Archive for February, 2005

Nicotina y Cafeína, tenemos que hablar

February 22, 2005

Algo tenemos qué hacer ustedes y yo. Nicotina, tengo el triste deber de informarte que no podemos seguir nuestra relación esporádica que se está convirtiendo en cotidiana. Me gusta que me acompañes pero sé que en el fondo me haces daño. Ya sabemos que a mi estudio no puedes entrar y no quiero volver a sentir por ti esta ansiedad. No, no insistas, aquí no vas a entrar. Hay ciertas reglas qué cumplir dentro de nuestro amasiato singular. Tú eres la mujer de la calle, la que no llevo a mi estudio, la que no entra en mis momentos más importantes de intimidad cuando estoy conmigo misma (y no hablo de Autosexualia).
Te instalaste como un reflejo condicionado desde que vi Las Horas. Kidman/Woolf se ve preciosa y femeninamente intelectual cuando enciende su cigarro y se pone a escribir y allá voy a imitarla en un gesto por demás pueril. Se trata de disfrutarte en nuestros encuentros, sobre todo si te perfumas de menta, no de necesitarte hasta cambiar el estado de ánimo si no estás. Entonces racionaremos nuestros encuentros, vamos a tener horarios, lugares y momentos. Quiero que seas algo grato y no un vicio de ratos.
Y ahora tú, Cafeína, la del café café no la de las demás bebidas. Excítame sólo lo necesario para echarme a andar. Déjame dormir, también quiero descansar. Vamos a organizarnos, a planear nuestros encuentros. Ustedes son las mujeres más dulces para tenerlas en un trío, aunque más bien es un cuarteto, Nicotina, Cafeína, Escritura y yo. Todas unidas en la búsqueda del placer ulterior. Tenemos que hablar, nos tenemos que organizar. Quiero vivirlas sin morir en el intento.

LSM Febrero 2005

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Brazos de Sol

February 22, 2005

Saber dónde estás y cómo estás, quisiera, si te acordaras hoy de mí. Decir te quiero y decir amor no significa nada, las palabras sinceras las que tienen valor son las que salen del alma. Puedo ponerme cursi y decir que tus labios me siguen sabiendo igual que los labios que beso entre sueños… puedo ponerme digna y decir toma mi dirección, cuando te hartes de amores baratos de un rato me llamas. ¿Cómo demonios fui a enamorarme de ti si sólo buscaba alguien que me hiciera sentir y vibrar? Te convencí con la frescura de un qué más te da y hoy te receto un nos ata nuestro pasado y algún papel, no me olvidarás tan fácilmente, antes de irte, piénsalo bien.
Y llegué a pedirte que en nuestra intimidad las cosas sucedieran despacito, suavemente, en cámara lenta, en voz baja, susurrando, convenciéndote de que me dejaras llegar al puerto de tu mar abierto mientras sólo te decía palabras de amor sencillas y tiernas. Y quería andarte paso a paso recorrerte como hiedra. Al cielo le robé una estrella, al prado una rosa tan bella y al tiempo le pedí un momento contigo para poderte amar. Tengo una noche guardada para ti.
Y esa noche estabas ahí alterando la tranquilidad en mí. Tus ojos parecían dos lunas de un tapiz. Tan distante, tan fría, tan bella, enigmáticamente perfecta. Y es que llegaste tú, con tu sonrisa, vistiéndome de amor, matando prisas. Te ofrecí mis horas y las pudiste romper, y las llenaste igual de llanto y de miel. Y ahora despierto en las noches y no te puedo encontrar y vieras qué pequeña me siento cuando tú no estás. Una hoja en el viento, un poema más.
Voy tratando de cambiar mis impulsos sobre ti pues ahora ya no tiene ningún caso sentir todo esto y vaciar en estas letras lo ridícula que me siento con todo este titipuchal de recuerdos. Nunca notaste cómo temblaba a tu lado con la posibilidad de un beso. Nunca fuiste capaz de ver como humillaba la mirada al sentirme descubierta en mi fragilidad. Nunca, ¿porqué te amé? ¿porqué dejé lo que tenía? Tú que no me quieres, yo que no te creo más y al final pobre de mí, estoy amándote a rabiar. Como nunca, como nadie, amándote, con la fuerza de los mares, amándote. Fuiste un trozo de hielo en la escarcha. Todo el tiempo que pasé junto a ti dejó tejido su hilo dentro de mí.
Mas de pronto estoy tan sola y sólo en ti puedo pensar. Me he dado cuenta que después de esa noche catártica nunca te he llorado. Quizá por eso nunca te he sacado. No sabes cuánto he escrito y cómo te he maquillado. Como yo te amé, jamás te lo podrás imaginar, pues fue una hermosa forma de sentir. Un amor como el mío, no podrás arrancarlo de ti, así como así y echarlo al vacío.
Amada mía, adúltera, mi gran amor, mi niña mimada, date la vuelta y óyeme: o tú o nada. Alguna vez, en algún momento de la historia no hubo frase más sincera y más cierta. O tú o nada, dearest. O tú o nada. Hoy quiero volver a regalarte palabras y decirte cosas al oído, ser tu manta cuando tengas frío. Quédate con mi luna en tu órbita ¿para qué me hace falta a mí? Fue sencillo enamorarse, tan sencillo. Tan estúpidamente silencioso que cuando me di cuenta ya estaba derramada por ti. Todo termina en siempre tu nombre. Mira en que absurdos anda mi vida que de nuevo ha regresado a ti. Ya basta.
El reloj de cuerda suspendido, el teléfono desconectado, en una mesa dos copas de vino y a la noche se le fue la mano. Afuera está lloviendo amor, aquí no sopla el viento ven. Más allá del deseo estuviste tú, tendida con los muslos como alas abiertas dispuestas al vuelo excitando mi cuerpo y mi alma disfruté mucho ser tu primera vez, ser quien te hizo mujer, mujer con otra mujer, porque lo demás ya lo habías hecho mucho más de una vez y no me importó. No sabes cómo me ha calado después tu currículum. Seguro es vanidad de no ser la definitiva. Seguro es amor propio por quedar descartada en tu elección. Dime que sí no me hagas pensar que me enamoré y que en realidad aún me duele y me importa lo que hagas o dejes de hacer con tu vida y tu vagina.
Y tan sólo se me ocurre amarte. El caer en aras de tus labios es llegar cansado y reposar quedarme en tus rincones. ¿Cómo decirte que me has ganado poquito a poco? Tú, que llegaste por casualidad. Qué locura, hasta donde me llevó ser lanzada. Hasta donde me llevó atreverme. Está bien, dearest, no seré injusta. A tu lado también viví momentos gratos, limitados pero gratos. No puedo más, necesito ir más lejos más rápido y alto sin rumbo fijo y tu méndigo recuerdo llega a anquilosarme en mi pasado.
No arriesgas nunca el corazón siempre adelante la razón, robas mis fantasías con tu voz. No sé porqué te quiero, será que tienes alma de bolero. Soy sólo un pájaro perdido que vuelve desde el más allá, a confundirse con un cielo que nunca más podré recuperar. Adiós, adiós, princesa, espero que hayas hecho lo mejor. Yo jamás me voy a hundir en una lágrima por ti. Aunque yo sienta que muero porque todavía te quiero pero ese ya es mi problema. Y cada vez más tú y cada vez más yo sin rastro de nosotros. Hoy estoy pidiendo que a pesar de todo seas feliz. Hoy he salido de ti y entre lágrimas vi romperse el firmamento.
You’ll always be beautifgul, in my eyes. Y no me importa que digan que está trillado esto de hacer cuentitos hilando canciones de amor. Esta madrugada estoy en los brazos de Sol.

Las ciudades

February 22, 2005
Y estuve a punto,
de cambiar tu mundo,
de cambiar tu mundo,
por el mundo mío
María Dolores Pradera

Ojalá las decisiones de la vida, especialmente de la vida amorosa fueran tan sencillas como abordar un autobús en la Central Camionera. ¿Veracruz, Reynosa, Monterrey? Quizá al final así son las cosas. Si metafóricamente nos concibiéramos como una ciudad, entonces el destino dependería del dinero y la intención. El dinero puede llegar a gobernar hasta donde llegas pero la intención y los significados determinan cuánto tiempo te quedas ahí.
En este ensayo de fantasía, conoces tu ciudad porque en ella has crecido. Ha sido el escenario en el cual se ha transformado tu vida. De pronto la ciudad te queda pequeña y empiezas a buscar algo más. Se apodera de ti un Diseñador Urbano. Arreglas, hermoseas la ciudad para compartirla, para recibir visitantes distinguidos o simplemente es tu vanidad que requiere tenerla en buenas condiciones para ti misma. En algún momento asumes que es necesaria una gira para que conozcan tu ciudad sobre todo si ésta es un cenzontle que busca en donde hacer nido.
Vas a la Central de Autobuses. Observas los posibles destinos. Compras tu boleto, porque quieres marcharte, necesitas moverte o expander horizontes. Te vas a otra ciudad. El mundo es demasiado para permanecer en un solo lugar. Tienes ansias de conocer y de que te conozcan. Quieres trascender. Ese lugar que conozcas transformará tu forma de pensar. Dejarás el pasado atrás si lo que conzocas te nutre o volverás a donde estabas si descubres que no era lo que tú necesitabas.
Abordas el autobús llena de ilusiones. Dices que vas a hacer tal y tal cosa. Dices que no esperas nada. Dices que lo que venga es ganancia. Llegas al municipio, ciudad, país o continente. Todo es nuevo, todo te llama la atención. Te gusta y te gusta mucho. Te llena el ojo, supera tus expectativas, aunque hayas dicho que no tenías ninguna. Si es París, no sabes describir lo que sentiste la primera vez que viste la Torre Eiffel; si es Madrid, sucede lo mismo con La Puerta de Alcalá; si es Monterrey te enamorarás del Cerro de la Silla; si es México, de inmediato adorarás el Ángel de la Independencia.
Así vivirás hasta que te la acabes. Exprimirás la ciudad hasta que vuelvas a sentir lo mismo, las mismas ansias. Entonces te molestará el olor del Metro de París, lo cosmopolita de Madrid, el calor de Monterrey y el tráfico de México. Y a mudarte de nuevo a ver qué ciudad te complace. No asumes que te falta madurez para vivir las cosas como son. No te percatas que es tu capacidad de adaptación la que está en juego. No te das cuenta que la insatisfecha eres tú. Y tomas otro autobús en la búsqueda de la tranquilidad.
También pasa que luego viene alguien a conocer tu ciudad. A veces es respetuosa de lo que encuentra y deja las cosas intactas, sólo se limita a observar. Habita el espacio pero no se funde con él. Otras veces es un gran complemento, paisajista innata le da forma a tus arbustos para decorar tu particular macroplaza convirtiendo aquello sin orden en algo mucho más hermoso que los jardines del Palacio de Versalles. En las más dramáticas ocasiones es una tromba que azotó la ciudad casi borrándola del mapa. Y te queda el proceso de reconstrucción para ti sola. Te quedas inerme, desolada, te sientes vulnerablemente incapaz de volver a levantar el imperio que habías formado.
Mas hay que seguir. Las ciudades tienen su dinámica existencial. Coexisten para que la vida tenga donde desarrollarse. Sin ciudades no hay historia. París fue una hermosura; Madrid se inscribió para siempre dentro de lo mejor de mi vida. Veracruz no alcancé a conocerla y a Reynosa no tengo nada qué ir a hacer. Me queda Monterrey para hacer arquitectura, sabiendo que este proceso no admite cobardía. El privilegio de ser arquitecta tiene que ver con atreverse a modificar el paisaje de acuerdo al sentir y al pensar.
Tengo mi ciudad. Ya es hora de comenzar. Que me guste a mí. Ya luego veré lo demás.