Archive for December, 2004

Navidad con Sentido Común.

December 26, 2004

No. No has llamado. No. No te has comunicado. No. Tampoco yo he hecho nada por saber de ti.

Si he de ser absolutamente honesta, debo confesarlo. La Navidad encerraba mi última esperanza de reencontrarnos.

Justifico tu omisión. Claro, cómo me vas a hablar si cuando cambié el celular no te informé del nuevo número a marcar. Claro, ahora está todo muy claro.

Sentido Común empieza a hablar sin que pueda callarlo. No sabes cómo lo odio hoy. ¿Y no te podía hablar a tu casa? me pregunta burlón desde la parte superior de la puerta del congelador que abro para sacar el tequila y servirme un trago.

Vierto el líquido sobre el caballito, aquellos vasitos que tanto te gustaron. Sentido Común se para frente a mí, ofreciéndome el encendedor para mi cigarro, Benson mentolado. Busca un cenicero y sigue su cuestionario…¿y una carta?, ¿un email?, ¿una tarjeta virtual? o un regalo enviado por mensajería… ¿Nada de eso te ha llegado? No, ya sabes que no, no deberías siquiera preguntarlo.

¿Entonces, qué tanto le piensas?, me dice sonriendo sentándose a mi lado. Ya, por favor, haz algo sensato. Disfruta tu tequila, tradición milenaria, sin melancolía. Disfruta tu cigarro, o mejor enciende un puro. Disfruta tu soledad y disfruta mi compañía.

Lorena Sanmillán

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Hazlo

December 25, 2004

Ni siquiera debería escribir. Pero es la única forma que tengo de enterarte de lo que siento, de lo que quiero o de lo que espero.

Me suena bastante curioso. He sido tu amante varias veces, sin pudor ni recato y sin embargo ahora que me expongo en letras sí me da cierta pena.

Las actitudes pueden ser pero las letras te llevan a ser y trascender.  El asunto es bien sencillo y más que petición es un ruego. Hoy no quiero ser yo quien inicie el cortejo.

Quiero verte arder por mí. Quiero sentir que tú me deseas. Ansío tu agitación en mi piel. No me saludes, no me digas nada. Entra en la habitación y llévame hasta la pared. Quiero ver cómo pierdes la compostura que muestras todo el día en la oficina. Como arrugas tu ropa impecable.

Bésame sin darme pausa. Enciende mi cuello con tu aliento como lava vertida sobre las formas de mi cuerpo. Desnúdame, avienta mi ropa. Apasiónate. Muérdeme un poco, rásgame la espalda. Déjame vivir esta noche en desconcierto y sorprendida por lo que descubriré. Toma la mascada y átame las manos. No me dejes hacer nada. Tú eres la artífice de la actividad.

Juega con mis pechos, con mis nalgas, con mi sexo. Bésame intenso, bésame profundo. Ábreme, encántame. Calma tu sed en mis jugos internos. Entra en mí. Habítame. Contágiame de tu ritmo, busca y encuentra mi punto álgido más íntimo.

Sube a mi boca, déjame beber de ti, entre bocas y vaginas invertidas en espejo, hagamos un círculo de placer eterno. Tiéndeme en la cama, boca abajo y redibuja con tu lengua el arco de mi espalda.

¿Que no te gustan las sugerencias? No tienes porqué acatarlas. Decide lo que gustes y haz lo que te de la gana. Que hoy tú eres mi dueña. No pondré trabas. No diré nada. No preguntes. No digas nada. Sólo hazlo, que hoy soy tuya entera, tal como me esperabas.

Lorena Sanmillán