobuses y en algunos hospitales. A ver si alcanzo, me dice. Toma su coche y va a ver si puede votar. Espero que lo logre.

Hay esperanza. Hay ganas de participar. Dan las 18:00 horas. Hay algunas personas aún haciendo fila. Los funcionarios indican Hasta aquí. No hay trampas. Los que llegaron tarde aceptan. Sólo algunos protestan. En esta casilla el criterio no es elástico. Cierran. Ni modo, chulita, te hubieras apurado, dice una vecina a alguien que va llegando.

Comienza el recuento de los votos, con la puerta y ventanas abiertas aunque el minisplit apenas se dé abasto. Con total seriedad abren la primera urna. El presidente invalida las boletas de quienes no han asistido. Los secretarios y escrutadores comienzan a acomodar los votos. Observo en silencio, aunque pudiera decirles algunas cosas que lo faciliten. Mi papel es sólo observar.  Sudan, están cansados, toman Coca Cola y agua, están en lo suyo. Hay envolturas de galletas y fritos a su alrededor. Tienen en sus manos la voluntad del barrio y actúan en consecuencia. Observo el conteo. Decido volver a mi casilla, a mi casa.

Me reciben con gusto. Vuelvo a saludarlos y animarlos. Tomo asiento en un pupitre escolar. Apenas quepo. El paso del tiempo convierte en recuerdo la vida. Realmente me siento muy feliz de verlos cómo hacen el conteo, cómo informan a los representantes de partido. Todo sucede con absoluto respeto y transparencia. Si no alcanzan a anotar, repiten lo que han dicho. Todos los presentes están conformes.

En mi casilla, en la elección presidencial, tiene 156 votos el PAN, 56 MORENA, 41 el Bronco, 25 el PRI y hay un voto nulo, el mío. Fui la única que decidió que no podía votar por alguien. También eso cuenta. Los demás y las coaliciones, obtienen menos de 10 votos. Aplaudo el conteo. En la elección municipal, va ganando el PAN. Seguirán su conteo. Ya pasa de las diez de la noche. Decido ir al Centro de Concentración Municipal. 

Llego al Centro de Concentración.  Aún no ha llegado nada. Observo muchos jóvenes participando. Me encanta. Nos saludamos. Nos abrazamos. Estamos sudados, olemos a un día de jornada electoral, hay restos de comida en algunas mesas. Ha sido un día muy largo.  Hay una vibra interesante e intensa en todo este proceso.

Me avisan por mensaje que Meade ha reconocido el triunfo de AMLO. También me dicen que en Puebla hay problemas. Anaya también reconoce su derrota. El Bronco no ha ganado ni en la casilla de su barrio. Sucede algo inédito mientras recorro las calles del municipio que habito. La gente está interesada, viendo las noticias en la televisión. Los vecinos comentan, platicamos en la banqueta.  No me doy cuenta cómo pasa el tiempo. Ya son más de las doce de la noche. Estoy cansada. Ya no puedo más. Ya no espero la llegada de los paquetes electorales. Regreso a casa. Me duelen los pies. Huelo a cabrito marinado. Me quito la camiseta que me ha acompañado todo el día. Huele a triunfo. Hemos vencido la apatía. Entro a mi estudio. El rompecabezas me habla. No resisto la tentación. Mientras escucho los conteos preliminares, acomodo algunas piezas. AMLO, virtual presidente electo,  llega al zócalo de la ciudad de México y la gente lo aclama, al tiempo que le gritan ¡NO NOS FALLES! Se dice que ha participado más del 50% del padrón electoral. Siento, creo, atestiguo, que las piezas del rompecabezas están tomando su lugar. ¡Felicidades, México!

Rompe Cabezas Andante

Lorena Sanmillán

El garabato de un niño es tu cuerpo de mujer

April 6, 2019

LA DISOLUCION DEL CUERPOPuedo beber de la arena y la cal

puedo nadar, sobre la lava de un volcán

puedo soñar

que tengo el cielo sembrado de arrecifes de coral

Puedo correr sobre las olas del mar

puedo viajar sin moverme del sofá

puedo jugar

a mezclar los colores

y pintar mi realidad…

con la trenza de tu pelo el arco iris retocar

Tan sólo existe una cosa

que no puedo comprender

la magia de un laberinto

que siempre quedo atrapado en él

el garabato de un niño

es tu cuerpo de mujer

rectas curvas

curvas rectas

imposibles de aprender

Así lo cantaba el desaparecido Antonio Flores, hijo de la bellísima Lola -La Faraona- Flores, también desaparecida. Miguel Ángel lo sabía cuando esculpió La Piedad, Dalí lo plasmó en Gala junto a la ventana en Cadaqués, Leonardo con su Mona Lisa, los helenos lo manifestaron con La Victoria de Samotracia, Goya en La Maja desnuda y Velázquez con Las meninas. El cuerpo de una mujer es estético, insondable, mágico, misterioso. Y así, como sus predecesores,  ocho mujeres -el número del infinito-, integrantes de Tranvía Colectivo, por medio de este libro de cuentos nos invitan a su viaje por lo conocido y desconocido del cuerpo femenino, compartiéndonos un ramillete de visiones que surgen desde el íntimo interior. Somos afortunados de esta invitación a ver su desnudez literaria, la más confesional, la más grata, la más honesta.

Tranvía Colectivo está formado por mujeres que viven el amanecer desde distintas partes de la república, herederas de Virgina Woolf, con su cuarto propio, dedicadas a ocupaciones diversas. En medio del trajín que significa su vida deciden hacer literatura con sus pensamientos y sentimientos. Se convoca a un libro en conjunto con un tema específico: el cuerpo femenino. Hoy presentamos el espléndido resultado.

La bienvenida al libro corre a cargo del prólogo de la poeta Sara Uribe:

“Y a veces sólo deseo, como muchas otras mujeres, que mi cuerpo permanezca a salvo de todo aquello que lo amenaza”.

Triste es que la amenaza, a veces, seamos nosotras mismas. Al no aceptarnos, al no valorarnos, pero sobre todo al no vernos. Al juzgar todo lo que no somos y renunciar a celebrar lo que sí. Hoy podemos asomarnos a los  interiores de ocho mujeres, y al asomarnos, reconocernos en ellas. Cada una somos todas, en algún momento de la vida. El universo es en nosotras y nosotras somos el universo.

La ciencia ficción hace su arribo para abrir bocado. Catalina Kühne nos presenta Ya no me quedan ojos azules. ¿Qué pasaría si tuviéramos muchos pares de tetas para escoger cada día cuál vamos a usar? Ponernos las mejores para esa cita importante, o las discretas para aquel encuentro desangelado. Es muy cansada la lucha por adaptarnos a las modas que nos rigen, por más rebeldes que seamos.

“…ya no somos más que muñecas con piezas intercambiables”.

¿Y si nuestro cuerpo fuera mutante? ¿Nuestro cuerpo nos sirve solamente para vivir? Ésta es una de las muchas preguntas que vendrán después de leer este cuento. La empatía es el cierre que provoca una sonrisa, con un abrazo en silencio.

Abigail García Salinas, participa con Testimonios del intento. Cuatro narraciones breves, desde cuatro puntos de vista distintos que al igual que los puntos cardinales pueden orientarnos si nos encontramos perdidas. Cuatro mujeres que, por sus súper poderes, bien pueden ser las cuatro fantásticas. Así, vemos en sus narraciones la preocupación por el sobrepeso, ¿qué sucede en tu existencia si padeces estrabismo?, la envidia por el cuerpo joven y el descubrimiento de las valencias que da la madurez, y esa manía de censurar nuestros supuestos defectos cuando pueden ser la filia -pasaporte al placer- de alguien más.

El hígado es el órgano más importante de nuestro cuerpo, es el laboratorio más asombroso. En realidad,  vez de decir que te quiero con el corazón, deberíamos decir que amamos desde el hígado. Lolbé González lo sabe y lo enuncia desde la antípoda: el odio es el otro extremo del péndulo. Patada al hígado, pleno de brincos temporales, hace un homenaje a esa frase hecha desde la historia de Matilde que, buscando aprobación, encuentra lo contrario.}

“Matilde sabe que no nació bonita”.

Sentencia que es sentencia, puesto que ella se lo cree.

“No era bella porque nada hay más lejano a la belleza que el fracasado intento de atraparla”.

Abrazo a Matilde y su ceguera, pues no se da cuenta de su belleza. Tal vez así me ha sucedido alguna vez. Corrijo: así me ha sucedido en algunas ocasiones.

El sobrepeso es la enfermedad de nuestro siglo.  Metabolizamos los alimentos lo mismo que las emociones. Sí, el rencor engorda. Karla Marrufo saca el tema a la palestra con La otra manzana de la discordia. Desde el diálogo interior, nuestra protagonista acepta que nada tiene que ver con Helena, Gal Gadot,  o con Charlize Theron. La narradora hace un viaje por la historia y su historia personal para contarnos su lucha y su dolorosa resignación a vivir sin vanidad con

 “la certeza de que nunca podré demostrarle al mundo que ya no soy la gorda”.

La frase icónica de la obra de teatro Los árboles mueren de pie, –Muerta por dentro, pero de pie, como un árbol- vino a mi mente mientras leía el complejo, delicioso y abstracto cuento de Mónica Flores El verano del sol negro. Las metaficciones y metáforas también están presentes en este compendio.  

“…pensaba en lo duro que es ser corazón con la responsabilidad de no poder parar un día y hacer una pausa…”.

Tomar conciencia de nuestra vida nos lleva a tomar responsabilidad de ello. ¿Qué somos más allá de lo que seremos?

En Todos los meses de Febrero, de la mano de Nidia Cuan, acudimos a la obsesión de una mujer con respecto al paso del tiempo y la fuerza de los introyectos maternos clavados en ella, lo fascinante es que renuncia a ellos y para eso se requiere mucho valor.  Cada día se parece más a su madre y cada día, como todos, envejece.

“En-vejecer: llenarse de viejo”.

Dorian Grey la observa y sonríe desde lo alto. La eternidad es una conquista que logrará por medio de un final inesperado y estrujante.

Luz blanca sobre muchacha de la frontera, de Graciela Ramos, desde la segunda persona, retrata la realidad de una superviviente de los feminicidios en la frontera denunciando de manera poética el olvido en el que caen las víctimas de estos hechos lamentables y cotidianos.

“En tu cerebro, como blanco algodón saturado de olvido, no hay memoria y quedan sin respuesta los porqués, los cuándos, los quién: pero da igual porque tampoco hay preguntas. Nadie te interroga.

¿Qué sucedió? Imposible saberlo si en la oquedad de tu mente flota la nada”.

Alisma De León cava profundo y sin respiro en la desolación de perder una hija a través de un Reporte de búsqueda. Al tiempo que combina poesía experimental, voces polifónicas y datos duros, construye el dolor inenarrable de la desaparición de quién más amas y para buscarle, te piden que digas solamente las características de su cuerpo, lo que los demás buscarán, mientras tú anhelas ver de nuevo su sonrisa y su alma. Así cierra el libro:

“Fue desde hace tres días que no

llega a casa, que no duerme aquí

hace ya tres días que se encuentra

lejos de su Cenicienta y su Mulan

Dos días desde que los carteles y

dos días desde que su mamá sintió

desde que supo que era cierto que

no estaba, dos desde que le rezó

Un día desde que alguien la vio

la vio ahí, hablando con un hombre

caminaron hacia allá, seguro

Una hora desde que encontraron

su cuerpo y sus risas viajaron al

cielo junto a mil pájaros negros.”

Cada autora nos muestra un espejo para reflejarnos y reflexionar. Cada lectora hará lo que le corresponda. Se agradece y aplaude el trabajo narrativo, la presencia de la poesía, la riqueza del lenguaje y se destaca la ausencia de lo cursi,  los estereotipos y  la autoficción. La contundencia es el sine qua non de estas historias cortas. Página tras página nos encontraremos con una literatura que deja atrás lo literal para transformarse en pensamientos llenos de vida. Escribir es un acto complejo que estas escritoras han logrado que se antoje como algo sencillo. Escribir es un ejercicio de esgrima mental y ellas lo saben y se muestran victoriosas. Desde sus registros, cada una de ellas, demuestra su prestidigitación con historias que estremecen, conmueven y cuestionan. Es imposible ser la misma persona una vez que se lee este libro.

Dentro de mi obsesión, en estos cuentos, echo de menos la conquista del placer, la autoficción comprometida y confesional, la menstruación, la sensualidad que es tan de suyo femenina y el inevitable temblor de dos cuerpos femeninos que se acarician hasta el paroxismo.  Probablemente sean los temas de sus próximas compilaciones, porque este proyecto tiene aún  muchas estaciones por cubrir. Comprendo que la realidad se conforma de varios puntos de vista y todos son válidos, femeninos y ciertos. No sólo es nuestro mundo, es el mundo de cada una de las mujeres que nos rodean: apreciaciones íntimas, dramáticas, únicas, y enriquecedoras, pero sobre todo de buena calidad narrativa.

El título del libro se convierte en oximoron:  ¿Disolución del cuerpo? No, en estos textos el cuerpo no se diluye, por el contrario, se trasciende a sí mismo entregándonos textos para disfrutar en su sentido narrativo y para pensar en su vena introspectiva hasta que podamos expresar a nuestro Miguel Ángel interno. Tranvía Colectivo sigue su ruta. Crece, evoluciona, y estaremos atentos a sus próximas entregas. Larga vida para el Colectivo. Ya estoy esperándolas en su próxima parada.

Lorena Sanmillán

 

Mis subrayados: Loba. Orfa Alarcón.

March 31, 2019

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El amor ha de ser de desierto, o no será, porque amor que no es de frío y de calor no es amor.

Y fue tanta mi dicha que quise llorar y que nos muriéramos ahí mismo para no tener que regresar a casa.

Era una felicidad que se inflaba de tal manera que me oprimía el corazón, no lo dejaba latir. Una asfixiante  felicidad que me obligaba a tomar aire a tragos pequeños.

Mi dicha era del tamaño de su tedio.

Las mujeres pueden maldecir porque están malditas.

La belleza de un hombre se puede medir por cuántas mujeres lo ven, y cuántas lo desean.

Yo te venero.

El tiempo se contaba a pasos: los pasos eran los de las chicas. Se alejaban para volver a acercarse.

Estoy tranquila porque sé que hasta la última letra de tu nombre olvidaré.

Como quien pertenece a una secta, nunca se me había ocurrido que tenía la posibilidad de irme.

Desnuda eres perfecta.

No podía confiar en la protección de un Dios imaginario, pero sí en la protección de mi padre.

No iba a desarmarme el frío, ni el amor.

De cualquier forma, yo seguiría a mi padre a donde fuera, a mi propia muerte lo seguiría entre brincos de alegría.

Y yo nunca le he tenido miedo a morirme.

Uno debe cuidarse solo, Diosito ya tiene mucho quehacer.

Al fin estaba completa porque tenía un descanso y un espejo. Un hogar.

Amor es una palabra estruendosa pero sorda.

Pedí muy poco para ser feliz, pero él me regaló un tigre blanco creyendo que eso era amor.

…porque el único matrimonio en el que creo es en el que uno tiene con el origen y con la lengua.

Mi cachorra había sido un anzuelo que mordí con suavidad.

No le bastaba con que yo aprendiera cosas viendo cine o leyendo.

La belleza es esa quieta armonía que nos hace latir a la par de la sintonía del mundo.

Me asomé a su boca, a sus dientes, y su risa era una puerta que yo jamás podría atravesar.

El nunca necesitaría de nadie, o al menos, no de mí.

Lo dejé voltearse hacia la ventana y concentrarse en un árbol mientras decía que al contemplar tantas hojas al fin sabía lo que era el infinito.

La primera vez que nos besamos fue en sueños.

Pensé que estar con Rosso siempre me provocaba una sensación de irrealidad.

Traté de explicarle cuán onírico se volvía el ambiente cuando estaba junto a él.

Que tuviera la facultad de enfurecer a Adán me hizo sentir en el corazón que había llegado a un destino.

Es que vivir sin tener un amo es tan difícil.

Sin un padre no existe una identidad, ¿quién podría ser yo si no lo tuviera?

Y envidié por un momento la vida mediocre de los creyentes.

Uno necesita de Dios porque necesita que alguien le cobije el corazón.

Español, dije, pero los amigos no son como los empleados, no obedecen.

Yo miraba cuánta comida quedaba en su plato, para ver cuánto tiempo me faltaba para desmaquillarme y volver a meterme en la cama.

Me da igual estar donde sea, en ningún lugar me hallo. No soy feliz en ningún lado.

No le gusta hablar conmigo, pero le gusta contar las cosas para que yo las oiga.

El dedo no se mete en el gatillo antes de tiempo porque se te puede ir un tiro.

No, Lucy, cuando uno quiere algo no se queja, ¿quieres aprender o no?

Tenía cinco años cuando supe que mi madre se llamaba Astrid. Evoco su nombre y me llega un olor a pólvora.

Y todos estos años si nombre de pólvora había estado escondido en mi mente.

…¿cómo puede madurar alguien a quien se le oculta el nombre de su madre?

Como parecía ángel, bien podría ser producto de un parpadeo.

Mi cielo está incompleto sin ti.

El no es nada mío para que tenga derecho de mencionarme.

Si tu cariño se acabó estoy tranquilo corazón, al fin que nunca comenzó.

…pero puede negarse todo, excepto lo que se es.

Tal vez con su lengua quiso destrabar mi boca, por eso me besó como se besa a lo que se ama y no se tiene.

La belleza, una vez más, no era para describirse sino para contemplarse.

No había vida a la que me hubiera invitado, y sin embargo él no salía de la mía.

Y pendejeas a todos porque viven en una realidad distinta a la tuya y tienen la necesidad de al menos resolver el mundo, pero tú que tienes un peso más pequeño eres la única pendeja, porque tu mundito eres tú y te asusta: ni siquiera quieres saber de dónde vienes porque no quieres saber quién eres.

Me gusta estar contigo porque puedo mirarte por horas.

Podría pasarte cualquier cosa, podría arrollarte el tren, y quedaría intacta tu belleza.

Nunca obtendremos el amor, pero siempre estará ahí la belleza.

El silencio es vivir en la ciudad que amo…

Yo no lo elegía. El silencio había llegado para encarnarse en mí.

Tal vez porque renuncié a validarme, esa semana fue tan nítida.

En mis días de silencio habitaban mis historias que no tenían que ser ya de nadie más.

…sólo un animal tendría la lealtad de dormir conmigo cada noche.

A veces tengo tan pocas palabras que resulto un ser muy básico.

A veces no tengo ninguna palabra y me siento hueca, liviana, vacía, y entonces entiendo por qué no peso en la existencia de nadie.

…cuantas veces estuvo conmigo fue así: conmigo.

…cuando estaba conmigo me hacía sentir como si fuera única.

Si escribo su nombre es entrar al paraíso, a la tierra prometida que fluye leche y miel.

Comimos manzanas porque nunca volveríamos a ese paraíso, aunque él no lo entendió y yo no lo sabía en ese momento.

Y es que era un bonito sueño ser la única mujer en el mundo entero.

Duermo sabiendo que los paraísos se desintegran de un día para otro.

Y es que el precio de cada paraíso son muchos, miles de infiernos.

Siempre tengo quien me cuide. Duermo con una serpiente enroscada a mis pies. Por eso los tengo tan fríos.

Soy mi única historia y mi familia.

Es del querer el callar.

Por eso se hace la tonta y de pronto me suelta una verdad como quien suelta una bala.

Dormí sola sin sentirme sola y no necesité una piel, animal o humana, en la cual reposar mi brazo.

Perder alguno de mis sentidos sería perder la mitad de mi vida.

No me quitaría la verdad el dolor de las pérdidas.

…tal vez tenía esperanzas de que en algún momento actuara con su propio cerebro y se hiciera más mi amiga que de sus hermanas.

Quería hacer tanto ruido que pudiera callar mi mente, arrancarme el cabello, enterrarme las uñas en la cara, a ver si así distraía a mi cerebro de la sensación de sangre en la piel y del olor a tabaco.

Mi vocación de muñeca había comenzado desde chiquilla.

Sentía que mi cuerpo era muerte, por eso merecía ser mutilado.

Amor es una palabra muda.

Las muñecas también se cansan de posar sobre los pasteles perfectos.

No había manera de que volviéramos a la Tierra Prometida.

…subía hasta mi boca para obligarme a pedir perdón.

No pude evitar mirarme al espejo: las ojeras eran dos círculos y dentro de ellos estaban mis ojos.

No se puede dormir toda la vida.

La muerte sería una buena forma de dormir sin tener que alternar con la vida.

Una muerte de ojos abiertos y corazón aún palpitando.

Ya no podía caerme por más que rodara en el mundo.

Dicen que mucho amor se convierte en mucho odio.

…¿cómo es que mis hijos mayores desde niños ya eran amantes?

Tomaste lo más vivo que tenía.

Como si para la vida bastara la noche.

Me llenaste la boca de palabras pero no me diste voz.

Puedo llevarme cualquier secreto a ese lugar donde van los mentirosos.

Ya no habrá un cielo sin Rosso.

Yo sólo había sido líneas de luces en su vida.

Amor es una palabra helada.

Mi amor nunca había sido una manifestación de fuerza.

Esposada con las manos hacia atrás, ni iba a darle al piloto el gusto de verme llorar.

Todo era tan real y tan injusto.

… las cadenitas de poco valor que frágilmente seguían atándome al amor de mi padre.

Tal vez vio mi blusa blanca transparente tan poca cosa a la hora de cubrirme del frío, a mí tan poca cosa a la hora de estar sola.

El amor de Rosso en infierno se había convertido.

La carretera era un mar, una corriente de arena que me conducía a un puerto al que nunca arribaba.

No mediste el daño que me hacías. Mira lo que han hecho tus mentiras.

Pero los caminos son distintos cuando se piensan a cuando se viajan.

Sin identidad no tenía dinero, no tenía familia ni amigos. Sin identidad sólo era yo.

Había arruinado mi vida y sólo obtenía que ella me colgara el teléfono.

Tal vez con los billetes que me quedaban podría tomar un taxi, pero no hay manera de volver a casa cuando ya no hay una casa.

El ambiente era una bolsa infecta que nos contenía a todos.

Yo era tan libre en esa ciudad tan libre, que tenía miedo.

Tantas personas que no había espacio para Dios.

Me sentía tan necesitada de luz, de algo de belleza.

Dejé pasar varios vagones hasta entender que nunca llegaría uno con suficiente espacio.

Hemos creído en todo: en Dios, en la Virgen… hasta en el Diablo.

Y si me la secuestran, que la pistola la traiga siempre, para que pueda matarse antes de que la hagan sufrir.

Se la ofreció a Dios, pero yo creo que Dios no la quiso.

¿Cómo se habían convertido en chiqueros esas mansiones viejas?

Era un lugar tan deprimente que si alguien llegaba a matarme, por mí estaría bien.

Estoy tranquila porque sé que hasta la última letra de tu nombre olvidaré.

No podía más que asociar la fealdad con la tristeza y la desgracia.

Una ciudad que yo no conocía me mostraba sus sucios genitales.

La soledad es morir y que nadie se entere.

Podría morirme y nadie se daría cuenta en semanas.

Hay noches que no se sabe si llegará la mañana.

Mi piel tiene una memoria perfecta, guarda todo lo que yo quiero olvidar.

Mi piel bien podría ser un diario.

Cuando muera, quien encuentre mi cuerpo desnudo nunca sabrá lo que ahí dice.

Si la muerte no llegaba a mí tendría que salir a buscarla a la calle.

La muerte andaba en las calles en la figura de una jeringa tirada junto al semáforo.

Si alguna vez rezara a una mujer me convertiría en parte de esta ciudad.

Yo pidiendo ser normal, ser feliz, no necesitar dormir todo el día. Tener una familia.

Nunca he sentido apego a mi vida.

La gente vive en las condiciones que ella misma provoca, merece las condiciones en las que vive. Yo era parte de esa gente.

El era solo y no necesitaba nada, era pleno en sí mismo, era su propio Dios y su belleza era su testimonio.

Cuando yo más lo necesitaba se fue.

Ni siquiera puedo hablarle porque es como si yo ya no fuera nadie.

¿Ser pobre era ser imperceptible, tan común como todos, una copia de los otros, pertenecer a una comuna de elementos genéricos?

Y yo me había caído del Cielo. Era una como cualquier otra.

¿Quién era para sentirse con derecho a preguntar sobre mi vida?

Cuando me duermo con él el tiempo se detiene y sueño todo como con filtros de Instagram.

Desconfío de toda la gente que dice estar escribiendo.

Será que para mí el amor y la escritura son lo mismo.

…y el corazón me iba a reventar en cascadas de agua mineral agitada.

No lloré porque ni siquiera a eso tenía derecho.

Decidí seguir amando a Rosso porque a veces al mal también se le ama.

Tal vez mi verdadera identidad era sentarme a esperar a que cualquiera llegara por mí a rescatarme.

Si yo no tenía mamá, ¿por qué iba a rezarle a una madre ajena?

Si tu cariño se acabó, estoy tranquila corazón, al fin que nunca comenzó.

Sentiría que lo necesitaba para no pegarme un tiro.

Sin embargo, si tuviera que confesar una religión, sería bautista o pentecostés.

Me gusta creer en el poder de la fe, más que en el poder del rito.

Si tuviera qué creer, si pudiera creer, lo haría.

Si pudiera creer, creería en la vida eterna, para así poder matarme y despertar a un mundo ya pasado por fuego.

Estaba tan triste que era inmensamente feliz en medio de tanta mierda.

Sólo caminé sin rumbo.

El miedo me paralizaba y el miedo me hacía avanzar.

Ella no avanzaba y por más que yo corriera siempre sus dedos estaban a dos centímetros de mi espalda.

El olor a pólvora me hacía evocar su nombre.

Que si me dolía la piel descansaba mi alma.

Es que cuando el amor es muy grande, y se vacía, hay que llenar con algo ese hoyo que queda en el corazón.

Hacía días que no me maquillaba, pero simplemente con lavarme la cara recuperaría la clase.

Lo que nos unía era el aborrecimiento.

Bien fácil distingues al lobo de los coyotes: el lobo es el que mata, el coyote nomás se come las sobras.

Porque el amor es querer saber lo que el otro sabe.

Hay justicias que no se pueden quedar en las manos de Dios.

Pero quise ver cómo avanzaba mi historia, la película de mi falta de voluntad.

No tenía ni el gusto ni la sensibilidad ni la capacidad de abstraerse del mundo para seguir siendo un ser bello y con clase.

Lo que es de Dios vuelve a Dios, dijo el Niño.

Porque los gringos son los chilangos del mundo, no tienen nada de gusto.

No conoces el infierno. Apenas lo vas a conocer.

Más difícil que ser anfitriona o invitada, es ser la novedad circense.

…la seguridad es lo que cuesta.

Así que eso era mi verdadera familia: una comunidad de enfermos.

¿Cómo podría mi alma redimirse después de haber vivido tantas horas en el horror?

¿Cómo podría mi alma existir?

La belleza es esa cálida certeza de que el mundo, a pesar de su dolor, debe seguir existiendo.

La belleza de la existencia y la conciencia de que jamás obtendríamos el amor, pero sí el deslumbramiento.

La belleza es esa eterna sintonía que nos hace olvidar el asco que produce el mundo.

La belleza es esa cálida melodía que acrecienta el miedo.

La belleza tiene la perversión del engaño: porque existe, se posterga la muerte, se olvida el horror, se desea preservar la vida para seguir posando la mirada sobre el objeto luminoso aunque de él brote un olor a sangre

La belleza es un objeto de fe.

Era tanta su belleza que me infundió miedo.

Cuando se ama también hay mucho odio.

No puedo saber de qué te sirve si no sé qué quieres.

De cualquier forma, todas saben que valen más como carne que como personas.

No puedes mirarme creyéndote superior a mí.

Te dejaste engatusar, bebé, entre un pito y mundo, siempre vas a preferir el pito.

Necesitaba volver a ser la chica a la que le sobraba todo.

Era curioso que habláramos de una familia en común.

Para someter a un hombre basta con humillar a las mujeres de su casa: esposas, hijas, nietas.

Yo era un juguete muy frágil y muy caro. Una granada de cristal

El asunto del silencio es así: a veces es la única protesta a la que se puede recurrir.

A veces la protesta se convierte en una forma de vida.

…el silencio se convierte en una condición, no en una decisión.

…es muy fácil condenar un amor de que no se es partícipe.

Mi cuerpo es su casa.

Mi cuerpo es su abrigo.

Eramos dos extrañas actuando con la amabilidad de lo inesperado.

Hacía mucho que no reía ni sentía la dignidad, o el cinismo, de ser la hija de quien era.

Pero no hay pureza ni inocencia si en el corazón late un amor insano, el amor de aquellos hermanos que viven solos en el monte y no saben de qué otra forma cobijar sus cuerpos.

Yo creo que cuando un amor así es correspondido es una bendición de Dios.

…pero yo creo que el amor siempre tiene que ver con Dios.

Si antes no me había ofrecido en sacrificio a él, era porque no sabía de su existencia.

Su latido era intenso, vibrante, era el latido más intenso que rugía desde mi cuerpo.

Mi hijo ha sido lo más vivo que ha habitado mi cuerpo.

¿Cómo pelear si no podía ni dejar de temblar?

Era mi deber cuidar a mi haz de luz.

Andaría hasta desangrarme.

Un tigre blanco aparecía de pronto así como aparece el hambre.

Me lamenté por todas las veces que había desaprovechado oportunidades para morirme.

Me besa para dejarme en la boca el sabor del amor.

El amor ha de ser de desierto, por eso a nosotros nos esperaba el destierro.

Nadie viene al Lobo si no es por mí.

Orfa Alarcón. Loba. Alfaguara. Febrero 2019. México. 330pp.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OK Enterado

March 4, 2019

Nunca te enteraste

              que mamá había perdido los dientes

      preferiste pensar

               que era exagerado hacerle una papilla.

Nunca te enteraste

              que hacía mucho tiempo que no caminaba

     asumiste

              que ese día prefirió estar sentada.

Nunca te enteraste

              que si confundía tu nombre

no era por hacerse la graciosa

              era sólo una muestra del extraño baile

de su memoria.

Nunca te enteraste

             que si hablaba de los abuelos

             no era por nostalgia

             era porque en su fantasía ese tiempo era actual.

Nunca te enteraste

             que si repite la misma noticia de la tele o del radio

no es porque le haya impactado

            es porque en su mente resuena una y otra vez.

Nunca te enteraste

            que abandonó hilazas, aros y ganchos

            dijiste

¡Milagro! Por fin tiene descansadas las manos.

Nunca te enteraste

             que no era casualidad que estuviera apagado el radio

             sólo te dio gusto

encontrar la casa en silencio.

Nunca te enteraste

               que la cocina se quedó desierta

               en cambio te serviste porción doble

               de la dos veces amarga ensalada agria del Pollo Kentucky.

Nunca te enteraste

          has sido más inteligente

               envidio tu talento

                       no es fácil, no

                              sentirte huérfano.

Lorena Sanmillán

Poesía mexicana actual: Lorena Sanmillán

February 25, 2019

Agradezco infinitamente a la Revista Círculo de Poesía la deferencia que ha tenido conmigo al publicar un poema de mi autoría.

https://circulodepoesia.com/2019/02/poesia-mexicana-actual-lorena-sanmillan/

Lorena Sanmillán

 

Aprende

February 9, 2019

Manuela me pregunta más de ocho veces a qué horas entro y cuánto dura mi clase. Más de ocho veces -con infinita paciencia- le contesto lo mismo. Tres o cuatro horas, mamá. La obligo a desafiar su casi nula memoria reciente. ¿A qué horas entro, Manuela? Pergeña en su mente. Al ratito, contesta. ¿A qué horas salgo, mamá? Batalla. Se enoja. Cambia el tema. Le repregunto: ¿a qué horas salgo, Manuela? Cuando aprendas algo, puntualiza y suelta la carcajada.

Lorena Sanmillán